
Catalina de Alejandría, Santa
Memoria Litúrgica, 25 de noviembre …
- Hoy también se festeja a:
- • Isabel Achler, Beata
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- • Cristo Rey del Universo
Vivir el hoy
Santo Evangelio según san Lucas 21, 29-33. Viernes XXXIV del Tiempo Ordinario
Por: Adrián Olvera, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, te agradezco por un nuevo día en el que me das la gracia de ser testigo de tu amor. Hoy, como ayer, me doy cuenta que sigo siendo débil y mis deseos de ser mejor para ti no corresponden muchas veces a la realidad, sin embargo no me dejes olvidar que mi debilidad y mi flaqueza son siempre objeto de tu misericordia y de tu infinito amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: «Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En nuestra vida siempre hay días, llamadas, momentos… que son muy importantes, y casi siempre van acompañados de una previa preparación. Qué me pondré… qué llevaré… cómo lo diré; qué haré… son palabras que salen casi espontáneamente de nuestra boca o que vienen repentinamente a nuestra mente.
Señor, hoy me dices que tu Reino está cerca pero… no lo veo, no lo escucho, no sé dónde buscar. No sé cómo preparar mi corazón para ese momento que sé es infinitamente más importante que cualquier otro día, llamada o compromiso.
Busco los frutos en los árboles, en mi día a día y muchas veces no encuentro nada, Señor. Muchas veces me encuentro con árboles pero… están sin fruto; me encuentro con otoños que parecen no acabar… no sé cómo… qué puedo esperar.
Sin embargo, escucho muy dentro de mí que me dices: vuelva a mirar otra vez… que tu Reino aquí está, que los otoños pasan y si se ven más de cerca los arboles sin hojas… también tienen su belleza. Me dices que la preparación está en mí día a día. Que todos los días vienes a visitarme en cada Eucaristía y la mejor forma de prepararme es… el amor. En recibirlo y en darlo.
Me haces ver la vida con sus encantos y trabajos; con sus otoños y veranos, como una espera en la que la mejor forma de preparación es el amor.
Dame la gracia, Señor, de vivir el hoy en esa clave de espera; amando cada momento, cada acontecimiento, sea malo o bueno, pues eso pasará, pero tu amor siempre permanecerá.
«También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco la adversidad y las desgracias de todo tipo. Todo pasa —nos recuerda el Señor—; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía, anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor».
(Homilía de S.S. Francisco, 15 de noviembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Vivir mi día en clave de amor, es decir, tratando de hacer un acto de caridad hacia los demás para que mi corazón esté más dispuesto a recibirlo en la Eucaristía.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Ser anciano, es ser viejo?
El testimonio de fe de los ancianos, tiene que ser para nosotros un llamado de atención, un modelo de vida de lo vivido
Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net

¿Ser anciano, es ser viejo? Muchos se hacen esta pregunta.
La simple denominación de “viejos” con que llamamos normalmente a los ancianos puede ser visto en el mundo actual como algo que no tiene valor.
En una sociedad que vive el “usar y descartar” todo lo que usa, los ancianos son tratados muchas veces como algo descartable, como algo que estorba, que molesta que ya no se necesita.
De acuerdo con este enfoque de la sociedad actual hacia los ancianos nos deberíamos plantear: ¿que ocurriría en una sociedad donde sólo tuvieran cabida los jóvenes?
Y esta pregunta lleva a plantearse: ¿que papel deben desempeñar los ancianos en la familia y en la sociedad?
La sociedad actual con su ritmo frenético poco desea ocuparse de los ancianos. En nuestra sociedad de hoy predomina una mentalidad utilitaria y aquello que no sirve se descarta.
Los ancianos no siempre están faltos de juventud o vigor; muchos la tienen en su frescura interior, en su energía y la mayoría está en condiciones de dar mucho más de lo que se les reclama, en sabiduría y experiencia.
No hay libros que den el saber de lo vivido.
Los ancianos son la reserva de valores, de costumbres, de tradiciones, que si no fuera por ellos, muchas se perderían.
Lo cierto es que la vejez supone una disminución que no se puede negar ni ignorar, pero también tiene una dimensión positiva evidente.
Que lo digan sino las madres modernas que tienen que salir a trabajar fuera de su casa y que bien les viene que haya una abuela o un abuelo.
Cada uno de nosotros tiene una imagen ideal de si mismo que nos impulsa a desarrollar nuestras posibilidades. Este impulso no tiene porque dejar de existir a una edad avanzada de la vida.
El arte de ser anciano es no perder el gustar de vivir. Apreciar la vida es la mejor manera de prolongarla.
Llegar a anciano es algo que desea todo el mundo. Nadie quiere morirse joven.
Hay que aceptar el ciclo de la propia vida. Algunos lo pueden ver, otros se quedaron en el camino.
Hay algo suicida en este descarte de la ancianidad, que vemos con frecuencia en el mundo actual.
¿No será que piensan así porque no le dan valor a la vida?
La religiosidad de los ancianos nos debe mover a otra reflexión.
Es clara su presencia, a veces mayoritaria en las celebraciones litúrgicas.
La percepción de una necesaria preparación espiritual, que les brinda esta etapa de la vida es un hecho que no puede pasarnos inadvertida.
Es un testimonio en vivo y en directo.
Es un prepararse para el gran paso del hombre.
Pero también sabemos que hay muchos ancianos alejados de Dios.
Es un deber de todo creyente orar por ellos, es un deber buscar el como llegar a ellos a fin de hacerles saber que Dios también tiene presente a todos y nunca es demasiado tarde para acercarse a ÉL
La decadencia producida por la edad lleva consigo un desapego recíproco entre la sociedad y la persona que va envejeciendo.
La ayuda más importante que podemos darle a los ancianos es crear situaciones que permitan que continúen desarrollando su personalidad, que sigan sintiéndose parte de la vida.