Hoy también se festeja a:
- • Andrés de Chio, San
- • Sisinio, Martorio y Alejandro, Santos
- • Andrés de Chio, San
- • Pedro Romero Espejo, Beato
- • Elías de San Clemente (Teodora Fracasso), Beata
- • José Gérard, Beato
La fe mueve montañas
Tiempo Ordinario
Marcos, 11, 11-26. Tiempo Ordinario. Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.
Por: Víctor Hugo Gamboa | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Marcos, 11, 11-26
Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: Que nadie más coma de tus frutos». Y sus discípulos lo oyeron.
Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: ¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones. Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza.
Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado». Jesús respondió: «Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar», sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas. Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los perdonará a ustedes.
Oración introductoria
Señor, creo en ti, ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, ayúdame a vivir sin desconfianza; Señor, te amo, ayúdame a demostrártelo con hechos. Quiero ofrecer esta meditación por los que no creen en ti, por los que pasan problemas muy difíciles, por los que se olviden de ti.
Petición
Señor, aumenta mi fe, que pueda verte en cada instante de mi vida. Que cuando vaya a tu casa, ella sea para mí una casa de oración donde me aumentes la fe y te conozca más.
Meditación del Papa FranciscoLa liturgia del día propone el Evangelio en el que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, porque han transformado la casa de oración en una cueva de ladrones. Y lo que hace Jesús es un gesto de purificación, el templo había sido profanado y con el Templo, el pueblo de Dios. Profanado con el pecado tan grave que es el escándalo.La gente es buena, la gente iba al Templo, no miraba estas cosas; buscaba a Dios, rezaba… pero debía cambiar las monedas para las ofrendas. El pueblo de Dios no iba al Templo por esta gente, por los que vendían, pero iban al tempo de Dios y allí había corrupción que escandalizaba al pueblo. Por eso yo pienso en el escándalo que podemos causar a la gente con nuestra actitud, con nuestras costumbres no sacerdotales en el Templo: el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad… Cuántas veces vemos que entrando en una iglesia, aún hoy, está ahí la lista de los precios, para el bautismo, la bendición, las intenciones para la misa. Y de todo esto el pueblo se escandaliza. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2014, en Santa Marta).Reflexión
En este pasaje del evangelio, Cristo muestra su amor al Padre, busca darle siempre el primer lugar en su vida. Para estar con Dios es necesario darle el lugar que le corresponde, pues si no fuera por Él, no sería posible nada de lo que ahora vemos y sentimos. Cristo nos muestra la importancia de poner a Dios en el centro, de estar unidos a Él, y la forma de estar unidos es vivir con fe en cada momento de nuestra vida. Cuando vivimos cada día así, dejamos entrar a Dios en nuestra burbuja para transformarnos en sus hijos muy amados.
Propósito
El día de hoy, en cada actividad, buscaré ver a Dios para tenerle presente.
Diálogo con Cristo
¡Señor!, sé que a veces me he alejado de ti. No me he confiado en tus manos, me he desesperado cuando surge alguna dificultad. Quiero ser tu mejor amigo, ayúdame a salir de esta incredulidad que no me permite estar muy cerca de ti. Señor, confío en ti. Ayúdame a crecer más en ti, pues tú vales la vida entera; ayúdame a verte en los demás, en los que sufren; enséñame el camino que he de seguir y nunca permites que me separa de ti. Así sea.
Renovar de modo más maduro la propia adhesión a la fe es condición para una participación verdadera y plena en la celebración eucarística, que constituye la cumbre de la vida eclesial (Juan Pablo II)
¿Está mal querer lucir bien?
Por: José Ramón Peón / Juan García Noriega | Fuente: Catholic.net

En fin, parece como si sólo nos preocupase nuestra imagen exterior, para así poder ser y tener (aparentar) más que el que está a nuestro lado; mis valores y virtudes son mejores que los tuyos; mis defectos y carencias son más pequeños que los tuyos; mi coche es mejor que el tuyo; mi piso vale más que el tuyo; en definitiva –ser más que el otro-, y por qué no decirlo, más alto, más fuerte, más guapo, más rico, etc.
La fe del hombre en sí mismo, lo hace colocarse «más allá del bien y del mal» e invertir los valores vitales y trascendentes, considerando a la moral cristiana como una debilidad y dando supremacía al hombre por encima de Dios.
Ante esto, los cristianos no debemos de quedarnos impasibles como si no fuese con nosotros. Hemos de oponernos firmemente a todas las creencias y tendencias que lleven al hombre a una degradación, no sólo física o psíquica sino moral y trascendente, en su paso por este mundo.
Convertir nuestro cuerpo en un dios, no es moralmente aceptable, pero cuidar de el y lucir bien es lícito y recomendable. En este aspecto es tan degradante la persona que exhibe su cuerpo sin pudor, como aquella que descuida la vida, la salud, la higiene o la apariencia física. Ambas actitudes son ofensivas y atentan contra la dignidad humana.
La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.
La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas. (Catecismo de la Iglesia Católica 2288-2289)
¿Dónde termina el pudor, dónde el escrúpulo? Una religiosa se cubre con mucho pudor, porque su cuerpo está reservado a Dios, una esposa debe vestir con recato pues su cuerpo ya no le pertenece. ¿Un soltero?
Nuestros cuerpos, Templos del Espíritu Santo, cualquiera que sea nuestra condición y situación de vida, deben ser tratados con dignidad. La unidad cuerpo-alma debe tener cuidados, lucir bien. Y los que nos rodean, también son dignos de que les presentemos una imagen agradable y atractiva. Eso está muy está bien, pero como en todas las cosas, en su justa medida. La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de excesos.
Somos seres sexuados, creados con sexo, y la atracción hacia el sexo opuesto es parte de nuestro natural. ¿Hasta dónde llevaremos está necesidad de resultar atractivos? La medida es difícil de establecer, cambia con la cultura, pero cualquier cosa que cae en lo vulgar degrada nuestros cuerpos ante nosotros mismos, y los demás.
Ante Dios estamos desnudos, pero ante los hombres debemos preservar la intimidad de nuestros cuerpos. En el paraíso Adán y Eva estaban desnudos, era su natural, Dios les proporcionó vestido por el pecado. No existe forma de evitar la lujuria de los demás, lo que es pecaminoso es vestirse con el propósito de incitar la lujuria ajena.
Por otro lado ser atractivo e incluso sexy es necesario para el cortejo. Dos personas no se casan -ni deberían casarse-, sólo porque tienen almas bonitas, la atracción física es importante. El sexo es primordial en el matrimonio, simplemente sin noche de bodas el matrimonio es nulo.
También es importante el atractivo a nivel social. Una persona sucia o desarreglada, puede ser tolerada, pero su integración al medio y su aceptación por parte de los demás, dejará mucho que desear.
El hombre es una unidad de cuerpo y alma (Gadium et spes 3). El hombre no es un ser espiritual que posee accidentalmente un cuerpo, sino que es las dos cosas: es el cuerpo y el alma juntos. Por eso, con el alma, el cuerpo goza de una dignidad especial y cuidar nuestro aspecto y nuestra salud es hacer lucir bien el cuerpo y el alma.
Se me ocurre que tal vez, a la luz del Evangelio y la Doctrina de la Iglesia, daremos culto a Dios con nuestros cuerpos y un testimonio lleno de respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás que nos lleve a tener un cuerpo glorioso y espectacular, con una piel eterna, siempre tersa y suave, donde siempre estaremos de moda y a “la última” al lado de Dios.
