Mártir, 20 de Noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • Ángeles de San José Lloret Martí y 14 compañeras, Beatas
- • Bernardo de Hildesheim, Santo
- • Adventor, Santo
- • María Fortunata Viti, Beata
- • Octavio u Octaviano, Santo
La vocación al amor
Por: H. David Sánchez, LC | Fuente: www.somosrc.mx
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame la gracia de aprender a amar como Tú lo haces; que tenga un amor que no se cansa.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28
En aquel tiempo, como ya se acercaba Jesús a Jerusalén, y la gente pensaban que el Reino de Dios iba a manifestarse de un momento a otro, él les dijo esta parábola:
«Había un hombre de la nobleza que se fue a un país lejano para ser nombrado rey, y volver como tal. Antes de irse, mando llamar a diez empleados suyos, les entregó una moneda de mucho valor a cada uno y les dijo: ‘Inviertan este dinero mientras regreso’.
Pero sus compatriotas lo aborrecían y enviaron detrás de él a unos delegados que dijeran: ‘No queremos que éste sea nuestro rey’.
Pero fue nombrado rey, y cuando regresó a su país, mandó llamar a sus empleados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno.
Se presentó el primero y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras diez monedas’. Él le contestó: ‘Muy bien. Eres un buen empleado. Puesto que has sido fiel en una cosa pequeña, serás gobernador de diez ciudades’.
Se presentó el segundo y le dijo: Señor, tu moneda ha producido otras cinco monedas’. Y el Señor le respondió: ‘Tú serás gobernador de cinco ciudades’.
Se presentó el tercero y le dijo: ‘Señor, aquí está tu moneda. La he tenido guardada en un pañuelo, pues te tuve miedo, porque eres un hombre exigente, que reclama lo que no ha invertido y cosecha lo que no ha sembrado’. El señor le contestó: ‘Eres un mal empleado. Por tu propia boca te condeno, Tú sabías que yo soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he invertido y que cosecho lo que no he sembrado, ¿Por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco para que yo, al volver, lo hubiera recobrado con intereses?’.
Después les dijo a los presentes: ‘Quítenle a éste la moneda y dénsela al que tiene diez’. Le respondieron: ‘Señor, ya tiene diez monedas’. Él les dijo: Les aseguro que a todo el que tenga se le dará con abundancia, y al que no tenga, aún lo que tiene se le quitará. En cuanto a mis enemigos, que no querían tenerme como rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia».
Dicho esto, Jesús prosiguió su camino hacia Jerusalén al frente de sus discípulos.
Palabra de Dios.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Dios no ha dado un don especial que es la capacidad de ser don para los demás, o sea amar. Él ha inserido en nuestros corazones la ley natural del amor, pero depende de nosotros si queremos hacer lo que Él nos pide o no. El amor es algo que no se puede cuantificar porque es especial; necesitamos tener la valentía de amar y no esconder este don de Dios en nosotros; más allá del hecho que Él nos hará rendir cuentas al final del tiempo, el amor debe ser algo que nos mueva desinteresadamente, no por lo que podamos sacar de provecho sabiendo que Dios, infinitamente bueno, nos recompensará por hacer presente su misterio a través del amor.
El amor es por naturaleza difusivo ya que quien ama crea una cadena de amor y donación; aunque no lo logre al primer momento, sucederá, y este ejercicio de amor no disminuye con el tiempo, sino que se va agrandando. El amor es necesario para nuestra vida, es tan necesario que casi pudiéramos decir que valemos de acuerdo con cuanto amamos; y una vida sin amor no valdría la pena ser vivida, tampoco una vida en la que hay un amor que se encierra en sí mismo. En nuestra vida podremos tener muchos errores, pero nunca debemos cometer el gran error de no amar; como decía san Agustín hablando del verdadero amor como donación desinteresada: ama y haz lo que quieras.
La parte final de este Evangelio me hace pensar cómo Dios no quiere que seamos mediocres en nuestra entrega a Él, sino que lo demos todo, porque es un dar que no puede ser parcial.
«El siervo que recibió cinco talentos es emprendedor y les hace fructificar ganando otros cinco. De igual modo se comporta el siervo que había recibido dos y se procura otros dos. En cambio, el siervo que recibió uno, excava un agujero en la tierra y esconce la moneda de su patrón. Es este el mismo siervo que explica al patrón, a su regreso, el motivo de su gesto, diciendo: “Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo y fui y escondí en tierra tu talento”. Este siervo no tiene con su patrón una relación de confianza, sino que tiene miedo de él y esto lo bloquea. El miedo inmoviliza siempre y a menudo hace tomar decisiones equivocadas. El miedo desalienta de tomar iniciativas, induce a refugiarse en soluciones seguras y garantizadas y así termina por no hacer nada bueno. Para ir adelante y crecer en el camino de la vida no hay que tener miedo, hay que tener confianza. Esta parábola nos hace entender lo importante que es tener una idea verdadera de Dios. No debemos pensar que Él es un patrón malo, duro y severo que quiere castigarnos».
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de noviembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Tomar 5 minutos para reflexionar cómo puedo amar mejor a la gente que me rodea.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Por: Samuel Saad | Fuente: SearchRC

Existe una virtud que es tan poco conocida, que ni siquiera sale en el diccionario. Si la escribes en Word, el corrector te cambiará la palabra por otra o te la subrayará en rojo. Es muy probable que nunca hayas siquiera oído hablar de ella. En cambio, su contraparte, el vicio opuesto, es un tema de conversación frecuente en todos los círculos de todas las razas y estratos sociales, un trending topic en las redes sociales, y sus consecuencias son tan devastadoras que el Papa Francisco las ha comparado con el terrorismo.
El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto (cf CIC can. 220). Se hace culpable (…) de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran. —Catecismo de la Iglesia Católica, 2477
La benedicencia es la virtud opuesta a la maledicencia. Su forma más básica es el evitar hablar mal de las demás personas, pero no se limita a esto. Se trata de procurar hablar y pensar siempre bien de los demás, de esparcir sus virtudes, cualidades y logros.
La maledicencia es el cáncer de la vida cristiana. Donde existe, reinan la envidia, el rencor, el juicio, la desconfianza, la intriga, la división, la sospecha y el recelo. La benedicencia en cambio es un apostolado, como el de Jesucristo que “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hch 10,38). Al aplaudir todo lo bueno que hay en los demás, se crea un clima de aprecio, confianza, buena voluntad, colaboración y favorece a un mejor desarrollo de todas las capacidades de una persona.
En todos los seres humanos, hay una tendencia a buscar en nuestra relación con los demás lo que puede llenar nuestras carencias. Buscamos en los demás lo que nos gusta, pero las cosas en el prójimo casi nunca son como nosotros querríamos. Eso es excelente, porque las decepciones y las imperfecciones de los demás nos obligan a amarlos con un amor auténtico, desinteresado y a no esperar del prójimo la felicidad, la plenitud o la realización que sólo podemos encontrar en Dios. Es preciso adquirir una autonomía espiritual, sabiendo que mi compromiso es con Dios. El hecho de que los demás sean pecadores, a mí no me impide convertirme en santo, ni tengo el derecho de juzgarlo.
Cuando tenemos una contradicción o un problema con alguien, muchas veces nos inclinamos a ver una mala voluntad por su parte y hacer valoraciones morales. En verdad, la mayoría de estas situaciones son simplemente malentendidos, dificultades de comunicación o diferencias de temperamento. El demonio, con el fin de hacerte perder toda tu energía espiritual, hará que te fijes en un montón de cosas negativas de los demás. Entonces te va a dar una carga de inquietud, tristeza y desaliento, que irá minando poco a poco tu propio impulso espiritual.
La benedicencia no se trata de ser mentiroso, exagerado ni adulador. El adulador busca su propio interés, exagerando deshonestamente las cualidades de los demás para manipular y obtener algo a cambio. En cambio, la benedicencia es un reconocimiento auténtico, sincero y desinteresado de las virtudes, aciertos y logros de los demás.
La benedicencia, como toda virtud, exige una conquista personal, no se da normalmente de modo espontáneo y natural. Tiene en su origen otro hábito aún más profundo: pensar siempre bien de nuestro prójimo.
“De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12,34).
Hay que cultivar la bondad, para pensar siempre bien de los demás y pedirle a Dios la gracia de ver al prójimo como Él lo ve. No hay que ser deshonesto ni mentiroso, pero es mejor equivocarse mil veces dándole el beneficio de la duda al prójimo que condenar o difamar una sola vez en falso.
Nadie tiene derecho a herir la buena fama de los demás. Si a fuerzas hay que realizar una crítica hacia alguien (en el trabajo, en un proyecto o apostolado, etc.), se debe hacer sólo con quien puede ayudar o solucionar el problema y con quien tiene derecho de saber. No tienes ninguna razón para criticar o hablar mal sobre alguien con otra persona que no puede resolver ni tiene nada que ver con el problema, porque es una falta a la caridad. Tampoco se justifica que, con el pretexto de amenizar una conversación, se hagan comentarios o chistes ingeniosos o crueles sobre los defectos de una persona, sacrificando la caridad por una tonta y cruel satisfacción. Es insensato creer que así te harás agradable y gracioso.
Si aún no has decidido en qué virtud piensas trabajar este nuevo año que comienza, la benedicencia es una buena opción.
“Si alguno no peca con la lengua es un hombre perfecto” (Sant 3,2).
Puedes agregar a tu examen de conciencia diario la pregunta “¿he dicho algún comentario anticaritativo hacia el prójimo?” y te puedes colocar como meta diaria decir al menos un comentario positivo sobre alguien cada día.
“Construye dentro de tu corazón un sagrario para guardar ahí, como un tesoro, la buena fama de tus hermanos, y siémbrala entre los demás.” -Cristo al Centro. Pensamientos de la espiritualidad de la Legión de Cristo y el Regnum Christi.




