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Autor: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net La pecadora arrepentida
Lucas 7,36-50 Tiempo Ordinario. ¿Quieres saber cuánto vales? No cuentes lo que tienes, mira solamente lo que amas.
La pecadora arrepentida
Del santo Evangelio según san Lucas 7,36 – 50
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume. Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora». Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, Maestro». Él le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?». Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Entonces Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, Yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados». Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?». Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz.
Oración introductoria
Dios mío, al igual que la mujer del Evangelio, te busco con una gran fe en esta oración. Soy consciente de mis miserias y necesito tu perdón. No permitas que me aparte de Ti, porque en Ti tengo puesta toda mi esperanza. Te amo y deseo ardientemente compartir este amor con los demás.
Petición
Señor, ayúdame a reparar mis faltas con esta oración sincera y humilde.
Meditación del Papa Francisco
[Jesús] Si hablaba con alguien, miraba sus ojos con una profunda atención amorosa: “Jesús lo miró con cariño”. Lo vemos accesible cuando se acerca al ciego del camino, y cuando come y bebe con los pecadores, sin importarle que lo traten de comilón y borracho. Lo vemos disponible cuando deja que una mujer prostituta unja sus pies o cuando recibe de noche a Nicodemo. La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo que marcó toda su existencia.
Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad. (S.S. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium n. 269) .
Reflexión
Cada hombre vale lo que puede valer su amor. El amor, lo dijo alguien hace muchos siglos, no tiene precio. Se atribuye al rey Salomón esta frase: «Si alguien quisiese comprar todo el amor con todas sus riquezas se haría el más despreciable entre los hombres». Un empresario multimillonario puede comprar las acciones de muchas empresas más débiles que la suya, pero no puede lograr, con todos sus miles de millones de dólares, comprar la sonrisa amorosa de su esposa o de sus hijos. Y si el amor es algo inapreciable, si vale más que todos los diamantes de Sudáfrica, vale mucho más la persona, cada hombre o mujer, capaces de amar.
Por eso podemos decir que no existe una cifra que nos diga lo que vale cada ser humano. Mejor aún: tiene un precio que sólo se puede comprender cuando entramos en la lógica del «banco del amor», cuando aprendemos a mirar a los demás con los ojos de quien descubre que todos nacemos y vivimos si nos sostiene el amor de los otros, y que nuestra vida es imposible el día en que nos dejen de amar y en el que nos olvidemos de amar.
¿Quieres saber cuánto vales? No cuentes lo que tienes. Mira solamente si te aman y si amas, como esta mujer pecadora que amaba a Cristo y Cristo la amaba porque sabía que le daba no sólo un valioso perfume sobre sus pies, sino un valioso amor que vale más que todas las riquezas del fariseo. El fariseo dejaba de lado a todos aquellos que él consideraba pecadores pero no sabía que en el corazón de Cristo no hay apartados. Él ama a todos los hombres y espera ser correspondido por cada uno de ellos. De igual forma en nuestra vida, amemos a los hombres sin considerar su fealdad o belleza, su condición social o sus defectos.
El amor cubre una multitud de pecados, por eso ella puede escuchar de labios de Jesús: ¡vete en paz! Es un atrevimiento y un escándalo para quien está falto de amor, pues sólo desde el amor se entiende el perdón. Si no, que lo diga una madre dispuesta siempre a perdonar los extravíos de su hijo.
El amor es la fuerza del alma y la llave que abre todas las puertas.
Propósito
Evitar, hoy, juzgar a los demás para mantener un corazón generoso y misericordioso como el de Cristo.
Diálogo con Cristo
Dios Padre misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia, ten compasión de tus hijos pecadores y apiádate de las obras de tus manos para que podamos permanecer en pie el día de tu venida gloriosa.
Amigos todos, siguiendo la dinámica de San Juan Pablo II de : «No hay que separar fe y vida», les compartimos éste interesante artículo de una Dama de 25 años. Texto centrado y reflexivo sobre el «patriorismo» que vivimos en Guatemala, para muchos bastante falso y de un mes al año, lo cual hace imposible crear un país verdaderamente democrático, justo y avanzado.
Es por demás importante que como Cristianos hagamos algo, no dejemos a las manos de otros lo que nos corresponde, como decía San Benito: «Ora et Labora» (ora y trabaja); es un error pensar aquello que «Jesús es la solución para Guatemala», si fuera obra de Jesús componer la situación del país, seríamos la primera potencia mundial, Dios deja en todo lo que hace el sello de la excelencia, no trabaja con «chapuces o mediocridades»; la solución que puso Jesús para Guatemala somos los guatemaltecos , como los chinos para China, los alemanes para Alemania, etc… Así como en la bella obra de mi Cristo roto (que pueden encontrar en la sección de links de interés de la web de la Virgen del Camino), Jesús no tiene brazos, piernas, porque nosotros somos sus brazos y piernas!!
No salgo a ver “Las Antorchas”, tampoco compro banderitas para el carro. No me pinto la cara con los colores azul y blanco, ni me pongo la camisola. Mis publicaciones en facebook y twitter no son las más alegres y positivas, mucho menos subo la bandera a mis fotos de perfil. Y, ¿quién me recuerda por leerme con tan acentuada expresión: ¡QUE VIVA LA INDEPENDENCIA!? NADIE porque no lo he hecho. ¿Quién diablos mató mi patriotismo?
En cambio, otros no pierden el patriotismo ni el amor por Guate. Algunos papás a pesar de los atareados quehaceres diarios hacen tiempecito para buscar el traje de “indito” para la actividad del colegio. Qué bellos se ven los patojos. “Hacéle la trencita”, “pintále el bigotito”. No puede faltar la foto con aquellos disfraces como si fuera un día de Halloween.
Las escuelas emocionadas con tanta actividad cívica, paran a los niños bajo el sol para cantar aquel himno que aún no memorizan del todo. “Que tu pueblo con ánima fiera antes muerto que esclavo será. Nuestros padres luch…ehhh… De tus viejas y duras cadenas”. Todos se presentan peinaditos en los lunes cívicos para jurar a la bandera con esas palabras que ni sus propios maestros comprenden, ¿perenne?, ¿excelsitud? (ya va a ser hora de recreo, ya mero). Y qué decir de jugar al mercadito porque eso es lo que es, un juego ¿no?
“Cht cht, niño, ¿qué valen las banderitas de Guate? Rápido, dame dos antes que el semáforo cambie a verde” “Pitale, pitale, es una antorcha, qué alegres se ven los patojos”. Aún recuerdo haber visto en la tele el año pasado a una presentadora entrevistando a un joven sudado que recién llegaba al Obelisco para encender su antorcha. —¿Dime cómo te sientes? —Entre gritos interrumpidos por la fatiga exclamaba —¡Aquí felices de celebrar el ciento noventa y… noventa y dos aniversario de mi querida Guatemala!, ¡Que viva la independencia! (se le unían al coro sus amigos sudados) ¡Guate! ¡Guate! UUUUUUUU—. Pero yo no sudo corriendo con antorcha en mano, ni compro banderitas, ni pito a los que van rumbo al Obelisco. ¿Quién diablos mató mi patriotismo?
Algunas familias van a lugares donde tocan marimba porque eso es lo que se hace en septiembre. Hay que comer comida típica y hasta escuchar el discurso patriota del presidente que interrumpe la programación regular. Canillitas de leche, cocadas, ferias… AYAYAYAYAYYYY QUE BONITA ES ESTA VIDA (siga cantando).
Pero aquellos papás que visten a sus patojos con esos trajes de “inditos” son los mismos que ya no van a Miraflores porque se llenó de shumos y choleros (sigo sin comprender si son sinónimos). La discriminación y el racismo aún los caracteriza. Los niños nunca supieron de qué pueblo era el traje que vestían y por qué se le llama a esa vestimenta típica.
En la escuela los alumnos nunca llegaron a comprender la letra del himno, solo la memorizaron (porque es otra de las tareas como aprender a leer y escribir). Tampoco les hicieron ver que ese “juego” del mercadito es una realidad que viven muchos guatemaltecos. Que la situación agraria sigue sin resolverse desde 1954 y que en el peor de los casos condena a esos “inditos” a menos de un dólar por día para alimentar a una familia de seis.
El que compró las banderitas en el semáforo quizá no ha tomado conciencia de que el niño de 6 años que las vende dejó de ir a la escuela porque su padre comprendió que la educación no es una necesidad biológica, pero sobrevivir sí. Que como él hay miles de niños que por diversas razones no reciben educación.
Aquel joven que corre eufórico junto a sus amigos directito al Obelisco para encender la antorcha no ha tomado conciencia que sigue exaltando a una patria que se ha esforzado por no darle educación. Porque a un pueblo educado, ¿quién lo manipula? Aún no sabe que dentro de las políticas de Estado la represión ha sido más importante que promover espacios de recreación. Que llevar un tatuaje, aretes y ropa holgada viviendo en una zona roja es motivo suficiente para que la policía los baje de las camionetas y los registre cual criminales peligrosos (y le va peor si es un “chocochavo”, es decir de piel morena). Que a las mujeres les es imposible andar por la calle en vestidos cortos porque las pueden violar (lo más probable es que sea su culpa por provocar). Que no es casualidad que en el área rural las jóvenes de mi edad (25 años) ya vayan en su tercer embarazo.
Entre los 14 millones de habitantes de este país llamado Guatemala, tal vez un 90% de población que celebra el día de la independencia sabe que el 15 de septiembre de 1821 logramos quitarnos de encima el poderío de los españoles. Pero no saben que las estructuras de injusticia, racismo y desigualdad permanecieron. Que en el fondo nada cambió y que si leemos algún libro (La Patria del Criollo, por ejemplo) entenderíamos mucho de la realidad nacional. Que la independencia solo deben celebrarla unos cuantos que lograron quitarse a los españoles de encima para gobernar. Esos mismos que controlaron las plantaciones de algodón, café, azúcar y las principales producciones agrícolas durante el siglo pasado cerciorándose de que nada cambiara. Esos mismos que se empeñaron en truncar la esperanza de Guatemala, esa pequeña luz que nació en 1944 cuando se creó entre tantos proyectos de nación una oportunidad para que el campesino saliera adelante, una oportunidad de desarrollo económico (no crecimiento económico).
¡Ahora ya sé quién diablos mató mi patriotismo! NADIE. Porque nunca ha existido. Porque el sentimiento es pura emoción de 30 días, de esa que acompaña a la selección cuando gana y la insulta cuando pierde.
Y si de pronto repetir la jura a la bandera devuelve el patriotismo, los invito a que levanten su mano derecha a la altura del hombre y repitan (y de paso reflexionen) conmigo:
Bandera (no tan) nuestra,
a ti juramos (ojalá usted no sea cristiano porque acaba de pecar, y créame que su juramento sí está siendo en vano)
devoción perdurable,
lealtad perenne (no la que se le da a los partidos políticos a cambio de una curul),
honor, sacrificio y esperanza (solo si beneficia económicamente, dicen)
hasta la hora de nuestra muerte.
En nombre de la sangre y de la tierra (¿cuenta la sangre de los miles de indígenas masacrados durante el conflicto armado?),
juramos mantener tu excelsitud (¿seguros que esa palabra existe?)
sobre todas las cosas;
en los prósperos días (no aplica para más del 50% de la población en pobreza),
y en los días adversos,
velar y aun morir (que violentos muchá),
porque ondees perpetuamente
sobre una patria digna (defina “digna” y repita de nuevo desde “velar”).
Saludos dos
Pueden encontrar el artículo original ene l siguiente link:
Soy una mujer libre, amante de la justicia social. Mi lugar preferido siempre está en la naturaleza rodeada de árboles, ríos, montañas y volcanes. Las aventuras extremas siempre son mi debilidad. En mi título dice que soy Politóloga. Creo en la política, sí, en la política, no en esta politiquería de hoy y de antes. También soy de esas pocas que aún le tiene fe a esta sociedad y a la posibilidad de enderezar nuestro camino (no, no hablo de religión). Por ello, estoy consciente que mi voz tiene poder, y en la medida que pueda quiero ayudar a otros a que piensen lo mismo. Creo que escribir contribuye a despertar conciencias y a generar debate. Por eso grito, grito entre estas letras para que afín o no a mis pensamientos, TODOS puedan expresarse y ser más tolerantes, menos masa y más críticos.
Autor: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net El hijo de la viuda de Naím
Lucas 7, 11-17. Tiempo Ordinario. Dios sigue haciendo milagros para que nosotros podamos ser felices en Él.
El hijo de la viuda de Naím
Del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo iba Jesús de camino a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
Oración introductoria
Dios mío, Tan grande es tu amor que no dejas de compadecerte de mí, a pesar de mis debilidades, porque digo y no hago, ofrezco y no cumplo. ¡Ven a iluminar mi oración! Dame la gracia que me hará crecer en amor y en fidelidad.
Petición
Señor, quiero ser todo para Ti, concédeme olvidarme de mis preocupaciones para poder escucharte.
Meditación del Papa Francisco
Jesús tiene la capacidad de sufrir con nosotros, de estar cerca de nuestros sufrimientos y hacerlos suyos. Jesús se compadeció de esta viuda que había perdido a su hijo. Sabía lo que significaba una mujer viuda en ese tiempo.
El Señor tiene un amor especial por las viudas, y las cuida. Pienso también que esta viuda es un icono de la Iglesia, porque también la Iglesia es en cierto sentido una viuda: El Esposo se ha ido y Ella camina en la historia con la esperanza de hallarlo, de encontrarse con Él. Y Ella será la esposa definitiva. Pero mientras tanto Ella, la Iglesia, ¡está sola! El Señor no está visible. Tiene una cierta dimensión de viudez… Esta Iglesia valiente, que defiende a sus hijos, como la viuda que iba donde el juez corrupto para defender, defender y finalmente ganó. ¡Nuestra Madre Iglesia es valiente! Tiene el coraje de una mujer que sabe que sus hijos son suyos, y debe defenderlos y llevarlos al encuentro con su Esposo. (Cf. S.S. Francisco, 17 de septiembre de 2013, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Hay una diferencia abismal entre las demás religiones y el Cristianismo. En las demás, el hombre va en busca de Dios. En el Cristianismo es Dios el que busca al hombre.
Y en la Iglesia Católica, fundada por Cristo, lo vemos todos los días. Este Evangelio es una prueba más del amor de Dios hacia nosotros, que es infinito. Tiene el arrojo y tesón del amor de padre y el candor y profundidad del amor de madre. Cristo al ver a la viuda que se le había muerto todo lo que tenía en el mundo, se compadece de ella. Del Corazón de Cristo brota esa necesidad de consolar a la viuda y le vuelve a entregar a su hijo. Y así como Cristo entregó alegría a esta viuda, hoy día Cristo entrega a muchos padres angustiados su joven hijo que se fue de casa días atrás, ablanda los corazones de los esposos a punto de separarse, inspira a los grandes empresarios a cambiar de actitud hacia sus colaboradores y, en vez de hundirles en deudas estratosféricas, hacen un trato para arreglar cuentas, etc.
Dios sigue obrando milagros para que nosotros podamos ser felices en Él. Es imposible que a Dios le guste vernos tristes, porque nos ama. Pero si lo estamos… ¿acaso será porque no le hemos permitido a Cristo entrar en nuestras vidas? Pidamos hoy esta gracia a Cristo Eucaristía.
Propósito
Hacer una visita al Santísimo Sacramento para escuchar lo que Dios me quiere decir hoy y dejarlo entrar en nuestra vida.
Diálogo con Cristo
Señor, sé, como decía san Agustín, que las aflicciones y tribulaciones que a veces sufrimos nos sirven de advertencia y corrección, y que si tuviera la fe debida, no temería a nada ni a nadie, porque todo pasa para nuestro bien, si sabemos poner todo en tus manos. Pero bien conoces mi debilidad, mi necesidad de sentir tu consuelo y tu presencia, ven a mi corazón, que quiere resucitar contigo, para poder experimentar el amor de Dios.
Autor: Miguel Rivilla San Martín, Pbro. | Fuente: Catholic.net Trivialización de la Santa Misa
Hoy, desgraciadamente, en contra de las orientaciones conciliares muchos han convertido la misa en puro espectáculo
Trivialización de la Santa Misa
Si algo grande, sublime y valioso ha habido en la Iglesia, considerado por todos los fieles, a lo largo de los siglos, en todos los tiempos y lugares del mundo, como un verdadero tesoro de infinito valor, este ha sido, sin duda alguna, el Santo Sacrificio de la Misa, la Sagrada Eucaristía o el, así denominado, Misterio Pascual.
El Concilio Vaticano II en el nº 47 de la Constitución Sacrosantum Concilium sobre la santa misa dice lo siguiente:»Nuestro Salvador en la última cena, la noche en que lo traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y a confiar así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección».
Secularismo
Como la marea negra del chapapote, procedente del petrolero Prestige invadió las costas gallegas, ensuciando y contaminando todo lo que tocaba y acabando con la vida de las especies marinas, así ha pasado con la ola del secularismo que invadió a la iglesia postconciliar, que ha contaminado y echado a perder la vida eclesial y espiritual, sin respetar lo más sagrado, incluso el Santo Sacrificio de la Misa.
Misterio de fe
Siempre que se celebra la Santa Misa, tras el momento más importante de la consagración, el sacerdote, mostrando las sagradas especies a los fieles, dice: «Este es el misterio de nuestra fe». Efectivamente. Desde siempre la Iglesia católica ha creído, proclamado y enseñado que Cristo se hace realmente presente con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, bajo las especies consagradas del pan y del vino. Está claro que esto es un misterio de fe, que trasciende el campo de los sentidos y tras el cual el Señor Jesús se entrega como alimento en este banquete pascual. Todo el que comulga recibe a Cristo como comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura.
Situaciones incorrectas
En no pocos lugares y por no pocos fieles y ministros, un tanto innovadores, llevados por la corriente del secularismo, han dado lugar con su actitud irreflexiva a una pérdida de la sacralidad y del misterio en la celebración de la Eucaristía.
Llevados por una falsa interpretación de los textos conciliares, se han fijado sólo en los aspectos exteriores de la misa y han convertido la santa misa en una fiesta, en un mera cena, en un acto de comunicación con los otros, más que de comunión con Dios Nuestro Señor.
Hoy, desgraciadamente, en contra de las orientaciones conciliares que piden claramente «la participación consciente, piadosa y activa» de los fieles en la celebración de la misa, muchos han convertido la misma en puro espectáculo.
– Misas bonitas. Donde por una deficiente formación litúrgica, se convierte la celebración de la eucaristía en un show o espectáculo, los fieles son estafados, corren serio peligro de desvirtuar lo más sagrado y salen, lo que es más lamentable, sin rastro de Cristo en sus vidas. Todos hemos visto alguna vez salir emocionados algunos asistentes a estas celebraciones seudo-litúrgicas, comentando lo «bonita que ha estado la misa». Todo porque se ha dado un valor preferente y relevante a lo exterior, a lo accidental, (guitarras, bailes, folclore, procesión interminable de ofrendas a cual más pintoresca, gestos efusivos y excesivos de intercambios de saludos, invención de textos y plegarias eucarísticas etc.) frente a la escucha e interiorización de la Palabra, de la Comunión en gracia de Dios y las debidas disposiciones.
– Disposiciones interiores. Si los participantes en la Eucaristía no salen de la celebración con un deseo sincero de mejorar sus vidas, con un compromiso decidido a ser mejores católicos en la vida diaria, con el convencimiento de que se han comunicado con Jesús presente en su Palabra y en el sacramento, algo importante ha fallado en esa celebración, por mucho que en ella se haya hecho alarde de elementos accesorios. Se han quedado en la cáscara, y han desperdiciado el fruto.
– Encuentro personal y comunitario con Dios. Toda auténtica celebración del misterio pascual y del santo sacrificio ha de ser ocasión inigualable e incomparable para acercarnos más a Dios y encontrarnos con él en un encuentro profundo a nivel personal y comunitario. Si como han dicho muchos maestros de espíritu una sola misa sería suficiente para mejorar toda una vida y poner a un alma en camino de santificación… ¿qué se logra con tantas celebraciones vacías de contenido en lo esencial y muy llenas de lo accidental?
Muy grave responsabilidad tienen en este aspecto como en tantos otros los pastores de la Iglesia. Con su ejemplo, corrección y autoridad, deberían hacer que todos los ministros ordenados fueran conscientes que están ejerciendo al celebrar la Santa Misa el ministerio más sublime que cabe aquí en la tierra a un elegido de Dios, cual es todo sacerdote.
Conclusión
Quiero concluir con una ejemplar anécdota que me parece se lee en la vida del santo Juan de Ávila. En cierta ocasión en la que le tocó estar presente en la misa de un sacerdote un tanto rutinario y despreocupado que celebró sin el menor fervor y devoción, al terminar se le acercó y con la mejor de bondad no exenta de firmeza le dijo: «Padre, le he visto celebrar. Permítame le haga una recomendación. Tráteme bien a Jesús que es hijo de muy buena madre».
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net Consolar a quien me consuela
Jesús quiere ser consolado. Precisamente por aquellos que tantas veces hemos recibido su consuelo.
Consolar a quien me consuela
Casi puedo acostumbrarme: tras el pecado, Dios se volcó nuevamente sobre mi alma. Me invitó a la confianza, me alentó al arrepentimiento, me acercó al sacramento de la confesión, me abrazó con su misericordia. ¡Es tanto lo que Dios ha hecho y hace tantas veces por mí!
Sí: puedo acostumbrarme, hasta el punto de ver casi como algo seguro el hecho de que mi Padre volverá mañana a buscarme para limpiar pecados, para encender la esperanza, para resucitar el amor que se apagaba. Pero si tan sólo recordase qué precio fue pagado por mi rescate, si tuviese ante mis ojos los esfuerzos tan grandes que pasó el Hijo para redimirme…
Necesito, por eso, tener un alma abierta, profunda, agradecida. El amor que recibo sólo puede pagarse con amor. Por eso, al que mucho se le perdona mucho ama (cf. Lc 7,47).
Pero no me basta simplemente con la gratitud. Hay momentos en los que siento que también Él necesita algún consuelo. Su grito en el Calvario, escuchado por la Madre Teresa de Calcuta y por miles y miles de católicos de todos los tiempos, llega a mi corazón: «Tengo sed» (cf. Jn 19,28).
Es cierto: mis heridas son mayores que las suyas, pues el pecado pone en peligro el sentido bueno de mi vida, mientras que los clavos del madero no enturbiaron el amor de Cristo hacia su Padre y hacia los hombres. Pero no por ello el Señor deja de anhelar consoladores para su sed de amor, para sus sueños de encender un fuego en el mundo, para que la oveja perdida vuelva pronto al hogar donde será amada.
Jesús quiere ser consolado. Precisamente por aquellos que tantas veces hemos recibido su consuelo. Esa será la mejor manera de decirle, desde lo más íntimo de mi alma, ¡gracias! por tantas ocasiones en las que me ha susurrado, con la voz humilde de un sacerdote, «yo te absuelvo de tus pecados…».