
Martín de Porres, Santo
Memoria litúrgica, 3 de noviembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Manuel Lozano Garrido (Lolo), Beato
- • Lorenzo Moreno Nicolás, Beato
- • Huberto (Humberto) de Mastrique-Tongeren, Santo
- • Simón Ballachi, Beato
- • Silvia de Roma, Santa
Quisiera escuchar con alegría tu corazón
Santo Evangelio según san Lucas 15, 1-10. Jueves XXXI del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González Aréchiga, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, tu Espíritu siempre me lleva a amar, a construir, a difundir el bien, la verdad, y su belleza. Enséñame a escucharte en mi interior, a permitirte entrar en mi corazón, a dejarte guiar mi vida. Seré dócil: con tu gracia lo seré.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-10
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido”. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos, que no necesitan convertirse.
¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: “Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido”. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
A veces soy duro de juicio con quien hace el bien; y mi juicio llega a extenderse incluso a Dios, sin quizá darme cuenta. En mi interior, en mi corazón, pretendo comprenderlo todo, Dios mío. Sí, ésa es mi tendencia. Siento constantemente una inclinación a darme la razón; a veces hasta cuando yo mismo sé que podría equivocarme.
¿Por qué no tiendo a lo contrario? Es decir, quizá me he dedicado tantas veces a seguir mis pensamientos, sentimientos, tanto, que poco escucho otras voces, otras opiniones, otros corazones, y quizá tampoco el tuyo…
Contemplo sólo mi percepción, y no miro, no intento siquiera mirar el interior de mi prójimo. Sí, de ése, de aquél; todos son mi prójimo. Y quizá los juzgo, sin pensar que también son hombres, mujeres que buscan caminar en este mundo, encontrar su felicidad.
Si alguna vez conoceré lo que hubo en cada persona, qué deseos, qué pensamientos, qué intenciones, qué ilusiones, no lo sé. Pero sé que Tú me pides una cosa, Dios mío: seguir tu ejemplo. Qué modelo tan digno de imitar, no lo hay mayor que el tuyo, hijo de Dios, Cristo, Tú que no miraste las obras de tus hermanos en esta tierra, sino que apuntaste a sus corazones, ésa era tu única ilusión: que te conocieran a ti para enseñarles la felicidad.
Mis fuerzas habrían de dirigirse entonces no tanto a ver si tengo o no razón en lo que pienso y siento; sino que más provecho haría si las dirigiera a imitar tu corazón. Acogiendo a toda alma, compartiéndole la dicha de tenerte, de buscarte a ti, Señor.
«Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido». Sí, esa oveja, justamente ésa: la he encontrado y estoy feliz.
«Cuando nosotros pecadores nos convertimos y dejamos que nos encuentre Dios, no nos esperan reproches y asperezas, porque Dios salva, nos vuelve a acoger en casa con alegría y lo celebra. Jesús mismo en el Evangelio de hoy dice así: “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”. Y os hago una pregunta: ¿habéis pensado alguna vez que cada vez que nos acercamos a un confesionario hay alegría en el cielo? ¿Habéis pensado en esto? ¡Qué bonito!».
(Ángelus de S.S. Francisco, 11 de septiembre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy pensaré en una obra de caridad para aquellas personas a las que poco tendería a dar mi ayuda. La realizaré hoy.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Justicia, luchar por lo que debe ser
Una persona justa se esfuerza continuamente, para dar a los demás lo que les es debido, cumpliendo sus deberes y obligaciones.
Por: Francisco Cardona | Fuente: .

Definición de una persona justa
La Justicia es una virtud. Es decir, es un hábito que nos hace actuar para ser mejores personas.
«Una persona que ya vive la virtud de la justicia se esfuerza continuamente, todo el tiempo, para dar a los demás lo que les es debido, de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y obligaciones y de acuerdo con sus derechos y a la vez intenta que todos los demás que están a su alrededor hagan lo mismo.»
1. «se esfuerza continuamente…»
La persona justa, en todo momento piensa y se esfuerza por ser justo. No solamente en algunas ocasiones, sino que, por el contrario, todo el tiempo está haciendo voluntariamente, el esfuerzo por ser justo. No lo deja para las ocasiones difíciles o grandes, sino que, aun en las ocasiones pequeñas hace ese esfuerzo por practicar la virtud.
2. «para dar a los demás…»
Para poder dar a los demás algo se necesitan dos cosas:
a) Reconocer que la otra persona es una persona, descubrir en el otro una persona digna igual que yo. No importa su edad o condición. Es otra persona, imagen y semejanza de Dios, como yo. ¿Por qué los papás no son justos a veces con sus hijos? Porque no ven en ellos a otras personas con la misma dignidad.
Suelen decir: «Como yo soy el papá o la mamá, tienen que obedecerme como yo quiero. Tienen que servirme porque yo mando». Cuando esto sucede, los hijos no son tratados justamente. Son considerados inferiores o menos que los propios padres. ¿Acaso no tienen la misma dignidad?
b) Esforzarse con la inteligencia y con la voluntad para reconocer en los demás a otros «yo», a otras personas. Si yo sólo pienso en mi mismo, en mis caprichos, en mis egoísmos, ¿acaso podré pensar bien en los demás y descubrir en ellos a otra persona igual en dignidad que yo?
3. «lo que les es debido…»
Si reconozco en los demás a otra persona digna, creada a imagen y semejanza de Dios, ahora necesito pensar y esforzarme por darle a cada uno lo que le corresponde, lo que le es debido. Por ejemplo, un niño recién nacido llega al mundo indefenso. ¿Qué es lo que le corresponde, qué es lo que le es debido?
Cuidado, alimentación, cariño, cambio de pañales, una cunita donde pueda dormir con tranquilidad y reposo. Le es debido darle la medicina necesaria, las vacunas que le darán salud. Se le debe dar atención por parte de su padre y de su madre, y muchas cosas más.
Si unos esposos quieren ser justos, deben darse un verdadero amor. Vivir buscando lo mejor para el otro. Dedicar sus intereses para lograr hacer feliz a su cónyuge, aunque cueste mucho esfuerzo.
Si se han casado por amor, deben darse amor, y todo lo que es afín al amor: fidelidad, ternura, totalidad, estabilidad.
4. «de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y obligaciones…»
Al dar a cada uno lo que le es debido, es preciso darlo desde el cumplimiento de mis propios deberes y obligaciones. Por ejemplo, yo no puedo ser injusto con los habitantes de un país lejano que, a pesar de tener necesidades, carencias, a pesar de poseer la misma dignidad que yo, no «entran» dentro del cumplimiento de mis responsabilidades y obligaciones.
Pero eso sí, esa persona tendrá responsabilidades y obligaciones como esposo o esposa, padre o madre, amigo o amiga, hijo o hija, trabajador, mexicano, etc.
Será justo con los demás si cumple esos compromisos que tiene por ser lo que es.
Por ejemplo, si un padre quiere ser justo con sus hijos, ha de cumplir todas sus obligaciones y responsabilidades como padre, procurándoles los que necesiten para vivir, vestirse, alimentarse; dándoles cariño, educación, confianza,…
¿Cuántos padres o madres existen que no cumplen con esas obligaciones con sus hijos? Son padres injustos.
5. «y de acuerdo con sus derechos…»
Para ser justos hay que conocer los derechos de los demás. Un padre tiene la obligación de educar a sus hijos. Un hijo tiene el derecho de ser educado por sus padres. Un esposo tiene la obligación de amar a su esposa. Una esposa tiene el derecho de ser amada por su marido… Pero, ¿conozco y acepto que mis obligaciones son derechos para los demás? La persona verdaderamente justa así lo hace. Se esfuerza por realizarlo.
6. «y a la vez intenta que todos los demás que están a su alrededor hagan lo mismo».
Cuando la virtud de la Justicia se ha desarrollado en una persona, hace que ésta no se conforme con ser justa, sino que ayuda a todos los que están a su alrededor a que vivan, también, justamente. Este es motivo principal para la educación de la virtud en los hijos: que sus padres se esfuercen en que ellos, los hijos, se ejerciten y se formen en la Justicia.
En la Biblia Nuestro Señor invita a vivir la virtud de la Justicia por medio de las siguientes enseñanzas:
(San Mateo 25, 31-45) «Porque estuve hambriento y me diste de comer».
(San Lucas 6, 31) «Traten a los hombres de la manera que ustedes quieren ser
tratados por ellos».
(San Lucas 12, 57-59) «¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?».
(San Lucas 20, 20- 26) «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».








