[box type=»info»] Compartimos el «Calendario de Adviento con Acción 2016, 28 desafíos» de Católicos en Acción, para que puedas vivir un Adviento y Navidad diferentes!![/box]

Obispo y Mártir, 29 de noviembre …
Hoy también se festeja a:
- • Bernardo Francisco de Hoyos, Beato
- • María Magdalena de la Encarnación, Beata
- • Redento de la Cruz (Tomás Rodríguez), Beato
- • Dionisio de la Natividad (Pedro Berthelot), Beato
- • Alfredo Simón Colomina, Beato
Sólo los sencillos ven la realidad
Por: H. Javier Castellanos LC | Fuente: www.missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Ayúdame, Señor, a acercarme a Ti en esta oración con sencillez y un corazón abierto. Enséñame a reconocer tu rostro detrás de todo lo que vas haciendo en mi vida, y ayúdame a corresponder a tu amor por mí.
Señor Jesús, muéstranos al Padre. Padre, danos a conocer a tu Hijo.Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según Lucas 10, 21-24
En aquella misma hora Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: «¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Pocas cosas son más sorprendentes como la maravilla que produce un descubrimiento. Se puede ver en la mirada iluminada de un niño que aprende algo nuevo. Incluso hay bebés que son todo ojos, como si no tuvieran otra sed que la de abrir su alma entera al mundo.
¿Qué pasaría si nos ofrecieran el descubrimiento más grande, aquel que nuestra alma anhela desde el nacimiento? Pues bien, Cristo lo prometió a sus discípulos. Más aún, Él nos dice hoy en el Evangelio cómo conocer a su Padre. ¡Es tan sencillo –y tan complicado– como ser sencillo!
Nada hay tan sencillo como ver. Nadie ha ido a clases para ello. Simplemente abrimos los ojos y está allí, “a simple vista”. Por eso quiso Dios hacerse visible, por eso se hizo hombre, alguien de carne y hueso. Con un rostro, con un color de ojos y de cabello muy concreto, con manos, con pies… Verdaderamente hombre, siendo Dios; y verdaderamente Dios, siendo hombre. Ése es Jesucristo. Y Él dijo a sus apóstoles: “Quien me ve a mí, ve al Padre.”
Cuentan que el Cura de Ars veía frecuentemente a un campesino rezar en la iglesia. Pasaba largos ratos frente al Sagrario y parecía tener un verdadero encuentro con Dios. Así que el Cura de Ars se acerca y le pregunta cómo era su oración. ¿Qué hacía durante horas y horas? La respuesta fue corta: «Nada. Yo lo miro, y Él me mira.» Y seguramente ese campesino había descubierto más cosas de Dios que mucha gente de letras…
Que nuestra oración de hoy sea ésta: mirar a Cristo. Pidamos una fe sencilla para poder verlo. Frente al Sagrario, donde está realmente, o bien frente a un crucifijo o alguna otra imagen de Él. Allí haremos el descubrimiento más grande que puede hacer el hombre.
«El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor.»
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de septiembre de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Invitaré a alguien a visitar la Eucaristía en alguna parroquia o iglesia cercana.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Un personaje de las Crónicas de Narnia existió en la vida real
Por: ACI Prensa | Fuente: ACI Prensa

La reina Lucy es uno de los personajes más importantes de la saga de fantasía Las Crónicas de Narnia, escrita por CS Lewis. Ella fue la primera de los cuatro hermanos Pevensie en descubrir el mundo de Narnia donde vivió increíbles aventuras. Lo que pocos saben es que ella existió en la vida real: fue una beata italiana que recibió los estigmas.
El personaje está inspirado en la mística Lucía de Narni. La traducción al inglés de Lucía es Lucy; y Narni es una ciudad ubicada entre Asís y Roma en Italia.
El biógrafo de CS Lewis, Walter Hooper, explica que el escritor visitó Narni y como le gustó el nombre en latín (Narnia), decidió usarlo para su mundo de fantasía.
Así como Lucy de Narnia creyó en Aslan, el personaje del león que puede entenderse como una representación de Cristo en el libro, Lucía fue una niña muy piadosa que tuvo una fe muy grande que resistió las diversas adversidades por las que atravesó.
Lucía nació en Narni a finales del siglo XV en el seno de una familia noble. De niña se dedicaba a orar y se entretenía decorando altares y orando.
Cuando tenía cinco años estaba rezando ante la imagen de la Virgen en una iglesia y le pidió que le diese al niño que llevaba en brazos. El niño de piedra se convirtió en uno de carne y Lucía lo cuidó durante tres días hasta que este regresó por sus propios medios a su sitio en el templo.También tuvo muchas visiones donde se le aparecían los santos. En su corazón se gestó el deseo de hacer un voto de castidad y consagró su corazón a Dios. Lucía rechazó a varios pretendientes. Sin embargo, un día la Virgen María le dijo en una visión que debía ser como ella: casada y virgen.
Cuando era adolescente su padre murió y su tío decidió casarla de inmediato. Fue prometida al Conde Pietro de Milán, que era amigo de su familia. Él aceptó que Lucía mantuviera su voto de castidad siendo su esposa.
Además de sus obligaciones como condesa, Lucía se dedicó a atender a los pobres. Ella misma horneaba el pan que les entregaba asistida, según dice la tradición, por varios santos.
Mantuvo una intensa vida de oración y penitencia. No se dejó deslumbrar por el lujo de su entorno y llegó a trabajar como una criada más en su casa.
Su estilo de vida irritó a su marido y comenzó a humillarla, incluso la encerró en una bodega por sus “extravagancias”. Al final Lucia se marchó y fue admitida en la Orden Terciaria de los Dominicos.
Fue enviada a Viterbo y se convirtió en la abadesa del convento. Ella siguió teniendo visiones místicas y allí recibió los estigmas. En una ocasión su esposo la visitó y años más tarde él también ingresó a la orden de los franciscanos.
A petición del Duque de Ferrara y por mandato del Papa Julio II, Lucía partió a Ferrara donde fundó un nuevo monasterio y se dedicó a formar a las jóvenes. Cuando murió el duque, las religiosas que estaban celosas de ella la humillaron, la calumniaron y la nueva abadesa la encerró.
Todas estas penas no quebrantaron el espíritu de Lucía y ella continuó manteniéndose firme en su amor por Cristo durante los siguientes 38 años que duró su encierro. Su salud se debilitó y falleció el 15 de noviembre de 1544, a los 60 años.
Cuando se abrió su tumba años después y se halló su cuerpo incorrupto. Fue beatificada en 1710 por el Papa Clemente XI.







