
Catalina de Siena, Santa
Doctora de la Iglesia, 29 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Torpetes, Santo
- • Acardo de Avranches, Santo
- • Severo de Nápoles, Santo
- • Hugo de Cluny, Santo
- • Antonio Kim Song-u, Santo
Ámense los unos a los otros
Pascua
Por: Laureano López | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 15, 12-17
Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. No les llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes les he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer. No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se lo conceda. Lo que les mando es que se amen los unos a los otros.
Oración introductoria
Jesús, me acerco a ti en este día porque quiero poner en práctica tu mandamiento del amor. Señor, ayúdame a amar a todos mis hermanos, como Tú me lo has mandado. Te ofrezco esta meditación para que todos podamos vivir este mandamiento y dejar a un lado el odio, el rencor y la división. Dios mío, enséñame a amar a las personas hasta dar mi vida por ellas siguiendo tu ejemplo.
Petición
Señor, que experimente más profundamente el amor que me tienes, para que pueda amar mejor a mis hermanos.
Meditación del Papa Francisco
En el Cenáculo, Jesús resucitado, enviado por el Padre, comunicó su mismo Espíritu a los Apóstoles y con su fuerza los envió a renovar la faz de la tierra. Salir, marchar, no quiere decir olvidar. La Iglesia en salida guarda la memoria de lo que sucedió aquí; el Espíritu Paráclito le recuerda cada palabra, cada gesto, y le revela su sentido.
El Cenáculo nos recuerda el servicio, el lavatorio de los pies, que Jesús realizó, como ejemplo para sus discípulos. Lavarse los pies los unos a los otros significa acogerse, aceptarse, amarse, servirse mutuamente. Quiere decir servir al pobre, al enfermo, al excluido, a aquel que me resulta antipático, al que me molesta.
El Cenáculo nos recuerda, con la Eucaristía, el sacrificio. En cada celebración eucarística, Jesús se ofrece por nosotros al Padre, para que también nosotros podamos unirnos a Él, ofreciendo a Dios nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas…, ofrecer todo en sacrificio espiritual.
Y el Cenáculo nos recuerda también la amistad. “Ya no les llamo siervos –dijo Jesús a los Doce–… a ustedes les llamo amigos”. El Señor nos hace sus amigos, nos confía la voluntad del Padre y se nos da Él mismo. Ésta es la experiencia más hermosa del cristiano, y especialmente del sacerdote: hacerse amigo del Señor Jesús, y descubrir en su corazón que Él es su amigo.» (Homilía de S.S. Francisco, 26 de mayo de 2014).
Estas palabras, pronunciadas durante la Última Cena, resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que Él ha hecho: Jesús dio la vida por sus amigos. Amigos que no le habían entendido, que en el momento crucial le abandonaron, traicionaron y renegaron. Esto nos dice que Él nos ama, a pesar de no merecer su amor. Así nos ama Jesús.
De esta manera, Jesús nos muestra el camino para seguirle, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que siempre es algo abstracto o ajeno a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él fue el primero en realizarlo, le dio carne, y así la ley del amor se escribe una vez y para siempre en el corazón del hombre. (Homilía de S.S. Francisco, 10 de mayo de 2015).
Reflexión
La vida diaria nos ofrece múltiples oportunidades para practicar el mandamiento del amor con nuestros hermanos. La esencia del cristianismo no consiste en el cumplimiento riguroso de unos mandamientos, sino que es el encuentro con una persona que se llama Jesucristo. La elección que Cristo nos ha hecho para ser sus amigos nos debe llevar a corresponder a este amor de predilección, con el amor a Él y a todas las personas. Vivamos cada día con mayor intensidad el mandamiento del amor, para que resplandezca en nosotros el amor que Cristo ha tenido primero con nosotros.
Propósito
Hacer un acto de caridad cristiana con un hermano necesitado.
Diálogo con Cristo
Jesús, inflama mi corazón con tu divino amor para que, lleno con el fuego de tu caridad, pueda amar mejor a mis hermanos. Sé que Tú puedes aumentar mi caridad para que me pueda configurar cada vez más a ti. «Ámense los unos a los otros», ese es tu mandamiento. Ayúdame a vivirlo frente a mis hermanos, para que pueda poner mi granito de arena en la construcción de la civilización del amor.
Dependencia Emocional
Por: Humberto Del Castillo Drago | Fuente: Psicología y virtud/ Areté

1. Invitados a la permanencia y el despliegue viviendo el amor:
Al abordar el tema de la dependencia afectiva o emocional es clave recordar que como seres humanos poseemos dos dinamismos fundamentales (permanencia y despliegue) y dos necesidades psicológicas (seguridad y significación) que nos invitan a vivir cotidianamente el amor.
Somos seres para el amor y el encuentro. ¿Qué significa esto? Que hemos sido creados, que existimos para vivir el amor, la comunión, la donación y entrega a los demás.
Todo ser humano entonces tiene la capacidad de amar y dar cariño. Obviamente este tema del amor está íntimamente relacionado con la estima de sí mismo, recta valoración personal o lo que algunos llaman autoestima.
El drama del ser humano se agudiza cuándo nos olvidamos que DIOS, nuestro creador, nos ama sin límites, infinitamente.
Por eso, buscamos el sentido de nuestra vida en lugares equivocados. Tomamos cualquier agua cuando sentimos sed y nos olvidamos de quién es el Agua Viva.
La Dependencia emocional muchas veces empieza con la pérdida de norte de mi existencia, es decir, no sé para qué existo, o cuál es el sentido de mi vida.
También muchas veces busco el amor o cariño desordenadamente exigiendo ser el centro del mundo y tener yo toda la atención de las personas que están a mi alrededor.
2. ¿Qué es la dependencia emocional o afectiva?:
Distintos autores definen la dependencia emocional como un patrón crónico de demandas afectivas frustradas, que buscan desesperadamente satisfacerse mediante relaciones interpersonales estrechas.
El dependiente tiene una carencia o vacío, una herida afectiva-emocional, por tanto, muchas veces sin darse cuenta, reclama afecto, cariño y valoración. Dichos reclamos se llaman también demandas. En este caso son demandas de afecto, de atención.
Es importante resaltar que dichas demandas o reclamos son muchas veces no conscientes, es decir, la persona no se da cuenta de sus reclamos.
Él busca desesperadamente llenar dichas carencias en su relación con otras personas. No se da cuenta que depende de ellos. No se da cuenta que está apegada a ellas: es decir, que tiene un apego desordenado a tal o cual persona.
El dependiente emocional o afectivo quiere disponer continuamente de la presencia de la otra persona como si estuviera “enganchado” a ella.
Llamará continuamente a su pareja al trabajo, le pedirá que renuncie a su vida privada para estar más tiempos juntos, demandará de ella atención exclusiva y todavía le parecerá insuficiente, etc.
No debemos perder de vista que el motivo subyacente no es la posesión o el dominio, sino la tremenda necesidad afectiva de estas personas. En cualquier caso, es comprensible la sensación de agobio que produce en sus parejas o amigos.
La persona dependiente magnifica, exagera el hecho de ser querido. Depender de alguien de una forma enfermiza no es amor, es una adicción psicológica. Un amor auténtico no es adictivo, no posee, ni destruye la identidad del otro.
El sentimiento de dependencia es una forma de esclavitud. La persona dependiente es esclava de los sentimientos con los que el “otro” le adorna. Para amar hay que ser libres, porque si uno no se tiene a sí mismo no puede darse a los demás.
En estos casos la necesidad de la pareja o del amigo o hijo es realmente una dependencia como se produce en las adicciones, lo que genera que el otro se sienta con frecuencia invadido o absorbido. El otro se siente saturado, sin espacios personales.
Sus relaciones no llenan el vacío emocional que padecen, pero sí lo atenúan.
Estas personas están tan poco acostumbradas a quererse y a ser queridas que no esperan cariño de su pareja, simplemente se enganchan obsesivamente a ella y persisten en la relación por muy frustrante que ésta sea.
3. ¿Cómo surge la Dependencia?:
Las dependencias pueden surgir por una combinación de factores.
En primer lugar hay que mencionar el tema de la Estima de sí y la búsqueda de sentido de la vida. Si no me valoro o percibo que no me valoran normalmente busco esa valoración en algún otro lado. Hoy se ha perdido en muchas casos el entender al Creador como quién orienta nuestras vidas e incluso que es el que le da el sentido a nuestras vidas. Existe un Plan de Dios, un designio amoroso para cada uno de nosotros.
Su pobre estima de sí, y la elección frecuente de parejas explotadoras conducen al dependiente emocional a una continua y progresiva degradación. Tienen que soportar desprecios y humillaciones, no reciben verdadero afecto, en ocasiones pueden sufrir maltrato emocional y físico, observan continuamente cómo sus gustos e intereses son relegados a un segundo plano, renuncian a su orgullo o a sus ideales, etc. Su papel se basa en complacer el inagotable narcisismo de sus parejas, pero lo asumen siempre y cuando sirva para preservar la relación.
Dicha subordinación es un medio, y no un fin. Los dependientes emocionales se dan para recibir por su terrible anhelo de mantener la relación, igual que el jugador patológico gasta todos sus ahorros por la irresistible necesidad de continuar jugando.
Necesitan excesivamente la aprobación de los demás. Por supuesto, a medida que el vínculo es más relevante la necesidad es mayor, pero también hay cierta preocupación por “caer bien” incluso a desconocidos. Lo excesivo de esta necesidad genera en ocasiones rumiaciones sobre su aceptación por un determinado grupo, empeños en tener una buena apariencia, o demandas más o menos explícitas de atención y afecto.
Al no sentirse valioso, una persona puede buscar quién lo reconozca y lo adule. La falta de estima de sí, de sentido de su vida y el concepto negativo de sí mismo facilitan el desarrollo de una dependencia emocional con alguien que le demuestra admiración.
Quien depende del otro se niega la posibilidad de amarse a sí mismo. No se puede amar a uno mismo si uno nunca ha sido adecuadamente amado ni valorado por las personas más importantes en su vida. Es tan poco el amor que se tiene alguien que depende de otro que, a pesar de lo autodestructiva que es la relación y el enorme sufrimiento que le causa, no es capaz de renunciar al otro. Está dispuesto a tolerar hasta la mayor de la humillaciones con tal de no perderlo.
La persona apegada se estanca, se olvida de sí mismo. No es capaz de asumir su propia vida y por eso utiliza el apego como una fuente de seguridad.
Si una persona no se quiere a sí misma proyectará ese sentimiento y pensará que nadie podrá quererla. El amor se refracta siempre en lo que somos. El miedo al desamor (carencia afectiva) se transforma en necesidad de ser amado.
La persona dependiente o apegada buscará pertenecer a un grupo de referencia para poder “sobrevivir psicológicamente”
Es importante mencionar la importancia de los padres y de la familia como el lugar donde se educa nuestra capacidad de amar. Son nuestros padres los primeros que nos aman. Es en nuestra familia donde aprendemos a manifestar nuestras emociones y afectividad.
Definitivamente la familia influye en el desarrollo del sentimiento de dependencia o en la autonomía o independencia.
Otro factor puede ser la sensibilidad o el temperamento de la persona. Un chico frágil e inseguro puede ser más vulnerable al desarrollo de una personalidad dependiente.