
Rosalía, Santa
Virgen, 4 de septiembre…
- Hoy también se festeja a:
- • María de Santa Cecilia Romana (Dina Bélanger), Beata
- • Pedro Sánchez Barba, Beato
- • Buenaventura Muñoz Martínez, Beato
- • Nicolás Rusca, Beato
- • Catalina Mattei de Racconigi, Beata
¡Dale hoy la oportunidad a Cristo!
Santo Evangelio según San Lucas 4,16-30. Lunes XXII de Tiempo Ordinario.
Por: Javier Castellanos, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
«A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.
Tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí;
Ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve,
Tú que eres mi roca y mi baluarte; por Tu nombre dirígeme y guíame.
A tus manos encomiendo mi espíritu: Tú, el Dios leal, me librarás.» (Salmo 30)
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4,16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, y encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: «Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír». Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: «¿No es éste el hijo de José?». Jesús les dijo: «Seguramente me dirán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm’ «. Y añadió: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria». Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de la montaña, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
¡Hoy se cumple la Escritura. Realmente. Cristo quiere cumplir todas estas profecías en mi propia vida. Él está aquí, frente a mí, ungido con el Espíritu que renueva todas las cosas. Él quiere tocar mi vida y transformarla, traer la redención precisamente en ese lugar de mi alma que necesita la gracia de Dios.
Él quiere llenar la pobreza del mundo con el tesoro del Evangelio. Él quiere devolver la vista a quien se siente a oscuras. Él quiere poner en libertad a todos los oprimidos y cautivos por el error y el pecado. A todos nos cuesta reconocernos limitados e imperfectos, pero podemos tener plena confianza delante del mejor Amigo. Abramos nuestro corazón a Él y compartamos con Cristo cuáles son nuestras pobrezas, nuestros puntos de oscuridad y confusión, aquello que nos oprime o esclaviza, impidiéndonos ser libres para amar a Dios y a nuestros hermanos. Si Él quiere y puede salvarnos, ¿por qué no darle la oportunidad de hacerlo?
Tal vez no nos cuesta tanto abrir nuestro corazón. Y entonces, sin querer, podemos poner un segundo obstáculo: refugiarnos en la rutina. Cuando decimos que ya conocemos a Jesús demasiado bien, que ya sabemos qué podemos esperar de Él, entonces nos hemos hecho un Jesús a nuestra medida, y no es ya el verdadero Jesús. Porque Jesús es un amigo impredecible. Le gusta romper esquemas y preparar sorpresas. Le gusta sacar la bendición ahí donde abundaban problemas, hacer de la cruz la fuente de la vida, convertir en gozo lo que era oscuridad y dolor. Pero para esto hay que confiar incondicionalmente, que significa firmarle el cheque en blanco. Significa no huir de la oscuridad, la cruz o los problemas, sino afrontarlos con la esperanza puesta en su amor y su gracia. Hay que actuar en esas situaciones poniendo lo mejor de nosotros mismos, pero sabiendo que Él también pondrá lo mejor de su parte. Para el hombre y mujer que confía, Él cumple todas sus promesas de redención.
«La Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir «Evangelio»: como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. Cohesiona todo porque es alegre en sí mismo. La Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión. Lo sabe el que experimenta «la dulce y confortadora alegría de anunciar»».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de abril de 2017)..
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré acercarme a algún compañero o compañera de trabajo que vea alejado o excluido para trasmitirle la Buena Noticia del Evangelio.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Servir a los pobres
Educar desde los pobres: una nueva perspectiva social
Por: Moisés Matamoros | Fuente: yoinfluyo.com

Hablar de los pobres no es lo mismo que hablar de la pobreza. En los pobres encontramos rostros, nombres, historias, dolor, sufrimiento, pero también esperanza de cambio.
La educación desde los pobres y no solo para los pobres no es solamente una manera de orientar las prioridades de servicio, sino que debe ser, tras las huellas de la humanidad justa, una verdadera escuela de coherencia.
Servir a los pobres es un acto de humanización y, al mismo tiempo, signo de autenticidad ética y estímulo de conversión permanente para la sociedad, puesto que cuando uno se abaja a lo más bajo de sus prójimos, entonces se eleva admirablemente a la más alta caridad (San Gregorio Magno).
Los pobres son nuestros maestros, son nuestros jueces. En ocasiones poco nos ponemos en su lugar para considerar el destino del quehacer educativo, desde sus realidades, sus necesidades, sus criterios y sus anhelos.
Solidaridad, capacidad festiva, su propia fragilidad, el vivir sin cuentas ni seguros los hace desinstalados, generosos, libres, esto nos lleva a creer que los pobres son creadores de futuro. Tener conciencia de que ellos son los verdaderos agentes de cambio, fuente de dinamismo para todos. Querer con todo, colaborar en cambiar las estructuras de la historia.
Los pobres son prioridad. En nuestros criterios prácticos, ¿tienen prioridad, las necesidades de los pobres, de los menos dotados?, ¿cuáles son nuestros criterios de admisión y permanencia? Porque la gran evaluación docente es nuestro actuar. Es buena señal si los pobres nos escogen y se hallan bien con nosotros, sea cual sea nuestra oferta educativa. Pero si más bien los alejamos, los asustamos o más aún los ofendemos, estamos categóricamente llamados a revisar nuestros criterios de puertas abiertas.
Los pobres representan el propio estatuto ontológico-creatural de todo hombre. Ser criatura es originariamente, no tener. Es recibir incesantemente De Dios la esencia y la existencia. Habiéndolo recibido todo de Dios y siendo propiedad y don de Dios, todo debe convertirse en don para los otros. Pobre no es sólo el que recibe sino también aquél que da y lo hace sin límites.
Servir a los pobres en una sociedad como la nuestra significa oponerse activamente a caer en el espíritu consumista, haciendo uso de las cosas de tal manera que nos permita constantemente recordar y vivir los valores como únicos, absolutos y necesarios al prójimo, especialmente hacia los que educamos.
En un mundo como el nuestro marcado por las desigualdades cada vez mayores, en el que anualmente mueren de hambre de 40 a 50 millones de personas, en donde tantas personas quedan excluidas de los beneficios económicos, en donde surgen nuevas pobrezas, debe darnos vergüenza aplicarnos a la ligera el título de pobres. Sin embargo el ser distintos no imposibilita el ser pobres y solidarios con los pobres, sino que nos invita a poner esa diferencia a su servicio.
El Padre Kolvenbach, antiguo prepósito general de los jesuitas, en un encuentro con los antiguos alumnos de Bolivia en el año 2001 hablaba de la presión tremenda a la que se ven sometidos los centros educativos en la jungla globalizada en la que nos movemos, en la que sólo sobreviven los más preparados y añadía: “Naturalmente tenemos que preparar a nuestros estudiantes para que puedan competir en el mercado y asegurarse uno de los relativamente escasos puestos de trabajo disponible. Pero si éste es el único criterio que tenemos para evaluar nuestras instituciones, podemos considerarnos como fracasados… Si lo que logran es simplemente convertirse en hombres y mujeres «para sí mismos y los suyos», y no «para los demás», especialmente para los pobres y excluidos, nuestra educación no habrá conseguido su objetivo, no habremos educado para la justicia”.
En aras de que reubiquemos una retórica que sea vivencial, con especial atención a los gritos silenciosos de quienes claman justicia y de quienes por derecho les corresponde un lugar digno en este mundo; seamos valientes cada vez que nos corresponda decidir en torno a los más vulnerables. Que sean nuestras determinaciones en pro de su crecimiento, de su madurez, de su inclusión. Seguro lograremos espacios más dignos, más humanos, incluso más evangélicos.








Hubo una vez un gran millonario que ofreció la mitad de su fortuna al que le dijera de corazón que no quería ser feliz. Esperó varios meses y nadie se le acercó. Está claro que todo hombre quiere y busca ser feliz, pues es algo que tenemos por naturaleza. A veces encontramos personas que dicen que son absolutamente felices; algunas de ellas tendrán mucho dinero y otras no tendrán nada. Así nos podemos preguntar ¿qué es la felicidad?, ¿cómo podemos ser felices? y ¿cómo podemos ayudar a otros a ser felices?