
Josefina Bakhita, Santa
Memoria Litúrgica, 8 de febrero …
- Hoy también se festeja a:
- • Josefina Gabriela Bonino, Beata
- • Esperanza de Jesús (en el siglo María Josefa Alhama Valera), Beata
- • Josefina Bakhita, Santa
- • María de la Providencia (Eugenia) Smert, Beata
- • Jaqueline o Jacoba de Settesoli, Beata
Reconozco que necesito a Dios
Santo Evangelio según san Marcos 6, 53-56. Lunes V del Tiempo Ordinario
Por: Adrián Olvera, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Un día más en el que tengo la gracia de encontrarme contigo. Un día más en el que tengo la necesidad de estar contigo…gracias por este deseo de ti, Señor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.
Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos.
A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Uno de los actos más hermosos y humildes que existen es el de enamorarse, ya que implica que uno acepte que necesita de otra persona. Requiere saberse y aceptarse necesitado… requiere hacerse vulnerable y reconocerse perturbado ante la ausencia del amado.
Es un acto de humildad porque requiere mostrar lo que realmente uno es… requiere quitarse las vestiduras; quitar los mecanismos de defensa, mirarse a los ojos y decir: «sin ti no puedo hacer nada».
El reconocerme débil y enfermo ante Dios es un verdadero acto de amor. Sólo soy lo que soy bajo la mirada de Dios.
Este reconocimiento de necesidad de Dios es lo que me lleva a conocerme más profundamente y, ahí, ese conocimiento de lo que verdaderamente soy, me lleva a conocer, a experimentar más profundamente, más íntimamente a Dios. Me lleva a buscar a Dios más alegremente, más intensamente, a desear más hondamente tocarle, verle. A desear vivir con Él y en Él.
Señor Jesús, deseo con todo mi corazón poder vivir sólo bajo tu mirada, para así conocerme y conocerte cada día más.
Te necesito, Señor… Te amo, Señor.
«Dios creó el universo pero la creación no termina, Él continuamente sostiene lo que ha creado. En el Evangelio vemos la otra creación de Dios, la de Jesús, que viene a re-crear lo que ha sido estropeado por el pecado. Se ve a Jesús entre la gente, cuando le tocaban eran salvados, es la re-creación. Esta segunda creación es más maravillosa que la primera, este segundo trabajo es más maravilloso. Además, hay otro trabajo, el de la perseverancia en la fe que lo hace el Espíritu Santo».
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 9 de febrero de 2015, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscar tocar a Dios en mi prójimo a través de un acto de caridad oculta.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué las Iglesias ungen con aceite a los enfermos?
Los cuidados a los enfermos, las oraciones de intercesión, y las unciones con aceite son alivios para la enfermedad.
Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Ediciones

¿POR QUÉ LAS IGLESIAS UNGEN CON ACEITE A LOS ENFERMOS?
JESÚS de Nazareth.
Jesús curaba por medio de signos: imponía las manos, mezclaba saliva con tierra, lo tocaban y salía de Él una fuerza misteriosa que curaba a todos.
Él continúa tocándonos por medio de los sacramentos.
Se compadecía y perdonaba: “-Para que vean que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico: ¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!”. Y así sucedió.
No vino a llamar a los sanos, sino “a los enfermos”.
Jesús se identificaba con los enfermos: “-Estuve enfermos y me visitaron…”.
Sin embargo, sus curaciones eran signos. De hecho, no curó a todos. Esa dicha está preparada para el cuerpo y la psiquis en la escatología final, en el tiempo de la Resurrección corporal, plenitud de salud y salvación total.
Sus curaciones eran signos para reconocer en Él al Mesías esperado, al Enviado del Padre Dios.
Él trae una victoria y una curación total y superior: La victoria sobre el pecado y sobre la muerte, que es la supresión total de la salud y el sufrimiento más atroz, en el mismo momento en que este llega a su clímax y culmina.
Es el momento de otorgar plenamente la Vida, y la Vida en abundancia, que ya comenzamos a anticipar desde aquí.
JESÚS ENVÍA A CURAR.
“-¡Sanen a los enfermos!”, dice a sus discípulos (Mt. 10, 8).
Ellos brindaban sus cuidados a los enfermos, oraban por ellos, y los ungían con aceite (Mc. 6, 12-13), símbolo de belleza y de salud.
Jesús les asegura que “impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán” (Mc. 16, 17-18).
Algunos tienen el “carisma” de curación por el poder del Espíritu de Jesús Resucitado. El carisma es un “signo” de Dios Padre para construir la Iglesia de su Hijo. De hecho, no todos son curados, sino que es un “signo” (pobre, en última instancia, como pobres somos nosotros), para creer.
De hecho, a Pablo, que padecía, le dice: “-Mi gracia te basta…, que en la tribulación se muestra perfecto Mi poder” (2 Co 2, 9).
Y el mismo apóstol decía que se “alegraba” en sus padecimientos, pues así completaba “lo que falta a los padecimientos de Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24).
LA EUCARISTÍA.
La Eucaristía es un sacramento vinculado con la vida y la salud total (Jn. 6 – 54-58). Siendo el Pan de Vida.
LOS VOLUNTARIADOS.
Distintos miembros de iglesias cristianas brindan atención, escucha, oración y bienes a los enfermos, visitándolos en los hospitales individualmente y en grupos, en una pastoral de la salud más o menos organizada, según los lugares y circunstancias.
Allí se ve a Jesús en el enfermo, como solían decir los fundadores de las órdenes hospitalarias, como San Camilo de Lellis y otros, que contemplaban al mismo Pobre de Nazareth en el hermano sufriente presa del dolor.
O al Cristo Resucitado con Poder, que sana y salva, brindando con sus cuidados y atenciones, y con esa oración de intercesión, acción de gracias y alabanza, la curación al que hasta hacía poco tiempo carecía de la salud.
UN SACRAMENTO PARA LOS ENFERMOS.
Como decíamos antes, Jesús sigue “tocándonos” por medio de los sacramentos.
Además de sus dichos evangélicos con referencia a la salud, la oración y la unción con óleo o aceite, se desprende de Santiago que de la comunidad apostólica (formada por Jesús y los Apóstoles), surge un rito para el caso de los que sufren la falta de salud de una u otra manera: “llamar a los ancianos de la comunidad (presbíteros –del griego-), para que oren sobre (¿indica imposición de manos?) el enfermo y lo unjan con aceite, invocando el Nombre de Jesús (St. 5, 14).
Es más, dice que la oración hecha con fe CURARÁ al enfermo, el Señor lo hará LEVANTARSE, y se le PERDONARÁN los pecados (St. 5, 15).
¡Qué poder!.
En la Iglesia católica, esta práctica ha quedado como uno de los siete sacramentos, no relegado solamente al momento de la muerte, sino cuando las fuerzas comienzan a flaquear por la enfermedad o la vejez, o por alguna intervención quirúrgica de riesgo (que lo son casi todas).
Los hermanos cristianos evangélicos, tienen en gran aprecio la visita al enfermo, la oración de intercesión por él, y la unción con el aceite, lo practican frecuentemente y, por defecto del sacramento del orden, ha quedado solamente como un sacramental en sus comunidades.
Todas las religiones cuidan a sus enfermos y rezan por ellos, y aún los no creyentes, pero con un corazón noble y sincero, de buena voluntad, brindan sus atenciones a los que sufren.
¿Cuál es tu actitud ante el que sufre enfermedad y dolor, y cuál es tu actitud cuando sufres enfermedad y dolor?








