
Romualdo, Santo
Memoria Facultativa, 19 de junio …
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¡Si alguno te golpea en la mejilla!
Santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42. Lunes XI del Tiempo Ordinario
Por: Hiram Samir Galán Jaime, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, vengo ante ti, vengo ante tus pies, quiero ver tu rostro, Señor; muéstrame la belleza de tu amor y eso me basta para poder renunciar a todo aquello que no seas Tú.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 38-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Qué duras son estas palabras. Cualquier persona que las escucha siente un rechazo a este mensaje, sobre todo cuando se es víctima de un abuso o una injusticia.
Pero dejando a un lado la natural sensación, podemos considerar esto, ¿acaso no padeció más injusticias, más abusos Aquél que es verdaderamente santo? ¿No sufrió más, sin tener culpa alguna, Aquél que de verdad era puro e inmaculado? No sólo puso la otra mejilla a quienes lo golpeaban, sino que les entregó su vida misma.
Entonces, ¿quiénes somos? ¿Somos acaso más dignos de respeto y justicia que Jesús? ¿Quiénes somos para rechazar la cruz cuando nos llega a nuestras vidas? Ciertamente es de humanos el dolor, pero dejarse hundir por el sufrimiento, eso es diferente. Eso es desconfiar del amor providente de Dios que siempre vela por nosotros, aun cuando no lo logremos entender lo que acontece.
Jesús, no permitas que los sufrimientos que pueda padecer en esta vida queden sin mérito, sin fruto. Tómalos y transfórmalos en bendiciones para mi familia y mis seres queridos.
«¿Se puede perdonar totalmente? Es una gracia que debemos pedir al Señor. Nosotros, por nosotros mismos, no podemos: hacemos el esfuerzo, tú lo has hecho; pero es una gracia que te da el Señor, el perdón, perdonar al enemigo, perdonar al que te ha herido, al que te ha hecho daño. Cuando Jesús en el Evangelio nos dice: “Al que te golpee en una mejilla, preséntale también la otra”, quiere decir esto: dejar en las manos del Señor esta sabiduría del perdón, que es una gracia. Pero a nosotros nos toca poner todo de nuestra parte para perdonar».
(Diálogo con jóvenes italianos del Papa Francisco, 27 de julio de 2016)
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Dedicaré un momento de mi día a meditar en la pasión de Cristo para luego hacer una oración especial por esa persona que me ha ofendido.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Poner la otra mejilla, ¿cómo debo entender esto?
El discípulo de Cristo habrá de tener un espíritu de benevolencia y caridad tal que pueda «vencer el mal con el bien».
Por: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: TeologoResponde.org

Pregunta:
Estimado Padre: Cuando Jesús dice que si alguien nos golpea debemos poner la otra mejilla ¿Cómo debe entenderse esto? Si alguien agrede físicamente a otro, ¿no tiene éste derecho a defenderse? Gracias.
Respuesta:
Estimado:
1. Poner la otra mejilla
Ante todo, el sentido de «poner la otra mejilla» debe entenderse en el contexto del discurso de la Montaña en que Jesucristo reforma la «ley del talión» (cf. Mt 5,38-42)
Jesucristo toma por tema la ley del talión, que se hallaba formulada en la ley judía: «habéis oído -en las lecturas y explicaciones sinagogales- que se dijo (a los antiguos): ojo por ojo y diente por diente» (cf. Manuel de Tuya, Biblia comentada, BAC, Madrid 1964, pp. 119-122).
Lo que Cristo enseña, en una forma concreta, extremista y paradójica, es cuál ha de ser el espíritu generoso de caridad que han de tener sus discípulos en la práctica misma de la justicia, en lo que, por hipótesis, se puede reclamar en derecho.
Por eso frente al espíritu estrecho y exigente del individuo ante su prójimo, pone Cristo la anchura y generosidad de su caridad. ¿Cuál ha de ser, pues, la actitud del cristiano ante el hombre enemigo? «No resistirle», no por abulia, sino para «vencer el mal con el bien» (Rom 12, 21).
Pero la doctrina que Cristo enseña va a deducirse y precisarse con cuatro ejemplos tomados de la vida popular y cotidiana y expresados en forma de fuertes contrastes paradójicos, por lo que no se pueden tomar al pie de la letra. Estos casos son los siguientes:
a) Si alguno te abofetea en la mejilla derecha, muéstrale también la otra. La paradoja es clara, pero revela bien lo que lo que debe ser la disposición de ánimo en el discípulo de Cristo para saber perdonar.
b) Al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. Ante esto, se le promete por Cristo ceder también de buen grado su túnica. La crudeza a que llevaría esta realización hacer ver el valor paradójico de la misma. La enseñanza de Cristo es ésta: Si te quisiera quitar una de las dos prendas únicas o necesarias de tu vestido (de lo necesario o casi necesario a la vida), que no se regatee; que haya también una actitud, en el alma, de generosidad, de perdón, que se manifestaría incluso, como actitud, hasta estar dispuesto a darle también todo lo que se pueda.
c) Si alguno te requisa por una milla, vete con él dos. Esta sentencia de Cristo es propia de Mateo. La expresión y contenido de «requisar» es de origen persa. Y se expresa esto con el grafismo del caso concreto. Si se requisa por «una milla» (que es el espacio que los romanos señalaban con la «piedra milaria» = 18000 m.) habrá de responderse generosamente ofreciéndose para una prestación doble. La misma duplicidad en la fórmula hace ver que se trata de cifras convencionales. La idea es que la caridad ha de mostrarse con generosidad, enseñado por Cristo con un término técnico.
d) Da a quién te pida y no rechaces a quien te pide prestado (Lc. 6, 30). Teniéndose en cuenta el tono general de este contexto, en el que se acusan exigencias e insolencia por abuso (la bofetada, el despojo del manto, «la requisa»), probablemente este último ha de ser situado en el plano de lo exigente. Puede ser el caso de una petición de préstamo en condiciones de exigencia o insolencia.
El discípulo de Cristo habrá de tener un espíritu de benevolencia y caridad tal, que no niegue su ayuda -limosna o préstamo- a aquel que se lo pide, incluso rebasando los modos de la digna súplica para llevar a los de la exigencia injusta e insolente. El discípulo de Cristo deberá estar tan henchido del espíritu de caridad, que no deberá regatear nada por el prójimo como a sí mismo.
¿Cuál es la doctrina que se desprende de estos cuatro casos en concretos que utiliza para exponerla?
Igualmente en estos cuatro casos hay que distinguir la hipérbole gráfica y oriental de su formulación y el espíritu e intento verdadero de su enseñanza.
Y para esto mismo vale la enseñanza práctica de Jesucristo.
Así cuando el sanedrín lo procesa y cuando un soldado le da una bofetada, no le presenta la otra mejilla, sino que le dice: «Si he hablado mal, muéstrame en qué, y si bien, ¿por qué me abofeteas?» (Jn. 18,22.23).
La pedagogía de Cristo y de Pablo muestran bien a las claras que esta enseñanza no tiene un sentido material, Si en la hagiografía cristiana, (la vida de los santos), llegó el celo a alguno a practicar literalmente estos mandatos, fue ello efecto de un ardiente espíritu de caridad que se llegó a desbordar, incluso en el gesto.
2. La legítima defensa
La doctrina católica está expuesta en el Catecismo nn. 2263-2267:
«La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor… solamente es querido el uno; el otro, no» (Santo Tomás de Aquino).
El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal: «Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita… y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro» (Santo Tomás de Aquino).
La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.








