
Judas Tadeo y Simón Santos
Fiesta Litúrgica, 28 de octubre …
- Hoy también se festeja a:
- • María Asumpta (Juliana) González Trujillano, Beata
- • Salvador Damián, Beato
- • Rodrigo Aguilar Alemán, Santo
- • José Ruiz Bruixola, Beato
- • Juan Alcober Figueroa, Santo
Discípulo y apóstol de tu Reino
Santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19. Santos Simón y Judas, apóstoles
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Tú me llamas por mi nombre, Señor, y me escoges para colaborar en tu misión. Tú me llamas amigo y me haces partícipe de tu propia vida. Habla a mi corazón, te pido; permíteme escuchar tus enseñanzas y comprender tu mensaje. Así, con tu ayuda y la fuerza del Espíritu Santo, podré ser un apóstol de tu Reino en este día. Así sea.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19
En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y se pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, y les dio el nombre de apóstoles, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cristo transformó a doce hombres. Cuando lo conocieron, eran unos simples «discípulos», personas que escuchaban la doctrina de Jesús y aprendían cosas nuevas sobre el Reino de los cielos. Poco tiempo después, Cristo los miró a los ojos, los escogió de entre el grupo y los nombró «apóstoles». Y esto es más que un simple cambio de palabras.
Apóstol significa caminar por el mundo en nombre de Jesús. Las doce personas que Cristo seleccionó estaban marcadas por una misión especial. Sabían que en cualquier momento les tocaría su parte en el proyecto, y tenían que prepararse bien para arrimar el hombro cuando hiciera falta. Lo que vieron hacer a Cristo ese día tenía ya un tono de luz distinto: ahora era un campo de acción, consistía en abrir los ojos anta situaciones y problemas reales para colaborar en afrontarlos. Como discípulos eran sólo un «club de fans»; pero como apóstoles se convertían en aprendices de una tarea crucial en la sociedad: anunciar el Evangelio con obras. Pedro, Santiago y los otros diez debieron sentirse honrados de ser parte de algo tan grande pero, al mismo tiempo, habrán sentido el peso de lo que se les venía encima. Tarde o temprano ellos mismos enseñarán a las gentes, expulsarán demonios, curarán enfermedades y consolarán a tanta gente en necesidad.
Yo también soy cristiano. Yo también llevo en la sangre una porción de discípulo, pero también una porción grande de apóstol. Cristo hoy me mira y me escoge, llamándome por nombre y apellido; me llama a ayudarle en medio de mi comunidad, parroquia, equipo de trabajo y grupo de amigos.
Mi fe no es teoría de libro o curiosidad de revista; debe ser fuego que me empuja a una misión muy concreta. Ser cristiano significa aprender de Cristo a abrir los ojos ante las necesidades del mundo, para poder colaborar en la misión que Jesús me comparte: dar gloria al Padre y extender su Reino, sirviendo a los hombres y mujeres que encuentro en mi camino.
«Instituyó, pues, a los Doce, y los nombra uno tras otro. Jesús, entre tanta gente que lo seguía —nos dice el evangelio—“llamó a sí a los que quería”. Hay una elección: Jesús eligió a los que él quería, instituyó a Doce. Que llamó apóstoles. Había otros: estaban los discípulos, y el evangelio habla de setenta y dos, en una ocasión. Pero estos eran otra cosa. Los Doce son instituidos para que estén con él y para mandarlos a predicar con el poder de expulsar los demonios. Es el grupo más importante que Jesús eligió, para que estuvieran con él, más cercanos, y para mandarlos a predicar el Evangelio. Y con el poder de expulsar los demonios, también añade Marcos. Los Doce son los primeros obispos, el primer grupo de obispos».
(Homilía de S.S. Francisco. 29 de enero de 2016, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy me informaré de la situación de mi parroquia o diócesis, para poder rezar por ella o colaborar en lo que haga falta.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
¿Qué es la pobreza Cristiana?¿Virtud o condición de vida?
Por: Ricardo Peña | Fuente: New Fire

El Papa Francisco tiene muy presente el tema de la pobreza y constantemente nos está recordando que quiere que seamos una Iglesia pobre. Comprender la pobreza como la vivió y la quiere nuestro Señor Jesucristo es el primer paso para poder ser esta Iglesia que el Papa desea. Aunque podría parecer muy simple, la verdad es que existe mucha confusión sobre lo que la pobreza Cristiana es en verdad.
Virtud o Condición de Vida
Es muy importante comprender que en la Iglesia hablamos de dos tipos distintos de pobreza. Existe la pobreza como condición que consiste en la carencia de bienes materiales, sabemos que muchas personas lo padecen y es un problema que debemos trabajar para solucionar. Esta pobreza es un mal. No hay nada positivo sobre la pobreza material, en el mejor de los casos, algo positivo se puede sacar de ello pero jamás se puede considerar un bien.
La virtud de la pobreza es la que valoramos. Cristo habla sobre la pobreza espiritual como aquella que merece ser premiada, aquella que es digna del Reino de los Cielos (Mt 5-3). Esta consiste en una decisión de vida, una actitud con la que Cristo nos pide vivir para poder llegar al cielo, no depende de la condición económica de la familia o del país del cual provenimos, no depende que hayamos perdido todo en un incendio o hayamos ganado la lotería y no depende de las capacidades que tengamos de hacer más o menos dinero. La virtud de la pobreza, como todas las virtudes, depende de la voluntad humana.
El don de los bienes materiales
¿Quiere decir esto que la pobreza espiritual nos exige hacernos pobres materialmente de forma voluntaria? Al parecer muchas personas creen esto, quizás no conozcamos a ninguna persona que viva con carencias materiales por decisión personal pero constantemente escuchamos cómo se habla en la Iglesia sobre vivir la pobreza y esto nos hace pensar en la pobreza material. Entonces, ¿somos los católicos personas incoherentes?
¿Está mal tener cosas materiales?
Si Dios creó el mundo sensible, este no puede ser un mal, Él nos puso en ese mundo para que disfrutaramos de su creación. El mundo material es un don de Dios, un medio para que podamos ser felices y podamos amarlo a Él. Lo único que le ofende es cuando ponemos estas cosas antes que a Él y antes que a nuestros hermanos. Dios nos da por amor, como una madre da a sus hijos por amor, pero cuando un hijo ama más los regalos que a su madre es cuando el niño está rechazando el don más grande que puede recibir, está rechazando el mismo amor de su madre.
La pobreza voluntaria no es una exigencia de Cristo y tampoco de la Iglesia. Cuando Cristo habla de la pobreza que debemos vivir, Él quiere decir que debemos vivir desprendidos de lo material, que le demos poca importancia a estas cosas. Este desinterés por lo material debe brotar de un auténtico interés por lo espiritual y por la vida futura en el cielo. Quien tiene los ojos en el cielo no se preocupa por las cosas que este mundo nos puede ofrecer sino que se vale de ellos para lo que necesita, en esto consiste esta virtud.
El verdadero pobre de espíritu no permite que el dinero ni ninguna otra posesión se interponga entre él y el cielo y no piensa dos veces antes de decidir deshacerse de algo material si esto le causa problemas en su relación con Cristo.
La Pobreza de Cristo
Es cierto que Cristo vivió con mucha austeridad y esto lo debemos tomar en cuenta, pero también es cierto que Cristo, no se limitó a cubrir sus necesidades básicas, sino que dió de comer a más de cinco mil personas y “Comieron todos y se saciaron”(Mt 14 -20), participaba en banquetes por lo que los fariseos lo criticaron (Mt 11, 19), no se quejó cuando María de Betania le untó los pies con nardo puro (Jn 12, 3) y su primer milagro fue el de convertir el agua en vino en las bodas de Caná (Jn 2, 1-12). De esto no podemos concluir que Cristo vivió sin disfrutar de las cosas materiales y mucho menos pensar que es así que debemos vivir nosotros.
Lo que vemos hacer a Cristo es poner todos los medios necesarios para poder realizar la misión que el Padre le encomienda y de deshacerse de todo aquello que pueda interferir en su misión. Por esto Cristo deja el hogar y no se establece en un solo lugar sino que se dedica a recorrer las ciudades y lo poblados para difundir la buena nueva. Nada se puede interponer entre Cristo y su misión, ni el cansancio, ni el temor, ni el dinero. Cristo ama al Padre y vive para el Padre, todo lo demás queda en un segundo plano.
Bienaventurados los pobre de espíritu…
“Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5-3).
Finalmente lo que esto significa es que para heredar el cielo simplemente hay que quererlo, porque quien de verdad quiere algo dedica su tiempo y energías para conseguirlo. Por esto pedimos a nuestro Señor Jesucristo que nos conceda la virtud de la pobreza, de modo que vivamos día a día con la ilusión de luchar por alcanzar el cielo y cuando este deseo esté profundamente en nuestros corazones, ya no seremos ciudadanos de la tierra sino del paraíso que el Padre nos tiene preparado.
El llamado de Cristo en el monte de las bienaventuranzas es a identificar cuales son esas cosas que nos atan a la tierra y no nos permiten ascender hacia Él y preguntarnos ¿Cómo quisiera Cristo que usara esto? ¿Lo puedo aprovechar para crecer en mi relación con Dios o debo desprenderme y alejarme de ello?