
Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote
El sacrificio de Cristo en la cruz supera todos los sacrificios del Antiguo Testamento por el sacerdote que lo ofrece, la víctima ofrecida y la unión entre el sacerdote y la víctima….
Hoy también se festeja a:
- • Maria Crocifissa del Divino Amor, Beata
- • Miguel de Sinnada, Santo
- • Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, Santos
- • Guiberto de Gembloux, Santo
- • Desiderio de Langres, Santo
Denles ustedes de comer
Santo Evangelio según San Lucas 9, 11-17. Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
Por: David Mauricio Sánchez Mejía, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor Jesús, gracias por el don de la Eucaristía. Aumenta mi fe para que pueda aprender a descubrirte en ella y dame la gracia de comprender que mi vida no es sólo para mí, sino que está llamada a ser un don para los demás.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 11-17
En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos. Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”. Él les contestó: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos le replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”. Eran como cinco mil varones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”. Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, para que ellos los distribuyeran entre la gente. Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
El día de hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y agradecemos el don inmenso que nos hizo al quedarse con nosotros en la Eucaristía. A partir de la última cena, Jesús decidió hacerse presente en la vida de quien creyese en Él de una nueva manera, a través del pan y del vino.
Cristo nos ve necesitados de fortaleza para poder mantenernos fieles a su Palabra; nos ve necesitados de su amor y de su misericordia y, por eso, decide hacer algo al respecto: quedarse con nosotros. Jesús ve las necesidades de los demás y no se queda con los brazos cruzados: sale al encuentro, acoge, ayuda. Todo esto lo hace para enseñarnos cómo nosotros, cristianos, debemos actuar ante las necesidades de los demás.
«Denles ustedes de comer», estas palabras se pronunciaron hace cerca de dos mil años y todavía hoy deben resonar en el corazón de todo cristiano. No debemos contemplar el dolor ajeno y mirar hacia otro lado esperando que alguien más venga y ayude. Dios nos pone en el lugar indicado, en el momento indicado, para que con nuestras cualidades y defectos podamos extender la mano y levantar a quien lo necesita.
«La fiesta del Corpus Domini es un misterio de atracción y de transformación en Él. Y es escuela de amor concreto, paciente y sacrificado, como Jesús en la cruz. Nos enseña a ser más acogedores y disponibles con quienes están en búsqueda de comprensión, ayuda, aliento y están marginados y solos. La presencia de Jesús vivo en la eucaristía es como una puerta, una puerta abierta entre el templo y el camino, entre la fe y la historia, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre. Expresión de la piedad eucarística popular son las procesiones con el Santísimo Sacramento, que en la solemnidad de hoy se llevan a cabo en muchos países».
(Homilía de S.S. Francisco, 3 de junio de 2018).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Me detendré a hablar cinco minutos con una persona que esté pidiendo dinero, para conocer un poco de su historia.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Celebrar a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.
Cristo es el único Salvador del mundo. De un modo personal, profundo, quiere ser, también, mi Salvador.
Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net

Nuestro corazón está herido por el pecado, nuestra mente vive dispersa en mil distracciones vanas, nuestra voluntad flaquea entre el bien y el mal, entre el egoísmo y el amor.
¿Quién nos salvará? ¿Quién nos apartará del pecado y de la muerte? Sólo Dios. Por eso necesitamos acercarnos a Él para pedir perdón.
Pero, entonces, «¿quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?» Sólo alguien bueno, sólo alguien santo: «El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura» (Sal 24,3-4).
Sabemos quién es el que tiene las manos limpias, quién es el que tiene un corazón puro, quién puede rezar por nosotros: Jesucristo.
Jesucristo puede presentarse ante el Padre y suplicar por sus hermanos los hombres. Es el verdadero, el único, el «Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec» (Hb 5,10; 6,20). Es el auténtico «mediador entre Dios y los hombres» (1Tm 2,5), como explica el «Catecismo de la Iglesia Católica» (nn. 1544-1545).
Cristo es el único Salvador del mundo. De un modo personal, profundo, quiere ser, también, mi Salvador.
Celebrar a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, nos llena de alegría. El altar recibe la Sangre del Cordero. El Sacerdote que ofrece, que se ofrece como Víctima, es el Hijo de Dios e Hijo de los hombres. El Padre, desde el cielo, mira a su Hijo, el Cordero que quita el pecado del mundo, el Sumo Sacerdote que se compadece de sus hermanos.
El pecado queda borrado, el mal ha sido vencido, porque el Hijo entregó su vida para salvar a los que vivían en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Lc 1,79).
Podemos, entonces, subir al monte del Señor, acercarnos al altar de Dios, participar en el Banquete, tocar al Salvador.
Como en la Última Cena, Jesús nos dará su Cuerpo y su Sangre. Como a los Apóstoles, lavará nuestros pies, y nos pedirá que le imitemos: «Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,27). “Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15).
Ese es nuestro Sumo Sacerdote, el Cordero que salva, el Hijo amado del Padre. A Él acudimos, cada día, con confianza: «Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.
Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna» (Hb 4,15-16).








