
Matilde, Santa
Reina, 14 de marzo …
Hoy también se festeja a:
- • Lázaro de Milán, Santo
- • Leobino de Chartres, Santo
- • Paulina de Fulda, Santa
- • María Josefina de Jesús Crucificado, Beata
- • Giacomo Cusmano, Beato
Reproches y testigos
Santo Evangelio según San Juan 5, 31-47. Jueves IV de Cuaresma
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha; devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 5, 31-47
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido. Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre. El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado. Ustedes estudian las escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían. ¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios? No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Las palabras en el Evangelio de hoy son duras de asimilar. Cristo asume una actitud severa, casi de enfado y reproche ante aquellos que no lograban abrirse a creer en Él. No deja de insistir en su anuncio de conversión. ¡Él de verdad quiere que todos los hombres y mujeres se salven!
Si somos honestos, vemos también en nosotros mismos que hay aspectos que todavía no agradan a Jesús del todo. Tal vez son cosas pequeñas, detalles; pero para el corazón que ama ningún detalle es demasiado pequeño. Tal vez son hábitos ya consolidados; pero para el corazón que ama nunca es tarde, nunca nada es demasiado duro. Y quién sabe si ésta será la Cuaresma en que hemos podido crecer un poco más en el amor…
El Señor reprocha sin reservas. No lo hace por una especie de amor propio herido; lo hace porque viene a hablarnos del amor del Padre; lo hace porque viene a darnos lo que en el fondo del alma tanto ansiamos… ¡Ojalá escuchemos hoy su voz! ¡Ojalá su reproche no sea en vano!
Éstos son los testigos del reproche: un Padre que ama infinitamente, y un alma –¡nuestra propia alma! – que tiene sed de vida eterna. El reproche es duro, y pensar en ello nos incomoda, sin duda. Pero sabemos que en la corrección hay esperanza de cambio, y que Cristo es el primer interesado en nosotros. ¡Acudamos a Él para tener Vida!
«El testimonio: éste es la gran misionariedad heroica de la Iglesia. ¡Anunciar a Jesucristo con la propia vida! Me dirijo a los jóvenes: piensa qué quieres hacer con tu vida. Es el momento de pensar y pedir al Señor que te haga sentir su voluntad. Pero sin excluir, por favor, esta posibilidad de llegar a ser misionero, para llevar el amor, la humanidad y la fe a otros países. No para hacer proselitismo, no. Eso lo hacen quienes persiguen otra cosa. La fe se predica antes con el testimonio y después con la palabra. Lentamente».
(Audiencia de S.S. Francisco, 2 de diciembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy trabajaré por corregir un defecto en mi manera de tratar a los demás (palabras, actitudes…).
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La gratuidad: el arte de dar y recibir como Dios
La gratuidad es una vocación, que nos invita a vivir plenamente, a vivir como hijos de Dios, a vivir como hermanos de todos.
Por: Redacción | Fuente: Catholic.net

La gratuidad es una palabra que nos puede resultar extraña o incluso ajena en un mundo donde todo parece tener un precio o un interés. Sin embargo, la gratuidad es una actitud que nos acerca a Dios y a los demás, que nos libera de la esclavitud del dinero y del egoísmo, que nos hace más humanos y más felices. ¿Qué significa ser gratuitos? ¿Cómo podemos vivir la gratuidad en nuestra vida cotidiana? ¿Qué nos enseña el Evangelio sobre la gratuidad? Estas son algunas de las preguntas que nos plantea el Papa Francisco en su reciente mensaje a los participantes del encuentro con instituiones y organismos de ayuda a la Iglesia de América Ltina, del 26 de febrero de 2024, que podemos resumir en los siguientes puntos:
Dar sin esperar nada a cambio
La gratuidad se define como dar sin esperar nada a cambio, como un regalo que no busca recompensa ni reconocimiento. Esta es la forma de dar que nos propone Jesús, que nos invita a amar a nuestros enemigos, a hacer el bien a los que nos odian, a prestar sin esperar devolución (cf. Lc 6,27-35). Esta forma de dar nos libera de la lógica del mercado, de la competencia, de la rentabilidad, que nos hace ver al otro como un medio o un rival, y no como un hermano o una hermana.
Reconocer que todo es don
Para poder dar de forma gratuita, necesitamos reconocer que todo lo que tenemos y somos es un don de Dios, que nos ha creado por amor y nos ha dado todo lo que necesitamos para ser felices. Dios es el que da y nosotros somos solo administradores de sus bienes, que debemos usar con responsabilidad y generosidad, sin gloriarnos ni exigir más de lo que nos corresponde. Dios nos ha dado lo más grande: su propia vida, su Hijo Jesucristo, que se entregó por nosotros en la cruz, y su Espíritu Santo, que nos acompaña y nos guía. Todo lo que tenemos o es Dios, o es prueba y prenda de su amor.
Dar en medio del Pueblo de Dios
Dios no se da de forma abstracta o individualista, sino que se da en medio de su Pueblo, que es la Iglesia. Dios se ha hecho historia con nosotros, asumiendo nuestra humanidad, nuestra debilidad, nuestra fragilidad, manteniéndose fiel a pesar de nuestras infidelidades. Dios se da en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, donde nos ofrece todo su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad. Nuestro dar no puede ignorar esta realidad, sino que debe estar en sintonía con el modo de dar de Dios, que se hace cercano, que se hace pobre, que se hace uno de nosotros.
Dar siempre y totalmente
Dios no pone límites a su amor, sino que se da siempre y totalmente, sin condiciones ni reservas. Dios no se cansa de perdonarnos, de esperarnos, de buscarnos, de llamarnos. Dios es mendigo de nuestro amor, que quiere que le correspondamos con todo nuestro ser. La gratuidad implica imitar esta forma de dar de Dios, que no se guarda nada, que no se mide, que no se calcula, que no se rinde. La gratuidad implica dar lo mejor de nosotros mismos, sin escatimar esfuerzos ni recursos, sin esperar resultados ni aplausos.
La razón última de la gratuidad es el amor, que es el motor de todo lo que hacemos y el sentido de todo lo que somos. El amor es el que nos mueve a dar, el que nos hace felices al dar, el que nos une a Dios y a los demás al dar. El amor tiene razones que la razón no entiende, como decía Pascal, porque el amor es un misterio, una gracia, un don. El amor es el que nos hace gratuitos, porque el amor es gratuito, porque Dios es amor.
Dar para enriquecernos
La gratuidad no es una pérdida, sino una ganancia, porque al dar nos enriquecemos, al dar nos hacemos más semejantes a Dios, al dar nos abrimos a la comunión, al dar nos llenamos de alegría. La gratuidad es una paradoja, porque al dar recibimos, porque al dar nos multiplicamos, porque al dar nos salvamos. La gratuidad es una bendición, porque al dar bendecimos, porque al dar somos bendecidos, porque al dar glorificamos a Dios.
Dar para transformar el mundo
La gratuidad no es una utopía, sino una realidad, que podemos vivir y testimoniar en nuestro mundo, que necesita de gestos y actitudes gratuitas, que rompan las cadenas del egoísmo, de la indiferencia, de la violencia, de la injusticia. La gratuidad es una fuerza, que puede transformar el mundo, que puede hacer posible el Reino de Dios, que puede hacer florecer la fraternidad, la solidaridad, la paz. La gratuidad es una misión, que nos compromete a ser signos e instrumentos de la gratuidad de Dios, que nos llama a ser sus testigos, sus discípulos, sus amigos.
Dar para vivir plenamente
La gratuidad es una vocación, que nos invita a vivir plenamente, a vivir como hijos de Dios, a vivir como hermanos de todos, a vivir como amigos de Jesús. La gratuidad es una elección, que nos desafía a renunciar a lo que nos impide dar, a lo que nos ata, a lo que nos aleja de Dios y de los demás. La gratuidad es una propuesta, que nos ofrece la felicidad, la libertad, la vida. La gratuidad es un arte, que podemos aprender y practicar, que podemos admirar y compartir, que podemos disfrutar y agradecer. La gratuidad es un don, que podemos recibir y ofrecer, que podemos celebrar y alabar, que podemos vivir y amar.
(El mensaje del Papa a los participantes del encuentro se puede ver aquí).








