Hoy también se festeja a:
- • Nuestra Señora de Loreto
- • Gonzalo Viñes Masip, Beato
- • Marco Antonio Durando, Beato
- • Gregorio III, Santo
- • Milciades (Melquiades), Santo
- • Eulalia de Mérida, Santa
¿Seguimos creyendo?
En el pórtico de una nueva Navidad
Sería oportuno que cada uno de nosotros se preguntara si sigue creyendo las cosas que creyó cuando era niño
Por: Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos | Fuente: revistaecclesia.com

Robert Spaemann es un renombrado filósofo alemán de fama internacional. En una ocasión, alguien le preguntó si, un intelectual como él, creía realmente que Jesús nació de una virgen, obró milagros, resucitó de la muerte y otorga la vida eterna a los que le siguen. Porque una fe así –le decían- es una fe típicamente infantil. El filósofo, de 83 años, respondió: “Creo, más o menos, lo mismo que creía cuando era niño. La diferencia es que entre mi infancia y los años que ahora tengo, he reflexionado más sobre ello. Al final, la reflexión me ha confirmado siempre en la fe”.
No sé si ahora, al llegar la Navidad, sería oportuno que cada uno de nosotros se preguntara si sigue creyendo las cosas que creyó cuando era niño. Porque en una sociedad como la nuestra, que se considera tan sabia y adulta, corremos el riesgo de que los árboles de nuestros conocimientos y saberes sean tantos y tan corpulentos que nos impidan ver el bosque de la verdad y de la bondad de las cosas.
En este sentido, alguna vez he pensado lo que sucedería si un gran investigador escribiera la biografía de una madre cualquiera. Seguramente haría un libro muy voluminoso. Si, luego, le dijeran al hijo de seis años que escribiera todo lo que sabe de su mamá, lo más probable es que fuera incapaz de escribir lo que cabe en una octavilla. Pero, si a continuación, le preguntáramos a la madre quién de los dos sabe mejor quién es ella de verdad, la respuesta la adivinamos todos. En las cosas de la fe, puede ocurrir algo semejante.
Yo, por ejemplo, he pensado más de una vez si al cabo de los años “comprendo” mejor el misterio de la Eucaristía que cuando hice la Primera Comunión. Es claro que durante mis años de seminario y luego en mi larga vida de sacerdote y obispo he reflexionado, meditado y rezado mucho sobre el tema. Sin embargo, sigo estando donde estaba cuando era niño: necesitando fiarme de la Palabra de Dios, que me dice que lo que ven mis ojos, tocan mis manos y come mi boca no es pan sino el mismo Jesucristo en persona. De ahí que, dando un paso más, concluya: el que más sabe de la Eucaristía no es tanto el que más la ha estudiado sino al que el Espíritu Santo le ha dado “entenderla” mejor.
No se trata, como es fácilmente comprensible, que debamos renunciar a leer, estudiar, reflexionar y meditar sobre los misterios de nuestra fe. Eso, además de una imbecilidad, estaría en contra de las exigencias de la fe y de la razón, que se buscan y necesitan mutuamente. Más aún, lo deseable es que seamos capaces de dar razón de nuestra fe. Pero esto no obsta para que seamos conscientes de que Dios no cabe en nuestra inteligencia, por grande que sea. Como el mar no cabe en un cubo, por desmesurado que sea su volumen. No nos vaya a suceder lo que quería que evitásemos el premio Nobel W. Heisenberg, cuando sentenciaba: “El primer sorbo de la copa de la ciencia vuelve ateo, pero en el fondo de la copa está esperando Dios”.
Cuando celebremos la Nochebuena, antes de ponernos a cenar, leamos el relato del nacimiento de Jesús y, luego, vayamos, con y como los niños, a la Misa del Gallo, cantemos villancicos, adoremos al Niño Dios y dejemos que su sonrisa y su amor inunden nuestra alma. Porque -como escribió el Papa Benedicto XVI en su libro-entrevista Luz del mundo-, “Jesús quiere de nosotros que creamos en Él. Que nos dejemos conducir por Él. Que vayamos a él. Y que así lleguemos a ser cada vez más semejantes a él y, de ese modo, lleguemos a ser como debemos ser”.
Jesús manso y humilde de corazón
Adviento
Mateo 11, 28-30. Adviento. Sólo Él nos llena de la tranquilidad interior. ¿Acaso no estamos necesitados más que nunca hoy de esa serenidad?
Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30
En aquel tiempo Jesús dijo: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Oración introductoria
Señor, qué miserable soy cuando, a pesar de todos los innumerables dones con los que has colmado mi vida, aún me siento cansado y agobiado ante los problemas cotidianos de mi vida. Ilumina mi oración para experimentar tu cercanía, tu fidelidad, tu misericordia y bondad de corazón.
Petición
Vengo ante ti, Señor, fatigado por la carga de mis debilidades, dame tu gracia para tenerte en todo como mi modelo.
Meditación del Papa Francisco
Venid a mí. La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.
Jesús promete dar alivio a todos, pero nos hace también una invitación, que es como un mandamiento: Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. El «yugo» del Señor consiste en cargar con el peso de los demás con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro. La mansedumbre y la humildad del corazón nos ayudan no sólo a cargar con el peso de los demás, sino también a no cargar sobre ellos nuestros puntos de vista personales, y nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia.
Invoquemos a María santísima, que acoge bajo su manto a todas las personas cansadas y agobiadas, para que a través de una fe iluminada, testimoniada en la vida, podamos ser alivio para cuantos tienen necesidad de ayuda, de ternura, de esperanza» (Papa Francisco, 13 de julio de 2014)
Reflexión
En la sociedad agrícola de la época de Jesús, la terminología propia de la gente del campo tiene su importancia. El «yugo» es el instrumento de madera con el cual se sujetan el par de bueyes o mulas para tirar del arado o del carro. Jesús lo usa como una imagen que evoca la vida misma del hombre con sus afanes y responsabilidades. Porque todo hombre debe soportar una “carga” más o menos pesada y nadie está exento de ella.
Por eso, bien visto, el «yugo» que Jesucristo nos ofrece tiene sus ventajas. Quizás no siempre sabemos apreciarlas: pero, ¿por qué no lo buscamos más a menudo?
Con Jesucristo las cargas y responsabilidades de la vida se hacen livianas, o sea, «light». Vivimos en una sociedad en donde hasta los dulces de Navidad se venden con la etiqueta de «light». Dicen que lo ligero es mejor, quizás más sano, aunque no siempre. En el caso de nuestra vida cristiana, seríamos un poco necios si no prestáramos atención a esta invitación. Jesús quiere hacernos «liviana» nuestra carga. Y una vez más, si tenemos oídos no podemos dejar de atender: «Venid a mí… yo os daré descanso (…) porque mi yugo es suave y mi carga ligera». No podemos con las cargas de la vida sin Jesucristo, y de esto nos debemos convencer.
«Si conocieras el don de Dios, (…) tú le habrías pedido a Él…» (Jn 4, 10). Algo así, nos podría decir Jesucristo a cada uno cuando conociéndole no acudimos a Él. Porque todos experimentamos el cansancio en la lucha. Todos necesitamos la comprensión y el consuelo de los demás, en la familia, con mi esposo o esposa, con mis hijos y demás familiares y amigos. Pero aún más necesitamos a Dios, sobre todo cuando nos falta lo anterior. Su acción (si le dejamos), es tan fuerte, que actúa de bálsamo, de calmante, de medicina, que al mismo tiempo sana y vigoriza. Su presencia relativiza los problemas de cada día que nos pueden quitar la paz. Los coloca en su justo lugar para mirar al futuro con optimismo y esperanza. Sólo Él nos llena de la tranquilidad interior. ¿Acaso no estamos necesitados más que nunca hoy de esa serenidad?
Propósito
Ante el agobio y cansancio del trabajo o de los problemas diré: Jesús, en ti confío.
Diálogo con Cristo
Señor Jesús, enséñame a someterme siempre a la voluntad del Padre, para encontrar el descanso que me ofreces. Es paradójico como busco evadir todo lo que implique pobreza, soledad, fatiga, cuando vividos contigo y por amor a Ti, son los medios excelentes que me pueden llevar a crecer en el amor. Ayúdame a ser manso y humilde de corazón.
___________________________
El 12 de Diciembre celebramos a Nuestra Señora de Guadalupe, puedes rezar la Novena a la Virgen de Guadalupe para prepararte a la fiesta.
