
Francisca Romana, Santa
Memoria Litúrgica, 9 de marzo …
- Hoy también se festeja a:
- • Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, Santos
- • Domingo Savio, Santo
- • Bruno Bonifacio de Querfurt, Santo
- • Vital de Castronovo, Santo
- • Bosa de York, Santo
La mirada en la vida de Jesús
Santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32. Miércoles I de Cuaresma
Por: Pablo Méndez, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que comprenda mejor lo que Tú me quieres decir a través de la contemplación de tus misterios divinos y la lectura de tu palabra.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues, así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.
Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cristo responde a la gente que quiere ver a Dios que vean su vida y más específicamente su muerte y resurrección, porque solo en la contemplación del misterio pascual podemos entender a Dios, ya que este fue el acto más divino que pudo haber hecho, dar su vida sin pedir nada a cambio, y solo sugerir que lo amásemos. Ante esta actitud de Dios bien meditada, contemplada y ponderada, la inteligencia y el afecto se arrodillan ante el misterio, ¿qué más se puede pedir sino un corazón más grande para amarlo?
Reconocer a Dios no es fácil; por eso es normal que queramos ver a Dios a nuestra manera, preguntarle para que Él nos pueda responder, agarrarlo para que no pueda hacer algo más sino lo que queramos. Pero no podemos hacer que Dios se someta a nuestra voluntad porque así no es como Él lo quiere, hay que dejar que Dios sea Dios.
En la historia ha habido grandes ejemplos de fe en Dios, y estos nos sirven como modelos para nuestra propia vida porque son personas, como nosotros, que tomaron la decisión de seguir a Cristo a donde los llevara, sin hacerse sordos a su llamado y siendo dóciles y abiertos para que Él les diera las gracias necesarias y, así, emprender el camino, no siempre fácil, de creer en cada momento y aceptar su plan.
«Podemos preguntarnos: ¿Yo tengo el corazón duro, tengo el corazón cerrado? ¿Yo dejo que mi corazón crezca? ¿Tengo miedo de que crezca? Y si crece siempre con las pruebas, con las dificultades, se crece como crecemos todos nosotros desde niños: aprendemos a caminar cayendo, del gatear al caminar, ¡cuántas veces hemos caído! Pero se crece con las dificultades. Dureza. Y lo mismo, cerrazón. Pero quien permanece en esto… “¿Quiénes son, padre?”. Son los pusilánimes. La pusilanimidad es una actitud fea en un cristiano, le falta el coraje de vivir. Se cierra. Es pusilánime».
(SS Papa Francisco, homilía, 17 de enero de 2019 en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Pedirle a Dios que me dé la gracia de una fe firme.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El valor de ser mujer
Publicamos las palabras de SS Benedicto XVI y el artículo escrito por monseñor Rodrigo Aguilar Martínez sobre el Día Internacional de la Mujer.
Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

Benedicto XVI abogó por una mayor valoración de la mujer para conmemorar el Día Internacional de la Mujer
Tras rezar el Ángelus con miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre invitó «a reflexionar sobre la condición de la mujer y a renovar el compromiso para que siempre y en todo lugar cada persona pueda vivir y manifestar en plenitud sus propias capacidades, obteniendo pleno respeto por su dignidad».
El pontífice recordó que ésta es la enseñanza del Concilio Vaticano II y del magisterio de los papas, en particular la carta apostólica Mulieris dignitatem < de siervo de Dios Juan Pablo II (15 de agosto de 1988).
«Ahora bien –reconoció–, los testimonios de los santos tienen más valor que los documentos; y nuestra época ha tenido el de la Madre Teresa de Calcuta: humilde hija de Albania, convertida, por la gracia de Dios, en ejemplo para todo el mundo en el ejercicio de la caridad y en el servicio de la promoción humana».
Al mismo tiempo, exclamó, «¡Otras muchas mujeres trabajan cada día, en lo escondido, por el bien de la humanidad y por el Reino de Dios!».
Por este motivo, concluyó asegurando su oración «por todas las mujeres para que sean cada vez más respetadas en su dignidad y valoradas en sus positivas potencialidades».
Artículo de Mons Rodrigo Aguilar
El 8 de marzo, desde hace casi un siglo, se celebra el Día internacional de la mujer. Dios ha creado al ser humano como varón y mujer: iguales en dignidad y diferentes no para pelearse, sino para complementarse.
Cristo Jesús -Camino, Verdad y Vida- nos enseña actitudes concretas en la relación con la mujer: «En una época de marcado machismo, la práctica de Jesús fue decisiva para significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible.» (Documento de Aparecida, 451). «La figura de María, discípula por excelencia entre discípulos, es fundamental en la recuperación de la identidad de la mujer y de su valor en la Iglesia.» (Id).
Sin embargo mucho falta en nuestra cultura para que la valoración de la mujer no quede sólo en el discurso y en la celebración de un día, sino que sea parte de la realidad de todos los días. Nuestra cultura sigue siendo machista, con muy variadas manifestaciones de violencia y marginación contra la mujer; por otra parte, con frecuencia se descargan en ella muchos deberes que han de ser compartidos.
Invito a usted a renovar actitudes y acciones concretas, en los diferentes ámbitos en que nos movamos, para reconocer y valorar la dignidad y la participación de la mujer en la familia, en la sociedad, en la Iglesia. En breves pero sustanciosos números, el Documento de Aparecida (451-458) nos ofrece aportaciones en este sentido: «La sabiduría del plan de Dios nos exige favorecer el desarrollo de la identidad femenina en reciprocidad y complementariedad con la identidad del varón.
Por eso, la Iglesia está llamada a compartir, orientar y acompañar proyectos de promoción de la mujer con organismos sociales ya existentes, reconociendo el ministerio esencial y espiritual que la mujer lleva en sus entrañas: recibir la vida, acogerla, alimentarla, darla a luz, sostenerla, acompañarla y desplegar su ser de mujer, creando espacios habitables de comunidad y de comunión.» (Aparecida, 457).
De hecho en nuestra historia familiar, personal y social, la mujer ha ocupado un lugar valioso e insustituible. El «genio femenino», al que se refería el Papa Juan Pablo II, se ha desplegado con gracia, delicadeza y eficacia: que los varones sepamos agradecerlo, acogerlo y promoverlo; que las mujeres sepan reconocerlo, defenderlo y cultivarlo.
Con respetuoso afecto envío la bendición sobre usted, mujer; y también sobre usted, varón, para revalorar los beneficios de la mujer en su vida.
Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán









