
Raimundo de Peñafort, Santo
Memoria Litúrgica, 7 de enero …
- Hoy también se festeja a:
- • Polieucto de Melitene, Santo
- • Alderico de Le Mans, Santo
- • María Teresa del Sagrado Corazón Haze, Beata
- • Luciano de Antioquía, Santo
- • Mateo Guimerá de Agrigento, Beato
Signo e instrumentos de la misericordia
Santo Evangelio según san Lucas 4, 14-22. Jueves después de Epifanía
Por: Redacción | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, creo que me estás buscando, que estás dispuesto a venir a mí en este momento de oración. Gracias por tu paciencia y tu bondad. Quiero entregarme totalmente a Ti, ser tu discípulo y misionero de la misericordia.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 14-22
En aquel tiempo, impulsado por del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.
Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:
El espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: «Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír».
Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.
Palabra de Dios.
Reflexiona lo que Dios te dice en el Evangelio (te sugerimos leer esto que dijo el Papa)
«Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico del Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un “jubileo” para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el son de la trompeta (jobel) que les convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos.
Jesucristo vino para anunciar y llevar a cabo el tiempo perenne de la gracia del Señor, llevando a los pobres la buena noticia, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos. En Él, especialmente en su Misterio Pascual, se cumple plenamente el sentido más profundo del jubileo. Cuando la Iglesia convoca un jubileo en el nombre de Cristo, estamos todos invitados a vivir un extraordinario tiempo de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantemente signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia “es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre”» (S.S. Francisco, Mensaje del Santo Padre para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, septiembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Participar en una hora eucarística para pedir que todos sepamos ser instrumentos de la misericordia.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amen.
Carta a los católicos
La fe en Cristo es la razón de la Iglesia.
Por: Pablo Cabellos Llorente | Fuente: Catholic.net

En la Iglesia de Cristo suceden cosas extraordinarias aunque sean de ordinaria administración. Pienso que ahí hemos de fijar la atención cuando queramos resolver cualquier problema existente. He leído con atención la carta dirigida a todos los obispos por el teólogo Hans Küng. Es obvio que mi nivel no es el suyo, ni mi curriculum tampoco. Pero aquí no respondo a esa carta. Me dirijo a los católicos al filo de ese escrito, porque justamente echo en falta en él lo más maravilloso de la Iglesia, el punto de apoyo para cualquier reforma posible.
Es muy elemental lo que escribo: se trata de creer en el Depósito Revelado. Y creer con alegría; no como soportando un pesado fardo. Porque la fe es para vivir y morir con alegría.
En el Credo afirmamos nuestra fe en la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Aunque sus miembros pequemos, el Cuerpo de Cristo -la Iglesia- es santo, tiene una finalidad santa: la salvación de las gentes; se organiza esencialmente con medios santos: la oración y la vida sacramental; su Cabeza es el Dios hecho hombre; y como decían los clásicos, las cosas santas han de ser tratadas santamente. Sé que muchas veces no lo hacemos así, pero eso no varía nada la esencia de la Iglesia. Quizá más bien la refuerza, al permanecer incólume en medio de tantos avatares en su historia bimilenaria.
Oí reiteradamente a una persona santa: yo no creo por los curas, ni por las monjas, ni por los frailes…, sino por Cristo Nuestro Señor. La fe no reside en técnicas ni tácticas, ni en celibato o no, ni en la misa en latín de espaldas o de cara, ni en que las iglesias estén llenas o vacías. El propio concilio Vaticano II recordaba: por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela. Esa fe es don de Dios pero, precisamente porque lo revelado por Él nos excede, la fe siempre es libre, nunca puede imponerse al entendimiento como puede hacerlo la solución de un problema matemático o lo observado empíricamente sin error. En la misma Constitución conciliar -Dei Filius- se habla de la transmisión de los contenidos de la fe a través del Magisterio de la Iglesia, lo que choca frontalmente con esta afirmación de Küng: todo lo que hace el Papa -resumo su idea- no es capaz de modificar la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual.
Pero es que creemos por Revelación de Dios -custodiada por la jerarquía- cuya cumbre es Cristo, y no por lo que exprese la mayoría, suponiendo que sea cierta la afirmación del teólogo. La Iglesia es así por voluntad de su Fundador y otra pretensión se estrellará contra la roca de Pedro. Pienso que vivir la sobrenaturalidad de la Iglesia es su verdadera recuperación, su real progreso. Lo otro hasta puede sonar bien a algunos oídos anclados en los setenta, pero sería una ONG; algo bueno, pero lejísimos de la esencia católica. Vale aquí lo que Dios decía al pueblo escogido: Tu miseria es tuya, Israel; tu fuerza soy yo.









