
🎟🎉 Lotería Dominicana a beneficio de las obras sociales de la Guardería Infantil Virgen del Camino, ayudemos a ayudar‼🙏
🔸 A realizarse el sábado 30 de noviembre a partir de las 18:00 horas en las instalaciones de la Guardería Virgen del Camino.
🔹 Compra tu cartón a sólo Q35.00, invita a familiares y amigos a pasar un rato muy alegre ayudando a los más necesitados 👌
Iglesia y Guardería Virgen del Camino, 25 años de servicio al pueblo de Guatemala ⛪
Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo
Fiesta, 18 de noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • Carolina Kózka, Beata
- • Grimoaldo de la Purificación (Fernando Santamaría), Beato
- • María Gabriela Hinojosa y 5 compañeras, Beatas
- • Barulas, Santo
- • Rosa Filipina Duchesne, Santa
Ver la presencia de Cristo en los demás
Por: H. Luis Alejandro Huesca Cantú, LC | Fuente: www.somosrc.mx
Amén.Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, concédeme la gracia de ver como Tú ves, de esperar como Tú esperas y de amar como Tú amas…
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el Nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él le contestó: «Señor, que vea». Jesús le dijo: «Recobra la vista; tu fe te ha curado».
Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Evangelio es Palabra viva. No solamente está impreso en la Biblia o en un misal, sino que el Cristo que se detiene y cura al ciego en el Evangelio de hoy, es el mismo Cristo que vive y está presente en ti y en las personas que te vas encontrando a lo largo de tu día. Cristo está ahí en ellos, en tu familia, en tus amigos, en tus compañeros de la escuela o del trabajo; pero a veces la ceguera de la rutina y del egoísmo te puede impedir ver a Jesús que quiere encontrarse contigo a través de ellos.
No sabemos el nombre del ciego en el Evangelio, creo que san Lucas lo omite para que tú puedas ponerte en su lugar. Tú eres ese ciego y Jesús, con palabras llenas de amor y delicadeza, te pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?» Repito la pregunta, porque es el mismo Cristo quién te la hace: «¿Qué quieres que haga por ti?» Él se interesa verdaderamente por ti, Él quiere ayudarte, quiere curarte, quiere que le des tu corazón porque Él quiere darte el suyo. Tú sólo tienes que responderle como el ciego en el Evangelio: ¡Señor, quiero ver!
En este momento de oración, pídele al Señor que abra tus ojos para que puedas contemplar su presencia, para que puedas ver su cruz que te comparte en las dificultades y en el sufrimiento, y para que puedas admirarlo resucitado en los pequeños milagros que ocurren en los corazones de las personas todos los días.
«Puede ser sorprendente que el “médico” pregunte a la persona que sufre qué espera de él. Pero esto resalta el valor de las palabras y el diálogo en la relación de cura. Para Jesús, curar significa entablar un diálogo para que emerja el deseo del ser humano y el dulce poder del Amor de Dios, operante en su Hijo. Porque curar significa comenzar un camino: un camino de alivio, de consuelo, de reconciliación y de sanación. Cuando se hace una cura determinada con amor sincero por el otro, se amplía el horizonte de la persona que está siendo curada, porque el ser humano es uno: es la unidad de espíritu, alma y cuerpo. Y esto se ve claramente en el ministerio de Jesús: Él nunca cura una parte, sino toda la persona, de manera integral. A veces, comenzando desde el cuerpo, a veces desde el corazón, es decir, perdonando sus pecados (ver Mc 2, 5), pero siempre para curarlo todo. Finalmente, la cura de Jesús coincide con el levantar a la persona y enviar a aquel o a aquella a quien se ha acercado y curado. Son tantos los enfermos que, después de haber sido curados por Cristo, se convierten en sus discípulos y seguidores».
(Homilía de S.S. Francisco, 22 de junio de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Al final del día, antes de dormir, preguntarle a Jesús: «Señor, ¿en quién te pude ver en este día?».
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué se tocan las campanitas durante la Misa?
Por: Daniel Alberto Robles Macías | Fuente: ConMasGracia.org
En cada celebración eucarística, cuando el sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino, el acólito hace sonar la campanita y todos en la audiencia nos ponemos de rodillas. Asimismo, en cada elevación del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se vuelven a escuchar las campanitas. Este signo es muy característico y, en lo personal, me gusta. Pero, ¿qué significa?
Antes del Concilio Vaticano II, la Misa se celebraba “mirando al oriente”, es decir, los fieles miraban al sacerdote de espaldas, quien en voz baja y en el idioma latín, dirigía la celebración. Esto ocasionaba que muchos asistentes se distrajeran y, por lo tanto, no comprendían lo que pasaba en cada momento de la celebración. De modo que las campanitas eran de mucha utilidad en el momento culmen de la consagración.
Cuando las campanitas se tocaban, era la señal para que cada quien tomara consciencia y prestara atención al milagro que estaba por suceder, Cristo mismo se hace presente en Cuerpo, Alma y Divinidad. Las campanitas, también se hacían oír durante la elevación de los dones y en las genuflexiones que el sacerdote realizaba.
Después del Concilio, el rito tridentino de la misa se modificó para quedar como lo conocemos ahora, denominado forma extraordinaria. Hoy, la eucaristía se celebra en la lengua de la región, con el sacerdote de cara a los fieles y en voz alta.
Que se hagan sonar las campanitas en el momento de la consagración, no es obligatorio y se deja a voluntad del ministro celebrante. La Instrucción General del Misal Romano en su numeral 150 refiere: “Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree conveniente, advierte a los fieles con un toque de campanilla. Puede también, según las costumbres de cada lugar, tocar la campanilla en cada elevación”.
Pero yo considero que su uso sigue siendo de mucha utilidad, puesto que, en la actualidad, la Misa resulta ser entendible y permite la participación activa, no falta aquella persona que en algunos momentos de la celebración se distraiga en otros pensamientos y pierda conciencia de los momentos importantes. Por lo que, en el momento de la plegaria eucarística, el sonido de las campanitas lo hará volver hacia el acontecimiento que se está celebrando en el altar.
Además, gracias a los signos visibles que contemplamos en la Misa, tales como los colores en las vestiduras de los sacerdotes, las imágenes, cantos, flores, velas, incienso o campanitas, es que podemos adentrarnos en la celebración de la que todos formamos parte y, de esa manera, ser conscientes de la importancia y el sentido de cada momento de la Eucaristía.
En consecuencia, el uso de las campanitas en la liturgia nos ayuda a recordar lo que estamos por vivir. Junto con todo el cielo y la Iglesia universal adoramos con gozo y piedad el sacrificio de aquel que se hace alimento para nosotros. Junto con el sonido de las campanitas elevamos nuestra alabanza al Señor, al Santo de los Santos.
