
Bartolomé, Santo
Fiesta Litúrgica, 24 de agosto …
- Hoy también se festeja a:
- • Verónica Antal, Beata
- • Emilia de Vialar, Santa
- • María Encarnación Rosal, Beata
- • Fortunato Velasco Tobar, Beato
- • Miroslav Buleić, Beato
Una cadena de encuentros
Santo Evangelio según san Juan 1, 45-51. Martes XXI del Tiempo Ordinario
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Aquí delante de ti, Señor, quiero renovar mi fe. Quiero adorarte y reconocer lo grande y bueno que eres conmigo en todo momento. Permíteme descubrirte hoy una vez más. Por intercesión de tu Madre, María, concédeme conocerte y amarte como ella. Que mi fe y mi amor me lleven a vivir totalmente para ti. Así sea.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.
Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?”. Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
«Ven y lo verás». Cada uno de nosotros ha llegado a conocer a Cristo gracias a otra persona. Un sacerdote nos bautizó y nos da los demás sacramentos; en casa o en la parroquia nos enseñaron el catecismo; seguramente algún amigo o amiga en concreto nos ha atraído más hacia la fe… En cada cristiano, a lo largo de los siglos, se repite el evento de Felipe, Natanael y Jesús.
Gracias, Señor, por todos aquellos que me han llevado a ti. ¿Qué sería de mí sin la ayuda de mis papás, de los sacerdotes, de mis amigos y hermanos en la fe? Gracias, Jesús, porque entraste en mi vida gracias a las personas que amo y sé que me aman; gracias por ser ese tesoro que he recibido de otros. Gracias, por la oportunidad de venir y verte, de conocerte más de cerca y de descubrir tu amor. Gracias porque, siendo el Hijo de Dios, has querido vivir entre nosotros.
Quien ha conocido a Cristo, ha recibido el mayor don de esta vida. Pero con el don viene una responsabilidad. ¡Cuánta gente no ha escuchado hablar de Cristo! ¡Cuántos saben de Él, pero no lo conocen en realidad, y por eso no lo aman! Y cuántos de ellos viven a nuestro lado, trabajan junto a nosotros, pasan por nuestras mismas calles. No podemos guardarnos el mayor tesoro de la humanidad para nosotros mismos. Tenemos que compartirlo, transmitir la gran noticia: ¡hemos encontrado a Aquél que tanto anhela el corazón humano!
Jesucristo, Tú tienes el gran deseo de que todos te conozcan, para que encuentren el verdadero Amor del Padre. Pero has querido hacerte necesitado de mi boca para hablar de ti. Cuenta conmigo. Aquí mismo donde vivo, en mi puesto de trabajo, entre mis amigos, sé que algunos no te conocen. Dame ese fuego misionero, la gracia de transmitir el encuentro contigo.
«Dios nos ha escogido y bendecido con un propósito: “Para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia”. Nos eligió a cada uno de nosotros para ser testigos de su verdad y su justicia en este mundo. Creó el mundo como un hermoso jardín y nos pidió que cuidáramos de él. Pero, con el pecado, el hombre desfiguró aquella belleza natural; destruyó también la unidad y la belleza de nuestra familia humana, dando lugar a estructuras sociales que perpetúan la pobreza, la falta de educación y la corrupción»
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de enero de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Rezar un misterio del rosario por aquellas personas que me enseñaron la fe, o bien hablar de Cristo a algún conocido o amigo que no lo conoce.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Enfrentando y liberando los miedos
Escuchar la palabra miedo, muchas veces produce miedo.
Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net

“Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos”.
Marie Curie, física francesa
Escuchar la palabra miedo, muchas veces produce miedo.
Y es que el miedo es una de las emociones básicas necesarias que compartimos todos los seres humanos. Esta emoción es vital para manejarse ante el peligro, para responder y adaptarse a una situación de riesgo.
Todo miedo activa nuestro sistema de alarma y nos lleva a la acción para reaccionar con cautela, defendernos, retirarnos… Los miedos nos llevan a buscar protegernos.
Hay miedos innatos, instintivos necesarios para sobrevivir, miedo al abandono, a la obscuridad, a un alacrán, a las alturas. También se teme el dolor físico o emocional.
Otros miedos pueden ser aprendidos por una mala experiencia o por imitación por ejemplo el miedo a los truenos, a la lluvia, a manejar un automóvil.
Hay otros miedos que llevan a actuar, a crecer, a superar retos. Son situaciones difíciles que al enfrentarlas y superarlas colaboran en el fortalecimiento de la autoestima tales como pasar un examen, exponer un tema en público, conseguir un puesto importante en el trabajo.
Dentro de los miedos existen modalidades que pueden llegar a grados altamente patológicos y postrar a la persona en una depresión o parálisis. Una de ellas son las fobias, ese temor intenso e irracional, de carácter enfermizo hacia una persona, cosa o situación. Otro es el pánico que es un miedo repentino muy intenso y manifiesto especialmente en situación de peligro. Y uno más la ansiedad, miedo extremo y preocupación que perdura.
En ocasiones los seres humanos se crean miedos inexistentes o distorsionan la realidad provocándose una inmovilización o huida innecesaria. De esta manera las personas se encarcelan a sí mismas, teniendo actitudes paralizantes, aislamientos sociales y evitaciones para no enfrentar un peligro que en no pocas ocasiones solo existe en la mente o que de ser reales, se pueden vencer con un trabajo de exposición a las situaciones que se consideran peligrosas hasta lograr superarlas. Estos miedos afectan la vida familiar, laboral, social.
Finalmente existen miedos que pocas veces se confrontan y que quizá son más urgentes y necesarios de resolver y que sin duda nos llevarían a una auténtica libertad. ¿Por qué se tiene miedo a profesar la fe, a actuar con justicia, a amar, a solidarizarse con el necesitado, a salir del propio egoísmo? ¿Por qué no buscar salir de estos miedos empezando por practicar la entrega con los que están en nuestra propia casa?
Los resultados no se pueden lograr de la noche a la mañana, es necesario ir dando pequeños pasos en la consecución del objetivo.
Algunos puntos que pueden ayudar a liberar los miedos:
• Primero tomar conciencia de nuestros miedos, es parte del autoconocimiento y primer paso para poder iniciar el trabajo.
• Aprender a respirar profundamente y a relajarse.
• Hacer una lista de los pensamientos que nos llevan a temer, “soy muy tímido”, “siempre me pongo nervioso”, ”no logro hablar en publico” , “soy muy aburrido para los demás” y buscar renovarlos por pensamientos donde la persona logra tener el control de si mismo.
• Evitar “leer la mente”. Es decir dar por verdaderos los juicios negativos que hacemos de las intenciones de los demás. Si una persona hace una crítica a mi persona verlo como oportunidad de crecimiento y no como una muestra de rechazo. Ver y agradecer un halago creyendo en la sinceridad de las palabras. Tener una visión más optimista de la vida.
• Evitar amplificar los acontecimientos negativos, con un pensamiento catastrófico, “todo me sale mal”, “nadie me comprende,” Derribar estas creencias que perjudican. Recordar que no es el acontecimiento lo que afecta sino la forma en que se percibe ese acontecimiento. Evitar la percepción exagerada o distorsionada en cada evento.
• Hacer una lista de las consecuencias que se viven a causa de los miedos, pérdida de libertad, de oportunidades de trabajo, aislamiento social, timidez.
• Enumerar y jerarquizar los miedos en orden de importancia.
Prepararse y planificar la forma de afrontar y superar primero los menos importantes, para ir ganando confianza y destreza; y posteriormente enfrentar los más fuertes. Si se enfrentan y se consiguen pequeños logros se va superando el problema. Si se evitan se refuerza el acto de seguir evitando y se incrementa el miedo a enfrentarlo.
• Evaluar los resultados obtenidos. Y buscar enfrentar situaciones que originalmente causaban temor.
• Si es un miedo aprendido, reaprender, es decir adquirir un nuevo aprendizaje emocional. Buscar ayuda espiritual y psicoterapéutica.
En la Biblia se hace alusión 365 veces a no tener miedo, desde el principio. Adán cuando Dios lo llama se esconde por temor porque su desobediencia le había mostrado su fragilidad humana. Que bien conoce Dios la debilidad del hombre que parece recordarle cada día del año que no tenga miedo de visitar a sus hermanos presos, a sus hermanos enfermos, a los que tienen hambre material y espiritual, que no tenga miedo de salir a su encuentro de abrazar, de sanar, consolar, compartir, defender sus derechos, compartir su fe, sus conocimientos. Y todo esto con la certeza del apoyo constante de Dios para superar cualquier tipo de temor.
“No tengáis miedo que yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”. Mt 28,19








