Gúdula, Santa
Patrona de Bruselas, 8 de enero …
Hoy también se festeja a:
- • Tito Zeman, Beato
- • Francisco Mitjá Mitjá, Beato
- • Lorenzo Giustiniani, Santo
- • Eurosia Fabris, Beata
- • Gúdula, Santa
El miedo de mi hermana
Por: H. José Romero, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dame la gracia, Señor, de poder escucharte.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 45-52
En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.
Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo. Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: «¡Ánimo! Soy yo; no teman». Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Mi hermana le preguntó hace mucho tiempo a mi abuela sobre cómo reaccionaría ella si una imagen de la iglesia se moviera. Mi hermana, que en ese entonces era una niña, respondiendo a su propia pregunta, dijo que ella se moriría de miedo. Es algo natural para nosotros que las expresiones de ese estilo de Dios en este mundo, cuando menos lo esperamos, nos den miedo, pero todo podría cambiar si dejamos de ver las expresiones de Dios como algo inconcebible y comenzamos a verlas como lo que son: expresiones de amor.
Mi repuesta para mi hermana sería que muy probablemente me daría miedo; pocos están preparados para experimentar que una imagen se mueva, seguramente hasta gritaría como los apóstoles en el Evangelio, porque yo vería un fantasma, una imagen moviéndose al inicio.
Pero entre permanecer en el miedo o salir de él depende de cómo entienda el por qué se mueve la imagen, el por qué Jesús camina sobre las aguas. Si es un fantasma es lógico que permanezca asustado, pero si escucho un «¡Ánimo, soy Yo!», la cosa cambia mucho. Porque una manifestación de Dios en mi vida es el mejor regalo que puedo tener, el saber que es Él quien me está hablando aleja todo miedo. Dios se manifiesta solamente porque me ama.
Jesús camina sobre las aguas no porque desea ser visto como el gran mago del mundo, sino porque sus apóstoles le necesitaban. Él se manifiesta solamente porque me ama. Puede ser que jamás entienda el cómo se mueve una imagen, cómo un hombre camina sobre las aguas, pero si puedo entender la razón por la que pasa todo eso, Él quiere entrar en mi barca, Él quiere estar en mi vida.
Por lo tanto, lo importante no es si Dios camina o no sobre las aguas sino el por qué lo hace, y esto hace que toda manifestación de Dios en mi vida sea lo más importante, sea sobrenatural o mágica, sea común u ordinaria, lo que importa es que Él camina hacia mí.
Puedo decir que Dios se manifiesta todos los días, pero hay algunos momentos específicos que me han marcado; una que ha calmado lo vientos en mi vida ha sido mi llamado al sacerdocio. ¿La tuya cuál es? ¿Te atreves a contarla?
«A través de estos episodios bíblicos, el Señor hoy nos habla a nosotros y nos pide que dejemos que nos libre de nuestros miedos. “Libres del miedo” es precisamente el tema elegido para este encuentro vuestro. “Libres del miedo”. El miedo es el origen de la esclavitud: los israelitas prefieren volverse esclavos por miedo. Es también el origen de toda dictadura, porque sobre el miedo del pueblo crece la violencia de los dictadores. Ante la maldad y la fealdad de nuestro tiempo, nosotros también, como el pueblo de Israel, tenemos la tentación de abandonar nuestro sueño de libertad. Sentimos un miedo legítimo ante situaciones que nos parecen sin salida. Y no bastan las palabras humanas de un líder o de un profeta para tranquilizarnos, cuando no logramos sentir la presencia de Dios y no somos capaces de abandonarnos a su providencia. Así, nos cerramos en nosotros mismos, en nuestras frágiles seguridades humanas, en el círculo de las personas amadas, en nuestra rutina tranquilizadora. Y al final renunciamos al viaje hacia la Tierra prometida para volver a la esclavitud de Egipto».
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de febrero de 20129).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Contar a una persona esa manifestación de Dios en la propia vida, sea pequeña o grande, pero revivir el momento.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Orar en medio de la Tempestad
Por: P. Pedro Barrajón, LC | Fuente: www.la-oracion.com

Pánico en medio de la tempestad
Los momentos de pánico pueden ser pocos o pueden por el contrario manifestarse con frecuencia en la vida de los hombres. Hay situaciones humanas donde predominan los vientos fuertes y las mareas y las tempestades se alzan impetuosas sobre la barca de nuestra vida. En el Evangelio encontramos algunos episodios en donde los discípulos de Jesús son presa del pánico en medio a la tempestad. San Mateo nos narra una tempestad que de modo imprevisto se alzó en medio del lago de Galilea, normalmente tranquilo. “De pronto se levantó en el mar una tempestad” (Mt 8, 24). También en la vida humana se levantan tempestades sin previo aviso. Nadie las espera, pero aparecen como resultado de varias causas que se entrecruzan por permisión divina. Cuando todo parece sereno, se levanta una tempestad, un problema, una dificultad, una situación que nos hace perder el equilibrio. “La barca quedaba tapada por las olas” (Mt 8, 24). Y esas olas no dejan ver el horizonte, llenan el corazón de aprensión, no se ven con facilidad las soluciones, la mente se oscurece, la lógica que había funcionado bien hasta entonces, deja de ser luz en la conciencia. Y todo aparece como un caminar en medio de un túnel negro sin salida.
Lo peor de todo no es tanto que aparezcan estos signos negativos que no sabemos dominar; lo peor es que puede ocurrir que Jesús no se halle en el corazón, no se le encuentre, aparezca lejano, duerma cuando más falta nos hacía: “Él estaba dormido” (ibid.). Entonces Jesús parece insensible a nuestra necesidad; parece que no le importamos: él duerme mientras nosotros sentimos que estamos a punto de perecer.
Sálvanos, Señor, que perecemos
Nuestra oración en estas circunstancias puede que no sea muy diferente de la de los discípulos que acompañaban a Jesús en la barca: “¡Sálvanos, Señor, que perecemos!” (Mt 8, 25). Esta oración sencilla y dramática podrá ser la nuestra en las ocasiones en las que también nosotros nos vemos abandonados por las fuerzas contrarias a Dios, cuando las pasiones se levantan como olas que amenazan con hundir la barca. Y esa ausencia de Dios puede asumir proporciones desgarradoras para el alma, como fue la experiencia de la Madre Teresa de Calcuta en su noche oscura: “Padre, le decía a su director espiritual, quiero contarle cuánto deseo –cuánto mi alma desea a Dios– lo desea solamente a Él y lo doloroso que es estar sin Él”. Madre Teresa por un período largo de su vida se sintió sin Dios, como abandonada y desolada. ¿Cómo fue su oración en estos momentos? Seguramente también que en ella su oración habrá asumido tonos llenos de dramatismo como la oración de los discípulos, pero también es probable que esta prueba de la fe haya llenado su alma de fortaleza y haya dado a su vida esa luminosidad que se desprendía en su rostro.
La oración es posible, aún en medio de las dificultades
Es posible orar en medio de las tempestades de la vida. Es posible perseverar en la oración aunque el miedo invada nuestro espíritu y lo llene de angustia. Es posible vivir con la convicción de que Dios no nos deja aunque en apariencia parezca como dormido.
En el contacto con el mar comprendemos mejor la majestuosidad de la creación divina y cómo somos pequeños en medio de las aguas. Allí también, en medio de las tempestades que puedan surgir mientras navegamos en el mar de la vida, podremos comprender cómo, aunque Jesús duerma en apariencia, Él nunca nos abandona y ante la oración que nace del corazón en medio de la dificultad para pedirle ayuda, también podemos oír su voz que manda con autoridad calmarse a los vientos y sobrevenir una gran bonanza.
“¡Hombres de poca fe!”, dirá Jesús a sus discípulos, nerviosos y asustados en medio de la tempestad. Entonces el Señor nos invita a creer más y con mayor profundidad. Toda prueba permitida por Dios es una ocasión para que nuestra oración crezca en una fe más intensa, más luminosa, más confiada, más concreta.
