
Sagrado Corazón de Jesús
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre…
- Hoy también se festeja a:
- • José Yuan Zaide, Santo
- • Goardo de Nantes, Santo
- • Iván de Bohemia, Santo
- • Rumoldo de Malinas, Santo
- • María Guadalupe García Zavala, Santa
El amor misericordioso
Santo Evangelio según san Lucas 15, 3-7. Sagrado Corazón
Por: Kevin Alexis Franco López, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
El Señor es mi Pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Del salmo 23
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 3-7
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos, que no necesitan convertirse”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Este pasaje es uno de los más hermosos del Evangelio porque nos recuerda algo muy importante… «El amor misericordioso del Padre» por cada uno de nosotros. Cristo, nuestro Rey y Salvador, vino por los pecadores y no por los justos; prefiere un pecador que se arrepienta que noventa y nueve justos, ¡cuánto consuelo nos debe de dar esto!
Pensar que Cristo, buen Pastor, va a buscarnos en los momentos en los que nos descarrilamos de las demás ovejas, es algo que debe de hacer eco en nuestro corazón, porque es Dios mismo el que se interesa por encontrarnos, ponernos entre sus hombros y amarnos con un amor infinito.
Si esta oveja perdida de la que habla el evangelio estuviera en una zanja atascada y llena de espinas a su alrededor, al Buen Pastor no le importaría lo que tuviera que hacer porque, para Él, cada oveja vale muchísimo. Por eso pregunto: ¿Tienes plena confianza en este Pastor?
«Los llamaban pecadores. Jesús [se acercaba a ellos sin miedo] Lo hace porque sabe que en el cielo hay más fiesta por uno solo de los que se equivocan, de los pecadores convertidos, que por noventa y nueve justos que permanecen bien. Y mientras esta gente se limitaba a murmurar o a indignarse porque Jesús se juntaba con la gente señalada por algún error social, algún pecado, y cerraban las puertas de la conversión, del diálogo con Jesús, Jesús se acerca y se compromete, Jesús pone en juego su reputación e invita siempre a mirar un horizonte capaz de hacer nueva la vida, de hacer nueva la historia. Todos, todos, tenemos un horizonte, todos. “Yo no lo tengo”, puede decir alguno. Abrí la ventana y lo vas a encontrar, abrí la ventana de tu corazón, abrí la ventana del amor que es Jesús y lo vas a encontrar. Todos tenemos un horizonte».
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de enero de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
A lo largo de este día, le rezaré al Buen Pastor y le diré que no deseo otra cosa más que abandonarme a Él.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús
Jesús promete derramar abundantes bendiciones y con una generosidad verdadera a quien honre a Su Divino Corazón
Por: Rev. Irenaeus Schoenherr, O.F.M. | Fuente: PildorasDeFe.net // Catholicharboroffaithandmorals.com

Santa María Margarita de Alacoque, en sus escritos, insiste una y otra vez en el deseo ardiente que tiene Jesús en derramar bendiciones con una generosidad verdadera a quien honre a Su Divino Corazón
Estas promesas están dirigidas a todo tipo de personas: a las fervorosas, a las tibias y sobre todo a los pecadores. Abraza a todas las condiciones de vida: sacerdotes, religiosos y seglares. Prometen alivio a los afligidos, resistencia a la tentación, consuelo a los afligidos, paz a las familias, bendiciones en el hogar, el éxito en nuestras empresas, la misericordia al pecador, alta santidad a las almas fervorosas, valor para los corazones fríos. También prometen gran poder a los sacerdotes y consagrados para ablandar los corazones más endurecidos. Prometen fuerza y valor en nuestro lecho de muerte, y nos hablan del don inestimable de la perseverancia final y de un refugio en el Corazón de Jesús en el último momento de vida.
En las palabras brillantes de Santa Margarita María las promesas encierran el misterio del amor de Dios:
«Jesús me mostró cómo esta devoción es, por así decirlo, el esfuerzo final de su amor, el último invento de su caridad ilimitada»
A continuación, explicaremos una por una el significado de las 12 promesas que nuestro Señor dejó a los devotos de su Sagrado Corazón.
1.- «Daré a las almas devotas, todas las gracias necesarias para su estado de vida».
Los deberes de nuestra vida diaria son numerosas y a menudo bastante difíciles. Dios nos concede, en respuesta a la oracióny la recepción frecuente de los sacramentos, todas las gracias necesarias para nuestro estado de vida. Hay también gracias extraordinarias que se encuentran fuera de la acción normal de la Providencia de Dios, gracias que Él da a sus amigos especiales. Estas son las gracias más eficaces, las más abundantemente dadas a los devotos del Sagrado Corazón.
2.- «Voy a establecer la paz en sus hogares».
«La paz es la tranquilidad del orden, la serenidad de la mente, con sencillez de corazón, es el vínculo de la caridad». (San Agustín) Fue la primera cosa que los ángeles desearon a los hombres en el nacimiento de Jesús. Nuestro Señor mismo ordenó a sus discípulos que dieran la paz: «En cualquier casa donde entréis, decid primero: ¡Paz a esta casa» (Lucas 10,5)
En el Corazón de Jesús se encuentra la verdadera paz, que hace que la casa sea su reflejo y el anticipo de nuestro hogar celestial
3.- «Voy a consolarlos en todas sus aflicciones»
El deseo de consolar a los tristes es la marca de un corazón noble y amable. El Sagrado Corazón es el más noble y generoso de los corazones, tanto humano como divino. ¿Cómo nos consuela? No necesariamente liberándonos de la tristeza y aflicción. Él conoce, el valor inmensurable de la cruz y por medio de ella, tenemos que expiar nuestros pecados. Por su gracia, Él hace lo que lo doloroso sea tolerable.
«Yo siempre les hablo con toda franqueza y tengo sobrados motivos para gloriarme de ustedes. Esto me llena de consuelo y me da una inmensa alegría en medio de todas las tribulaciones» (2 Cor. 7,4)
4.- «Voy a ser su refugio seguro en la vida, y sobre todo en la hora de la muerte».
«Uno de los soldados abrió el costado de Jesús con una lanza, y al instante salió sangre y agua.» (Juan 19,34)
El costado de Cristo se abrió para demostrar que la Divina Providencia quiso que todos los hombres encontrasen en su Corazón Divino un refugio seguro contra los enemigos de nuestra salvación. En su Corazón podemos encontrar protección, fuerza en nuestra fragilidad, la perseverancia en nuestra inconstancia, refugio seguro en los peligros, fatigas de la vida y en la hora de la muerte.
5.- «Voy a conceder abundantes bendiciones sobre todo a sus empresas temporales y espirituales».
Dios es amor. Él está dispuesto a dar a sus hijos abundantes bendiciones temporales, siempre que no pongan en peligro nuestros intereses eternos. Su especial Providencia protege y vela por los devotos al Sagrado Corazón con gran amor y ternura. Sin embargo, no debemos desanimarnos si nuestras oraciones, pidiendo favores temporales, no son contestadas siempre, porque Dios siempre pone nuestro bien eterno antes de nuestro bien temporal.
6.- «Los pecadores encontrarán en Mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia»
La redención es el drama inmortal de la misericordia de Dios; y nuestro Divino Redentor es, por así decirlo, la Misericordia de Dios Encarnado. «…porque en Él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia» (Sal. 129,7)
En la tierra, el Corazón de Jesús estaba lleno de misericordia hacia todos. Ahora en su humanidad glorificada en el cielo, Jesús sigue mostrando Su misericordia sin límites, «viviendo siempre para interceder por nosotros.» (Heb. 7,25)
7.- «Las almas tibias se harán fervorosas»
La tibieza es un estado moribundo y lánguido del alma que ha perdido su interés en la religión. El Espíritu Santo expresa disgusto profundo para un alma así:
«Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca.» (Ap 3,15-16)
El único remedio para la tibieza es la devoción al Sagrado Corazón, que vino «a traer fuego sobre la tierra», es decir, para inspirar a los corazones fríos y tibios con un nuevo temor y el amor de Dios.
8.- «Las almas fervorosas alcanzarán mayor perfección».
La mayor perfección es la recompensa que Jesús otorga a los devotos fervientes de su Divino Corazón; esta devoción tiene, como su fruto especial, transformarnos en gran semejanza a Nuestro Señor. Esto enciende en nuestros corazones el fuego del amor divino, que, como dice San Pablo: «es el vínculo de la perfección.» (Col 3,14)
A través de la devoción al amor del Sagrado Corazón, se dará paso a un celo ardiente por igualar nuestros intereses a los de Jesús
9.- «Bendeciré a cada lugar en el que se exponga y se venere una imagen de mi sagrado corazón».
Las imágenes religiosas son una poderosa y atractiva fuente de inspiración. El Sagrado Corazón es un libro abierto en el que podemos leer el infinito amor de Jesús hacia nosotros en su pasión y muerte. Nos muestra su Corazón, cortado y abierto por la lanza, todo resplandeciente como un horno ardiente de amor, cuyas llamas aparecerán brotando desde la parte superior. Está rodeado de espinas, el angustiante golpe de amor ignorado. Quizás esto siempre nos impulse a los actos de amor y de generosidad.
10.- «Daré a los sacerdotes y a todos aquellos que se ocupan de la salvación de las almas, el don de tocar los corazones más endurecidos».
La conversión de un pecador ocurre a veces por gracias extraordinarias. Dios nunca va a forzar a la libre voluntad de un ser humano. Pero Él puede otorgar gracias con las cuales impulsa al pecador a vencer la actitud rebelde que tienen las almas pecadoras más obstinadas. Esto, entonces, es lo que ocurre en el caso de los sacerdotes que están animados con gran devoción al Sagrado Corazón.
11.- «Los que propaguen esta devoción tendrán sus nombres escritos en Mi Corazón, y nunca serán borrados».
Esta promesa otorga a los promotores de la devoción al Sagrado Corazón una recompensa maravillosa: «tendrán sus nombres escritos en mi Corazón». Estas palabras implican una amistad fuerte y fiel de Cristo mismo, y nos presenta el «Libro de la Vida» de San Juan: «No voy a borrar su nombre del libro de la vida.» (Ap 3,5)
12.- «A los que comulguen el primer viernes de cada mes, durante nueve meses consecutivos, le concederé la gracia de la perseverancia final».
Esta promesa contiene una gran recompensa, que es nada más y nada menos que el cielo eterno. «La perseverancia final es un don gratuito de la bondad de Dios, y no puede ser merecido como un derecho adquirido por cualquier acto individual que hagamos» (Concilio de Trento) Se da como la recompensa por una serie de actos continuos hasta el final: «El que persevere hasta el final se salvará» (Mat. 10,22).








