
Benito de Aniane, Santo
Abad, 12 de febrero …
Hoy también se festeja a:
- • Jorge Haydock, Beato
- • Saturnino y compañeros mártires de Abitinia, Santos
- • Melecio de Antioquía, Santo
- • Ludano, Santo
- • Tomás Hemmeford y compañeros, Beatos
Jesús guarda mi corazón
Por: H. Iker Trillas Diaz, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Espíritu Santo, abre mi corazón de par en par.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”.
Cuando entró en una casa para alejarse de la muchedumbre, los discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. Él les dijo: “¿También son incapaces de comprender? ¿No entienden que nada de lo que entra en el hombre desde afuera puede contaminarlo, porque no entra en su corazón, sino en el vientre y después, sale del cuerpo?” Con estas palabras declaraba limpios todos los alimentos.
Luego agregó: “Lo que sí mancha al hombre es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Muchas veces nos pasa que no entendemos lo que Jesús nos quiere decir en una parábola o en un pasaje. En este caso los discípulos nos hacen el favor de preguntarle qué significa. Jesús lo desmenuza para que lo podamos digerir más fácil. Vamos a aprovechar lo que explica Jesús.
Él creo el corazón. Él creo el corazón de esos discípulos, Él creo mi corazón, Él creo tu corazón. Él como Creador sabe lo que sale de ahí. Jesús se enfoca en el corazón. Le importa el corazón. Nos lo está diciendo.
Ejemplo, «Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón». (Mt 5,28). El adulterio no solo es la infidelidad física. También es adulterio si la codicio en mi corazón.
De ese mismo lugar donde salió la mala intención, también sale la buena intención. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.» (Pr 4, 23). Cuidemos el corazón. De ahí, del corazón de cada uno puede emanar la vida o la muerte, la fecundidad o la esterilidad. ¿Cómo me aseguro de que mi corazón emane vida? Poniendo mi corazón en Jesús. Si lo pongo en Él, Él será mi tesoro.
No solo hay que tener miedo a que salgan palabras, acciones, pensamientos venenosos como de crítica o murmuración. Sino también a que no salgan palabras, pensamientos y actos de amor. Esto es lo que quiere Jesús. Le importa la intención del corazón. La mejor intención es «por amor a Jesús». Esto… «por amor a ti, Jesús». Esto otro… «por amor a ti, Jesús». Así, durante el día, estaré en oración con Él. Y puedo hacer de mi día una ofrenda que le agrade a Jesús.
«Tengamos muy en cuenta que todos los mandamientos tienen la tarea de indicar el límite de la vida, el límite más allá del cual el hombre se destruye y destruye a su prójimo, estropeando su relación con Dios. Si vas más allá, te destruyes, también destruyes la relación con Dios y la relación con los demás. Los mandamientos señalan esto. Con esta última palabra, se destaca el hecho de que todas las transgresiones surgen de una raíz interna común: los deseos malvados. Todos los pecados nacen de un deseo malvado. Todos. Allí empieza a moverse el corazón, y uno entra en esa onda, y acaba en una transgresión. Pero no en una transgresión formal, legal: en una transgresión que hiere a uno mismo y a los demás. En el Evangelio, el Señor Jesús dice explícitamente: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”. Entendemos así que todo el itinerario del Decálogo no tendría ninguna utilidad si no llegase a tocar este nivel, el corazón del hombre».
(Audiencia de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Acordarme de ofrecer lo que haga, piense y diga «por amor a Jesús».
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El valor de la mirada humana
Por: Laureano López, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores
El fascinante e inefable misterio de los ojos del hombre ha sido fuente inagotable de inspiración de muchos artistas. Los científicos continúan descubriendo mundos desconocidos al estudiarlos. Sin embargo, alguno se preguntará por qué debemos maravillarnos de la mirada de las personas. ¿Acaso no tienen ojos también los gatos, los perros, los peces? Ellos también nos miran. Estamos tan acostumbrados a relacionarnos con el mundo por medio de la vista que a veces podemos olvidar el valor tan grande que tiene la mirada de una persona.
La mirada del hombre es capaz de contemplar
En la mirada de los hombres encontramos algo que va más allá de recibir ondas de luz, ordenarlas y formar imágenes. En ella descubrimos una huella de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Podemos recordar aquellas palabras cuando Dios creó el mundo: “Vio lo que había hecho y era todo bueno”. La capacidad de contemplar es un don que Dios ha dado únicamente al hombre en esta tierra. Un animal nos puede ver pero nunca podrá entender nuestra mirada. Este regalo nos asemeja, aunque de manera lejana, a nuestro Creador.
Sólo el hombre puede mirar y descubrir la belleza en el mundo que nos rodea. Cuando mira con atención un paisaje, un árbol, una flor encuentra un camino para levantar su alma como expresión máxima de esa experiencia, comunicar a la sociedad las vivencias de esta contemplación a través del arte en todos sus diversos estilos.
La mirada del hombre es capaz de amar
Basta una mirada del ser humano para entender que detrás de aquellos ojos se esconde algo interior. Esa ventana que nos permite ver el alma es un medio maravilloso que tenemos para conocer el fondo de la persona. Esto lo hemos experimentado desde pequeños. El juego de miradas que van de una madre a su hijo recién nacido no son superficiales. Son necesarias para la intercomunicación cuando todavía no se pueden usar palabras. Una sola de ellas expresa sentimientos, demuestra el amor que existe entre ellos.
Cuántos jóvenes enamorados pueden pasar horas en miradas, suspiros… “Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice el refrán popular. Qué hermoso es el lenguaje de la mirada cuando ésta es cristalina, transparente, diáfana. Busca siempre relacionarse con la persona amada, transmitir en profundidad sus sentimientos, sacar del corazón los más inefables afectos.
Podemos aprender de la fuerza de la mirada amorosa de Cristo que, en muchos casos, fue lo único que movió los corazones de las personas. Había tal fuego de amor y tal profundidad en su mirada que uno no podía resistir aquel torrente de caridad.
La mirada del hombre es capaz de perdonar
Cuando ofendemos a alguien nos cuesta mirarle directamente a los ojos. Ya esto mismo experimentaron nuestros primeros padres, cuando sabiendo que habían desobedecido a Dios, se escondieron de su presencia. Tuvieron miedo, su mirada les delataba, les traicionaba. Y fue la mirada de Dios la que les devolvió la esperanza de vivir, el perdón, la reconciliación.
Cuántos padres, sabiendo que sus hijos les han fallado, son capaces de leer en sus miradas si están arrepentidos. Es suficiente para ellos una mirada de arrepentimiento para perdonarles al instante.
El mundo necesita, con nuestro testimonio, recobrar el valor de la mirada de las personas. Poder descubrir en ella el dolor y el gozo, el sufrimiento y la alegría, la búsqueda del sentido de la vida y la esperanza que anhelan los hombres. Ayudar al hombre a vivir en la tierra, con los ojos puestos en el cielo.


