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Autor: Papa Francisco | Fuente: es.radiovaticana.va ¿Qué es el reino de los cielos?
Homilía del Santo Padre Francisco en Caserta. 26 julio 2014
¿Qué es el reino de los cielos?
Jesús se dirigía a los que lo escuchaban con palabras simples, que todos podían entender. También esta tarde Él nos habla a través de breves parábolas, que hacen referencia a la vida cotidiana de la gente de aquel tiempo. Lo similar del tesoro escondido en el campo y de la perla de gran valor es que tienen como protagonistas a un pobre campesino y a un rico comerciante. El comerciante está desde siempre en busca de un objeto de valor, que sacie su sed de belleza y da la vuelta al mundo, sin rendirse, en la esperanza de encontrar aquello que está buscando. El otro, el campesino, no se ha alejado nunca de su campo y hace el trabajo de siempre, con los acostumbrados gestos cotidianos. Sin embargo para ambos el resultado final es el mismo: el descubrimiento de algo precioso, para uno un tesoro, para el otro una perla de gran valor. Ambos están acomunados también por un mismo sentimiento: la sorpresa y la alegría de haber encontrado la satisfacción de todo deseo. Finalmente, ambos no dudan en vender todo para adquirir el tesoro que han encontrado. Mediante estas dos parábolas Jesús enseña qué es el reino de los cielos, cómo se encuentra, qué se debe hacer para poseerlo.
¿Qué cosa es el reino de los cielos?
Jesús no se preocupa en explicarlo. Lo enuncia desde el inicio de su Evangelio: «El reino de los cielos está cerca»; también hoy está cerca en medio de nosotros ¡eh!, sin embargo jamás lo hace ver directamente, sino siempre por reflejo, narrando el actuar de un propietario, de un rey, de diez vírgenes… Prefiere dejarlo intuir, con parábolas y semejanzas, manifestando sobre todo los efectos: el reino de los cielos es capaz de cambiar el mundo, como la levadura oculta en la masa; es pequeño y humilde como un grano de mostaza, que sin embargo se volverá grande como un árbol. Las dos parábolas sobre las cuales queremos reflexionar nos hacen entender que el reino de Dios se hace presente en la persona misma de Jesús. Es Él el tesoro escondido y la perla de gran valor. Se entiende la alegría del campesino y del comerciante: ¡lo han encontrado! Es la alegría de cada uno de nosotros cuando descubrimos la cercanía y la presencia de Jesús en nuestra vida. Una presencia que transforma la existencia y nos abre a las exigencias de los hermanos; una presencia que invita a acoger toda otra presencia, también aquella del extranjero y del inmigrante. Es una presencia acogedora, alegre, fecunda, así es el reino de Dios dentro de nosotros.
¿Cómo encontrar el reino de Dios?
Podrían preguntar: ¿Padre cómo se encuentra el reino de Dios? Cada uno de nosotros tiene un recorrido particular, cada uno de nosotros tiene su camino en la vida. Para alguno el encuentro con Jesús es esperado, deseado, buscado por largo tiempo, como nos es descrito en la parábola del comerciante, que da la vuelta al mundo para encontrar algo de valor. Para otros ocurre de manera improvisada, casi de casualidad, como en la parábola del campesino. Esto nos recuerda que Dios se deja encontrar de todas maneras, porque es Él quien en primer lugar desea encontrarnos y en primer lugar busca encontrarnos: ha venido para ser el “Dios con nosotros”. Y Jesús está en medio de nosotros, hoy está aquí, Él lo ha dicho, yo estoy en medio de ustedes, el Señor está en medio de nosotros. Es Él quien nos busca y se hace encontrar también por quien no lo busca. A veces Él se deja encontrar en lugares insólitos y en tiempos inesperados. Cuando encontramos a Jesús nos quedamos fascinados, conquistados, y es una alegría dejar nuestra acostumbrada manera de vivir, a veces árida y apática, para abrazar el Evangelio, para dejarnos guiar por la lógica nueva del amor y del servicio humilde y desinteresado. La palabra de Jesús está en el Evangelio. No quiero preguntarles aquí, no quiero que respondan, ¿hoy cuántos de ustedes leen un párrafo del Evangelio? No levanten la mano, sólo es una pregunta ¡Cuántos se apresuran por hacer su trabajo para no perderse la telenovela! Tener el Evangelio en la mano, tener el Evangelio en la cómoda, en la cartera, tener el Evangelio en el bolsillo y luego abrirlo un instante y ver las palabra de Jesús y el reino de Dios viene. El contacto con la palabra de Jesús es aquel que nos acerca al reino de Dios. ¡Piensen bien, un evangelio pequeño a la mano, siempre: se abre casualmente y se lee qué cosa dice Jesús. Y Jesús está ahí ¡eh!
¿Qué cosa se debe hacer para poseer el reino de Dios?
Sobre esto Jesús es muy claro: no basta el entusiasmo, la alegría del descubrimiento. Es necesario anteponer la perla preciosa del reino a cualquier otro bien terrenal; es necesario poner a Dios en el primer lugar en nuestra vida, preferirlo ante todo. Dar el primado a Dios significa tener el coraje de decir no al mal, no a la violencia, no a los abusos, para vivir una vida de servicio a los demás y en favor de la legalidad y del bien común. Cuando una persona descubre en Dios, el verdadero tesoro, abandona un estilo de vida egoísta y busca compartir con los demás la caridad que viene de Dios. Quien se vuelve amigo de Dios, ama a los hermanos, se compromete en salvaguardar sus vidas y su salud respetando también el ambiente y la naturaleza. Yo sé que ustedes sufren por estas cosas, hoy cuando llegue aquí, uno de ustedes se acercó y me dijo: ¡Padre danos la esperanza! Yo no puedo darles la esperanza. Pero puedo decirles: donde está Jesús, está la esperanza, donde está Jesús los hermanos se aman, se comprometen a salvaguardar sus vidas, su salud, también respetando el ambiente y la naturaleza, y ésta es la esperanza que no desilusiona jamás, aquella que da Jesús. Esto es particularmente importante en esta su hermosa tierra que reclama ser tutelada y preservada, reclama el coraje de decir no a toda forma de corrupción e ilegalidad. Y todos sabemos el nombre de estas formas de corrupción y de ilegalidad. Reclama de todos ser servidores de la verdad y de asumir en cada situación el estilo de vida evangélico, que se manifiesta en el don de si y en la atención por el pobre y el excluido. La Biblia está llena de esto. El Señor dice: ustedes hacen esto, esto … a mí no me importa, a mí me importa que el huérfano sea curado, que la viuda sea curada, que el excluido sea acogido, a mí me importa que la creación sea custodiada. Este es el reino de Dios. La Biblia está llena de esto.
Hoy la fiesta de Santa Ana, a mí me gusta llamarla la abuela de Jesús, es un hermoso día para festejar a las abuelas, cuando incensaba el altar he visto una cosa bellísima: la imagen de Santa Ana no estaba coronada, es la hija la que lleva la corona y esto es hermoso ¡eh!. Santa Ana es la mujer que ha preparado a su hija para convertirse en reina, para convertirse en la reina de los cielos y de la tierra. Esta abuela ha hecho un buen trabajo ¿no?; es la Patrona de Caserta, ha reunido en esta plaza a los diversos componentes de la Comunidad diocesana con el Obispo y con la presencia de las autoridades civiles y de los representantes de varias realidades sociales. Deseo alentar a todos a vivir la fiesta patronal libre de cualquier condicionamiento, expresión pura de la fe de un pueblo que se reconoce familia de Dios y afirma los vínculos de la fraternidad y de la solidaridad. Quizás Santa Ana escuchó a su hija María proclamar las palabras del Magníficat, porque María seguramente ha repetido estas palabras muchas veces. Estas palabras: “ Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1, 51-53). Que Ella nos ayude a buscar el único tesoro, Jesús, y nos enseñe a descubrir los criterios del actuar de Dios; Él cambia los juicios del mundo, va en ayuda de los pobres y de los pequeños y llena de bienes a los humildes, que le confían su existencia. Tengan esperanza, la esperanza no desilusiona, y a mí me gusta repetírselos: no se dejen robar la esperanza.
Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net El grano de mostaza
Mateo 13, 31-35. Tiempo Ordinario. Aunque seamos como una pequeña semilla, podemos dar mucho fruto.
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
Oración introductoria
Ven, Espíritu Santo, ilumina mi meditación para que, como la semilla de mostaza, crezca y sea el fermento para que mis actividades de este día produzcan los frutos de amor que Tú tienes dispuesto.
Petición
Padre Santo, haz que tenga el anhelo de llevar a todos los hombres, mis hermanos, la Buena Nueva de tu Evangelio.
Meditación del Papa Francisco
En particular me detengo en el juicio final. ¡No tengáis miedo! Escuchemos lo que dice la Palabra de Dios. Al respecto, leemos en el evangelio de Mateo: Entonces Cristo «vendrá en su gloria, con todos sus ángeles… Y todas las gentes se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda… Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna»[…]
Si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos los que nos condenamos, somos condenados por nosotros mismos. La salvación es abrirnos a Jesús y él nos salva.
Y si somos pecadores, todos somos pecadores, todos lo somos, todos, y pedimos perdón, y vamos con el deseo de ser buenos, el Señor nos perdona, pero para esto debemos abrirnos, abrirnos al amor de Jesús, que es más fuerte que todas las demás cosas, el amor de Jesús es grande. El amor de Jesús es misericordioso, el amor de Jesús perdona, pero debes abrirte, y abrirse significa arrepentirse, lamentarse de las cosas que hemos hecho que no son buenas. (S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013)..
Reflexión
Cuando vemos que la sociedad vive cada vez más descristianizada, nos lamentamos y vemos lo poco que podemos hacer. Ese sentimiento de impotencia es natural. Sin embargo, los mecanismos del Reino de los Cielos funcionan de manera diferente. ¿Por qué? Porque el verdadero actor es Dios, y como Él es Todopoderoso puede hacer que cambie hasta lo más difícil.
Al contemplar la vida de los santos, como la de S. Francisco de Asís, vemos cómo se realiza una gran obra a través de ese «pequeño instrumento». Esto es lo que Jesús quiere decirnos: «no te preocupes si sólo eres una semilla diminuta. Siémbrate en mi Corazón y verás hasta dónde puedes».
Así lo hicieron un grupo de gente sencilla que siguió a Jesús: sus apóstoles. ¿Quién les iba a decir que después de dos mil años la Iglesia estaría presente en tantos lugares y atendería las necesidades materiales y espirituales de millones de personas? Esto se debe a que la fuerza de la Iglesia no está en lo que pueda hacer cada uno por su cuenta, sino en el poder de Dios con las personas que se entregan a fondo.
El secreto consiste en cambiar el propio corazón por el de Jesús, pareciéndonos a Él en todo lo posible. Así se transforma también nuestra familia y las personas de nuestro entorno. Y entre todos, impulsados por Cristo, podemos traer a este mundo la civilización del amor.
Propósito
Sembrar amor al escribir un correo electrónico o una nota a quien se ha alejado de Cristo.
Diálogo con Cristo
Señor, gracias por la semilla de la fe que recibí el día de mi bautismo. Quiero que ésta crezca para que pueda convertir, con tu gracia, mi vida en tierra buena, sin obstáculos ni cizaña que detengan los frutos de amor que Tú produces.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net Refugios, los consuelos que buscamos
Hace falta reconocer que sólo existe un refugio realmente bueno para cada corazón humano.
Ante las dificultades, mientras llega el cansancio de la vida, cuando aumentan los dolores del cuerpo o del alma, buscamos refugios de paz, de alegría, tal vez de olvido.
Los refugios pueden ser variados. Hay quienes simplemente buscan su refugio en el sueño, como una especie de bálsamo para olvidar las penas y las angustias de cada día. Otros se refugian en un cuarto de su casa, o entre libros, o en el bar donde encontrar amigos y ambientes diferentes. Otros anhelan ese refugio en el trabajo, o en el coche, o en la televisión, o en la computadora, o en la música. Algunos, por desgracia, se crean un mundo artificial de sensaciones con la droga o con el alcohol, para consolar (falsamente) penas y dolores del alma.
Muchos de los refugios son simplemente un engaño, como un espejismo que enciende ilusiones pasajeras en el corazón, para luego dejarnos indefensos y cansados frente a los problemas que ahí siguen, con su peso de amenazas y con su martilleo obsesivo.
Existen, sin embargo, otro tipo de refugios que pueden ser sanos, que restablecen las fuerzas del alma para reemprender la lucha. Un rato de deporte, un diálogo con un amigo sincero, un libro bueno, devuelven serenidad al alma, abren horizontes de esperanza, nos preparan para volver con más bríos al combate de cada día. Pero en muchas ocasiones esos refugios también son insuficientes.
Por eso hace falta reconocer que sólo existe un refugio realmente bueno para cada corazón humano. Es el que se alcanza desde el encuentro sincero con Dios. Porque Dios da sentido a la vida, nos ha creado, nos tiende la mano como Salvador, nos espera cada día y tras la hora definitiva de la muerte.
A Dios nos acercamos en esos momentos de oración sincera, cuando le abrimos el alma, cuando le pedimos ayuda, cuando nos ponemos llenos de confianza entre sus manos. A Dios lo tocamos cuando podemos recibir los sacramentos, especialmente el gran regalo de la misericordia (la confesión) y el inmenso abrazo que es posible en cada Eucaristía. A Dios lo escuchamos con el espíritu abierto cuando leemos su Palabra, cuando creamos en nuestro interior espacios de silencio que nos permiten escuchar sus susurros cotidianos.
Es Dios el verdadero refugio que anhelamos. Porque sólo Dios conoce plenamente lo que hay en cada corazón humano. Porque sólo Él puede ofrecer consuelos verdaderos y palabras de ternura que curan y que lanzan a vivir desde una fe intensa, una esperanza alegre y un amor hecho servicio a quienes recorren a nuestro lado el mismo camino del existir terreno.
Hoy celebramos al famoso Apóstol Santiago, primer mártir de los apóstoles, muy conocido a nivel mundial, pues muchas capitales y pueblos de países alrededor del mundo llevan su nombre.
Tal es el caso de Guatemala, puesto que la famosa a nivel mundial Antigua, su auténtico nombre es «La muy Noble y muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala», así como otros pueblecitos guatemaltecos que llevan su nombre como Santiago Atitlán… y otras ciudades como Santiago de Chile. Les dejamos una interesante descripción del apóstol Santiago en el espacio de hoy.
Autor: José Fernández de Mesa | Fuente: Catholic.net La madre de los hijos de Zebedeo
Mateo 20, 20-28. Fiesta de Santiago Apóstol. Consolidemos nuestra fe en el ruego sincero a Dios antes de afrontar nuestra pequeña gran cruz.
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 20-28
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?» Ella le dice: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Le dicen: «Sí, podemos». Les dijo Jesús: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
Oración preparatoria
Señor, te pido humildemente tu gracia, que es lo único que realmente importa y necesito. Soy todo tuyo, sin reserva alguna. Dame un corazón desinteresado que se consuma sólo por tu amor.
Petición
Señor, concédeme vivir en este día con la ilusión de entregarme y de servirte en los demás.
Meditación del Papa Francisco
Así, Juan y Santiago, le piden sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. La tentación de los discípulos, es la misma de Jesús en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro camino.
Haz todo rápido, obra un milagro, algo que todo el mundo te vea. Vamos al templo y haz de paracaidista sin el equipo, por lo que todo el mundo verá el milagro y se cumplirá la redención. Es la misma tentación de Pedro, cuando en un principio no acepta la pasión de Jesús. Es la tentación de un cristianismo sin cruz, un cristianismo a medio camino.
Luego hay otra tentación, un cristianismo con la cruz sin Jesús, ser cristianos a medio camino, una Iglesia a medio camino, que no quiere llegar adonde el Padre quiere, es la tentación del triunfalismo. Queremos que el triunfo sea hoy, sin pasar por la cruz, un triunfo mundano, un triunfo razonable. (Cf. S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Ellos aún no comprendían el modo extraordinario con el que Cristo iniciaba la preparación del Reino de Dios. Quizás ellos también como los otros discípulos imaginaron que antes o después Cristo reivindicaría el poder sobre los hombres, para después administrarlo con aquella infinita sabiduría y compasión que demostró en las muchas regiones de Israel. Pero, una vez más, después de la rara intercesión de la madre de los hijos de Zebedeo, Jesús habla de una «copa que beber».
Si el que ha creado el universo ha asumido la naturaleza de sus mismas criaturas para quererlas, servirlas y salvarlas, humillándose hasta la muerte de cruz, del mismo modo quien elige seguir las huellas del Maestro tendrá que aprender a servir, a dejar que el poder del mundo lo humille y lo desprecie.
Quien quiere de verdad beber la copa de Cristo, acompañarlo a llevar la cruz del dolor a este mundo y aliviar los sufrimientos de sus hermanos, tiene que conocer lo que significa realmente sufrir y servir con generosidad. ¿Estamos listos también a hacer nuestra parte? Consolidemos nuestra fe en el ruego sincero a Dios antes de afrontar nuestra pequeña gran cruz.
Propósito
Servir con alegría y amor, especialmente a aquellos que más necesitan de mi atención.
Diálogo con Cristo
Señor, mi vocación de discípulo y misionero es una vocación al servicio. Ayúdame a rezar, a predicar, a sacrificarme para que Tú seas más amado. Dame tu gracia para poder caracterizarme por el servicio abnegado y eficaz del prójimo. Vivir con plenitud, con profundidad procurando que todas mis obras se caractericen por el servicio generoso.
Los discípulos de Santiago metieron su cuerpo en un sarcófago de mármol, y éste en una barca cuyo único timonel era Dios
La tumba del apóstol
¿Quién era Santiago?
Santiago era uno de los doce apóstoles de Jesús, hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Evangelista. Mientras estaban arreglando sus redes de pescar, Jesús los llamó prometiendo hacer de ellos pescadores de hombres. Luego compartió con Jesús la oración en el Monte de los Olivos.
El libro bíblico de “Los Hechos de los Apóstoles” relata que éstos se dispersaron por el mundo para llevar la Buena Nueva. Según una antigua tradición, Santiago se fue al “finis terrae” primero y a la urbe romana de Caesar Augusta después. En Gallaecia no le fue demasiado bien, y se marchó a Zaragoza, donde a sus enseñanzas se sometieron sólo siete personas. Las cosas cambiaron cuando la Virgen se apareció al Apóstol sobre un pilar.
El fracaso en su tarea cristianizadora le hizo regresar a Jerusalén. Allí escribió una carta para fortalecer a los cristianos, una vigorosa meditación sobre la conducta frente al prójimo, por eso en ocasiones se la ha llamado el Evangelio Social. En el año 44 el rey Herodes Agripa ordena torturarlo y decapitarlo, y prohibió su entierro.
La leyenda
Los discípulos de Santiago metieron su cuerpo en un sarcófago de mármol, y éste en una barca cuyo único timonel era Dios. La embarcación surcó el mar hasta Gallaecia y remontó el Río Ulla hasta llegar al puerto de Iria Flavia, capital de esta provincia romana. Allí enterraron su sarcófago en el cercano bosque de Liberum Donum.
Pero su tumba fue olvidada hasta que, en el año 813, el eremita Pelayo vio un resplandor en el campo, en el lugar donde se encontraba la tumba del Apóstol. Se iluminó con el brillo de una estrella, hecho del que derivó el nombre de Campus Stellae (Compostela). Pelayo avisó al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, que destapó el sarcófago. En la lápida había una inscripción que indicaba quién se encontraba allí enterrado. El obispo confirmó, tras algunas investigaciones, que verdaderamente se trataba del Apóstol Santiago. Informaron del hecho al rey Alfonso II, que acudió al lugar y proclamó al Apóstol Patrono del Reino, y se construyó allí un santuario. Hoy es la catedral de Santiago de Compostela.
Lugar de peregrinación
A partir de esta declaración oficial, los milagros y apariciones que se sucedían en Compostela dieron lugar a leyendas para infundir valor a los peregrinos que se dirigían hacia el lugar. Guiados por el camino marcado en el cielo, acudían desde cualquier punto de Europa a visitar la tumba y llorar arrepentidos sus pecados. Y así se fue trazando el Camino.
Una de las leyendas más conocidas es la que narra cómo Ramiro HI venció a los moros ayudado por un jinete con un caballo blanco que resultó ser el Apóstol. Así se acuñó la denominación de “Santiago Matamoros”.
“… Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos;
iban todos cubiertos de luces
con guirnaldos de verdes luceros
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos…”
Balada de Lorca
A partir del siglo XI, Compostela atrajo fuertemente al cristianismo europeo y se convirtió en lugar de peregrinación multitudinaria. Hasta aquí llegaron reyes, príncipes y santos.
En los siglos XII y XIII la ciudad vivió su época de máximo esplendor. Además de la escritura del Códice Calixtino, la primera guía para peregrinos, el Papa Calixto II concedió a la Iglesia compostelana el Jubileo Pleno del Año Santo, y la Santiago de Compostela se convirtió en la Tercera Ciudad Santa, después de Jerusalén y Roma.
“Al que van a venerar las gentes, Santiago hijo de Zebedeo,
la tierra de Galicia lo envía al cielo estrellado”
Códice Calixtino, s. XII
Desde entonces, cada vez que el Día de Santiago coincide en domingo, se celebra el Año Santo.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net La verdad, un tema siempre de moda
La verdad es un tema siempre nuevo, vivo, actual, de moda
La verdad, un tema siempre de moda
Existe el peligro de considerar la verdad desde un punto de vista reductivo, formal, como quien diseca una planta o analiza al microscopio pedazos de una piedra.
¿En qué consiste ese peligro? En focalizar la atención en un simple análisis lingüístico. La verdad sería, en esa perspectiva, una propiedad de una frase en la que se unen un sujeto y un predicado de modo correcto, comprensible y aceptado por quien formula frase y por quien la escucha (o la lee).
Esa definición tiene elementos válidos y de gran importancia. Decir “los elefantes vuelan” suscita reacciones de sorpresa ante lo difícil que resulta juntar un sujeto muy pesado (elefantes) y un verbo que no se aplica normalmente a animales de grandes dimensiones. A la vez, decir que “las piedras suelen ir hacia abajo gracias a la fuerza de gravedad” no crea grandes problemas en los oyentes.
Existen, desde luego, contextualizaciones que modifican el sentido de las frases: las piedras van hacia abajo sólo si están en un planeta de ciertas dimensiones, o si no tienen una energía cinética que las haga moverse en forma circular o de otra manera.
Pero la definición no llega a otras dimensiones importantes, porque el hombre no busca simplemente frases verdaderas, sino que se interesa por encontrar respuestas correctas a aquellas preguntas que le afectan íntimamente, a temas que son siempre de moda.
¿Es verdad que tal persona es un buen amigo? ¿Resulta oportuno ahora comprar esta casa? ¿Pido un préstamo o espero más tiempo para ahorrar? ¿Hará sol en la tarde o será mejor coger el paraguas?
Esas y otras miles y miles de preguntas, sobre ámbitos distintos, en tiempos verbales diferentes, surgen en los corazones desde un deseo insuprimible: queremos conocer, en la medida de lo posible, la situación en la que nos encontramos, las cualidades (y defectos) propios y de quienes nos rodean, las oportunidades y los riesgos de las distintas opciones que tenemos ante nosotros.
En otras palabras, deseamos respuestas a preguntas que nos permitan salir de la situación de duda, que nos aparten del riesgo del error y nos acerquen, en la medida de lo posible, a lo más “verdadero”.
De esta manera, la verdad no es simplemente un asunto lógico, sino algo que afecta al ser humano en lo más profundo de sus intereses, deseos, proyectos, amores, miedos, esperanzas.
Para avanzar hacia la respuesta a esas preguntas, los caminos son muchos, diferentes en características y límites. Consultar en Internet puede dar pistas de respuesta, pero también puede llevarnos a un engaño desagradable. Lo mismo podemos decir respecto de la lectura de un libro, de las respuestas que ofrece un amigo o conocido, de lo que encontramos en un interesante, pero no siempre bien planteado, programa televisivo.
Otras veces tenemos el tiempo y los medios para usar potentes aparatos que sirven para medir y calibrar los objetos que tenemos ante nosotros. Así, podemos medir el nivel de calcio en el agua, o la cantidad de sal de la comida, o la resistencia (y seguridad) del suelo que pisan nuestros zapatos. Pero la mayoría no tenemos ni instrumentos ni tiempo para controlar la consistencia y “bondad” de aquello que podemos usar (o dejar de usar) en los próximos minutos.
Hay temas en los que la respuesta puede ser buscada sin grandes aparatos, con la ayuda de nuestros sentidos (vista, tacto, olfato) o con nuestras reflexiones. Ver si las cuentas del banco son correctas o han sido falseadas (por culpa o sin culpa) es una tarea que muchos pueden llevar a cabo con un poco de matemáticas. Dilucidar si vale la pena decir una mentira que nos ofrecerá importantes beneficios o si es mejor conservar la propia honestidad y no engañar a un familiar o un amigo, es algo que podemos sopesar en una habitación a oscuras, sin libros, sin computadores, sin ruidos, con esa mente con la que somos capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo.
La verdad es un tema siempre nuevo, vivo, actual, de moda. Cada día se presentan cientos de ocasiones que nos llevan a buscarla intensamente.
Una de las dichas mayores en la existencia humana es la que nos produce reconocer que la hemos encontrado, solos o bien acompañados, en el camino que recorremos en pos de bienes auténticos. De este modo, podremos mejorar un poco nuestra existencia en este tiempo efímero, y prepararnos hacia el mundo eterno que nos espera más allá de la frontera de la muerte.