
Venceslao (Wenceslao) de Bohemia, Santo
Patrono de la República Checa, 28 de septiembre …
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Paciencia para mirar siempre más allá
Santo Evangelio según san Lucas 9, 51-56. Martes XXVI del Tiempo Ordinario
Por: Iván Yoed González Aréchiga, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Mi Dios, Tú eres la fuente de la verdadera sabiduría. Quiero conocerte y experimentarte para vivir siempre sabiamente.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 51-56
Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”. Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
La impaciencia es un defecto al cual todo hombre vive expuesto. Vivimos indispuestos a todo aquello que parece contraponerse a nuestro modo de vivir. La solución, sin embargo, no es sólo una relativista. Cuando una persona me dice «no quiero hacer lo que tú propones», la solución no siempre es decir: «Está bien. Hazlo cómo desees». El cristiano no es aquél que simplemente se desentiende de su entorno. No es el que dice «que todos hagan lo que quieran», con lo cual abre una puerta a la división.
Cristo me enseña a ser paciente. No manda fuego sobre aquellos que no recibieron su mensaje. Cristo sabe esperar. Sabe mirar hacia adelante. Es consciente de que, para enseñar a amar, se deben ofrecer muchas oportunidades. Me sirvo de una imagen: un pescador debe mantener siempre la caña en sus manos. Si la suelta por un momento podría perder a su presa. Si desea pescar, debe tenerla siempre firme. Aunque por mucho tiempo nada muerda su anzuelo, estará listo para el momento en que algún animal lo haga. La misericordia de Cristo consiste, no en olvidar y dejar fracasar todo, sino en ofrecer su mano al hombre una y otra vez, pero sin invadirlo.
Te pido la gracia, Jesús, de formar un corazón como el tuyo: Paciente y que mira siempre más allá.
«La Eucaristía forma en nosotros una memoria agradecida, porque nos reconocemos hijos amados y saciados por el Padre; una memoria libre, porque el amor de Jesús, su perdón, sana las heridas del pasado y nos mitiga el recuerdo de las injusticias sufridas e infligidas; una memoria paciente, porque en medio de la adversidad sabemos que el Espíritu de Jesús permanece en nosotros. La Eucaristía nos anima: incluso en el camino más accidentado no estamos solos, el Señor no se olvida de nosotros y cada vez que vamos a él nos conforta con amor».
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de junio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Buscar recuperar una relación, una amistad o el contacto con alguna persona que he perdido por mi impaciencia. O entrar en contacto con alguien cuya relación sé que me costará. Siempre a ejemplo de Cristo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La adicción a la ira
La rabia o la furia es el más terrible grado de ira y lleva a la violencia, a la agresión
Por: . | Fuente: vidahumana.org

Ud. habrá oído hablar de la adición al alcohol, al juego, a la comida, a las drogas, a comprar cosas. Pues también hay personas que tienen adición a la ira. La ira es un estado emocional normal. Cuando a uno le pisan el pie, brinca. En ese caso la ira es un sentimiento normal, con ciertos límites.
Cristo se airó en el Templo, sintió ira, porque habían convertido la casa de Dios en cueva de ladrones. Cuando vinieron los niños a El y los apóstoles no les dejaron que se acercaran, el Señor se enojó. Esa es la ira normal, es una reacción normal.
Hay otro grado al cual puede llegar la ira que es lo que llamamos «la rabia», la furia. Ese es un grado muy grande de ira, la ira normal no lleva a la agresión . Puede ser una agresión de palabra, que tampoco está bien, pero la rabia es una forma muy fuerte de sentir ira. Es la más terrible y lleva a la violencia, a la agresión.
No hay que confundir ira o rabia con resentimiento. En el resentimiento hay su parte de ira también, que la persona va almacenando, en lugar de soltarla. Esta piensa en lo que le hicieron y lo va guardando. Por eso se llama resentimiento, pues significa volver a sentir. La ira va destruyendo a la persona que la siente, no al que causó el resentimiento. Esa persona ni se entera. La ira siempre lo destruye a uno y el odio es el proceso final del resentimiento. Es una ira congelada.
Hay personas adictas a la ira. ¿Cuándo se puede decir que una persona es adicta a la ira? Cuando no tiene control sobre la ira y ésta es algo crónico, compulsivo. Entonces esa persona es adicta a la ira.
Ejemplo de ira adictiva
He oído estas frases: «A mí me importan más mis sentimientos que tú» y «Yo sé que estuve abusando de ti, pero no puedo parar, no me puedo controlar.» Una persona que no puede controlar su ira es adicta a la ira. Igual que el que está tomando, no puede controlarse. «Yo necesito mi ira más que a ti» dice la persona, lo cual significa que prefiere su ira a la esposa. Eso es una adicción. Como ya he dicho, la adicción a la ira tiene mucha relación con la adicción al alcohol y a las drogas.
Ningún adicto a la ira quiere admitir esa adicción. Es más fácil admitir que uno es adicto a una sustancia. Es un caso como el del abusador, no quiere admitir que está maltratando.
¿En qué se parecen la adicción a la ira y la adicción al alcohol? Puede haber, en ambos casos, una predisposición genética. De padres violentos, hijos violentos. Lo dice la Biblia, la violencia engendra violencia. Lo han dicho los Papas de la Iglesia Católica.
En los dos casos, la ira y el alcohol se utilizan como un mecanismo para resolver los problemas. Pero resulta que ni el alcohol ni otras drogas, ni la violencia, resuelven los problemas que hay en la familia o en la persona. Ese mecanismo llega a ser autodestructivo.
En el alcohólico hay un problema emocional, hay una baja autoestima. En el adicto abusador también hay una baja autoestima. ¿Cómo quiere el alcohólico solucionar el problema? Tomando. ¿Cómo quiere solucionar el abusador esa baja autoestima? Golpeando. Esas son las explosiones de ira. Momentáneamente descarga su ira, pero cuando se da cuenta vienen más problemas, más vergüenza, más culpabilidad, en el alcohólico y en el que golpea. Para quitar esa vergüenza, esa frustración, otra vez vuelve a tomar o a golpear. Por eso los abusadores y los borrachos o drogadictos utilizan esto como un mecanismo que los va a destruir a ellos y a otras personas.
Las dos adicciones tienen muchos componentes iguales. El alcohólico o drogadicto utiliza la negación igual que el que golpea o abusa. En el alcohólico hay lo que se llama la tolerancia y el que abusa, cada vez va abusando más y más. En las dos adicciones disminuye la autoestima de la persona. Si ya la tenía baja, disminuye todavía más. Ambas adicciones engendran vergüenza de sí mismo y en ambas la adicción puede ser provocada por la falta de autoestima. En las dos, también, el «yo» de la persona, queda totalmente destruido y en ambas adicciones, sobre todo lo que más se destruye son los sentimientos, la afectividad. Es la enfermedad de los sentimientos, en ambos casos.
Nota: Esta sección se basó en una charla del Dr. Jesús Arina (psicólogo).








