₣ELIƵ ÐíA ÐE L㊉S ABUELIŦ㊉S‼ 👩🏻🦳 👨🏻🦳

San Joaquín y Santa Ana
Los padres de la Virgen María, 26 de julio…
Hoy también se festeja a:
- • Andrés de Phu Yen, Beato
- • Vicente Pinilla y Manuel Martín Sierra, Beatos
- • Bartolomea Capitanio, Santa
- • Camila Gentilli, Beata
- • Tito Brandsma, Beato
Ser tierra fértil
Por: H. José Alberto Rincón Cárdenas, LC | Fuente: www.somosrc.mx
Amén.Cristo, Rey nuestro.
Venga tu Reino!
Oración preparatoria(para ponerme en presencia de Dios)
Señor, que mis acciones reflejen el fruto que Tú deseas que dé.
Evangelio del día(para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 18-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
«Oíd lo que significa la parábola del sembrador». Así como en aquel tiempo Jesús explicó a sus discípulos lo que a otros simplemente había narrado, también hoy a nosotros nos ayuda a comprender la verdadera profundidad de sus palabras. Él vive por siempre, y esto hace que su enseñanza sea siempre nueva. Abramos, luego, el oído de nuestro corazón.
Cuatro son las posibles reacciones ante la parábola: escuchar sin entender; escuchar y aceptar, pero sin llevar a la práctica; escuchar, pero preocuparse más por los problemas de la vida; y finalmente, escuchar y entender. Una vez más, es por el oído que la fe se desarrolla en nosotros; dicho de otro modo, creemos porque hemos percibido la voz de Dios. El cristiano no puede afirmar que entiende su fe, si antes no ha escuchado la voz de su Señor que lo llama al encuentro con Él.
Por eso, no se trata tan sólo de escuchar la parábola y entenderla. Hay un segundo nivel que hallamos en el contenido mismo de la parábola. Ésta habla del Reino, que no es otro que Cristo mismo, que reina dentro de nosotros. Entonces, para acoger realmente el Reino, para poder verdaderamente decir que conocemos a Jesús, primero hemos de haber estado en su presencia, de haber recibido sus enseñanzas. De este modo, el cristiano nunca puede decir que ya ha terminado su peregrinaje hacia Dios, pues siempre podrá conocerlo y amarlo todavía más.
Todo apunta, por último, a un fin concreto: dar fruto. Y es que lo que contemplamos al estar con Jesús no puede quedarse en un bello recuerdo, sino que está llamado a convertirse en una explosión de júbilo. ¿De qué serviría recibir la semilla del Reino en tierra fértil, si no hemos de asegurarnos de que llegue a ser un árbol frondoso? ¿Y qué tipo de fruto debe dar? ¡Frutos de amor! ¡Obras de caridad! Poco importa la cantidad. La regla permanece: amar a Dios se traduce en actos concretos de bondad. Lo demás, es pura ilusión.
«Vimos este hermoso espectáculo sobre el Árbol de la Vida que nos muestra cómo la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida no es una salvación colgada “en la nube” esperando ser descargada, ni una “aplicación” nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación. Tampoco la vida que Dios nos ofrece es un “tutorial” con el que aprender la última novedad. La salvación que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse; es el primero en decir “sí” a nuestra vida, él siempre va primero. Es el primero a decir sí a nuestra historia, y quiere que también digamos “sí” junto a Él. Él siempre nos primerea, es primero».
(Discurso de S.S. Francisco, 26 de enero de 2019).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Durante el día, haré una pausa generosa para repasar delante de Dios los frutos que Él ha hecho germinar en mi vida, así como aquellos que quizás se han perdido, o bien siguen esperando para brotar.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
El papel de los abuelos
Por: Victòria Cardona, educadora familiar | Fuente: e-cristinas.net
Ante la importancia que hoy, con la integración de la mujer en la vida laboral, tienen los abuelos en la educación de los hijos, reflexionaremos sobre unas actitudes necesarias para sacar adelante esta realidad que a muchos abuelos nos toca asumir. El desarrollo de este tema es también el fruto de mi experiencia personal y de la de otros abuelos.
Este verano, leíamos en la prensa una noticia impresionante: unos abuelos salvaban en un accidente ferroviario a sus dos nietos de 6 y 8 años. Ellos dieron su vida al proteger con sus cuerpos los de los pequeños. A mí me recordó aquella frase del Evangelio: «No hay amor más grande que el de aquél que da su vida por sus amigos», y pensé en tantos otros abuelos que también la dan minuto a minuto, día a día, para que los hijos de sus hijos reciban ternura y afecto ante las ausencias necesarias de los progenitores. Seguramente, los abuelos, que murieron con tanta generosidad, también habían dedicado mucho de su tiempo a aquellos pequeños. Aquel gesto no era fruto de un impulso sino del cariño real para con Abdelaziz y Aceitar, nombre de los supervivientes de este hecho real.
Hoy se habla mucho desde el punto de vista médico del «síndrome de la abuela esclava». La abuela que sólo procura por los hijos, que no se atreve a decir que está agotada por el exceso de responsabilidades en que se encuentra inmersa, y que no se queja porque tiene miedo de no ser útil. Finalmente, con esta situación acaba enfermando. Es posible que eso suceda porque las abuelas siguen teniendo el mismo espíritu maternal de cuándo eran madres (se dice que son dos veces madres) y creen que tienen más conocimientos que sus hijos. En cambio, debido a la edad, les cuesta más recuperarse del esfuerzo físico También, en algunas ocasiones, el abuelo puede ser el gran ausente en esta tarea, ya que, debido a defectos de otras épocas, ha dejado todo el referente del hogar a su mujer y se inhibe totalmente de ayudar.
A la hora de hablar de ayudas, es mejor utilizar la palabra compartir. Compartir a los hijos. Compartir a los nietos. Por lo tanto, compartir el trabajo, compartir las aficiones, compartir los buenos momentos y los no tan buenos, compartir lo que se tiene y la experiencia. Cuando uno sabe pedir complace al otro porque puede compartir. Las abuelas han de saber pedir ayuda a tiempo, antes de que por agotamiento no puedan hacer nada más. Y los hijos jóvenes, que necesitan de la abuela, tienen que estar más atentos al peligro de quedarse sin ella. Los hombres tienen que comprender que encontrarán mucha satisfacción cuidando a sus nietos. Todos los que lo hacen disfrutan de este gran don que es entregarse, sin prisas, sobre todo si se ha llegado a la jubilación laboral.
Para transmitir serenidad y paz al matrimonio joven, tienen que ser muy prudentes y no interferir en sus relaciones. La autonomía y la independencia de los hijos casados tiene que valorarse mucho, así como los objetivos educativos que tengan para sus hijos tienen que respetarse, ya que la responsabilidad es de ellos y no de los abuelos. Este hecho no excluye que cuando los nietos estén en casa de los abuelos tengan que seguir el orden material que sea costumbre en la casa de los mayores. En este tema, para no tener problemas generacionales, tiene que mantenerse una buena comunicación entre abuelos e hijos, sabiendo pasar por alto pequeñas banalidades, distinguiendo lo que es esencial de lo que es accesorio.
El hábitat natural de la persona es su familia. Por eso, se hace patente que allí dónde prioritariamente la gente mayor se puede encontrar realizada es con los suyos. No puede centrarse en ella misma, ni hablar siempre de que las cosas han cambiado demasiado, sino que tiene que adaptarse con flexibilidad a estos cambios. Todos hemos visto la afinidad que hay, en muchas ocasiones, entre un adolescente -la edad de más inseguridad- y sus abuelos. Ver cada día la felicidad de los abuelos, que midiendo sus fuerzas son capaces de dar toda su sabiduría y ternura a los pequeños que van llegando a este mundo da mucha alegría. Para llevar a término todo lo que hemos reflexionado hay que tener una actitud positiva, para resolver problemas sin susceptibilidades, y una actitud participativa para saber dar y recibir. No fuera el caso que estuviéramos paseándonos por casa diciendo: «pobrecita de mí, cómo sufro y lo poco que me quejo».
