
Norberto, Santo
Memoria Litúrgica, 6 de junio …
Hoy también se festeja a:
- • Lorenzo de Másculis de Villamagna, Beato
- • Paulina de Roma y familia, Santos
- • Alejandro de Fiésole, Santo
- • Inocencio Guz, Beato
- • Rafael Guizar y Valencia, Santo
Alegraos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos
Tiempo Ordinario
Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Mateo 5, 1 – 12
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos posseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Oración introductoria
Señor, gracias por indicarme tan claramente el camino para poder alcanzar la dicha, la alegría que me hará saltar de contento por toda la eternidad. Guía mi oración para que este día esté orientando hacia mi meta final.
Petición
Dios mío, que las bienaventuranzas sean mi criterio de vida, mi forma de pensar y de comportarme.
Meditación del Papa Francisco
La palabra bienaventurados (felices), aparece nueve veces en esta primera gran predicación de Jesús. Es como un estribillo que nos recuerda la llamada del Señor a recorrer con Él un camino que, a pesar de todas las dificultades, conduce a la verdadera felicidad.
Queridos jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de plenitud. ¿No notáis que vuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bien que pueda saciar su sed de infinito?
[…]Y así, en Cristo, queridos jóvenes, encontrarán el pleno cumplimiento de sus sueños de bondad y felicidad. Sólo Él puede satisfacer sus expectativas, muchas veces frustradas por las falsas promesas mundanas. Como dijo san Juan Pablo II: “Es Él la belleza que tanto les atrae; es Él quien les provoca con esa sed de radicalidad que no les permite dejarse llevar del conformismo; es Él quien les empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en ustedes el deseo de hacer de su vida algo grande”» (S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).
Reflexión
Jesús, como en tantas otras ocasiones ha salido a predicar en descampado. Sus apóstoles y el gentío le siguen gustosos, porque saben que el Maestro tiene palabras de vida eterna. El pueblo de Israel, vagaba desconcertado por sus propios guías, los escribas, fariseos y saduceos, a quienes Jesús calificó de guías ciegos. Ahora que aparece Jesús, ¿será el Mesías? se preguntan muchos para sus adentros, pero no encuentran en El nada de la figura de un libertador terreno, lleno de poder y castigador de sus adversarios, tan prometido por sus maestros.
Al contrario, para quienes venían buscando liberación política para Israel, topan con un Mesías que les propone el camino de la abnegación, de la humildad, de la pobreza, del sufrimiento… Pero todo esto basado en una recompensa grande en el Reino de los Cielos.
El sermón de la montaña ha resonado tantísimas veces en el corazón de los cristianos de todos los tiempos, y ha sido para todos, el mensaje de la esperanza, en medio del vaivén de las dificultades del mundo. Es la paradoja de la fe, reducida su más clara expresión: bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Es la promesa que todos deseamos ver cumplida algún día. Pero el cristiano no es el que simplemente se resigna a todo lo que le venga. El discípulo de Cristo, empuña el arado todos los días, remueve obstáculos, limpia el terreno, trabaja, porque sabe que su esfuerzo siempre será remunerado, si no aquí, sí en la otra vida.
Por eso las bienaventuranzas no son sólo promesas para esperar, son todo un programa de vida para reformar esta tierra. Si por un día todos los hombres fuéramos pobres de espíritu, mansos de corazón, pacíficos, misericordiosos, limpios de corazón, podríamos traer el cielo a la tierra. Es cierto que el Señor permite el mal en nuestras sociedades, la desorientación y las injusticias, pero no podemos olvidar que si lo permite, es porque está seguro de obtener de todo ello un bien mayor.
Propósito
Como cristianos nos toca testimoniar este mensaje, viviéndolo en la sencillez y cotidianidad de nuestra vida profesional y familiar, dejando a Dios la posibilidad de iluminar al mundo con la luz que emane de nuestras vidas.
Frases que impiden pensar
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

Un periódico, una película, un libro, un personaje famoso, un científico con un premio internacional, pueden promover una frase sugestiva que pasa de boca en boca, de pantalla en pantalla, hasta el punto de convertirse en una especie de mantra.
En realidad, algunas de esas frases expresan verdades a medias, o medias mentiras, o mentiras completas, o sugestiones atractivas pero carentes de seriedad. Además, en muchos casos, esas frases impiden pensar cuando son acogidas como algo ya definitivo, cuando la realidad es mucho más compleja.
“Las guerras no llevan a ninguna parte”. ¿De verdad? ¿No llevan en ocasiones a la destrucción de una tiranía? O, por el contrario, ¿no empeoran la vida de millones de personas, incluso de los vencedores? El problema de las guerras es que llevan a muchas partes…
“El cambio climático es un grave daño para el planeta”. ¿Seguro? ¿Qué entendemos por daño? ¿No ha habido cambios climáticos hacia el frío o hacia el calor a lo largo de la historia terrestre? ¿Por qué algunos desean conservar a toda costa la situación “ahora” en la que vivimos? ¿No podemos imaginar en un nuevo escenario climático posibilidades y mejoras para muchos, sin excluir, ciertamente, daños para otros?
“Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Sin entrar en la discusión del autor y del contexto de la frase, ¿cómo puede llegar a ser verdad algo por el simple hecho de que es repetido una y otra vez? Una mentira no deja de serlo aunque la acepten millones de seres humanos.
“El aborto es progresista”. Si se entiende por progreso una mejora en la vida de las personas y de los grupos, el aborto no puede ser nunca progresista, porque en cada aborto se comete una injusticia sumamente grave: la eliminación de la vida humana de un hijo en el seno materno. Si hay algo claramente “antiprogresista” es el aborto…
“El cuerpo es mío y hago con él lo que quiero”. ¿Seguro? Porque el cuerpo sigue unas leyes biológicas y físicas que no dependen de nosotros. Además, millones de seres humanos no tienen un mínimo de comida para tratar a ese cuerpo con el cuidado que se merece. Y la propaganda ha creado manías que esclavizan a hombres y mujeres a un esfuerzo muchas veces absurdo y dañino para su propio cuerpo por imitar un “modelo” que nada tiene de sano…
“El relativismo es el fundamento necesario para la democracia”. Si relativismo significa que todas las posiciones valen lo mismo, ninguna democracia podría subsistir ante quienes adoptan posiciones violentas, racistas, intolerantes,… Ningún sistema político llega muy lejos si admite que todas las posiciones (todas) pueden ser defendidas en la vida pública.
Las frases que impiden pensar son muchas, y llegan a la mente de millones de personas de lugares muy diferentes, tanto en el pasado del que dependemos como en el presente en el que vivimos. Más allá de esas frases, ayer como hoy, ha habido y hay mujeres y hombres serios, reflexivos, sanamente críticos.
Esos hombres y mujeres tienen la fuerza interior para romper las cadenas de los promotores del “pensamiento único” y de los slogans fáciles. Saben dedicar lo mejor de su mente y de su corazón para investigar seriamente los hechos, y para interpretarlos de un modo honesto, claro, y abierto, conscientes de los límites de la mente humana y de la complejidad del mundo en el que vivimos.







