
Catalina de Siena, Santa
Memoria Litúrgica, 29 de abril…
- Hoy también se festeja a:
- • Ana (Hanna) Chrzanowska, Beata
- • Itala Mela, Beata
- • Torpetes, Santo
- • Acardo de Avranches, Santo
- • Severo de Nápoles, Santo
El alimento que nos da la vida
Santo Evangelio según san Juan 6, 1-15. Viernes II de Pascua
Por: César Yali Molina Flores, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Aumenta, Señor mi amor por ti.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”. Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.
Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.
Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El día de hoy, el Evangelio te invita a que reconozcas lo mejor para tu vida; la palabra que se proclama dice que «Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo». Juzgando esta actitud con base a sentimientos y emociones, podemos pensar que es un tonto porque despreció todos los «beneficios» que implica ser rey; sin embargo, haciendo un esfuerzo para ver la Sabiduría de Dios, hay que reconocer que la euforia del momento impide ver la realidad y dar pasos firmes.
Las personas sintieron el impulso de proclamarlo rey porque su vientre estaba lleno. Hoy en día sucede lo mismo ya que hay una buena cantidad de personas que dicen «dios, con minúscula, me ha bendecido porque tengo trabajo, tengo salud, voy a la iglesia…»; éstos al igual que aquellos han reducido su relación con Cristo a simples banalidades. Jesús no quiere ser proclamado rey por las banalidades que tienes en esta vida, quiere que vuelvas a la cima del monte, te encuentres contigo mismo y veas el verdadero sentido de tu vida; que superes toda superficialidad de hoy y siempre; que en tu búsqueda de ti misma(o) y de Él veas lo que realmente vale la pena en tu vida.
Jesús, hoy nuevamente, vuelve a la montaña solo, esperando le sigas por el simple hecho de querer estar con Él. Subir al monte sola(o) es superarte a ti mismo, trascender el plano superficial en que puedas encontrarte, alcanzar la cima de la felicidad y no la cima del mundo, encontrarte con Dios y no con los dioses. Sube al monte sola(o), no temas encontrarte contigo misma(o), renueva y enfrenta la razón de tu vida.
Que san José, la Virgen María y Jesús sigan acompañándote por el camino que te lleva a la cima de tu vida.
«Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que nos ayude a redescubrir la importancia de alimentarnos no sólo de pan, sino de verdad, de amor, de Cristo, del cuerpo de Cristo, participando fielmente y con gran conciencia en la Eucaristía, para estar cada vez más íntimamente unidos a él. En efecto, “no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; ‘nos atrae hacia sí’”. Al mismo tiempo, oremos para que nunca le falte a nadie el pan necesario para una vida digna, y para que se acaben las desigualdades no con las armas de la violencia, sino con el compartir y el amor».
(Benedicto XVI, Angelus, 29 de julio de 2012).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscaré tener un rato de oración para encontrarme con Jesús, preferentemente en familia, antes o después de la celebración de la Eucaristía.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Dadles vosotros de comer
A medida que el cristiano va madurando en su fe, percibe que Cristo le confía mayor responsabilidad en su Reino
Por: P. Jose Luis Richard | Fuente: Catholic.net

A medida que el cristiano va madurando en su fe, percibe que Cristo le confía mayor responsabilidad en su Reino, como que le va dando confianza. Comienza a escuchar, cada vez con mayor frecuencia, la invitación a dar testimonio de su fe a aquellos que de alguna manera dependen de él o sobre los que puede influir: amigos, familiares, compañeros… Contempla a Cristo que se compadece del dolor de los hombres, que sigue el derrotero de cada uno… y experimenta un fortísimo deseo de colaborar con Él: ayudando al que vacila en su vida de gracia o enseñando a Cristo al que no lo conoce… Siente que Cristo le dirige a él también la palabra: «Dales tú de comer», igual que a los apóstoles en la multiplicación de los panes.
Como a los apóstoles la tarea le parece desproporcionada, demasiado grande. Hace el recuento de sus reservas espirituales y comprueba lo que ya intuía. Apenas alcanza para sí mismo, ¿cómo va a repartir a los otros?
Le viene la tentación: «ya tengo suficientes problemas con ser buen cristiano yo, ¿para qué me meto en más líos?»
Pero no. Cristo insiste. «Dales tú de comer». Los apóstoles se quedan boquiabiertos pero reaccionan maravillosamente. Observémosles.
Le llevan a Cristo todo lo que tienen, aunque les pareciese una ridiculez en comparación con su necesidad.
Creen en Él y no temen exponerse al ridículo. Hubiera sido más lógico que Cristo hiciera primero el milagro y después ellos, ya con los panes en la mano, mandaran sentar a la gente. Pero obedecen a Cristo. Se arriesgan con las manos vacías, sin saber cómo les sacará Cristo del atolladero en el que se meten.
Ponen en manos de Cristo sus pocos panes pues sólo Él los puede multiplicar (sólo Él es capaz de convertir a las almas, de tocar el corazón de los amigos a quienes deseamos el bien…)
Y Jesús hace el milagro. Pero, detalle curioso, no reparte Él los panes, sino los discípulos. Ése es su método ordinario para llegar a los hombres: a través de la fidelidad y el celo de sus colaboradores, de nosotros los cristianos.
Mi fe en Ti, Señor, el amor del Espíritu Santo que late en mí no es un asunto estrictamente privado. Debo salir de la órbita de mi egoísmo en busca de mi hermano necesitado de Cristo.








