
Brígida de Kildare, Santa
Abadesa, 1 de febrero …
- Hoy también se festeja a:
- • Mártires de Angers, Beatos
- • Severo de Ravena, Santo
- • Trifón de Frigia, Santo
- • Enrique Morse, Santo
- • Juana Francisca (Ana) Michelotti, Beata
Tres pasos para acercarse a Nuestro Señor
Santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43. Martes IV del Tiempo Ordinario
Por: Rogelio Suárez, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dame, Señor, una fe firme que me ayude a confiar siempre en ti. Haz que mi corazón nunca dude de tu gran poder, para acercarme a ti como un hijo con su Padre.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.
Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.
Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi manto?”. Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ ”. Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.
Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?”. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él.
Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!”. La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Este Evangelio nos presenta dos ejemplos de una fe grande, pero no me quiero centrar sólo en la fe de estos personajes, sino en la manera de acercarse a Cristo. Suponemos que todos los que estaban junto a Jesús en ese momento, tenían fe en Él, pero no recibieron un milagro como el que vemos en Jairo y en la hemorroísa. No fue solo su fe lo que les curó, sino su manera de acercarse a Cristo. Me imagino que si toda la gente que estaba al lado de Cristo, se hubiera acercado como lo hicieron los dos, tendríamos un Evangelio más extenso.
Jairo y la hemorroísa siguieron tres pasos para acercarse a Cristo. Primero, reconocieron su condición de creaturas necesitadas y el poder de Dios. Debemos de reconocer que nada podemos sin la ayuda de Dios. En segundo lugar, al acercarse a Jesús lo hicieron con sencillez, confiando que lo que les fuera a pasar, era lo mejor. Aceptan la voluntad de Dios, sabiendo que para ser plenamente felices la deben de cumplir. No le ponen medidas a Dios, que les permite dar el siguiente paso. Por último, confiaron plenamente en Dios, le dejaron entrar en sus vidas. La confianza que pusieron en Cristo, les permitió obtener la gracia que necesitaban en ese momento.
«Estos dos episodios –una sanación y una resurrección– tienen un único centro: la fe. El mensaje es claro, y se puede resumir en una pregunta, una pregunta para hacernos: ¿creemos que Jesús nos puede sanar y nos puede despertar de la muerte?».
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de junio de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Haré una visita a Cristo Eucaristía, acercándome como lo hicieron Jairo y la hemorroísa, confiándole todas mis necesidades.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Disfrutar el descanso
Que nuestro descanso sea para disfrutar más de lo que hemos hecho, de lo que tenemos, de las personas que nos rodean
Por: Padre Oscar Pezzarini | Fuente: www.feliceslosninos.org

El comienzo de año y del verano es también un comienzo de épocas en que mucha gente disfruta de sus vacaciones, otros quizás no puedan hacerlo, pero todos de alguna manera como que cambiamos el ritmo de nuestras actividades. Es por eso que me propongo reflexionar sobre este tiempo, podríamos decir, de descanso, que una gran mayoría tiene.
Hay por allí quienes utilizan el tiempo del descanso como un tiempo para retomar fuerzas, para poder realizar con más detenimiento alguna actividad que en el resto del año, por las ocupaciones, no podemos realizar, por ej.: leer, rezar un poquito más, compartir con nuestros seres queridos…
El comienzo de la Biblia, en el Libro del Génesis, cuando narra la creación del mundo y del Hombre, nos dice que al séptimo día, Dios descansó. Crea el mundo en seis días, y el séptimo descansa. Y me pregunto cómo sería ese “descanso de Dios”, en que habrá consistido.
Nosotros muchas veces estamos esperando el descanso anual, o quizás aquel del día en que no debamos ya levantarnos todos los días para ir a trabajar, y poder “descansar”. Claro, también vemos a muchos que le ha llegado ya esa etapa y no pueden estar en un descanso permanente, en una “siesta perpetua”. Entonces me pregunto, qué es descansar. Quizás el deseo de descansar de una vez por todas de nuestros trabajos, tenga que ver que muchas veces nos toca realizar trabajos que no nos gustan, que debemos hacerlos, pero que no nos llenan plenamente, que en definitiva no “amamos”.
Por eso, pienso que el descanso de Dios, después de crear el mundo, al que crea por su inmenso e infinito amor, el momento del descanso habrá sido un tiempo de “disfrutar” lo que había hecho, un momento de seguir “amando” totalmente eso que había realizado.
Nuestro sentido del descanso muchas veces es un “por fin dejo de trabajar”, y quizás no pueda disfrutar del momento del descanso como debiera, tal vez porque no hemos aprendido el verdadero sentido del descanso, que es el de poder seguir amando y disfrutando de lo que tenemos, de lo que hemos hecho.
Cuando decimos que Dios al séptimo día descansó, no hizo otra cosa que seguir amando y admirando el mundo que había creado, y disfrutaba con ello, es decir siguió amando.
Cuando hablamos de nuestros descanso definitivo, ese que llamamos “descanso eterno”, ¿que será? ¿El no hacer más nada? No, estaremos para siempre con Dios, el AMOR, y viviremos en y de ese Amor para siempre. Se me ocurre que en ese momento vamos a amar mucho más que aquí.
Por eso, que nuestro descanso sea para disfrutar más de lo que hemos hecho, de lo que tenemos, de las personas que nos rodean, sea que vayamos a un lugar a admirar la naturaleza que Dios nos ha dado, o se que nos quedemos en casa y podamos compartir más y de una manera distinta con quienes vivimos, y que nos cuesta hacerlo durante el año con todo el ritmo que se vive.








