Juan XXIII, Santo
Memoria litúrgica, 11 de ocubre…
Hoy también se festeja a:
- • Gumaro, Santo
- • Juan XXIII, Santo
- • Meinardo de Letonia, Santo
- • Jaboco de Ulm, Beato
- • Alejandro Sauli, Santo
Salir al encuentro de los necesitados de cada día.
Por: H. Balam Loza LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te ofrezco mi corazón. Quédate, Señor, conmigo. Te invito a mi pobre mesa. Tú conoces bien la necesidad que tengo de Ti, no me dejes solo. Quiero estar aquí, contigo, sin muchas palabras pero con todo mi ser. Quiero escuchar tu voz que me llama por mi nombre y toca lo más profundo de mí ser. Yo sé, Jesús, que no soy digno de que entres en mi casa, pero te pido que no tomes en cuenta mi pecado sino mi deseo de ser cada día mejor. Ve ese corazón que te busca con gran anhelo. Pongo todo lo que soy y todo lo que tengo en tus manos.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.
Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús nunca dice “no» a nadie. Jesús, conocía los juicios de los fariseos contra Él. Sabía perfectamente que las intenciones de los jefes de Israel estaban un poco desviadas. Buscaban cualquier oportunidad para ponerlo en evidencia. Sin embargo el Señor se sienta a la mesa de los que se sentían sin necesidad de perdón porque cumplían con todas las ceremonias y oraciones. Pensaban, tal vez como el hijo mayor, que eran cumplidores. Y se comparaban con los demás, juzgándolos como pecadores. Miraban por el cumplimiento exterior el corazón de su prójimo.
Pero ¿qué es lo más importante? ¿Qué es lo que agrada más al Señor? Ya lo había dicho antes Jesús “Id y aprended lo que significa, misericordia quiero y no sacrificio» (Mt. 9, 13). Eso es lo que importa. El tener un corazón grande, el amar sobre todo a Dios y a mi prójimo. Podría hacer grandes obras filantrópicas, ir de aquí para allá predicando el nombre del Señor o desgastar toda mi vida en servicio de los pobres… De nada me serviría si no amo a Dios y si no miro a los demás como los mira el Padre. ¡Qué diferente hubiese terminado la parábola del hijo pródigo si el hijo mayor hubiese mirado a su hermano como lo hizo el Padre!
Si ese hijo pensaba que hacía mucho, pero en el fondo no estaba en sintonía con su Padre. Y yo, ¿cómo miro? ¿Cómo veo a mis hermanos? ¿Cuál es mi mirada hacia aquellas personas que se dejan llevar por una vida viciosa? ¿Los juzgo interiormente o tengo compasión? ¿Les salgo al encuentro?
El mensaje de Jesús es un mensaje de esperanza, un mensaje a todos. Él quiere entrar en todos los corazones, en todo corazón dispuesto a abrirle la puerta. Quiere sentarse a la mesa de todos. No rechaza a nadie. La mirada de Jesús va a lo profundo del alma. No se escandaliza sino que lleva la luz. No salió corriendo al ver a la mujer samaritana que había tenido cinco maridos y vivía con un sexto, sino que vio la sed que tenía esta mujer. Sale al encuentro de los necesitados de cada día.
“Creer en Jesús significa ofrecerle nuestra carne, con la humildad y el valor de María, para que él pueda seguir habitando en medio de los hombres; significa ofrecerle nuestras manos para acariciar a los pequeños y a los pobres; nuestros pies para salir al encuentro de los hermanos; nuestros brazos para sostener a quien es débil y para trabajar en la viña del Señor; nuestra mente para pensar y hacer proyectos a la luz del Evangelio; y, sobre todo, ofrecerle nuestro corazón para amar y tomar decisiones según la voluntad de Dios. Todo esto acontece gracias a la acción del Espíritu Santo. Y así somos instrumentos de Dios para que Jesús actúe en el mundo a través de nosotros”.
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de octubre de 2013).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy te ofrezco, Señor, hacer una visita a la Eucaristía para pedir un corazón misericordioso. Un corazón que sepa acoger a todos. Pediré la gracia de nunca juzgar ni hablar mal de otros sino siempre ver lo positivo en el prójimo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
¿Es posible el optimismo?
Por: Juan García Inza | Fuente: Religi?ibertad

Con lo que está cayendo, por un lado y por otro, podemos estar tentados a dejarnos contagiar de un pesimismo letal, que nos priva de la alegría de vivir. Y esto está ocurriendo en bastantes sectores de la sociedad. Este pesimismo nos puede inducir a la tristeza, a la depresión, al recurso a medios artificiales para tranquilizar los ánimos. Realmente puede afectarnos gravemente esta epidemia si no nos defendemos.
El Papa Francisco no cesa de llamarnos a ver el mundo, y por tanto a las personas, con ojos de misericordia. Afirma él que no debemos ser profetas de catástrofes, ni poner cara de malos amigos, ni gestos “avinagrados”. La vida es bella, a pesar de los borrones que le echamos encima. Recuerda aquel aforismo: “Si lloras por que se ha puesto el sol, las lagrimas no te dejarán ver las estrellas”.
Acabamos de empezar en la Iglesia un tiempo precioso: El Adviento. Tiempo de esperanza, de alegría por lo que está por venir. Y ya estamos encendiendo las luces de la ilusión y de la gracia de Dios. Aunque somos realistas y no podemos dejar de ver lo negativo de la vida, pero hay que levantar el corazón para alcanzar las cumbres desde donde todo se ve con mayor perspectiva.
He encontrado un blog muy original titulado: ¿Tenemos razones para el optimismo? De Luis Galindo. De él tomo este comentario:
Muchos de vosotros seguro que os preguntaréis ¿de verdad tenemos motivos para el optimismo? ¡Os aseguro que sí! Y esta semana me gustaría reflexionar sobre ellos. Porque sólo es necesario pararse y pensar un poco para darnos cuenta de la suerte que tenemos al haber nacido en la parte del mundo en la que hemos nacido. Y así poder afirmar tajantemente que ¡tenemos motivos para el optimismo!
. Podemos ser optimistas porque vivimos en una sociedad en la que los avances científicos nos permiten luchar contra las enfermedades, alargar nuestras expectativas de vida, mejorar la calidad de vida, en definitiva, una sociedad que nos permite vivir más y mejor.
. Podemos ser optimistas porque abrimos un grifo y sale agua corriente, porque le damos al interruptor y tenemos luz eléctrica, porque cada día descubrimos algo que mejora nuestro día a día.(…)
Cuando hayas encontrado las tuyas te animo a compartirlas conmigo, con nosotros, para que entre todos encontremos la forma de afrontar la vida con optimismo ¿Te sumas a este proyecto? ¡Vale la pena!
¿Qué te parece si nos proponemos tú y yo a sonreír más estos días, a poner buena cara, a decir palabras amables, a dar gracias a Dios por todo lo que nos regalas? Es posible que todos tengamos más motivos para vivir en paz.








