Águeda o Ágata, Santa
Memoria Litúrgica, 5 de febrero…
Hoy también se festeja a:
- • Iustus Takayama Ukon, Beato
- • Pablo Miki y compañeros, Santos
- • Lucas de Demenna, Santo
- • Adelaida de Vilich, Santa
- • Isabel Canori Mora, Beata
Anunciar a Cristo sin ningún temor
Por: H. Jesús Salazar Brenes, L.C. | Fuente: www.missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, enséñame a abrazar mi cruz de cada día y dame la fuerza de tu Espíritu para anunciarte sin ningún temor con mi testimonio de vida.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 23-26
En aquel tiempo, Jesús le dijo a la multitud: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?
Por otra parte, si alguien se avergüenza de mí y de mi doctrina, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga revestido de su gloria y de la del Padre y de la gloria de los santos ángeles”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hay un momento en la vida que es crucial: cuando debemos tomar la decisión fundamental de seguir o no a Cristo. Cuando queremos seguirlo, muchas veces tenemos consuelos en la oración y sentimos «muy bonito» cuando oramos; en nuestros grupos eclesiales puede ser que haya un muy buen ambiente y tengamos buenas amistades; pero cuando llega alguna cruz es cuando verdaderamente entramos en el crisol de la prueba para saber si lo que estamos viviendo es verdadero o es una visión romántica de la vida cristiana.
Jesús nos dice muy claro que para seguirle hay que seguir el camino que Él mismo nos trazó en el Gólgota. La cruz no es agradable, da vértigo y miedo, pero abrazarla como Él lo hizo es la mejor decisión para llegar al cielo y llevar con nosotros a muchos más. A través de la cruz nos unimos al sacrificio de Cristo más íntimamente. Así lo hizo san Felipe de Jesús a quien recordamos hoy. Él fue uno de los primeros misioneros nacidos en América (México, 1572) y no se avergonzó de Aquel en quien tenía puesta toda su esperanza. Predicó incansablemente el Evangelio en Japón hasta abrazar la cruz cuando, a los 25 años, derramó su sangre, al ser crucificado. A los ojos del mundo perdió su vida, a los ojos de Dios ganó el premio de la vida eterna.
En nuestra vida cotidiana, aunque no nos toque vivir un martirio cruento, podemos dar testimonio (martirio significa testimonio en griego) de nuestro amor a Jesús venciendo el respeto humano que puede generarse en algunos ambientes laborales y de estudio. La valentía, a ejemplo de Cristo, es una de las virtudes más profundas del cristiano.
Pidámosle a María que podamos abrazar la cruz y anunciar a Cristo sin ningún temor, como lo hicieron los apóstoles después de Pentecostés y lo continúan haciendo tantos hombres y mujeres alrededor del mundo.
«Salvar lo que es propio es caminar según la carne; perderse siguiendo a Jesús es caminar según el Espíritu. Solo así se da fruto en la viña del Señor. Como Jesús mismo enseña, no son los que acaparan los que dan fruto en la viña del Señor, sino los que, sirviendo, siguen la lógica de Dios, que continúa dando y entregándose.»
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Abrazaré mi cruz de este día y ofreceré este sacrificio para que más personas conozcan y amen a Jesús.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cinco claves para la vida cristiana
Por: Jesús de las Heras Muela | Fuente: www.revistaecclesia.com
¿Cuáles son para el Santo Padre Francisco las prioridades de los cristianos y de la misión de la Iglesia?
He aquí, en cinco rasgos, en cinco claves, las líneas maestras de su magisterio y estilo pastoral.
1.- La novedad, la permanente novedad del Evangelio y de la condición de ser cristianos:
Se trata de no acostumbrarnos, de no acomodarnos, de no instalarnos en una fe de salón o de fachada, facilona, cómoda, acomodaticia, cansada, adormilada, aburguesada, sin nervio evangelizador, sin capacidad de asombro, sin apertura efectiva y afectiva a la providencia, sin demanda de la conversión permanente,
De la novedad como estilo de vida del cristiano, ya habló el Papa Francisco en su homilía de la Vigilia Pascual de la noche del pasado sábado santo, día 30 de marzo.Y en su homilía de la misa de Pentecostés, el domingo 19 de mayo, Francisco afirmó que “la novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos”.
Y tras proponer algunos ejemplos bíblicos de cómo distintos creyentes estuvieron abiertos a la novedad de Dios, el Papa Francisco subrayó que esta, que “la novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?”.
2.- La toma de conciencia de la vocación: No se trata solo de la vocación sacerdotal o a la vida consagrada
Se trata de la vocación, en definitiva, a la vida a través de sus distintos estados. Ilustra estas ideas el siguiente fragmento del discurso del Papa a la religiosas pertenecientes a la Unión Internacional de Superioras Generales, a quienes recibió el miércoles 8 de mayo. “Jesús, en la Última Cena, se dirige a los Apóstoles con estas palabras: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido» (Jn 15, 16), que nos recuerdan a todos –y no solo a nosotros los sacerdotes– que la vocación es siempre una iniciativa de Dios.
Esta toma de conciencia de la vocación cristiana –la vocación de cada uno de los cristianos- se ha traducirse en seguimiento, adoración y servicio. Escribió Francisco en su cuenta en Twitter el 7 de mayo: “No nos contentemos con una vida cristiana mediocre. Caminemos con decisión hacia la santidad”. Y el 16 de mayo, también en Twitter, dejó escrito este mensaje: “No podemos ser cristianos por instantes. Busquemos vivir nuestra fe en cada momento, cada día”.
3.- La centralidad de Jesucristo:
“Lo importante es el encuentro con Jesús, el encuentro personal con Él, porque es justamente Él el que da la fe”. Papa también como Benedicto XVI de lo esencial, Francisco abunda constantemente en la centralidad de la fe cristiana, de la fe que transforma la vida. Muchas podrían ser las citas que en las que apoyar esta afirmación. La que antecede estas líneas es una respuesta del Santo Padre a una pregunta de una laica durante la vigilia de Pentecostés, el 18 de mayo, en la Plaza de San Pedro de Roma.
Dos semanas antes, en el mismo escenario, a los miembros de las cofradías y hermandades, les recordó que “la piedad popular es un tesoro que tiene la Iglesia, espacio de encuentro con Jesucristo” que “para conservar, cultivar y acrecentar este tesoro, es preciso acudir siempre a Cristo, fuente inagotable” y que para todo ello hay que “esforzarse en reforzar la fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia”.
Y es que lo esencial del ser cristiano es “creer en Jesucristo, muerto y resucitado por nuestros pecados, y amarse unos a otros como Él nos ha amado”. Y este sentido, Francisco, como ya afirmó en su primera misa, el jueves 14 de marzo, apenas veinticuatro horas de su elección, solo somos y seremos seguidores de Cristo cargando con cruz, única y definitiva esperanza y salvación.
4.- La eclesialidad:
El 5 de mayo, en la celebración del Año de la Fe para las cofradías y hermandades, el Santo Padre que “las dificultades de la vida humana y cristiana no se superaron fuera, sino dentro de la Iglesia”; que “pertenecer a una cofradía o hermandad es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, de modo que sus miembros han de aman a la Iglesia y dejarse guiar por ella”.
A las religiosas, en su ya citado discurso del 8 de mayo, Francisco “vuestra vocación es un carisma fundamental para el camino de la Iglesia, y no es posible que una consagrada y un consagrado no «sientan» con la Iglesia. Un «sentir» con la Iglesia, que nos engendró en el bautismo; un «sentir» con la iglesia que tiene una expresión filial en la fidelidad al Magisterio, en la comunión con los pastores y con el Sucesor de Pedro, Obispo de Roma, signo visible de la unidad”.
Y es que, subrayó el Papa, “para todo cristiano, el anuncio y el testimonio del Evangelio nunca son un hecho aislado. Esto es importante: para todo cristiano, el anuncio y el testimonio del Evangelio nunca son un hecho aislado o de grupo, y ningún evangelizador actúa, como muy bien recordaba Pablo VI, «por inspiración personal, sino en unión con la misión de la Iglesia y en su nombre». “Y proseguía Pablo VI: es una dicotomía absurda pensar en vivir con Jesús sin la Iglesia, en seguir a Jesús fuera de la Iglesia, en amar a Jesús sin amar a la Iglesia”.
Y a los dos más doscientos mil fieles –representantes de movimientos y comunidades laicales- de la misa de Pentecostés, Francisco recordó que “caminar juntos en la Iglesia, guiados por los pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá de la doctrina y de la comunidad eclesial, y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 9)”. De modo que el Papa concluía estas ideas formulando estas preguntas:” ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?”.
5.- Ardor misionero y estilo samaritano:
El 5 de mayo escribió el Papa en Twitter: “Cada cristiano es misionero en la medida que da testimonio del amor de Dios. ¡Sed misioneros de la ternura de Dios!”. Ese mismo, en la misa de las cofradías y hermandades, recalcó que “los miembros de las cofradías y hermandades han de ser, pues, auténticos evangelizadores. Que sus iniciativas sean «puentes», senderos para llevar a Cristo, para caminar con Él”.
El ardor misionero nace del y en el fuego del Espíritu Santo, guía, motor y alma de la Iglesia. “Sin –dijo el Papa en la homilía de Pentecostés- su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo”. Y prosiguió el Santo Padre abundando en la idea de que “el Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión.
El evitar en la Iglesia y en la misión de sus miembros, pastores y fieles, la autorreferencialidad y el salir a las periferias son asimismo constantes en el pensamiento del Papa Francisco. Ya antes de su elección, en las reuniones de los cardenales previas al cónclave, el entonces cardenal Bergoglio afirmó que “la Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”. Y añadía que “cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma”. Y con estos mismos argumentos escribió al mes de su elección papal a los obispos argentinos: “Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma. La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.
Y todo ello, ¿cómo?:
Con el estilo del Buen Samaritano. Con paciencia, con humildad, con misericordia, con ternura, con bondad, reconociendo en los humildes y en los humillados, en los pobres, en los enfermos, en los ancianos, en los niños, en los necesitados, en quienes viven en las periferias existenciales de la vida la carne de Cristo. Porque no sirven ni la pobreza teórica, ni las palabras, ni los planteamientos abstractos. La pobreza del Evangelio, la bienaventuranza del Evangelio, la sabiduría del Evangelio, “se aprende tocando la carne de Cristo pobre en los humildes, en los pobres, en los enfermos, en los niños”. Se aprende, se vive y se transmite siendo pastores con olor a oveja, siendo cristianos con aroma de humanidad, siendo fieles y creyentes con fragancia de fieles y de creyentes. Pastores, ni lobos ni dueños, entre la grey y cristianos entre los hombres.




