
Ezequiel Moreno y Díaz, Santo
Memoria Litúrgica, 19 de agosto…
- Hoy también se festeja a:
- • Gregorio Martos Muñoz, Beato
- • Damián Gómez Jiménez, Beato
- • Guerrico de Igny, Beato
- • Tomás Sitjar Fortiá, Beato
- • Elvira de la Natividad de Nuestra Señora y compañeras, Beatas
Cristo nos invita al banquete
Santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14. Jueves XX del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González Aréchiga LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
¿Existe mayor bendición que el que una criatura pueda dirigirse a su creador? Me dotaste, Señor, de un corazón capaz de trascender, de mirar de lo terreno hacia lo celestial, de alcanzar a conocerte desde en los detalles más pequeños hasta en la grandeza más sublime. Hoy me encuentro aquí, en un momento sencillo de silencio y en el puedo también encontrarte a ti. Quiero orar y conversar contigo. ¡Gracias, Dios mío!
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
“El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Cólera de corazón, decepción ante una bella expectativa, frustración ante el último rechazo de lo que había sido un formidable plan. El Rey invita a las personas a venir a su banquete, es un Rey generoso, un Rey que sobrelleva el peso del derroche mientras eso le suponga la felicidad del invitado. Pobre Rey que tenía bien presente a cada uno de los que deseaba ver en su palacio. Anhelaba el corazón del Rey poder abrir sus brazos recibiendo al huésped esperado, pero éste no quiso venir, simplemente así: no quiso, no supo o no quiso saber…
Yo, persona que me gusta que me imploren, que me soliciten varias veces. Yo, persona que subyace en la tendencia de esperar a que me rueguen. Yo, persona que no soy feliz, aun si haber salido de mí misma. Soy una persona que buscando la felicidad en preferirme, he encontrado la irónica tristeza de quien no se entrega. Soy yo un comensal que fue invitado a ese banquete, y que ahora solo puedo vagamente imaginar y saborear. Soy el invitado que pensó encontrar mayor placer en dedicarse ciegamente a los afanes de esta vida, sin pensar siquiera en dirigir la vista, por lo menos una vez, hacia los gozos que del cielo se desprenden. Soy esa persona, ese invitado…
Pero tengo la certeza de que el Rey llamó dos veces…
Hoy, Señor, quiero pedirte perdón por los momentos en que no acepté tu voluntad. Quiero volverme a tu misericordia, por las veces en que no confié en ti. Me encuentro aquí con el deseo de empezar una vez más y de aceptar esa segunda invitación. De extender mi mano para que la tomes y me lleves caminando junto a ti hacia el banquete, pues deseo dar el paso de este día también; y acoger tu voluntad desde mi corazón.
«De este modo, sentarse en la mesa con Jesús significa ser transformados y salvados por Él. En la comunidad cristiana la mesa de Jesús es doble: está la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía. Son estas las medicinas con las cuales el Médico Divino nos cura y nos nutre».
(S.S. Francisco, audiencia del 13 de abril de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy iré a visitarte en tu casa, en la Iglesia, aunque sea brevemente.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Asistencia Espiritual y Emocional
Se unen líderes espirituales y científicos para ofrecer espiritualidad, conocimiento y salud.
Por: Mayra Novelo | Fuente: Catholic.net

Se propaga por ahí que existe una situación alarmante en la que muestra que 340 millones de personas padecen de depresión. Expertos y organizaciones conmovidos ante esta “depresiva noticia”, se unen para ofrecer la solución a tan grave problema.
¿Qué ofrecen?
Asistir emocional y espiritualmente a personas que sufren de estrés, ansiedad y depresión. Las técnicas recomendadas van orientadas a la terapia psico-espiritual e integral en la sanación de la persona humana.
Afirman que se han dado cuenta que para sanar la depresión indudablemente es importante una la atención al dinamismo biológico, psicológico, social y espiritual, pero en esta última está la sanación ya que sólo “el ser supremo” puede llegar hasta lo más profundo del alma.
Algunos de sus argumentos:
En el mundo actual ya no se descubre la presencia de Dios, esto provoca una gran falta de estabilidad existencial, sentido a la vida. Una gran Crisis del ser en donde el hombre es rebajado a su dimensión corporal y mental, limitando el espacio de libertad. Un mundo donde sólo importa el tener y no el ser, no hay tiempo de escuchar y de ser escuchado. Las personas desean mucho pero no saben dónde dirigir sus energías vitales y así hay enfermedad causada por el abuso del tiempo, del ecosistema del mundo. Una gran intolerancia reina en donde el hombre no es libre…
Consecuencias desastrosas:
Desempleo, divorcio, inseguridad, falta de auténtica educación, falta de transmisión del saber, de la cultura, de la moral, de la vida religiosa y la negligencia de las normas objetivas.
Su propuesta: Dios no, espiritualidad si…
Proponen una espiritualidad capaz de recuperar la unidad de personas y familias afectadas por el stress, una toma de conciencia para que el espíritu sea el motor de la vida
¿Realmente el mundo es tan malo o el hombre tan hueco, como para convertirse en un ser depresivo? Y una espiritualidad sin Dios ¿podrá hacer la tierra buena y llenar al hombre vacío?
Evidentemente un mundo sin Dios entristece, pero más dejar que otros depresivos nos curen sin él. No será que detrás de todo esto esta presente la gran sombra de espiritualidades baratas en donde abunda la idea errada de que todas las religiones pueden ser por igual caminos válidos para la felicidad, de una moral relativista en la que lo bueno es aquello que te hace sentir bien, en paz, en armonía… y de esta forma un hombre sin dios, pero con mucha “espiritualidad”, se convierte en una verdadera veleta que gira hacia donde el viento le lleve…
Respuestas
La verdadera depresión:
En la depresión como estado patológico se pierde la satisfacción de vivir, la capacidad de actuar y la esperanza de recuperar el bienestar. Se acompaña de manifestaciones clínicas en la esfera del estado de ánimo (tristeza, pérdida de interés, apatía, falta de sentido de esperanza), del pensamiento (capacidad de concentración disminuida, indecisión, pesimismo, deseo de muerte, etc.), de la actividad psicomotriz (inhibición, lentitud, falta de comunicación o inquietud, impaciencia e hiperactividad) y de las manifestaciones somáticas (insomnio, alteraciones del apetito y peso corporal, disminución del deseo sexual, pérdida de energía, cansancio, etc.)
Este conjunto de síntomas ponen de manifiesto que nos hallamos ante un estado patológico específico, netamente distinto de la tristeza normal y que adquiere formas e intensidades bien definidas. Y en este sentido se han establecido diversas formas clínicas de depresión internacionalmente aceptadas, que de menor a mayor intensidad son: reacción depresiva; trastorno depresivo mayor; distimia; trastorno bipolar; trastorno depresivo orgánico; depresión melancólica; y depresión psicótica. Cada una de ellas con rasgos diferenciales clínicos bien establecidos.
Por lo tanto, sentirse triste o deprimido no es suficiente para afirmar que se padece una depresión. Este término puede indicar un signo, un síntoma, un síndrome, un estado emocional, una reacción o una entidad clínica bien definida. Por ello es importante diferenciar entre la depresión como enfermedad y los sentimientos de infelicidad, abatimiento o desánimo, que son reacciones habituales ante acontecimientos o situaciones personales difíciles. Y evidentemente aunque el hombre es un ser biológico, social, intelectual y espiritual, no podemos olvidar que todo su ser integral se ordena a un fin ultimo, a su creador; Pero si se intenta “curar” por partes, hay que dar a cada parte la medicina que le corresponde…
Las técnicas orientales:
Puestas de modo por la Nueva Era, buscan que las personas experimenten estados emocionales placenteros que identifican con paz del alma. Lo que realmente crean es una atmósfera de debilidad y vulnerabilidad psíquica, en dónde ya no se actúa por principios que mueven la voluntad, sino por momentos de falsa armonía, que en el fondo sólo llevan a pintar un mundo color de rosa, en donde la responsabilidad es poco conocida.
El hombre, desde el enfoque cristiano, ha sido creado a imagen y semejanza de Dios:
Somos creados a imagen y semejanza de Dios (genesis1, 27). Esta dignidad de la persona humana fue revelada en Jesucristo quien siendo Dios si hizo hombre para redimir al propio hombre. Este gesto hace que la relación con Dios sea auténtica, personal y de imitación. Esto está muy lejos de la caricatura del antropocentrismo atribuido al Cristianismo y rechazado por muchos autores y seguidores de la Nueva Era.
La verdadera espiritualidad es aquella que lleva a la Amistad con Dios:
Alcanzar la amistad con Dios significa lograr la santidad. Todos estamos llamados a la santidad desde el momento del bautismo. La santidad es cumplir con alegría la voluntad de Dios en la propia vida (Juan Pablo II). Santo es aquél que se esfuerza y lucha por superar los obstáculos que le impiden acercarse más a Dios y lograr parecerse cada vez más a Cristo. El hombre santo es el que más se parece a Dios, porque Dios es santo y su amistad lo ayuda a ser semejante a Él, santo. Le permite ser reflejo suyo, hijo de Dios, como su Hijo Jesucristo. La santidad nos lleva a alcanzar la vida eterna. Pero, ser santos supone un gran esfuerzo. Este esfuerzo lo llamamos vida espiritual, es decir, todas aquellas acciones y actividades que realizamos para alcanzar la amistad con Dios. Por tanto, nuestra vida espiritual dará frutos de eternidad, en la medida en que hagamos caso de los llamados y exhortaciones de Dios.
Siendo hombres de un ser espiritual, debemos llenarnos de espiritualidades verdaderas, conocer la propia fe y hacer una experiencia real de Cristo para no necesitar técnicas que sólo ofrecen espiritualidades baratas y que sólo confunden donde nada es bueno ni malo, todo depende de las circunstancias.
Nuestra fe Católica es capaz de llenar el alma y hacer hombres fuertes, maduros, equilibrados y sobre todo en esa constante lucha por alcanzar la felicidad eterna: el definitivo encuentro con Dios en el cielo.
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