- • Elena (Elin) de Skövde, Santa
- • Fabio el Portaestandarte, Santo
- • Elena (Elin) de Skövde, Santa
- • Andrés de Palazuelo y 31 compañeros, Beatos
- • Miguel Goñi Áriz, Beato
- • Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, Beato
El Peregrino Ignacio de Loyola
Para Peregrinar como Ignacio hay que ser libre

Él quería como apodo para sí mismo el de “Peregrino”. Ignacio de Loyola dictando la autobiografía escribe “el Peregrino” como su seudónimo. “El Peregrino” se refiere a una condición, porque venimos de Dios y vamos a Dios. Aunque estemos sentados o acostados, “la procesión va por dentro” y espiritualmente, movidos por el buen o mal espíritu, siempre estamos haciendo un camino.
Vos y yo ¿qué camino estamos haciendo?
Sobre el camino hacia Dios, Ignacio de Loyola peregrina en oración, o se detiene en las encrucijadas de la vida, también en oración, para discernir cuál de los buenos caminos es el mejor para el encuentro con Dios en los hermanos.
El mapa de peregrino de Ignacio de Loyola es el Evangelio de Jesús y la brújula interior es la alegría del Evangelio que palpita en su corazón desde que se encontró con Jesús leyendo la vida de Cristo y de los santos. La consolación interior por tanto amor y misericordia de Dios con su familia, con el “santo pueblo fiel de Dios”. Por eso son hitos fundamentales del camino espiritual de Ignacio de Loyola los santuarios marianos de Aránzazu, Monserat, lugares donde el “santo pueblo fiel de Dios” vibra de gratitud, de fe, esperanza y solidaridad, por el amor hasta el extremo de Dios en el hijo de María de Nazaret.
Ignacio de Loyola resume en el Principio y Fundamento del texto de los Ejercicios Espirituales, su experiencia interior de peregrino:
[EE.23] Principio y Fundamento:
«El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos creados».
Para Peregrinar como Ignacio hay que ser libre
El testimonio del peregrino de Loyola nos demuestra que la peregrinación de la vida no es algo fácil, natural, sin encrucijadas. Los engaños del espíritu del mal, que trabaja para apartarnos del camino mejor, no solamente con los atajos de las seducciones groseras, sino también con engaños sutiles, razones aparentes, disfrazado bajo especie de bien, hacen el camino realmente difícil.
La peregrinación de Ignacio de Loyola es una verdadera batalla por vencerse a sí mismo y liberarse de las “redes y cadenas”, de los “afectos desordenados”, los apegos con los que el mal espíritu nos ata, nos aprisiona, para poder conocer el plan de amor del Padre Dios con él y seguir con libertad de corazón las huellas de su hijo Jesús. El libro de los Ejercicios Espirituales, en los que san Ignacio redacta algunas cosas que lo ayudaron en su experiencia espiritual y que propone a otros como ayuda, describen un decisivo combate espiritual para liberarse hasta de las raíces del mal y del pecado, y para conocer, elegir y ponerse en el camino del amor a Dios y a los hermanos con decisión deliberada, determinada.
Pero Ignacio de Loyola para convertirse en peregrino de Dios no se libera solo. El que lo libera, lo ilumina y le da fuerzas con su amor hasta el extremo es Jesucristo. Aquel que en la autobiografía confiesa que “hasta los 26 años fue hombre dado a las vanidades del mundo”, y que “principalmente se deleitaba en el ejercicio de las armas con grande y vano deseo de ganar honores”, frente a Jesucristo crucificado, avergonzado y confundido considera “como de Creador ha venido a hacerse hombre y de vida eterna a muerte temporal y así a morir por mis pecados”. Y se pregunta: “¿Y yo qué hice, qué hago, que debo hacer por Cristo?”.
San Ignacio, rogamos tu intercesión para que la misericordia de Dios nos ayude a librarnos de los afectos desordenados y a conocer el plan de amor de Dios, para ser peregrinos libres para amar y servir a Dios en los hermanos, tras las huellas de Jesús. Amén
¿No es éste el hijo del carpintero?
Tiempo Ordinario

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo viniendo Jesús a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?» Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio». Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.
Oración introductoria
Señor Jesús, en ese pasaje del Evangelio veo reflejada mi tendencia a ponerte límites, a no confiar plenamente en que Tú quieres y puedes estar presente en mi oración. Ante mi debilidad, ante la distracción, necesito de tu gracia para que nunca más desprecie la intimidad que puedo llegar a tener contigo en la oración.
Petición
Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón con el fuego de tu amor.
Meditación del Papa Francisco
Es la seducción. El diablo casi habla como si fuera un maestro espiritual. Y cuando es rechazado, entonces crece: crece y se vuelve más fuerte. Jesús lo dice, cuando el demonio es rechazado, gira y busca algunos compañeros y con esta banda, vuelve. Crece involucrando a otros.
Ha sucedido con Jesús, el demonio involucra a sus enemigos. Y lo que parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo, se convierte en marea. Cuando Jesús predica en la Sinagoga, enseguida sus enemigos lo menosprecian diciendo: pero, ¡este es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca ha ido a la universidad! ¿Pero con qué autoridad habla? ¡No ha estudiado!” La tentación ha involucrado a todos contra Jesús.
Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a otros. Pensemos en un chismorreo, por ejemplo: yo tengo un poco de envidia de esa persona, de esa otra, y primero tengo envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y va a otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y busca crecer y contagia a otro y a otro… Pero este es el mecanismo del chismorreo y ¡todos nosotros hemos sido tentados de chismorrear! Esta es una tentación cotidiana. Pero comienza así, suavemente, como el hilo del agua. Crece por contagio y al final se justifica.
Estemos atentos cuando en nuestro corazón, sintamos algo que terminará por destruir a las personas. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 11 de abril de 2014, en Santa Marta).
Reflexión
¡Cuántas veces nos creemos gente «buena y religiosa» porque vamos a la iglesia, como los israelitas contemporáneos de Jeremías, o los paisanos de Jesús, pero sin creer verdaderamente en la Palabra que el Señor nos dirige!
Dios interpela siempre nuestra conciencia, invitándonos a la conversión y a un cambio radical de vida. Pero esas palabras nos resultan incómodas y molestas, y no queremos oírlas. Por eso perseguimos al «profeta» que nos habla de conversión y no hacemos caso a Cristo mismo, pues, al fin y al cabo, es sólo «el hijo del carpintero».
Es la hostilidad contra la fe. Necesitamos una actitud de profunda fe y confianza en Jesucristo para querer escuchar su palabra y no escandalizarnos cuando nos sorprende y nos «saca de nuestras casillas» cambiándonos nuestros planes muy personales. Es demasiado cómoda una fe que no exige nada y que se adapta a las propias tendencias pasionales de egoísmo, de placer o de racionalismo.
Pero la verdadera fe nos pone en movimiento, nos empuja a un cambio de vida, a una confianza total en Jesucristo que nos lleva a un compromiso radical de lucha contra el pecado, de caridad, de sacrificio, de dar la cara por Cristo ante los demás, sin miedos ni respetos humanos .
Propósito
Diariamente, pedir que sepa conservar y acrecentar el don más precioso que tengo: mi fe en la Santísima Trinidad.
Diálogo con Cristo
Señor, es tan grande tu bondad y misericordia que absurdamente llego a «acostumbrarme» a ellas, perdiendo así la capacidad de maravillarme continuamente de la grandeza de tu amor. Tú siempre dispuesto hacer grandes cosas en mi vida, yo distraído en lo pasajero. Por eso no quiero, no puedo y no debo dejar pasar más el tiempo sin seguir con confianza y valentía las inspiraciones de tu Espíritu Santo. Con tu ayuda, sé que lo voy a lograr.