Ramón Nonato, Santo
Cardenal, 31 de agosto …
Hoy también se festeja a:
- • Antonio Torres García, Beato
- • Pedro Antonio Almécija Morales y 17 compañeros, Beatos
- • Francisco Piani de Caldarola, Beato
- • José de Arimatea y Nicodemo, Santos
- • Aidano de Lindisfarne, Santo
El amanecer de nuestras vidas
Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, ayúdame a estar contigo en este momento de oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a aquellas diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño y todas se durmieron.
A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’. Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.
Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’.
Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Cuando tenía 8 años quería quedarme despierto, toda una noche, para poder ver el amanecer, nunca lo había hecho antes. Mi prima, al verme con mucho sueño, me comentó que me iba a ayudar y que si me dormía me iba a despertar para que viera el amanecer. Pero yo le dije que podía solo.¿Qué pasó? Me quedé dormido y no vi el amanecer. En el Evangelio de hoy vemos algo parecido, todas las vírgenes se quedaron dormidas, pero las cinco vírgenes que no fueron prudentes se quedaron sin ver al Señor; las prudentes, por llevar más aceite, pudieron, con gozo, ver y estar con el Señor.
Así como yo no pude ver el amanecer, porque lo que más me importaba era poder decir que había estado despierto toda la noche y no el amanecer en sí , no supe ver qué era lo más importante; no pude ver que el amanecer era lo que yo tanto deseaba ver. En el caso de las vírgenes prudentes estaban tan deseosas de ver a su Señor que llevaron aceite de más; no que las otras no querían verlo, sino que confiaban en sí mismas, confiaban en sus cálculos, confiaban que, con lo que tenían, podían ver a su Señor, podían ver el amanecer.
Si realmente queremos ver el amanecer en nuestras vidas, si realmente queremos ver y estar con gozo con el Esposo, debemos saber elegir lo que es importante para realizarlo; que no son nuestras fuerzas, que no son nuestros cálculos, sino la gracia de Dios que nos ilumina para seguir adelante en la noche ¡No dejemos que se nos acabe la luz ! ¡No nos quedemos dormidos por creer que podemos solos! Esperemos el amanecer sin creer que llegaremos solos, esperemos al Esposo sin saber si la luz nos alcanzará y recemos al Señor nuestro Dios que nos dé el suficiente aceite para encontrarnos con Él.
Velar no significa solamente no dormir, sino estar preparados; de hecho, todas las vírgenes se duermen antes de que llegue el novio, pero al despertarse algunas están listas y otras no. Aquí está, por lo tanto, el significado de ser sabios y prudentes: se trata de no esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya ahora. Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada? Debo hacer esto y esto… prepararse como si fuera el último día: esto hace bien. La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe.
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de noviembre de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
No confiar sólo en mis fuerzas, pedir siempre la ayuda al Espíritu Santo en todas mis actividades,
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
3 consejos para que no te encuentren desprevenido
Por: Julia Volcán | Fuente: New Fire
Cada vez que me presento en un lugar nuevo y me toca decir de dónde soy, hay una breve pausa, no sé qué decir, porque he vivido en varios lugares del país y la verdad es que las personas terminan confundidas.
Me gradué de arquitecto y cuando estudiaba en la universidad vivía en una ciudad llamada Valencia, a 4 horas del lugar donde vive mi familia. Mi mamá y mi papá me visitaban frecuentemente, pero siempre pasaban dos cosas: me avisaban cuando iban saliendo o simplemente llegaban, tal cual, paracaídas. ¡No me daba tiempo de arreglar la casa!
Sentía pena con ellos porque siempre había algo fuera de su lugar: cartones en el piso, papel, lápiz y todo tipo de material que utilizaba para hacer mis trabajos. Lo que significaba que la casa no estaba en condiciones para recibirlos de la mejor manera. Terminaba ordenando a medias para que no me dijeran nada.
Les cuento esto porque era una situación que se repetía a menudo, y pensaba en lo triste que era recibirlos así cuando sé que se merecen lo mejor. Poco a poco, fui creando hábitos para que no me tomara por sorpresa y estar preparada… aplicaba la frase “no se sabe ni el día ni la hora”.
Así fue como me comencé a cuestionar: ¿Cuántas veces limpio a profundidad mi corazón y lo preparo para la visita de Jesús? Si hoy me tocara encontrarme con Dios, ¿qué le voy a ofrecer?.
“Hay tiempo para todo, es cuestión de prioridades”, es una de las frases que mi mamá siempre me repetía. Sin duda, tiene mucha razón.
Desde pequeños nos han enseñado a cumplir ciertos parámetros que nos ayudan a crecer como personas, sobre todo en el ámbito humano: ir al colegio, graduarnos, comenzar la carrera universitaria, comenzar a trabajar para luego formar una familia, o por lo menos es el común denominador dentro de los objetivos a alcanzar en la vida.
Estamos ocupados en lo práctico, las 24 horas del día no rinden para hacer todo lo que queremos estudios, viajes, fiestas… ¿y qué hay después de alcanzar todo esto?, ¿qué pasa dentro de ti?.
“Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas, cuando en realidad una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, y nadie se la quitará”. Lc 10, 41-42
Por eso, quiero dejarte algunos consejos que podrán ayudarte a organizarte mejor:
1. Haz una lista
Selecciona las tareas que consideres más importantes o “de mayor prioridad”. Organizar tu día es vital para tener en mente los objetivos a alcanzar, pero no descuides limpiar y organizar lo que hay en tu corazón.
“Lo que exteriorizas es reflejo de lo que hay en tu interior”
La vida espiritual te fortalece y te ayuda a enfrentar todos los retos del camino, te ayuda a hacer extraordinario lo ordinario, y eso precisamente es lo que Cristo quiere de ti: que seas tú mismo y hagas lo que una persona de tu edad hace sin perder la mirada en Él.
“Necesitamos Santos que van al cine, oyen música y pasean con los amigos. Necesitamos Santos que coloquen a Dios en primer lugar, pero que sobresalen en la universidad. Necesitamos Santos que buscan tiempo cada día para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su castidad. Necesitamos Santos modernos, Santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo”.
2. Crea hábitos
Los actos más pequeños y que tal vez piensas que no tienen relevancia, ayudan a forjar tu voluntad, a mantener un orden en todos los aspectos de tu vida, aprendes a tener dominio de ti mismo y lo más interesante es que ¡tú tienes el control sobre tus “pasiones”!
Te recomiendo que empieces con cosas pequeñas, que te sientas capaz de lograrlo, como por ejemplo: arreglar tu cama al levantarte o rezar un Ave María en acción de gracias por un día más de vida.
Todo proceso es gradual, lo importante es la constancia en ellos, son actos pequeños, posibles pero agradables a Dios.
3. No des todo por sentado
Aunque el tiempo no es suficiente para ciertas cosas, a veces sentimos demasiada seguridad de que hay tiempo de sobra para otras… lo que nos corresponde hacer hoy lo dejamos para después, comenzando por hacer el bien, siempre esperamos el último momento para comenzar a creer: “¿Qué tanto?, después pido perdón, después hago el bien” y después se me va la vida y no hay después.
“¡Dichoso ese criado si, al llegar su Señor, lo encuentra haciendo lo que debe! “Lc 12, 43
Nadie tiene la garantía de que habrá un mañana, ¿y qué hay con eso?, cada día que vives es una oportunidad para comenzar de nuevo pero depende de ti y de las ganas que tengas para hacer lo mejor; tal vez de ti depende que alguien sonría porque le diste un buenos días o tan sólo dijiste por favor y gracias, recuerda: los pequeños detalles hacen grandes diferencias.
Solo una cosa es esencial
Todas nuestras acciones tienen sello de eternidad, es decir, todo lo que hoy hagas puede sumar o restar para esa “preparación del corazón” en tu camino hacia la santidad.
No quiero asustarte con esto sino invitarte a darle sentido a todos tus actos y que en ellos busques agradar a Dios, por amor, “obedecer en lo pequeño en el tiempo que Dios te ha concedido”.
Estamos aquí por un acto de obediencia, la obediencia del hijo al Padre. Una obediencia que fue sufrida pero que trajo una gran bendición.Y sí, la obediencia bendice… y ese debe ser nuestro mayor ejemplo.
Para obedecer necesitamos escuchar, y solo podemos escuchar si estamos dispuestos. No te predispongas al plan que Dios tiene para ti.
Cuando Dios creó la humanidad pensó en su felicidad, nos creó con varios fines, uno de ellos para hacer el bien, y es que todo el mundo necesita hacer el bien para sentirse bien (por filantropía o por convicción), es una necesidad.
Ante los ojos de Dios estamos hechos para un bien mayor, nos creó para ser felices eternamente, pero para alcanzar esa plena felicidad tuvo que dejarnos ciertas reglas que encausan nuestro andar, un regla esencial… la regla del AMOR.
Muchas veces no sabemos cómo amar, pensamos que Dios nos exige por capricho, y como no lo entendemos decidimos hacer las cosas a nuestra manera. En la terquedad del hombre, pensando que podremos con todo y en el tiempo que nosotros dispongamos.
Haz que cuente
El tiempo, ha sido uno de los tantos regalos que se nos ha dado, con un valor particular; el tiempo es camino y oportunidad, es ocasión de gracia.
¿Cuánto tiempo es nuestra vida en comparación con la eternidad? Pasaremos más tiempo muertos que vivos, el tiempo es la oportunidad para realizar la misión; se nos ha dado mucho y mucho se nos exigirá.
Tu tiempo es hoy y ahora, el de ser mejor, el de agradar a Dios, el de trabajar con tu realidad de vida para tu santidad, con tus imperfecciones, es tiempo de creer en tí y usar los talentos que Dios te ha dado, no hay tiempo para perder el tiempo persiguiendo falsas promesas, es tiempo de vencer el mal haciendo el bien.
“Si aún puedes ser mejor de lo que eres, es evidente que aún no eres tan bueno como debes” San Agustín
Nunca es tarde, hoy puedes ser mejor que ayer, puedes comenzar a preparar tu corazón y que no te agarren desprevenido. Hoy tienes el tiempo en tus manos, hoy puedes comenzar a determinar cuáles son tus prioridades, lo que hoy vives es lo único seguro que tienes…
¿Qué esperas? ¡Haz que cuente!
