Esteban de Hungría, Santo
Memoria Litúrgica, 16 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Rosa Fan Hui, Santa
- • José Reñé Prenafeta, Beato
- • Ángel Agustín Mazzinghi, Beato
- • Juan de Santa Marta, Beato
- • Simón Bokusai Kiota y compañeros, Beatos
Cuestión de amor libre, total, fiel y fecundo
Por: H. Leonardo Garzón, LC | Fuente: www.somosrc.mx
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, gracias por regalarme este tiempo contigo. Gracias por escogerme y amarme tanto. María, hazme un poco más como tú, un reflejo del amor de Dios para quien encuentre. Ayúdame a dejarme amar y guiar por Dios, como tú lo hiciste.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”.
Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?’ De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Pero ellos replicaron: “Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?”.
Jesús les contestó: “Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio”.
Entonces le dijeron sus discípulos: “Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”. Pero Jesús les dijo: “No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Piensa en la persona que más quieres en la tierra. ¿Qué quiere decir «tratarla bien»? ¿Es sólo no golpearla e insultarla? ¿Es no faltarle al respeto? Seguramente tu amor por esta persona especial incluye estos aspectos, pero va mucho más allá de ellos: tú vives para hacerle el bien, el mayor bien que puedas, siempre que puedes.
Algo así pasa a veces con nuestra visión de la vida y la visión que Dios tiene. En el Evangelio de hoy, vemos que los fariseos tienen una visión reducida del matrimonio: para ellos es una cuestión de ley. Para Jesús, en cambio, es una cuestión de amor radical, libre, total, fiel, fecundo, y por eso es intocable. Es verdad, en el matrimonio hay reglas. Jesús mismo nos da una en este pasaje: Ahora os digo yo que, si uno se divorcia de su mujer -no hablo de impureza- y se casa con otra, comete adulterio. Sin embargo, el matrimonio va mucho más allá de las reglas. Es darse totalmente, es navegar juntos por las aguas de la vida, de la mano de Dios y de la comunidad, en mutuo apoyo, ternura y sumisión… En definitiva, es un reflejo de la Trinidad, que es comunidad de vida y amor.
Jesús, ¿cómo es mi visión del matrimonio? ¿De mi familia? ¿De mis amistades, del trabajo? Dame tus ojos, para que pueda ver las cosas como tú y vivirlas en plenitud.
«Para los fariseos, en cambio, la cuestión es se puede o no se puede. Y la vida cristiana, la vida según Dios, según esta gente, está siempre en el “se puede” y “no se puede”, para ponerlo a prueba. Pero cuando escucha estas cosas, el corazón de Jesús sufre y va más allá; va arriba, va arriba. La pregunta es sobre el divorcio, sobre el matrimonio: para ellos, el matrimonio parece que fuera “se puede o no se puede”; hasta qué punto debo ir adelante, hasta qué punto no. En cambio, Jesús va arriba y llega hasta la creación y habla del matrimonio que tal vez es la cosa más hermosa que el Señor hizo en aquellos siete días».
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de mayo de 2018, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía para hacer una oración especial por todos los matrimonios que están pasando por dificultades.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Por: Daniel Alberto Robles Macías | Fuente: Catoliscopio.com
Recuerdo muy bien que alguna vez me dijeron que para que la Misa dominical “me contara” como precepto dominical, debía llegar antes de las lecturas, para así poder pasar a comulgar. Incluso, he escuchado que si no llegas a tiempo, hay sacerdotes que no dan la comunión por esta razón, lo que me confunde un poco. ¿Qué dice la Iglesia al respecto de esta situación? Vamos a verlo.
Hay que recordar que para los católicos, asistir a Misa los domingos resulta ser una obligación como hijos de Dios, pues es la fuente y el pilar de la vida cristiana. No podemos llamarnos cristianos si no participamos de la Eucaristía, del pan vivo que es Cristo, que se entrega por todos. Pues ya lo dijo el Señor: “quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6, 54). Por lo tanto, cuando participamos de ella, nos preparamos para vivir en la eternidad con Él.
La Misa comprende dos partes importantes: la liturgia de la Palabra y la liturgia de la Eucaristía. Las dos son igual de importantes e indispensables. La Eucaristía resulta ser un acto único, por lo tanto, es necesario que se participe en ella de principio a fin.
Es muy triste ver, cómo muchas personas han perdido el interés y el deseo por ir a Misa. Muchos que se limitan a llegar a la hora que ellos quieren o que simplemente se quedan un rato y se retiran, como si se tratara de una simple charla. Participar de este sacrificio, no se debe ver solamente como un acto obligatorio, sino que formamos parte del acto de amor más grande y único en la tierra. A través de Él nos acercamos cada vez más al cielo, es como ir acumulando puntos para poder entrar a la presencia eterna de Dios.
Ahora bien, ¿Qué pasa si por una situación ajena a mi o por descuido llego tarde a Misa? Lo preferente es que si tenemos previsto asistir a una hora adecuada, tomemos las precauciones necesarias para llegar incluso varios minutos antes. Esto con la intención de prepararnos para poder participar desde el inicio. Si, por alguna razón llegas muy tarde, puedes considerar entonces asistir a otra Misa en horas posteriores para que la escuches entera y participes adecuadamente.
Actualmente no existe una normativa que nos diga hasta qué punto hemos llegado tarde a la Misa, lo que en consecuencia, no nos permita tener por cumplida nuestra obligación. Algunos dicen que antes de que inicie el ofertorio y otros que hasta antes de iniciar la Liturgia de la Palabra. Pero como ya dijimos, las dos partes de la Misa son importantes y únicas, las dos se complementan. Por lo tanto, guardemos la atención y el respeto a ambas.
Aunque te quiero recordar uno de los mandamientos de la Santa Madre Iglesia es: “Oír misa entera todos los Domingos y fiestas de guardar”. Así que cuando dice entera, no es a media liturgia de la Palabra, sino desde el momento en el que el Sacerdote inicia con la procesión de entrada.
Ahora bien, la comunión no puede negarse, a menos que la persona se encuentre dentro de los casos siguientes: “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave” (915 del Código de Derecho Canónico). Por lo tanto, quien la niegue fuera de estos casos, estaría cometiendo un abuso.
Hagamos el esfuerzo de llegar a Misa a tiempo, con la consciencia de lo que significa acudir cada domingo, no por obligación sino como un gesto de amor y agradecimiento a Dios que nos ha dado tanto. Asimismo, no dejes de participar de la comunión, confiésate y prepárate para recibir al Señor, quien desea habitar en tu corazón.



