Memoria Litúrgica, 9 de enero…
Hoy también se festeja a:
- • Eulogio de Córdoba, Santo
- • Julián y Basilisa, Santos
- • Marcelino de Ancona, Santo
- • Alexia (Alicia) le Clercq (María Teresa de Jesús), Beata
- • Adrián (Adriano) de Canterbury, Santo
Hoy se cumple esta Escritura
Por: H. Jose Torres, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que abra mi corazón a tus inspiraciones para, así, poder cumplir siempre tu santa voluntad.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 14-22
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El Espíritu del Señor está sobre mí son las palabras del profeta Isaías, pero que en boca del Señor, toman vida y realidad. Es Jesús que quiere darnos vida; pensemos hoy si podemos decir con Cristo esas palabras, si calan nuestro corazón, nuestra mente, si son una realidad que busco a diario. Hace un momento invocábamos al Espíritu Santo para que baje a nuestros corazones y que ilumine nuestro entendimiento, para poder escuchar lo que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros. En este tiempo de Navidad pongamos especial atención al Niño, al misterio tan inefable del Dios que se hace hombre. Y preguntémosle, ¿qué necesitas? ¿Puedo ayudarte?
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. Más que un mandato o algo impuesto, Jesús nos exhorta para que salgamos de nosotros mismos y anunciemos la Buena Nueva; que, como decía san Juan Pablo II, le abramos las puertas a Cristo, que no tengamos miedo. Una vez que hallamos acogido al Redentor en nuestros corazones, podremos salir y anunciar el Evangelio porque nadie da lo que no tiene, y es el Amor que llena e inflama nuestro corazón lo que nos motiva a salir y querer conquistar almas para Cristo. Nuestro celo apostólico radica en que estamos cerca del Maestro, y que en nuestros corazones, desde el día de nuestro bautismo, habita el divino huésped.
«Ama una Iglesia en salida. Pero debemos de estar atentos: si no está en salida no es Iglesia. La Iglesia es para el camino, la Iglesia camina. Una Iglesia en salida, misionera, es una Iglesia que no pierde el tiempo en llorar por las cosas que no funcionan, por los fieles que ya no tiene, por los valores de antaño que ya no están. Una Iglesia que no busca oasis protegidos para estar tranquila; sino que sólo desea ser sal de la tierra y fermento para el mundo. Esta Iglesia sabe que esta es su fuerza, la misma de Jesús: no la relevancia social o institucional, sino el amor humilde y gratuito».
(S.S. Francisco, homilía 1 de octubre de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Comprometerme verdaderamente en mi apostolado; hacerlo con un corazón de apóstol que quiere que todas las almas se salven.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La presencia de la Santísima Trinidad en la Santa Misa
Por: P. Samuel Bonilla | Fuente: PadreSam.com
El misterio de la Santísima Trinidad está más presente de lo que nos imaginamos, en cada una de nuestras oraciones, ahí estamos invocando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y un lugar privilegiado de la presencia de la Santísima Trinidad es en la santa Eucaristía. Hoy te quiero resaltar 4 momentos particulares.
- Invocación inicial
Toda Santa Misa no podemos iniciarla si no es invocando a la Santísima Trinidad, de hecho el sacerdote la inicia diciendo “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu”. Es decir que la Eucaristía ya desde el inicio está presente la Santísima Trinidad.
- Epíclesis consecratoria
Epíclesis significa literalmente invocación sobre. En el vocabulario litúrgico, la epíclesis, que acontece una vez finalizado el canto del Sanctus, es la invocación del Espíritu Santo, sobre las ofrendas, “de manera que sean para nosotros el cuerpo y la sangre de Jesucristo, nuestro Señor” (plegaria eucarística II), es decir que en ese momento se pide al Padre que envíe su Espíritu Santo para que convierta el pan y vino en el Cuerpo y Sangre de Jesús. Para que nos entendamos, esto sucede cuando el sacerdote impone ambas manos sobre las ofrendas. Ahí es un lugar privilegiado en donde está presente la Santísima Trinidad.
- Doxología final
La palabra “doxología” viene del griego “doxa”, que significa “gloria”. Doxología, por tanto, significa glorificación. Esta sucede en el momento en el que el sacerdote toma el Cuerpo y Sangre de Jesús (ya no son “pan y vino”), y lo presenta a Dios, diciendo: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre Omnipotente, en la Unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”, y el pueblo responde “Amén”. Si vemos, ahí está presente la Trinidad: al Padre se ofrece, lo que se ofrece es el Hijo por medio del Espíritu Santo.
- Bendición final
Así como la Eucaristía inicia invocando a la Santísima Trinidad, también esta concluye con la invocación a la Santísima Trinidad. En la bendición final se bendice al pueblo diciendo “y la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre”. Acá le estamos pidiendo a la Santísima Trinidad que acompañe y bendiga a cada uno de los presentes.
Como vemos, la Eucaristía es el lugar privilegiado de presencia de la Santísima Trinidad. Es oportuno que sepamos descubrir su presencia, y que los momentos antes mencionados los vivamos aún con más reverencia, sabiendo que estamos invocando al misterio más grande y más sublime, el de la Santísima Trinidad.




