¡Feliz Año Nuevo 2021, siempre de la mano de Dios!!

María, Madre de Dios, Santa
Solemnidad Litúrgica. 1 de enero …
- Hoy también se festeja a:
- • Carmen Godoy Calvache, Beata
- • Zdislava de Lemberk, Santa
- • Columbanus Paul (Henri Oza Motinot), Beato
- • Narciso (Baldomero Arribas Arnaiz), Beato
- • Pedro (Jaime Cortasa Monclús), Beato
Recibamos al Niño Dios con la sencillez de los pastores
Santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21. Santa María Madre de Dios
Por: Balam Loza, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Hoy, Señor, quiero alabarte, quiero darte gloria con todo mi corazón. Tú me conoces bien. Conoces mi pobreza y mi miseria. Sin embargo has querido venir a mi corazón. Has tocado a mi puerta y me has mirado. Por eso quiero darte gracias y alabarte, porque siendo Dios, has venido como Pastor a las ovejas necesitadas de tu luz. Has venido a mostrarnos el camino, la verdad y la vida.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, acostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.
Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Estos días navideños son muy propicios para reflexionar y pensar en el gran misterio del nacimiento de Cristo, pero ¿cómo meditar? En el silencio. Cuántas veces se pasan las navidades y nos preguntamos ¿Qué hice estas navidades? ¿Qué me dejó y dijo Jesús? Y nos podemos dar cuenta que se nos han pasado volando y apenas hemos dedicado un tiempo largo para estar delante de Él, en el silencio, escuchándolo…
Ahora veamos cómo vivieron los pastores la primera navidad. Cómo recibieron al Mesías en esa noche fría, en una cueva oscura. Lo primero que vemos es un corazón sencillo. Los pastores no eran gente muy preparada, eran, más bien, gente muy humilde. Al mismo tiempo eran gente auténtica, se mostraban como eran, no había apariencias. Eran gente que escuchaba; apenas escucharon el mensaje del ángel, se fueron directos a ver a ese Mesías. Y, finalmente, era gente de fe. Supieron ver al Mesías, al Rey, aun en medio de la suciedad de un establo. Supieron reconocerlo en ese niño envuelto en pañales.
Y en estas navidades nos enseñan en primer lugar a ser sencillos, a presentarnos delante del Señor como somos, sin apariencias, porque en el fondo Él conoce nuestro corazón. Nos enseñan a hablarle a Jesús con pocas palabras, pero con mucho corazón. Y, al mismo tiempo, nos enseñan a escuchar. ¿Qué es lo que nos quiere pedir Jesús hoy? No hay que tener miedo a ponernos en sus manos, a confiar. Finalmente, nos invitan a tener fe, a ver más allá; a ver realmente a Jesús, en la Eucaristía y a no acostumbrarnos al misterio de la Navidad.
«Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor. A través de ella, a través de su “sí”, ha llegado la plenitud de los tiempos. […] Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe, has concebido a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte Madre de todos los creyentes (cf. San Agustín). Madre, derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que trae a todo el mundo misericordia y paz. Amén».
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de enero de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, Jesús, voy a estar especialmente atento a la misa dominical y a lo que Tú me quieras decir.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El año nuevo en perspectiva católica
Unas pequeñas reflexiones cristianas para finalizar el año
Por: Hernán Bressi | Fuente: Catholic.net

El magisterio y la Tradición de la Santa Madre Iglesia nos enseña que el hombre es una creatura creada a imagen y semejanza de Dios que se distingue por su complejidad. Es a la vez espíritu y materia, libre y dependiente; autónomo e irrepetible y se realiza, quiera o no, en la entrega a los demás; abierto a la trascendencia y naturalmente sociable, mal dotado en comparación con el resto de los animales, pero por el contrario ha cambiado la faz de la tierra porque posee razón y es co-creador del orden natural.
Boecio nos enseñó que el hombre es una sustancia individual de naturaleza racional y el tomismo que las propiedades de la Persona Humana son: 1. Unidad, 2. Identidad, 3. Autonomía limitada y relativa a un fin último.
El hombre es capaz de ciencia objetiva y de religión, reconociendo con su inteligencia un fundamento objetivo absoluto de lo real: Dios creador y sólo en un Dios personal se reconoce plenamente como ser espiritual.
Santo Tomás nos prueba que el alma entendida como un acto primero de un cuerpo físico, natural y organizado que tiene su vida en potencia[1], es espiritual al demostrar que la inteligencia es una facultad del alma enteramente inorgánica y espiritual mediante estos 5 argumentos:
- La inteligencia es enteramente inmaterial, porque “si entiende todas las cosas, debe estar exenta de toda mezcla con el cuerpo”.
- La toma de la posibilidad de corrupción de los sentidos al conocer esencialmente por medio un sentido. Mientras que la facultad sensitiva de conocimiento no puede estar sin cuerpo, el entendimiento está separado de él.
- La inteligencia conoce las naturalezas universales de las cosas por lo tanto el entendimiento es algo independiente de la materia.
- El entendimiento conoce las cosas incorporales (sabiduría, verdad, etc.).
- El entendimiento es capaz de reflexión.
El Objeto de la Felicidad Suprema.
El hombre moderno tiende a poner el eje de su felicidad en falsos diosesrepresentados en quiméricas festividades o afrontando con espíritu poco evangélico, a lo pagano y sin Dios, los acontecimientos de la vida del Redentor y que solo Dios puede dar. De aquí deducimos tres sistemas éticos contemporáneos que alimentan a las espiritualidades new age, según el lugar que se coloque la bienaventuranza, y que naturalizan el espíritu sobrenatural de las fiestas de esta época del año que terminan:
- Aquellos sistemas que colocan el objeto de la felicidad suprema en los bienes corporales (sensibles, riquezas y sensualidad) denominados hedonismo o utilitarismos y los sensualistas modernos como Bentham, stendhal, Taine, Litré y los socialistas en general.
- Aquellos que ponen el objeto de la felicidad suprema en los bienes del alma, intrínsecos como la ciencia o extrínsecos como la fama o la gloria denominados estoicismo y el eudemonismo (búsqueda exclusiva de lo verdadero y de lo honesto) que profesan los racionalistas contemporáneos.
- Colocan la bienaventuranza en la evolución completa del hombre o del género humano y se los conoce como evolucionistas como los panteístas, Spencer y la escuela krausista.
Por eso que de aquí afirmamos sin temor a equivocarnos que la bienaventuranza no consiste ni en los bienes corporales, ni en los bienes espirituales, ni en la reunión de unos y otros ni en su evolución progresiva, sino sólo y exclusivamente en Dios. Porque solo Dios es un bien absoluto, seguro, estable, exclusivo de todo mal y accesible a todos los hombres. El Objeto de la voluntad humana es el bien universal y sin límite, así como el objeto de la inteligencia es lo verdadero universal, como lo proclama el Rey Profeta: “…Es Dios quien saciará de bienes tu corazón”.[2] La Teología Natural, nos prueba que el fin último de todos los seres creados deber ser el procurar la gloria de Dios. Luego, el hombre hallará su fin último y su bienaventuranza en el conocimiento perfecto, el amor y la alabanza de Dios, según la admirable expresión de San Agustín: “…Tú nos has hecho para ti, oh Dios mío, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.[3] El deber no es más que un medio, no un fin. La bienaventuranza subjetiva del hombre consiste esencialmente en la contemplación intelectual de Dios, acompañada de un amor igual en la voluntad. Dios no puede ser poseído físicamente por el hombre, sino intencionalmente por sus facultades espirituales. La bienaventuranza consiste esencialmente en la contemplación
Los bienes corporales como la fuerza, la riqueza, la salud, los alimentos, los vestidos son bienes de orden inferior y no son el fin último del hombre porque son bienes que no pueden perfeccionar y satisfacer la inteligencia y la voluntad. Tampoco excluyen de todo mal, como la ignorancia y el vicio, no son estables y en fin de nos accesibles a todos. Lo mismo sucede con los bienes exteriores del alma como el poder, la fama, el honor y la gloria y la misma suerte corre para los bienes interiores como la ciencia y la virtud.
Asimismo, la virtud no satisface plenamente nuestra alma porque está erizada de dificultades y no impide las rebeliones de la concupiscencia, los justos pueden estar enfermos, ser pobres o ignorantes.
El sentido cristiano de las festividades.
El pesebre de Belén y el nacimiento del Redentor nos lleva a reflexionar y a meditar sobre el paso del año viejo al nuevo, del hombre viejo que debemos dejar atrás para convertirnos en el nuevo. Todo hombre naturalmente desea saber, pero si algo nos debe dejar la meditación del pesebre es que mejor es el rústico humilde que sirve a Dios, que el soberbio filósofo o hombre de negocio que aprovecha ciencia o vanidad sin temor de Dios, abrazando al materialismo como estilo de vida. Bienaventurado aquel a quien la verdad por sí misma enseña, nos edifica el Kempis en su Imitación a Cristo.
Para el cristiano no hay vacilaciones, la Redención de Cristo, que comienza en la Santa Noche de Navidad, debe encaminarnos bruscamente al triunfo sobre el pecado y la muerte. Indudablemente quienes vayan hacia el encuentro con la persona del redentor padecerán pruebas y dificultades y sentirán el desprecio del mundo por seguir el camino de Cristo. Pero la Santa Madre Iglesia en su infinita sabiduría nos alienta y sostiene durante el año litúrgico, con sus festividades periódicas haciéndonos vivir los principales fundamentos del pensar, sentir y el actuar cristiano, como un inestimable don de Dios, presente en nuestra historia alimentando nuestra fidelidad al mensaje salvífico, accediendo a una real y profunda metanoia. Las festividades litúrgicas nos permiten al mismo tiempo hacer fructificar continuamente en nuestros corazones la infinita virtualidad de Cristo para crecer y ser en Cristo.
Después de convertirse en un creyente, el apóstol Pablo escribió: “He sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”. (Gálatas 2:20) Saulo estaba “muerto”, y Cristo ahora estaba vivo en Pablo. ¡Y la diferencia que hizo!
Para un cristiano el hombre Viejo está inmerso en el pecado, en el propio “Yo”. La parte más difícil acerca de los propósitos de Año Nuevo no es la necesidad de la perseverancia sino la transformación completa y profunda en Cristo. Y esto sólo puede suceder con Cristo en el centro de nuestras vidas, y el “yo” fuera del camino. El grito de santidad “…amigo ¿y cuándo vamos a empezar a volvernos mejores?” de San Felipe Neri, debe ser el propósito de vida cristiana para el año que comienza.
Para hacer carne en nuestro testimonio de vida la máxima de San Pablo, “…donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (ROM 5, 20), la luz de Belén y la confirmación de Fe de los Reyes Magos deben indicarnos la dirección a seguir, a buscar lo mejor, ya que nos imprimen la victoria final del bien caminando con esperanza y sin miedo, «sin apartarnos ni a la derecha ni a la izquierda» (Jos 23, 6) porque el verdadero Rey de Reyes ha nacido y su sacrificio tiene que ser el nuestro para que ser en Cristo. Notas:
[1] De anima II, 412 a y b
[2] Salmo 103, 5; Suma Teol., I-II, q. 2, a. 8
[3] San Agustín, Confesiones I, c.1








