
Luis María Grignion de Montfort, Santo
Memoria Litúrgica. 28 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Pedro Chanel, Santo
- • Prudencio de Armentia, Santo
- • Pánfilo de Corfinio, Santto
- • José (Jozef) Cebula, Beato
- • Vital de Ravena y Valeria de Milán, Santo
Deja que Dios sea Dios en tu vida
Por: H. Rubén Tornero, LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te agradezco de todo corazón este momento de intimidad que me regalas. Quiero estar contigo. Te necesito.
Creo en Ti, pero dame Tú la fe que me hace falta. Soy pequeño y débil. Me cuesta aceptar todo aquello que no pasa por la pequeña ranura de mi mente. ¡Ayúdame a creer más en Ti y tus palabras!
Confío en Ti, pero mi esperanza es todavía muy pequeña. ¡Ayúdame a confiar cada día más!
Quiero abandonarme a tus manos providentes.
Te amo y Tú lo sabes. Sin embargo, mi amor es muy débil y pequeño. Te suplico que me ayudes a participar del infinito amor que me tienes. Te necesito. ¡No me abandones!
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: «¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?». Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan». Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?». Jesús le respondió: «Díganle a la gente que se siente». En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.
Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien». Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.
Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: «Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo». Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Más de cinco mil hombres… dos pescados y tres peces. Te pregunto a ti, amada alma, ¿crees que puedo darles de comer a todos? Ya has leído el desarrollo de los hechos: todos comieron y sobraron doce canastos. Seguramente no es la primera vez que oyes o lees lo que aquel día hice en la rivera del Tiberíades, ¿qué te dice? ¿Qué piensas cuando escuchas este relato?
Probablemente se te viene en mente:»¡claro!, ¡eres Dios!, ¡Tú lo puedes todo!» Pero… ¿realmente lo crees? Mis discípulos no creyeron. Se preguntaban cómo conseguir pan para que todos alcanzaran por lo menos un pedazo. Ellos no creyeron…pero el muchacho sí. Quizá él ni se imaginaba que sus pobres cinco panes bastarían para más de cinco mil… ¡y que incluso sobraría! Probablemente su única intención era que yo y los míos más o menos comiéramos aunque él se quedase sin alimento. No le importó. Creyó que darme lo poco que tenía, era mejor que disfrutarlo solo. ¿Y tú?, ¿crees en mi poder? ¿Crees que cuando permito una situación difícil en tu vida, una enfermedad, un problema, cualquier cosa que te parezca mala, puedo sacar un bien de ello aunque tú en el momento no veas como lo haré? ¿Crees que puedo transformar tu vida?¿Crees que de ti, ¡DE TI!, con tus defectos, pecados, debilidades…con todo eso puedo hacer un santo? ¿Lo crees? Ese muchacho creyó en mí aunque no entendía. Me dejó actuar sobre sus panes y sus peces. ¡Me permitió ser Dios en su vida! Y tú, ¿me permitirás ser Dios en tu vida?
«Lamentarse no resuelve nada, pero podemos ofrecer ese poco que tenemos. Seguramente tenemos alguna hora de tiempo, algún talento, alguna capacidad… ¿Quién de nosotros no tiene sus «cinco panes y dos peces»? Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, bastarán para que en el mundo haya un poco más de amor, de paz, de justicia y de alegría.
¡Cuánto es necesaria la alegría en este mundo! Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos de solidaridad y hacernos partícipes de su don.»
(Homilía de S.S. Francisco, 26 de julio de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a buscar escuchar lo que Dios me pide a lo largo del día y voy a luchar por dárselo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Me gustaría renunciar a todo
Por: José Fernando Juan | Fuente: mambre.wordpress.com

Llego a casa tarde, y revisando el correo me encuentro con una bellísima nota en la que un joven me dice, con pasión, que le gustaría renunciar a todo, ser capaz de abandonar lo que tiene, y sin mirar atrás, lanzarse a la aventura. Como si fuera nuevo en el mundo, como si no tuviera historia. Al estar todo mal, todo en crisis, sin aliento y con ánimo, parece que esta promesa absoluta de futuro supondría para él lo más maravilloso que ahora puede hacer. Mientras habla así, y escribe así, y se expresa así, piensa en mi sacerdocio, en mi vocación escolapia, en la decisión que al parecer, según él, yo tomé hace unos años cuando era joven, valiente y atrevido.
Tan bien habla de mí que he preferido contestarle despacio. Y por puntos, a mi estilo. Sé que será capaz de comprender lo que voy a decirle. No en vano, me conoce, se ha sentado en un pupitre de alumno siendo yo su “profe”, y ahora tengo la oportunidad de dejar a un lado los libros y darle una lección que voy encarnando día a día, en lo cotidiano, y con una cierta historia. Esto que hoy escribo me hace recordar, a la fuerza, que fui un profesor más joven de lo que soy ahora, y la ilusión del inicio. ¡Qué chaval más majo!
Primero. La radicalidad de mi vida no está en que dejo mucho, sino en todo lo que abrazo. Puede sonar poético, sin embargo aseguro que es así de cierto. La gente no suele darse cuenta de que sólo se es capaz de soltar en cantidad cuando se recibe en cantidades aún mayores. A mí no me importaría perder un billete de 50€ si supiera que ganaré 500€. Pero si además lo que me prometen es que a mayor desprendimiento, mayor entrega y mayor libertad más grande será lo que reciba, es decir, que si la promesa es proporcionada, pones desde el inicio todo en sobre la mesa. Esperando recibir. Algo he tenido que ver, salvo que quiera ser timado, para dar ese paso tan importante. Hoy puedo decir que se va cumpliendo, verdaderamente. Que no fue dejar, sino abrazar. Quien lo deja todo es porque lo ha encontrado todo. Más allá no se puede ir.
Segundo. No aconsejaría a nadie que se moviera por el mundo “evitando” cosas. Como estoy mal, me voy, y me voy, y me voy. Y así todas las veces. Mejor lo contrario, cuando estoy bien decido porque veo, decido porque creo, decido porque tengo fuerza, decido porque sé que puedo confiar y que estoy confiando. Los que están mal se agarran a un clavo ardiendo. ¡Y se queman, se desgastan y terminan por lanzarse a la nada!
Tercero. No he dejado todo. De verdad que no. Es más, creo que Dios no quería eso cuando me llamaba a esta vocación. Lo de “dejar todo” suena tan grande y maravilloso que podría apropiármelo, hacerlo valer para decir lo “guay” que soy. Pero sinceramente, creo que Dios me llamó sabiendo quién era. Quería que dejase muchas cosas, de las que me hacían daño, de las que me impedían libertad, de las que no configuran mi vida al estilo de Dios. Y muy importante: Dios también quería mis heridas para curarlas. No fue un borrón y cuenta nueva, como si desapareciera mi historia, personalidad, carácter y todo eso.
Cuarto. Ahora bien, de las cosas no se vive. Ojalá pudiésemos hacer la prueba, y encontrar algo tan grande en este mundo que mereciera dejarlo todo, absolutamente todo lo que tenemos por conseguirlo. Sea la herencia, sea el coche, sea el trabajo, sea una posición relevante, sean nuestros éxitos. Cuanto más tuviésemos entre los hombres mejor, porque se mostraría que algo más grande aún que todo eso habríamos encontrado. Y aseguro que no conozco a nadie que teniendo todo eso, cuando se ha encontrado con Dios de verdad, con el Señor en la Cruz tan amante, tan misericordioso, tan entregado, no se ha planteado que todo cuanto tiene no vale nada en comparación con Él. No lo digo de quienes miran al pasar, sino de quienes se han dejado traspasar por la Cruz, por la mirada y por el amor de Dios en ese momento. ¿Te imaginas que alguien con mucho dinero lo deja todo por ser sacerdote escolapio? No lo imagines, te digo que los ha habido. Prefiero, con mucho, a aquellos que saben lo que es perder y dejar por amor, que quienes no tenían nada que ofrecer, nada que arriesgar, nada que perder. Los segundos no sabían cuánto vale una persona, su grandeza y el don que es la vida. Los segundos son tan torpes que piensan que las riquezas son cosas, y están ciegos para los corazones, la libertad, la dignidad, los derechos, la vida, la vocación, la familia, la justicia, lo bueno.
Quinto, y último. Verdaderamente es una aventura, de gran confianza. No a ciegas totalmente, ni totalmente visionarios. Quien ha descubierto el amor de su vida, no lo duda ni un instante. Todo es nada en comparación con ganarlo. Confianza, fe y amor van de la mano. Piden respuesta. En mi caso esto fue lo que pasó. No me digas que te explique otra vez cómo, aunque ya quedaremos para charlar si te va bien y crees que puede ser importante. Se trataba de una cuestión de amor que lo cogió todo de mí, lo pidió todo, y todavía hoy lo pide todo. En mi caso fue fácil. Era dejarse querer. Y querer que todos conozcan este amor tan grande. ¿Cómo darlo a conocer y a entender? Queriendo, sirviendo, ayudando, siendo solidario, preocupándome de otros, dando testimonio, no callándome, no hablando de cualquier manera. Y todo, contando con mis debilidades, caídas, torpezas y necesidades. En mi camino lo sencillo, diría yo, casi es empezar. Los retos llegan después, y no son cualquier cosa. Hay momentos en los que verdaderamente sientes que están dando todo y más. Y no sabes bien de dónde llueven las fuerzas, de dónde cae la alegría, cómo has superado la prueba, quién te enseñó a hablar de este modo, ni en qué momento surgió este sueño en tu corazón, por qué esta persona está delante de ti, qué pintas en el mundo con tanta maestría, ni a dónde te llevará lo que hoy comienzas. Allí entonces, no te quepa duda, sabrás que Dios te llamó a “darte todo”, pero teníamos las manos demasiado llenas y los corazones demasiado repletos de nosotros mismos, nuestras pequeñeces y nuestras miserias. Dios cuenta con ellas, para rebosar y rebasarlas.