| El Santo de hoy |
Roberto Belarmino, Santo![]() Cardenal y Doctor de la Iglesia, 17 de septiembre |
Hoy también se festeja a:
Sátiro, Santo
Hildegarda de Bingen, Santa
Francisco María de Camporosso, Santo
Querubin Testa de Avigliana, Beato
Roberto Belarmino, Santo
Amigos todos, siguiendo la dinámica de San Juan Pablo II de : «No hay que separar fe y vida», les compartimos éste interesante artículo de una Dama de 25 años. Texto centrado y reflexivo sobre el «patriorismo» que vivimos en Guatemala, para muchos bastante falso y de un mes al año, lo cual hace imposible crear un país verdaderamente democrático, justo y avanzado.
Es por demás importante que como Cristianos hagamos algo, no dejemos a las manos de otros lo que nos corresponde, como decía San Benito: «Ora et Labora» (ora y trabaja); es un error pensar aquello que «Jesús es la solución para Guatemala», si fuera obra de Jesús componer la situación del país, seríamos la primera potencia mundial, Dios deja en todo lo que hace el sello de la excelencia, no trabaja con «chapuces o mediocridades»; la solución que puso Jesús para Guatemala somos los guatemaltecos , como los chinos para China, los alemanes para Alemania, etc… Así como en la bella obra de mi Cristo roto (que pueden encontrar en la sección de links de interés de la web de la Virgen del Camino), Jesús no tiene brazos, piernas, porque nosotros somos sus brazos y piernas!!
Reflexionen uds. estimados amigos:
¿Quién diablos mató mi patriotismo?
No salgo a ver “Las Antorchas”, tampoco compro banderitas para el carro. No me pinto la cara con los colores azul y blanco, ni me pongo la camisola. Mis publicaciones en facebook y twitter no son las más alegres y positivas, mucho menos subo la bandera a mis fotos de perfil. Y, ¿quién me recuerda por leerme con tan acentuada expresión: ¡QUE VIVA LA INDEPENDENCIA!? NADIE porque no lo he hecho. ¿Quién diablos mató mi patriotismo?
En cambio, otros no pierden el patriotismo ni el amor por Guate. Algunos papás a pesar de los atareados quehaceres diarios hacen tiempecito para buscar el traje de “indito” para la actividad del colegio. Qué bellos se ven los patojos. “Hacéle la trencita”, “pintále el bigotito”. No puede faltar la foto con aquellos disfraces como si fuera un día de Halloween.
Las escuelas emocionadas con tanta actividad cívica, paran a los niños bajo el sol para cantar aquel himno que aún no memorizan del todo. “Que tu pueblo con ánima fiera antes muerto que esclavo será. Nuestros padres luch…ehhh… De tus viejas y duras cadenas”. Todos se presentan peinaditos en los lunes cívicos para jurar a la bandera con esas palabras que ni sus propios maestros comprenden, ¿perenne?, ¿excelsitud? (ya va a ser hora de recreo, ya mero). Y qué decir de jugar al mercadito porque eso es lo que es, un juego ¿no?
“Cht cht, niño, ¿qué valen las banderitas de Guate? Rápido, dame dos antes que el semáforo cambie a verde” “Pitale, pitale, es una antorcha, qué alegres se ven los patojos”. Aún recuerdo haber visto en la tele el año pasado a una presentadora entrevistando a un joven sudado que recién llegaba al Obelisco para encender su antorcha. —¿Dime cómo te sientes? —Entre gritos interrumpidos por la fatiga exclamaba —¡Aquí felices de celebrar el ciento noventa y… noventa y dos aniversario de mi querida Guatemala!, ¡Que viva la independencia! (se le unían al coro sus amigos sudados) ¡Guate! ¡Guate! UUUUUUUU—. Pero yo no sudo corriendo con antorcha en mano, ni compro banderitas, ni pito a los que van rumbo al Obelisco. ¿Quién diablos mató mi patriotismo?
Algunas familias van a lugares donde tocan marimba porque eso es lo que se hace en septiembre. Hay que comer comida típica y hasta escuchar el discurso patriota del presidente que interrumpe la programación regular. Canillitas de leche, cocadas, ferias… AYAYAYAYAYYYY QUE BONITA ES ESTA VIDA (siga cantando).
Pero aquellos papás que visten a sus patojos con esos trajes de “inditos” son los mismos que ya no van a Miraflores porque se llenó de shumos y choleros (sigo sin comprender si son sinónimos). La discriminación y el racismo aún los caracteriza. Los niños nunca supieron de qué pueblo era el traje que vestían y por qué se le llama a esa vestimenta típica.
En la escuela los alumnos nunca llegaron a comprender la letra del himno, solo la memorizaron (porque es otra de las tareas como aprender a leer y escribir). Tampoco les hicieron ver que ese “juego” del mercadito es una realidad que viven muchos guatemaltecos. Que la situación agraria sigue sin resolverse desde 1954 y que en el peor de los casos condena a esos “inditos” a menos de un dólar por día para alimentar a una familia de seis.
El que compró las banderitas en el semáforo quizá no ha tomado conciencia de que el niño de 6 años que las vende dejó de ir a la escuela porque su padre comprendió que la educación no es una necesidad biológica, pero sobrevivir sí. Que como él hay miles de niños que por diversas razones no reciben educación.
Aquel joven que corre eufórico junto a sus amigos directito al Obelisco para encender la antorcha no ha tomado conciencia que sigue exaltando a una patria que se ha esforzado por no darle educación. Porque a un pueblo educado, ¿quién lo manipula? Aún no sabe que dentro de las políticas de Estado la represión ha sido más importante que promover espacios de recreación. Que llevar un tatuaje, aretes y ropa holgada viviendo en una zona roja es motivo suficiente para que la policía los baje de las camionetas y los registre cual criminales peligrosos (y le va peor si es un “chocochavo”, es decir de piel morena). Que a las mujeres les es imposible andar por la calle en vestidos cortos porque las pueden violar (lo más probable es que sea su culpa por provocar). Que no es casualidad que en el área rural las jóvenes de mi edad (25 años) ya vayan en su tercer embarazo.
Entre los 14 millones de habitantes de este país llamado Guatemala, tal vez un 90% de población que celebra el día de la independencia sabe que el 15 de septiembre de 1821 logramos quitarnos de encima el poderío de los españoles. Pero no saben que las estructuras de injusticia, racismo y desigualdad permanecieron. Que en el fondo nada cambió y que si leemos algún libro (La Patria del Criollo, por ejemplo) entenderíamos mucho de la realidad nacional. Que la independencia solo deben celebrarla unos cuantos que lograron quitarse a los españoles de encima para gobernar. Esos mismos que controlaron las plantaciones de algodón, café, azúcar y las principales producciones agrícolas durante el siglo pasado cerciorándose de que nada cambiara. Esos mismos que se empeñaron en truncar la esperanza de Guatemala, esa pequeña luz que nació en 1944 cuando se creó entre tantos proyectos de nación una oportunidad para que el campesino saliera adelante, una oportunidad de desarrollo económico (no crecimiento económico).
¡Ahora ya sé quién diablos mató mi patriotismo! NADIE. Porque nunca ha existido. Porque el sentimiento es pura emoción de 30 días, de esa que acompaña a la selección cuando gana y la insulta cuando pierde.
Y si de pronto repetir la jura a la bandera devuelve el patriotismo, los invito a que levanten su mano derecha a la altura del hombre y repitan (y de paso reflexionen) conmigo:
Bandera (no tan) nuestra,
a ti juramos (ojalá usted no sea cristiano porque acaba de pecar, y créame que su juramento sí está siendo en vano)
devoción perdurable,
lealtad perenne (no la que se le da a los partidos políticos a cambio de una curul),
honor, sacrificio y esperanza (solo si beneficia económicamente, dicen)
hasta la hora de nuestra muerte.
En nombre de la sangre y de la tierra (¿cuenta la sangre de los miles de indígenas masacrados durante el conflicto armado?),
juramos mantener tu excelsitud (¿seguros que esa palabra existe?)
sobre todas las cosas;
en los prósperos días (no aplica para más del 50% de la población en pobreza),
y en los días adversos,
velar y aun morir (que violentos muchá),
porque ondees perpetuamente
sobre una patria digna (defina “digna” y repita de nuevo desde “velar”).
Saludos dos
Pueden encontrar el artículo original ene l siguiente link:
http://elsalmon.org/quien-diablos-mato-mi-patriotismo/
Acerca del Autor:
Soy una mujer libre, amante de la justicia social. Mi lugar preferido siempre está en la naturaleza rodeada de árboles, ríos, montañas y volcanes. Las aventuras extremas siempre son mi debilidad. En mi título dice que soy Politóloga. Creo en la política, sí, en la política, no en esta politiquería de hoy y de antes. También soy de esas pocas que aún le tiene fe a esta sociedad y a la posibilidad de enderezar nuestro camino (no, no hablo de religión). Por ello, estoy consciente que mi voz tiene poder, y en la medida que pueda quiero ayudar a otros a que piensen lo mismo. Creo que escribir contribuye a despertar conciencias y a generar debate. Por eso grito, grito entre estas letras para que afín o no a mis pensamientos, TODOS puedan expresarse y ser más tolerantes, menos masa y más críticos.








