Hoy también se festeja a:
- • Soteris, Santa
- • Gregorio II, Santo
- • Pascual I, Santo
- • Pedro de Jesús Maldonado Lucero, Santo
- • Tobías (Francisco) Borras Romeu, Beato
- • Eloisa de Coulombs, Beata
Peregrinación al Santuario de Lourdes
Francia
Por: Ruta Mariana | Fuente: rutamariana.com

El Santuario de Lourdes es el segundo destino de peregrinación católica después de Roma y sin duda uno de los lugares más visitados de Francia. Se encuentra situado en la pequeña ciudad de Lourdes (unos 15.200 hab. aproximadamente), en la región de Hautées Pyrénées (Altos Pirineos), dentro de un valle rebosante de verdor y frescura. Los bellos paisajes, la naturaleza, la tranquilidad, el relax y sobre todo la fe y devoción en la Virgen de Lourdes son características que acompañan el modo de vida de esta zona.
Hoy en día, el Santuario de Lourdes es un lugar cosmopolita, un santuario universal cuya fuerza reside en la diversidad sus gentes. Considerado como el primer destino de peregrinación mariana del mundo, los peregrinos y visitantes que vienen a Lourdes proceden de todos los continentes. Cada año, más de 6 millones de personas acuden a este lugar, entre quienes cabe mencionar a los jóvenes y sobre todo a los enfermos, que llegan en busca de alivio y esperanza.
Tres símbolos caracterizan este santuario: el Agua, signo de purificación, la Roca, lugar de las apariciones, y la Luz, que representa la fe y la esperanza.
El Santuario original de Lourdes: la Gruta y la Basílica
La Gruta y la Basílica de la Inmaculada Concepción (Basílica Superior), construída por Monseñor Laurence, el Obispo de las apariciones, constituyen el santuario original. Posteriormente se fueron añadiendo el conjunto de iglesias y edificios que podemos ver hoy en día, siempre teniendo como centro la Gruta.
Todo el conjunto recibe el nombre de Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.
La Gruta de Massiabelle
Es el lugar de las apariciones entre febrero y julio de 1858. La gruta está formada por tres cavidades desiguales. La más grande se ha convertido en el lugar de celebración de la misa. En la parte superior derecha se encuentra la imagen de la Virgen, dentro de un nicho ojival de dos metros de altura. Es ahí el lugar exacto donde se aparecía la Inmaculada Concepción. La talla, esculpida por el arquitecto Fabisch siguiendo las indicaciones de Bernardita, en un principio no gustó a la joven. La imagen tiene unida las manos en señal de llamada a la oración.
En el suelo, a la izquierda y delante de la Gruta, está señalado por una placa el sitio exacto donde se encontraba Bernardita: «aquí rezaba Bernardita el 11 de febrero de 1858». Al fondo de la Gruta, a la izquierda del altar, se puede ver la fuente que descubrió la joven siguiendo las indicaciones de la Virgen. Detrás del altar se encuentra una urna donde el peregrino puede depositar sus intenciones de oración. Al salir de la cueva, las personas tocan la roca y se santiguan. Pasar por la gruta y tocar la roca es uno de los actos característicos de la peregrinación, es una expresión de fe.
Basílica de la Inmaculada Concepción
Construída entre 1866 y 1871, está situada en lo alto de la roca de la Gruta. Fue erigida como basílica menor por el Papa Pío IX el 13 de marzo de 1874.
En la fachada, encima de la puerta, se representa en un medallón al Papa Pío X con el rostro iluminado por una ligera sonrisa. En su mano izquierda sostiene el decreto, con fecha de 13 de noviembre de 1907, por el que la misa de la Aparición de Nuestra Señora de Lourdes se extiende a la Iglesia universal. El medallón de la parte baja, sobre la puerta de entrada de la Cripta, representa al Papa Pío IX, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854. A la derecha de la entrada, está grabada en una lápida de mármol la declaración de la autenticidad de las Apariciones hecha por Monseñor Laurence.
El presbiterio de la basílica está situado exactamente sobre la Gruta de las Apariciones. Las vidrieras narran artísticamente la historia de la Santísima Virgen, desde los orígenes hasta la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por el Papa Pío IX y las Apariciones.
Nuestra Señora de Lourdes
Las apariciones de la Virgen de Lourdes
Ahí, en el fondo de la gruta, una maravillosa aparición se destacaba delante de ella
La Imagen de Nuestra Señora de Lourdes
La talla de la Virgen de Lourdes fue esculpida siguiendo las indicaciones de Bernardita
Las peregrinaciones
El origen y la devoción de Lourdes
Las apariciones de la Virgen a Bernardita dieron lugar a las primeras peregrinaciones y al posterior levantamiento de una capilla
Los Signos de Lourdes
El Santuario de Lourdes tiene una serie de signos inseparables que le son innatos desde el origen del mismo
Lugares de Culto en el Santuario de Lourdes
Diferentes lugares de culto y celebración, así como importantes emplazamientos para las peregrinaciones
Otros lugares de culto en la peregrinación a Lourdes
Las Capillas, manantiales y piscinas muy visitados por los enfermos
Los milagros
La Oficina Médica, oficina de constataciones de las curaciones
El primer objetivo de la Oficina Médica es el de autentificar las declaraciones de curación hechas por los enfermos
El control de una curación por los Médicos y la Iglesia
Desde 1847, hasta estos últimos años, casi 1.300 expedientes han sido abiertos, todos para una declaración de curación
Santa Bernardita
Vida de Santa Bernardita
Niñez humilde y enfermiza pero llena de piedad
El Camino de Bernardita
Por el camino peatonal de Bartrès a Lourdes, los caminantes estan a unos centenares de metros de la Gruta de las Apariciones
Rezar con Bernardita
Intenciones de oración, webcam de la Gruta, Oración y novena a Nuestra Señora de Lourdes, el Rosario
Religión y SupersticiónTon sólo Dios tiene poder, ni las cosas o personas creados por Él tienen tal don.
Por: Ricardo Sada Ferrnández | Fuente: Encuentra.com

Dios es para el hombre el único Señor. Lo ha creado y lo cuida constantemente con su Providencia amorosa. La existencia de la criatura y todo cuanto son o posee, lo ha recibido de Él. Por consecuencia, el hombre mantiene con Dios unos lazos y obligaciones en cuanto Creador y Ser Supremo: es el culto que debe rendírsele y que se vive con la virtud de la religión.
Horóscopos, amuletos, lectura de cartas… ¿se puede confiar en la adivinación sin que afecte a nuestra vida espiritual?
Alabar y adorar a Dios es lo que se conoce como culto. Esa necesidad ha sido sentida desde los hombres más primitivos hasta los de más elevada inteligencia, que se rinden sumisos al descubrir a Dios en su ciencia. En cualquier caso, el culto dado a Dios se realiza de un modo adecuado a la naturaleza del hombre, a un tiempo material y espiritual. Ya en el siglo XVII la Iglesia consideró como herética la proposición de Miguel de Molinos, a quien parecía imperfecto e indigno de Dios todo rito sensible, queriendo reducirlo a lo interno y espiritual. En las facultades del entendimiento y la voluntad es donde, ciertamente, se debe fundamentar el culto, pero no basta: se precisan también actos externos de adoración: arrodillarse ante el Sagrario, participar activamente en la Santa Misa, asistir con piedad a las ceremonias litúrgicas….. Pues el hombre no es sólo espíritu, y Dios es también creador del cuerpo.
En la práctica el culto se concreta en tener prontitud y generosidad ante todo lo referente a Dios. Y llega hasta el detalle de mostrar la reverencia debida a los objetos religiosos que usemos corrientemente: colocar el crucifijo en el sitio de honor de la habitación, guardar el agua bendita en un recipiente limpio, tratar con reverencia el libro de los Evangelios y el rosario, permanecer atento y con una postura digna dentro del Templo, especialmente en las bodas y otras ceremonias, donde es fácil que el gusto de saludar a los viejos amigos nos lleve a convertir el recinto sagrado en la antesala del salón de fiestas. Todos estos detalles de reverencia son parte del primer mandamiento, pues con ellos manifestamos nuestra fe de modo exterior.
¿No pasas nunca debajo de una escalera? ¿Llevas un amuleto colgado del cuello? ¿Evitas que haya trece comensales en la mesa? ¿Intentas tocar la madera cuando ocurre algo que «da» mala suerte? ¿Te sientes influido en tu estado de ánimo porque el horóscopo que leíste hoy no te era favorable? Si puedes responder «no» a estas preguntas, ni te inquietan otras tantas supersticiones populares, entonces puedes estar seguro de ser una persona bien equilibrada, con la fe y la razón en firme control de tus sugestiones.
En nuestra sociedad «tecnificada», la falta de fe lleva a que cada vez haya más supersticiosos. La superstición es un pecado contra el primer mandamiento porque atribuye a personas o cosas creadas unos poderes que sólo pertenecen a Dios. La omnipotencia que sólo a Él pertenece se atribuye falsamente a una de sus criaturas. Todo lo que ocurre nos viene de Dios; no del colmillo de un tiburón o las consejas de un curandero. Nada malo sucede si Dios no lo permite, y todo lo que ocurre en nuestra vida o en la ajena es para bien, para que aquello de algún modo contribuya a nuestra santificación o a la del prójimo.
Del mismo modo, solamente Dios conoce de modo absoluto los acontecimientos futuros, sin «quizás» ni probabilidades. Todos somos capaces de predecir hechos que seguirán a determinadas causas. Sabemos a qué hora llegaremos mañana a la oficina (si nos levantamos a tiempo); sabemos qué haremos el fin de semana próxima (siempre y cuando no haya imprevistos); los astrónomos pueden predecir la hora exacta en que saldrá y se pondrá el sol el 15 de febrero del año 2019 (si el mundo no acaba antes). Pero no sabemos qué día moriremos ni quién será el presidente de la república dentro de veinte años. Dios conoce todo, tanto los eventos posibles como el feliz desarrollo de acontecimientos necesarios.
De ahí que creer en adivinos o espiritistas sea un pecado contra la fe que Dios ha querido que tengamos en Él y en su providencia. El supersticioso es un crédulo que funda su fe en motivos al margen del plan de Dios. Los adivinos son hábiles charlatanes que combinan la ley de las probabilidades con el manejo de la psicología y la autosugestión del cliente, y llegan a convencer incluso a personas inteligentes y cultas.
En sí misma, la superstición es pecado mortal. Sin embargo, muchos de estos pecados son veniales por carecer de plena deliberación, especialmente en los casos de arraigadas supersticiones populares: números de mala suerte y días afortunados, tocar madera y cosas por el estilo. Pero si se hace con plena deliberación y deseo, acudir a esos adivinos, curanderos o espiritistas, el pecado es mortal. Aun cuando no se crea en ellos, es pecado consultarlos profesionalmente. Incluso si lo que nos mueve es sólo la curiosidad, es ilícito, porque damos mal ejemplo y cooperamos al pecado ajeno. Decir la buenaventura echando las cartas o leer la palma de la mano en una fiesta, cuando todo el mundo sabe que es juego para divertirse que nadie toma en serio, no es pecado. Pero una cosa bien distinta es consultar en serio a adivinos profesionales.
Sobre este tema, la aparición de acontecimientos por encima de lo ordinario no puede ser debida sino al demonio. De ahí que la gravedad de la superstición se mide por la mayor o menor intervención del temible enemigo del hombre. Cuando hay invocación explícita del demonio, el pecado es gravísimo. Si es implícita -por ejemplo, el que inconscientemente lo relaciona con fuerzas ocultas- el pecado también es mortal.
De algún modo puede haber invocación implícita al demonio en las películas, obras teatrales, etcétera, que imprudentemente hacen aparecer intervenciones satánicas, para infundir terror, manifestar prodigios… a nuestro «hombre adulto» cada vez más deseoso de descargas de adrenalina. Hay invocación explícita -confirmada y aceptada por los mismos autores- en la letra de las canciones de ciertos grupos musicales modernos. En ambos casos -visuales o auditivos- existe la obligación grave de no formar parte como espectador o como escucha.
