
XXII Papa, 5 de marzo…
Hoy también se festeja a:
- • Kierano de Sahigir, Santo
- • Focas el Hortelano, Santo
- • Virgilio de Arlés, Santo
- • Gerásimo, Santo
- • Jeremías de Valaquia, Beato
¿Qué voy a ganar?
Por: H. Jesús Salazar Brenes, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, dame un corazón fértil para acoger lo que me quieras decir y ayúdame a dar fruto para la extensión de tu Reino.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.
Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La palabra de Dios hoy nos habla sobre una de las escenas más especiales, la pregunta que hace Pedro, ¿qué va a ser de nosotros que ya hemos dejado todo por seguirte?, y la promesa que Cristo hace a quien le entregue toda su vida.
El pasaje que hoy llevamos a la oración se ubica exactamente después del relato del joven rico que conocía y vivía la Palabra a la perfección y amaba grandemente a Dios, pero su apego a las riquezas le impidió ser libre para seguir a Jesús.
Cuando el amor nos mueve y hemos decidido libremente darle todo a quien todo lo merece, surge la pregunta de Pedro en nuestro interior: ¿Y ahora qué? Quien de nosotros haya tenido alguna experiencia yendo de misiones de evangelización, o a alguna jornada mundial de la juventud inmediatamente se le vendrán a la mente los recuerdos de esas personas que se ha encontrado por el camino, que han dado lo mejor de lo que tienen, que quieren hacerte sentir acogido, en familia, y todo lo dan, no por ser quién eres, sino porque ven en ti un reflejo de Dios. De igual forma, tú sientes en ellos el reflejo del amor de Dios. Ahí se cumplen las palabras de la promesa de Cristo: «Recibirá ahora, en este tiempo cien veces más». ¿Cuántas madres, padres, hermanos y hermanas nos hemos encontrado por llevar a Cristo? Si aún no has tenido la experiencia, no es tarde para hacerlo y vivir una de las experiencias más bellas de ser cristiano. Tú también puedes ser ese hermano, hermana, padre o madre para otro, siendo misionero de la vida ordinaria de todos los días o recibiendo a quien trae el mensaje de Cristo.
En el Evangelio, Cristo, junto a esta promesa, también nos hace la advertencia de que tendremos persecuciones. En algunos lugares nuestros hermanos son perseguidos real y cruentamente por ser cristianos; pero también hay persecución silenciosa del mal para intentar quitar a Dios de nuestras vidas. A pesar de todo esto, las palabras de la promesa no terminan ahí, el Señor nos anuncia lo que vendrá después, «en la edad futura, la vida eterna». ¡Qué gran consuelo y qué gran motivación! Si vivir la vida de la mano de Dios es tan hermosa, imaginémonos lo que será después, la posesión de la eterna paz y felicidad, contemplando el rostro de Dios. ¡Hagamos también la experiencia y veremos qué bueno es el Señor!
«El deseo humano de vida y de felicidad, vinculado estrechamente con el de ver y conocer a Dios, crece y se renueva continuamente, pasando de una etapa a otra sin encontrar nunca un final y una realización. La experiencia del encuentro con Dios trasciende, en efecto, todas las conquistas humanas y constituye la meta infinita y siempre nueva. También Santo Tomás de Aquino subrayaba este aspecto, afirmando que en la vida eterna se cumple la unión del hombre con Dios, que es “la recompensa y el fin de todas nuestras fatigas”, y esta unión consiste en la “visión perfecta”. En ese estado, continúa Santo Tomás, “cada bienaventurado tendrá más de lo que deseaba y esperaba, y solo […] Dios puede saciarlo, e ir incluso mucho más allá, hasta el infinito”. Además, continúa, “la vida eterna consiste en la alegre fraternidad de todos los santos”. Citando a San Agustín, Tomás afirma: “Toda la alegría no entrará en los bienaventurados, pero todos los bienaventurados entrarán en la alegría. […] Contemplaremos su rostro, nos saciaremos de su presencia en una juventud eternamente renovada”.»
(Mensaje de S.S. Francisco, 8 de diciembre de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
En este período de Cuaresma que está por iniciar, haré todo lo posible para ir a las misiones de evangelización, o si me es imposible, me comprometeré a ayudar en mi parroquia.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Martes de Carnaval, Miércoles de Ceniza
Por: María Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net
El carnaval, como todos sabemos, es una fiesta popular que consiste en mascaradas, comparsas, bailes y regocijos bulliciosos.
Son tres días que preceden al miércoles de ceniza y que en muchos lugares ya son de ocho días, toda una semana y hasta diez y doce días. Es una expansión que nos atrae y nos envuelve en su loca alegría, un tanto disparatada y desbordante, quizá por el hecho de vivirla en la incógnita de un disfraz y un antifaz enigmático… Esta especie de desbordamiento festivalero nos trae a la mente el deseo de todo ser humano de desembarazarnos de las preocupaciones, de aligerar nuestros hombros de la carga de obligaciones cotidianas y de dar «rienda suelta» al placer y a la alegría. Pero … ¡cuidado ! pues pudiéramos caer en la inmadurez de llegar a creer que la vida es semejante a un carnaval… Y así vamos por el mundo tratando de mostrar un rostro y un ropaje que no son los verdaderos. Parece que somos una cosa y somos otra en realidad.

¡ Cómo nos cuesta llevar el rostro descubierto y mirar a los ojos a nuestros semejantes!. Nos vamos dejando arrastrar por el torbellino de las comparsas, por la inconsciencia, un poco infantil del que baila, ríe y canta y no sabe ni por qué, pero ahí vamos… y de repente al doblar una esquina nos encontramos cara a cara con la enfermedad, con el dolor, quizá con la muerte.
Debemos ser alegres, optimistas, cantar, bailar y reír pero sin olvidar lo trascendental que es nuestra existencia aquí en la Tierra. Bien claramente podemos ver un simbolismo en el hecho de que después de los días de carnaval, aparece el miércoles de ceniza.
Para los católicos es el Día, es la puerta que se nos abre para que durante cuarenta días hagamos penitencia y oración. Esta penitencia y oración no es para que aparezcamos ante los ojos de los demás con caras largas y tristes. » Cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre que ve en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará » ( Mt.6 16-18 ).
La Cuaresma tiene que ser un tiempo de sacrificio y de entrega como preparación para la gran fiesta de la Pascua. El cristiano puede poseer la alegría más profunda y verdadera, la que jamás termina, porque cree en Dios, ama a Dios y espera en Dios.
Empecemos pues, con el mejor de los ánimos, alegres y comprometidos, una cuaresma de más intimidad con Dios, por el cauce de la oración y el sacrificio que desembocará en la Pascua o Resurrección de Jesucristo y que nos llenará de una gloriosa alegría.



