Santoral
Pacomio, Santo
Abad, Mayo 9 …
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Yo he vencido al mundo
Pascua
Juan 16, 29-33. Pascua. Si tenemos a Cristo en nuestro corazón, adiós tristezas, adiós angustias, adiós soledad.
Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo dijeron los discípulos a Jesús: Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios. Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo.
Oración introductoria
Señor, celebrando a tu Madre santísima de Fátima, inicio esta oración diciéndote que creo en Ti y en todo lo que has revelado para nuestra salvación. Espero en Ti porque confío en tu misericordia. Cada acto tuyo en la tierra demuestra tu amor por nosotros. Te amo y te reitero mi deseo de que seas el centro de mi vida.
Petición
Jesús, dame la docilidad para no buscar la paz en mis fuerzas o habilidades, sino en tu poder divino.
Meditación del PapaFrancisco
No se puede ser cristiano, sin trabajar continuamente para ser justos. Una cosa que nos ayudaría mucho sería preguntarnos si ¿creo o no creo? Si creo un poco y un poco no. ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?
Sin fe no se puede seguir adelante, no se puede defender la salvación de Jesús. Necesitamos el escudo de la fe, porque el diablo no nos lanza flores sino flechas en llamas para matarnos. Hay que tomar el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Los invito a rezar constantemente, a velar con oraciones y súplicas.
La vida es una milicia. La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría porque el Señor ha vencido en nosotros, con la gratuidad de su salvación. Pero sí, todos somos un poco vagos en la lucha y nos dejamos llevar adelante por las pasiones, por algunas tentaciones. Es porque somos pecadores, ¡todos! Pero no se desanimen. Valentía y fuerza, porque el Señor está con nosotros. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 30 de octubre de 2014, en Santa Marta).
Cuántas veces —nosotros no lo sabemos, lo sabremos en el cielo—, cuántas veces nosotros estamos ahí, ahí… [a punto de caer] y el Señor nos salva: nos salva porque tiene una gran paciencia con nosotros. Y esta es su misericordia. Nunca es tarde para convertirnos, pero es urgente, ¡es ahora! Comencemos hoy. Que la Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia. (Homilía de S.S. Francisco, 28 de febrero de 2016).
Reflexión
Unos versículos antes de este evangelio Jesús habla clara y abiertamente a los apóstoles sobre su Padre. Por ese exclamarían “ahora sí no hablas con parábolas” Y versículos después Jesús se encuentra en oración antes de padecer los sufrimientos en la cruz. En medio de ambos versículos nos encontramos rejuvenecidos por su palabra. Es Jesús quien nos anima a ser fuertes, es Él quien nos dice que no estaremos exentos de tribulación pero tampoco de su gracia.
Por ello, ¿por qué nos extrañamos si en nuestra vida como cristianos atravesamos por dificultades, problemas o desilusiones que jamás hubiésemos pensado que nos sucederían a nosotros? Ya oímos decir a Jesús estas palabras dirigidas a Pedro «mira que Satanás ha pedido permiso de cribaros como trigo». Y en el libro de Job, Satán pide permiso a Dios para tentar a su siervo.
Es una constante en la vida de todo hombre: la tribulación, la aflicción. Y efectivamente, tanto Pedro como Job fueron probados duramente. Tanto así que el primero negó a su maestro y el segundo maldijo el día de su nacimiento. Sin embargo, ambos encontraron la paz de Cristo después de la lucha. Ambos confiaron en el Señor y en el momento oportuno les llegó su recompensa. La paz de Cristo a sus almas. Por ello, si tenemos a Cristo en nuestro corazón, adiós tristezas, adiós angustias, adiós soledad. Nada hay que temer porque Jesús está con nosotros.
Propósito
Revisar mis actitudes y comportamientos para cambiar lo que me aleje de la luz de la verdad.
Diálogo con Cristo
Señor, gracias por darme fe, esperanza y caridad, el día de mi bautismo, para hacerme capaz de obrar el bien, por amor a Ti y a los demás. Qué serenidad y confianza me da saber que Tú has vencido al mundo y estás conmigo, dándome esa paz, que con tu gracia, podré irradiar a los demás, especialmente a mi familia.
La vida cristiana no es una ética, es un encuentro con Cristo
Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Por: Papa Francisco | Fuente: ZENIT

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 9 de mayo de 2016).- El Espíritu Santo mueve la Iglesia, pero para muchos cristianos hoy es un perfecto desconocido o incluso “un prisionero de lujo”. Esta ha sido la advertencia realizada por el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta. De este modo ha precisado que el Espíritu Santo nos hace cristianos “reales” no “virtuales” y ha exhortado a los fieles a dejarse empujar por Él para que nos enseñe el camino de la libertad. Durante la misa de esta mañana, el Santo Padre ha dedicado un pensamiento especial a las hermanas vicencianas, que trabajan en la Casa Santa Marta, en el día de la fiesta de su fundadora, Santa Luisa de Marillac.
“Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo”. El Pontífice ha hecho referencia a esta frase del diálogo entre los primeros discípulos en Éfeso y san Pablo, de la Primera Lectura del día, para recordar la presencia del Espíritu Santo en la vida de los cristianos. También hoy, ha observado, sucede como a esos discípulos que, aún creyendo en Jesús, no sabían quién era el Espíritu Santo.
Muchos, ha señalado Francisco, dicen haber “aprendido en el Catecismo” que el Espíritu Santo está “en la Trinidad”, pero después no saben “más que eso del Espíritu Santo” y se preguntan qué hace.
De este modo, el Pontífice ha afirmado que “el Espíritu Santo es el que mueve la Iglesia, es el que trabaja en el Iglesia, en nuestros corazones, es el que hace de cada cristiano una persona diferente de la otra, pero de todos juntos hace la unidad”. Eso es lo que lleva adelante, abre las puertas y te invita a dar testimonio de Jesús.
El Santo Padre ha precisado que el Espíritu Santo es el que nos mueve a alabar a Dios, nos mueve a rezar. “El Espíritu Santo es el que está en nosotros y nos enseña a mirar al Padre y a decirle: ‘Padre’. Nos libera de esta condición de huérfano en la que el espíritu del mundo quiere llevarnos”, ha indicado.
Asimismo, el Pontífice ha subrayado que el Espíritu Santo es “el protagonista de la Iglesia viva: es el que trabaja en el Iglesia”. El peligro –ha advertido– es que cuando no vivimos esto, cuando no estamos a la altura de esta misión del Espíritu, reducidos la fe a una moral, a una ética. Por eso ha explicado que no hay que detenerse al cumplir los mandamientos y “nada más”. “Esto se puede hacer, esto no se puede hacer; hasta aquí sí, hasta aquí no. Y desde allí a la casuística y a una moral fría”, ha observado.
La vida cristiana no es una ética, es un encuentro con Jesucristo. Y es el Espíritu Santo que “me lleva a este encuentro con Jesucristo”. Al respecto ha indicado que nosotros, en nuestra vida, tenemos en nuestro corazón al Espíritu Santo como un ‘prisionero de lujo’: no dejamos que nos empuje, no dejamos que nos mueva. Hace todo, sabe todo, sabe recordarnos qué ha dicho Jesús, sabe explicarnos las cosas de Jesús. Solamente –el Espíritu Santo– no sabe hacer una cosa: cristianos de salón. No sabe hacer “cristianos virtuales pero no virtuosos”. El Papa ha asegurado que el Espíritu hace cristianos reales, Él toma la vida real así como es, con la profecía de leer los signos de los tiempos y nos lleva adelante así. Por eso advierte que “es el gran prisionero de nuestro corazón. Decimos: ‘es la tercera personas de la Trinidad’ y terminamos ahí…”.
Finalmente, el Santo Padre ha asegurado que esta semana “nos hará bien reflexionar sobre qué hace el Espíritu Santo en mi vida” y preguntarse si nos “ha enseñado el camino de la libertad”.
El Espíritu Santo, que está en mí, “me empuja a ir fuera” y tenemos que preguntarnos ¿tengo miedo?, ¿cómo es mi valentía, la que me da el Espíritu Santo, para salir de mí mismo, para testimoniar a Jesús?, ¿cómo va mi paciencia en las pruebas? Porque también la paciencia –ha indicado– la da el Espíritu Santo.
Para concluir la homilía, el Pontífice ha invitado a reflexionar en esta semana de preparación a la Fiesta de Pentecostés, si realmente creemos en el Espíritu Santo y ha exhortado a hablar con Él y decir: “Yo sé que Tú estás en mi corazón, que Tú estás en el corazón de la Iglesia, que Tú llevas la Iglesia adelante, que Tú haces la unidad entre nosotros, pero diferentes entre nosotros, en nuestra diversidad”.







