Bruno, Santo
Memoria Litúrgica, 6 de octubre …
Hoy también se festeja a:
- • Fe (Foy), Santa
- • Artaldo de Belley, Santo
- • Maria Rosa Durocher, Beata
- • Isidoro de San José De Loor, Beato
- • Magno de Oderzo, Santo
Al que llama, se le abrirá y al que pida se le dará
Parábolas
Lucas 11, 5-13. Tiempo Ordinario. Pidamos las veces que haga falta, no quedaremos defraudados si lo hacemos con fe y confianza.
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: «Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle», y aquél, desde dentro, le responde: «No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos», os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite. Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!
Oración introductoria
Señor, vengo ante Ti con la confianza y la seguridad que Tú eres mi Padre, dispuesto a darme todo lo bueno que necesito, aunque muchas veces no sepa pedirlo ni agradecerlo. Me dices que pida, que toque, que busque… esas son las intenciones de mi oración.
Petición
Señor, dame las gracias que más necesito para mi santificación.
Meditación del Papa Francisco
Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra y al que llama, se le abrirá’. Pero se necesita, buscar y tocar a la puerta. Nosotros, ¿nos involucramos en la oración? ¿Sabemos tocar el corazón de Dios? En el evangelio Jesús dice: ‘Pues si ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!’ Esto es algo grande.
Cuando oramos valientemente, el Señor nos da la gracia, e incluso se da a sí mismo en la gracia: el Espíritu Santo, es decir, ¡a sí mismo! Nunca el Señor da o envía una gracia por correo: ¡nunca!
¡La lleva Él mismo! ¡Él es la gracia! Lo que pedimos es un poco como el papel en que se envuelve la gracia. Pero la verdadera gracia es Él que viene a traérmela. Es Él. Nuestra oración, si es valiente, recibe lo que pedimos, pero también aquello que es lo más importante: al Señor. (Cf. S.S. Francisco, 10 de octubre 2013, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Cuando recorremos alguna playa o las zonas costeras y percibimos la arena y los acantilados, no podemos menos que maravillarnos del poder del agua. No es que el agua sea fuerte en sí.. A base de la constancia y la perseverancia es capaz de perforar, limar o erosionar cualquier tipo de roca o de superficie.
El Evangelio de hoy nos habla de la perseverancia en la oración. “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá…”. Un ejemplo tan humano como el del amigo que nos viene a pedir tres panes a medianoche, es suficiente para hacernos pensar sobre la realidad de este hecho.
En el caso de la oración, no se trata de una relación entre hombres más o menos buenos o, más o menos justos. Se trata de un diálogo con Dios, con ese Padre y Amigo que me ama, que es infinitamente bueno y que me espera siempre con los brazos abiertos.
¡Cuánta fe y cuánta confianza necesitamos a la hora de rezar! ¡Qué fácil es desanimarse a la primera! ¡Cómo nos cuesta intentarlo de nuevo, una y mil veces! Y sin embargo, los grandes hombres de la historia, han sufrido cientos de rechazos antes de ser reconocidos como tales.
Ojalá que nuestra oración como cristianos esté marcada por la constancia, por la perseverancia con la cual pedimos las cosas. Dios quiere darnos, desea que hallemos, anhela abrirnos… pero ha querido necesitar de nosotros, ha querido respetar nuestra libertad. Pidamos, busquemos, llamemos, las veces que haga falta, no quedaremos defraudados si lo hacemos con fe y confianza. Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Colaboremos con Él. ¡Vale la pena!
Propósito
Hacer el esfuerzo de salir de mí mismo, para que mi oración no se limite a la petición.
Diálogo con Cristo
Señor, redescubrir mi fe por medio del encuentro contigo en tu Palabra y en la Eucaristía, es la ruta trazada. Esforzarme por conocer más el Catecismo, el Credo y los documentos del Concilio Vaticano II serán los medios. Y todo será posible con tu gracia, la cual suplico por la intercesión de tu Santa Madre María, para que también ella me guíe para vivir plenamente este año de gracia en lo personal, en lo familiar y en la Iglesia.
¿Qué hacer cuando un familiar o amigo está en una secta?
Por: P. Luis Santamaría | Fuente: R.I.E.S. (Red Iberoamerican de Estudio de las Sectas)

¿Qué hacer cuando un familiar o amigo está en una secta? El experto Vicente Jara, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), nos da su respuesta. Según él, nunca hay que perder la esperanza, y por eso propone unas pautas para saber cómo actuar, que resumimos a continuación.
Como respuesta general a la cuestión, Jara afirma que se puede ayudar a un familiar o amistad a salir de una secta. No hay que perder la esperanza. Pero más que un acto concreto será un proceso, muchas veces largo. En este proceso deberá implicarse la familia, los amigos, y especialistas en sectas y en psicología clínica.
Salir de una secta
La secta nunca es un lugar adecuado en el que estar. Sabemos además que de las sectas se sale. Muchas personas permanecen, pero muchas otras logran salir. En definitiva, cuando dentro del grupo no se satisfacen las expectativas y uno cree que fuera puede lograrlas, y además se da un detonante capaz de vencer la resistencia al cambio, se produce la salida de la secta. No es fácil, es un proceso difícil y doloroso.
Hoy en día, dentro de las agrupaciones sectarias, existen muchas que son de estructura menos rígida, más «light», más volubles, más permeables en la forma de entrar y también de salir, sobre todo en la Nueva Era. En ellas las personas entran y salen con gran libertad, dejan un grupo, dejan un sanador o gurú, y van a otros.
Las sectas siempre engañan, pero también ofrecen cubrir necesidades en los adeptos. Además, son lugares que impiden el flujo y movimiento de información con el exterior, los sentimientos, comportamientos y pensamientos del adepto mediante procesos de premio y castigo, mediante anulación del sentido crítico y coerción psicológica.
Tipos de adeptos
a) Niños. Si es menor de edad la protección legal y la subordinación a sus padres es clave en un Estado de Derecho. Aquí el mayor problema está en los casos de sectas donde los padres han entrado con niños, o incluso peor, donde los niños han nacido ya dentro de la secta.
b) Adolescentes. Periodo complicado en el que, sin embargo, al ser menores de edad, la actuación de psicólogos y especialistas en sectas suele ser en general altamente positiva.
c) Adultos. Son mayores de edad, y en los casos generales, responsables de sus actos libres y voluntarios. El gran problema estriba en cuánta libertad de actuación existe en las decisiones que se dan con respecto a una secta, que engaña, embauca, esconde sus intereses y manipula a los adeptos.
d) Enfermos y mayores. Son un colectivo muy expuesto a las sectas, que sólo buscan su dinero y bienes. Por la debilidad propia, son fácilmente manipulables. A veces la captación de las sectas ocurre en los mismos hospitales y centros de salud. También está el caso de personas enfermas, que no encontrando soluciones en la medicina oficial científica, acuden a todo tipo de sanadores
Pistas para la ayuda
– Alta implicación de la familia, amigos, profesores, agentes de pastoral, sacerdotes, etc
– Contar con la ayuda de especialistas en sectas, psicólogos, y a veces, de abogados.
– Es un proceso, a veces lento y doloroso, con recaídas y retrocesos. No perder la esperanza.
– A veces el afectado ha huido de una situación familiar o social desesperada, o buscando lo que no tenía o no encontró en su entorno. Es necesario sanar y restablecer las condiciones previas.
– No calificar al grupo como secta, lo que siempre tiene connotaciones negativas.
– El afectado debe ir poco a poco reconociendo al grupo como una secta, pero ha de hacerlo por sí mismo, nunca de manera directiva por parte de otros. Sólo así él irá viendo por sí mismo la realidad del grupo sectario.
– No cortar nunca las vías de comunicación con el afectado. Estar disponibles para que el afectado hable con confianza. Escucharle y no aleccionarle.
– Ofrecer siempre cercanía y amor incondicional al afectado. La mayoría de los adeptos permanecen en la secta por el que dirán sus familiares y amigos al volver.
– En los primeros momentos la persona puede estar muy alejada de sus familiares y amigos. Ser pacientes, el afectado ha sido dañado en sus juicios lógico-críticos y en sus propios sentimientos.
– El diálogo con el tiempo deberá ser más frecuente, más íntimo, más profundo. Irá dándose de manera natural y gradual. Al principio no abordar temas conflictivos o profundos, sino entablar diálogo general y superficial de temas cotidianos.
– Interés real en las actividades y en el grupo sectario en el que ha estado o está. El afectado ha de notar y sentir de manera efectiva que «sus cosas» son importantes para sus familiares y amigos.
– No agobiar al afectado con llamadas telefónicas o mensajes. Estar disponibles para él; él irá recuperando la confianza y venciendo los miedos que le han construido contra su mundo anterior.
– Conforme se va obteniendo información del grupo sectario y los procesos de captación vividos hay que ponerlos en conocimiento de especialistas en sectarismo y psicólogos especializados.
– Valorar lo que el grupo ofrece de positivo, pero mostrar que no todo es tan perfecto en esa agrupación. O que hay más motivaciones y fines que los simples y aparentes. Hacerlo a modo de sugerencias.
– Distinguir ante el afectado entre los integrantes de las bases y los líderes de la secta.
– Evitar buscar culpables.
– No dar dinero al afectado sino ayudarle de manera directa en lo que necesite.
– Volver a traer al recuerdo del afectado momentos alegres del pasado.
– Ayudar al afectado a proyectarse de manera feliz, libre y autónoma, en un futuro que él construya al margen del grupo sectario.
– Buscar asesoramiento jurídico si fuera necesario.
– Contar con la ayuda de especialistas en esta problemática y no acometer en solitario un proceso de este tipo.
– Acudir a Dios pidiendo por el afectado y por el buen desarrollo del proceso de ayuda.
