Estimados amigos, estamos de vuelta con las cápsulas de fe que les enviamos semanalmente a sus correos, disculpen la semana pasada estuvimos ausentes pero ya estamos de nuevo y como siempre con más ganas, bendiciones!!
La viuda de las dos monedas
Tiempo Ordinario
Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Lucas 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.
Oración introductoria
Señor, contemplando el ejemplo de la viuda pobre del Evangelio, quiero ofrecerte mi vida entera, quiero entregártela sin reservas, como lo hizo la Virgen María. Concédeme tu gracia en esta oración para que este ofrecimiento sea una realidad al darte todo mi amor y todo mi ser, con alegría y generosidad.
Petición
Señor, enséñame a darlo todo por Ti y por los demás, con alegría, generosidad y caridad.
Meditación del Papa Francisco
Pero los pobres –y este es el tercer punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. ¡Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres!
Un santo del siglo XVIII, Benito José Labre, que dormía en las calles de Roma y vivía de las limosnas de la gente, se convirtió en consejero espiritual de muchas personas, entre las que figuraban nobles y prelados. En cierto sentido, los pobres son para nosotros como maestros. Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y la confianza en Dios. En la parábola del fariseo y el publicano, Jesús presenta a este último como modelo porque es humilde y se considera pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o nada, da todo» (S.S. Francisco, Mensaje para la XXIX Jornada mundial de la juventud, enero 2014).
Reflexión
¡Qué hermosos ojos tiene nuestro Redentor que tan bellamente posa su mirada en cada uno de nuestros actos! A Cristo no le es indiferente cuanto podamos hacer, sobre todo, cuando son pequeñas menudencias que sólo Él ha visto y que sabrá premiar en su debido tiempo.
Hay en la escena algunos ricos echando grandes cantidades de dinero para Dios. Es lo que significa su ofrenda al Templo. Está lejos de Él una condena a los ricos, como alguna literatura ha querido ver en este y otros pasajes. Al contrario, seguramente se sintió a gusto al ver cómo los que cuentan con los medios necesarios, ponen en práctica la hermosa virtud de la magnificencia. ¡Qué sería del Templo, de las grandes obras de la Iglesia si no hubiera gente generosa a lo grande! Además está muy lejos de Cristo esa clase de favoritismos por unos o por otros. Y es que Dios no mira las apariencias como los hombres.
Precisamente porque no mira las apariencias se impresionó por el gesto de esa mujer pobre. Lo ha dado todo para Dios, ¡todo lo que tenía para su existencia! Y Cristo no se ha quedado indiferente ante tan grandioso gesto. Si hasta lo ha comunicado a sus apóstoles como diciendo: “aprended de esa mujer lo que es creer de veras en Dios”. Darlo todo. Y hay tanta gente que lo da todo en nuestro mundo del siglo XXI y, quizás sería importante abrir más los ojos y no dejarnos impresionar por las apariencias sino mirar con la mirada de Cristo y obrar con la generosidad de esa viuda. Porque para Dios ella no ha quedado desamparada. Porque a los que así obran Dios no los abandona sino que se conmueve de amor ante sus pequeños actos de generosidad. Pensemos sólo que gracias a ese pequeño acto de la viuda ella sigue siendo hasta ahora modelo para nosotros.
Propósito
No ofrecer lo que me sobra, tomar ejemplo de la viuda que da todo lo que tenía para vivir, y así se da a sí misma. Dar mi tiempo al escuchar con antención, acompañar, ayudar, agradecer, servir a los demás.
Diálogo con Cristo
Señor, no te puedo dar nada que no haya recibido de Ti, por lo que pongo en tus manos mi amor y mi total dependencia a tu voluntad. Con tu gracia podré vivir desprendido de las cosas y sabré darme con más generosidad y más amor a los demás.
Claves para explicar la violencia en el mundo a los niños
Por: Gisela Zapata | Fuente: www.hacerfamilia.com

Las imágenes violentas, de guerras, de conflictos y de terrorismo que los niños ven en la televisión, en el periódico, los comentarios que escuchan de nosotros, en el colegio y en la calle, generan en los niños desesperanza, inseguridad y también acrecientan impulsos agresivos, como respuesta a la tensión e incertidumbre.
La actualidad pasa a toda velocidad las imágenes y las noticias de la violencia en el mundo, pero deja un poso, sobre todo en los niños: el miedo. Temen, tememos, que nos pase a nosotros.
La cruda realidad de la violencia en el mundo
Entre los 8 y los 12 años, los niños están en una edad en la que comienzan a reflexionar, a hacerse preguntas, a valorar lo que es justo e injusto, y nosotros, los padres, tenemos que acompañarles en esa reflexión y en esa formación, ayudarles a tener espíritu crítico. Se encuentran en un periodo evolutivo en el que distinguen y separan la realidad de la fantasía.
Por eso, este proceso de «abrirse a la realidad más cruda del mundo» debe realizarse con información adecuada, educativa y sin crudeza pesimista o tremendista. La angustia tiene una cara negativa que lleva a la desesperación, pero tiene otra positiva, que nos hace ponernos en marcha y salir de nosotros mismos. Esa es nuestra esperanza.pueda entender ni menos de lo que necesite.
Cómo dar explicaciones a los niños sobre la violencia y las guerras en el mundo
Ante las preguntas de los niños sobre la violencia en el mundo, el por qué de las guerras y de los enfrentamientos armados, los atentados…, saber cómo debemos reaccionar los padres es fundamental para evitar alimentar su miedo.
1. Decir la verdad: a los niños no se les debe ocultar qué ocurre en el mundo, no debemos engañarles diciéndoles que las guerras, los conflictos, la violencia y el terrorismo no existen. Buscan en sus padres una explicación de lo que ven, escuchan en la calle, entre sus compañeros. Nosotros además, también debemos exponerles la realidad de la vida, del mundo. Evitar contarles que existen tragedias, no es bueno para ellos. Les estaremos ocultando la realidad. Así, debemos explicarles las cosas de la manera que lo entiendan sin que les genere angustia. Siempre hay que adelantarse y explicarles lo que ha ocurrido a que se enteren por otro lado.
2. Con cariño y sin crudeza: la mente de un niño es todavía sensible, inocente. Por eso, busca respuestas reales, pero no descarnadas, ni frías, ni trágicas, ni negativas. Siempre anhela esperanza y optimismo. Así es como debemos explicarles las cosas, con calma y sin dramatismos, aunque en ocasiones nosotros veamos la realidad muy negra. Frases como «este mundo no tiene solución, no estamos seguros en ninguna parte», no ayudarán a nuestros hijos, todavía vulnerables, que buscan en nosotros refugio y estabilidad. La manera con que nosotros nos enfrentemos al problema, les influenciará totalmente.
3. Sin demasiadas imágenes: para explicarles la realidad, no es necesario que tengan que observar explícitamente en la televisión o en el periódico las guerras, los muertos, el dolor.. En cualquier caso, también hay que ir conociendo a nuestros hijos. No es lo mismo que vea las imágenes de «niños-soldado» con 7 años, que con 12. También hay que conocer su carácter, cómo se impresiona y como le afecta. En cualquier caso, los especialistas apuntan que siempre es mejor explicarles los sucesos, los actos de terrorismo antes que ver esos hechos por la televisión. Y además, los informativos actuales, tan sensacionalistas, no son la mejor manera para explicar a nuestros hijos de estas edades la violencia en el mundo. A partir de los 10 años, iremos observando a nuestro hijo si está preparado para ver un telediario en el que han muerto varios niños por un acto terrorista.
4. Sin causarles frustraciones ni odio: tampoco podemos explicar a nuestros hijos que hay gente horrible que ponen bombas sin ningún escrúpulo. Les causaremos terror e inseguridad. El mal existe y hay personas que hacen cosas malas, que**están enfermas, pero hay muchas más personas buenas que no quieren hacer daño a los demás. Por esta razón, el expresar opiniones pesimistas y discriminatorias acerca de otros países, de los inmigrantes, de otras personas, etc., repercute negativamente en los niños. Producen sentimientos de desesperanza, acrecientan el miedo, incentivan la violencia e impiden al niño imaginar soluciones constructivas y confiar en su país.
5. Dejándote que te pregunte: déjale que saque de su mente todo lo que le aterra, todo lo que le preocupa o le ha causado temor. Ayúdale a reflexionar, a tranquilizarse y a preguntarse por el mal y por el bien. Si observas que su comportamiento es más agresivo, es posible que reaccione así por miedo a la situación y lo mejor será conversar con él sobre lo que siente y piensa.
Gisela Zapata. Psicoterapeuta.
Asesoramiento: Carlos Goñi y Pilar Guembe, profesor y pedagoga, y autores del libro ¡Es fácil ser padres!
Más información en el libro Libertad y tolerancia en una sociedad plural. El arte de convivir. Autor Alfonso Aguiló.
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