Sofronio de Jerusalén, Santo
Obispo, 11 Marzo …
Hoy también se festeja a:
- • Marcos Chong Ui-bae y Alejo U Se-yong, Santos
- • Benito de Milán, Santo
- • Pionio, Santo
- • Juan Bautista Righi de Fabriano, Beato
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La medida con que seremos juzgados
Por: H. Abraham Cortés Ceja, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Concédeme, Señor, que sea el amor el fundamento y la fuerza en mi vida para recorrer mi camino de santidad, con el gozo de ir al cielo.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.
Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.
Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
En el Evangelio de este día nos encontramos ante una realidad, llena de misterio y de verdad: la segunda venida del Hijo del hombre, del Rey de la gloria. ¿Quién es?, ¿por qué viene? ¿para qué viene? Sabemos que es Jesús, el hijo amado del Padre, quien lleno de amor, se hizo hombre y dio su vida para rescatarnos de la esclavitud del pecado, para iluminar el horizonte de nuestra vida y darle un sentido vertical. Es Jesús en quien hoy está puesta nuestra fe, en quien econtramos el fundamento de nuestra vida y en quien vivimos llenos de esperanza.
Nuestra vida en este mundo tiene un final, eso no lo podemos negar, por ello el cristiano vive con su mirada puesta hacia el cielo, vive para el cielo. El cielo es nuestro verdadero hogar, nuestro fin último. Esto significa que vivimos, gozosos, esperando algún día ser llamados por Cristo y escuchar sus palabras llenas de amor, que inundan de gozo todo nuestro ser: Ven bendito de mi Padre, recibe la herencia preparada para ti desde la creación del mundo.
Nos encontramos en el tiempo litúrgico de Cuaresma, tiempo de conversión. Ponernos ante el hecho de nuestro juicio, no es un motivo para ser invadidos por el miedo o cerrar nuestro corazón a la voz del Señor, sino una llamada al amor, es decir, a entrar en nuestro interior y dejar que Cristo transforme nuestra vida, nos dé su alimento, sacie nuestra sed, nos acoga en su corazón, nos vista de amor y guíe con su presencia todo momento de nuestra vida. Nuestro juicio será nuestra propia vida y el amor y la caridad serán la medida con que seremos juzgados, porque fuimos creados para amar y ser amados. Recorramos el camino de nuestra vida por amor y con amor.
«Cuando Jesús quiere enseñarnos cómo debe ser la actitud cristiana nos dice pocas cosas, nos hacer ver ese famoso protocolo sobre el cual todos nosotros seremos juzgados: Mateo 25. Y ese protocolo evangélico, no dice: “yo pienso que Dios es así, he entendido el amor de Dios”. El pasaje del Evangelio de Mateo afirma: “Yo he hecho en pequeño el amor de Dios: he dado de comer al hambriento, he dado de beber al sediento, he visitado al enfermo, al preso”. Porque las obras de misericordia son precisamente el camino de amor que Jesús nos enseña en continuación con este amor de Dios, grande. Con este amor sin límites que se ha aniquilado, se ha humillado en Jesucristo, y nosotros debemos expresarlo así. El Señor no nos pide grandes discursos sobre el amor; nos pide ser hombres y mujeres con un gran amor o con un pequeño amor, lo mismo, pero que sepamos hacer estas pequeñas cosas por Jesús, por el Padre. En esta perspectiva, se entiende la diferencia entre esa que sería una obra de beneficia meritoria, laica, y esas que son las obras de misericordia que son la continuidad de este amor, que se empequeñece, llega a nosotros, y nosotros lo llevamos adelante.»
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de junio de 2018, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy realizaré una obra de misericordia con alguien que esté cerca de mí.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Al final todo tiene que ver con el amor
Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa
El Obispo de Phoenix, Estados Unidos, redactó un artículo dedicado a recordar a los fieles las enseñanzas de la Iglesia sobre el Juicio Final, como parte de una serie de escritos sobre las Cuatro Últimas Realidades (Juicio Final, Infierno, Purgatorio y Cielo). Para exponer la forma en que la justicia divina evalúa el estado de las almas en su paso a la eternidad empleó una figura de los Padres de la Iglesia: la imagen del alfarero.
«Nuestras vidas son similares a un terrón de arcilla. Nosotros somos formados por las decisiones que tomamos en la vida», expuso el prelado. «Mientras vivimos, somos arcilla húmeda en la rueca del tiempo. Mientras está todavía húmeda, la arcilla puede ser formada y reformada hasta que se convierte en una hermosa vasija. Sin embargo, una vez que se coloca en el fuego, su forma se fija permanentemente«. Esta permanencia de la arcilla en su forma final es una imagen del alma al momento de la muerte.
«Así es con cada uno de nosotros. Una vez que morimos y estamos de pie delante de Dios, nuestra forma fundamental, es decir, nuestra opción ‘hacia’ Él o ‘contra’ Él se fija para siempre. El tiempo para elegir lo bueno o lo malo termina con la muerte porque es el tiempo para el juicio».
Tras expresar con este ejemplo cómo el destino final de las almas se define en el momento de la muerte, Mons. Olmsted explicó que la doctrina católica enseña que serán dos juicios los que enfrenta cada persona. «El Juicio Particular sucede inmediatamente en el momento de la muerte cuando el alma, ahora separada del cuerpo, se para delante de Dios para dar cuenta de lo bueno que se hizo y por los pecados que se cometió», explicó. «El Juicio General, por otra parte, se refiere al final de los tiempos, en la venida de Cristo, cuando todo será revelado, y el Juicio Particular de cada alma será ratificado por todos para ver y entender».
«La sociedad secular en que vivimos ha perdido contacto con esa realidad eterna llamado juicio. En el mundo de hoy, el pecado es minimizado o declarado de poca importancia«, advirtió el Obispo. » Muchos buscan comodidad en la creencia conveniente de que la mayoría la gente irá al cielo cuando mueran. Olvidar que habrá un juicio muestra que estamos perdiendo contacto con las realidades y las consecuencias de nuestras vidas y la razón de nuestra existencia».
El Juicio Final da sentido a los sufrimientos y los méritos de la vida presente, recordó el prelado. «Sin embargo, es increíble, muy pocas personas se preparan seriamente para la muerte y el juicio», se lamentó. «Muchos de nosotros, incluso nosotros, los que amamos a Jesús, nos encontramos persiguiendo las cosas que tienden a consumir nuestra vida cotidiana como carrera, dinero, poder y posesiones, dando la muerte y juicio poca atención. Muerte y juicio, sin embargo, son hechos reales; que van a suceder si estamos preparados para ellos o no».
Finalmente, Mons. Olmsted recordó que la fe enseña que es el amor lo que determina esta última realidad, siendo ésta la guía de la preparación del alma para su encuentro con Dios. «En el crepúsculo de la vida, Dios no nos juzgará sobre nuestras posesiones terrenales y éxitos humanos, sino en la medida de cuánto hemos amado», afirmó San Juan de la Cruz, citado por el Obispo. Los Diez Mandamientos están incluidos en los dos mandatos citados como principales por Jesús: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Así que, en última instancia, el juicio será simple; al final, todo tiene que ver con el amor. El amor es la única cosa que da sentido a nuestra existencia; el amor es también el fruto de nuestra redención y el amor es el tema en el que todos seremos juzgados. Cuando miramos nuestra vida entera a través del lente de la fe, vemos con claridad por qué Dios nos creó: para amar y ser amado por Él y disfrutar de la felicidad eterna en Su presencia», explicó. «Por lo tanto, el propósito en la vida es buscar a Cristo, que es Amor. Cuando nos entregamos completamente a Él, encontramos que el amor es una Persona. Si vivimos nuestra vida centrada en el amor de Cristo, entonces nuestra actitud antes del juicio de Dios no será de miedo sino de esperanza sostenida por el amor«.





