
Luis IX, Santo
Memoria Litúrgica, 25 de agosto …
- Hoy también se festeja a:
- • Luis Almécija Lázaro y Juan José Vivas, Beatos
- • Alessandro Dordi, Beato
- • Patricia, Santa
- • Carmelo de Colomers Salvá Menescal, Beato
- • Ramón Cabanach Majem, Beato
En camino de la libertad
Santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40. Viernes XX del Tiempo Ordinario
Por: Balam Loza, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
La vida es un instante comparado con la eternidad. Quiero detenerme en este frenesí para estar contigo, Jesús, Amigo mío. Quiero poner toda mi vida aquí y quiero comenzar de nuevo. Comenzaré a caminar contigo, a tu lado. Muchas veces soy yo quien camino solo, pienso que puedo llevar toda la carga por mí mismo y me doy cuenta que no puedo, que necesito de ti.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 22,34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”. Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
“Como a ti mismo” Es interesante darnos cuenta que Jesús nos pide amar al prójimo como a nosotros. ¿Qué es lo que podemos aprender de esto? No es casualidad sino algo muy importante. En el orden de estos mandamientos está la paz y la libertad. Lo primero es amar a Dios, pero para amar a Dios hay que darse cuenta de todo el amor que hemos recibido de Él. El ser cristiano nace de una experiencia profunda. Es necesario aprender a ver la propia vida e historia como un regalo de un Dios, que es Padre, Hermano y Amigo.
Sólo cuando uno se da cuenta del amor recibido y del cariño con el cual lo ve Dios, cuando uno se da cuenta que Dios es un Ser personal que nos ama tal cual somos, es cuando todo cambia. Cuando sentimos que alguien nos mira con amor, nuestra vida da un giro de 180º.
Al mismo tiempo, al sentirme amado me doy cuenta que soy un regalo para los demás, que mi historia, con sus más y con sus menos, es un camino marcado por el amor. En fin, que mi historia y todo lo que soy es algo amable, es algo que he de valorar y he de mirar con alegría. Dios me ha creado, me ha formado, me ha mandado a una familia… Es en este momento cuando entiendo quetodo lo que soy, con toda mi historia, es un tesoro, del mismo modo el otro es un tesoro para mí, es un regalo. En una palabra, es mi hermano. A veces podrá tener muchos defectos, pero es mi hermano y lo amo. Somos hijos del mismo Padre y hemos sido llevados de la mano con todo el amor. Cuando hago la experiencia de un Dios Padre y del prójimo como hermano, alcanzo la paz.
«Y el Nuevo Testamento nos enseña que el pleno cumplimiento de la justicia es amar al prójimo como a sí mismo. Cuando nosotros seguimos, con la gracia de Dios, este mandamiento, ¡cómo cambian las cosas! ¡Porque cambiamos nosotros! Esa persona, ese pueblo, que vemos como enemigo, en realidad tiene mi mismo rostro, mi mismo corazón, mi misma alma. Tenemos el mismo Padre en el cielo. Entonces, la verdadera justicia es hacer a esa persona, a ese pueblo, lo que me gustaría que me hiciesen a mí, a mi pueblo».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de junio de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy visitaré algún familiar o conocido que esté solo o triste. Voy a llevarle algún detalle que le pueda alegrar y, si es prudente, lo invitaré a rezar conmigo.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
La parálisis de la tibieza
La tibieza paraliza. Sobre todo, cuando llega con diversiones inocentes
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

Un rato más en la cama. Una imagen que aparta del trabajo emprendido. Una lectura que absorbe. Salir al cine o ir de compras. Llenar el tiempo con las redes sociales. Tibieza que envuelve suavemente.
La tibieza paraliza. Sobre todo, cuando llega con diversiones “inocentes”, cuando nos atrapa con intereses que no tienen “nada de malo”.
El problema está en hacer tantas actividades que no “manchan”, pero que impiden hacer tantas otras actividades que promueven la justicia, que llevan a crecer en la vida cristiana y en el amor a los cercanos y a los lejanos.
El mundo vive ahogado por parálisis de tibiezas que avanzan con apariencias inocentes y con venenos que narcotizan. Porque el problema, como alguien afirmaba, no está en la fuerza de los malos, sino en la tibieza de “los buenos”.
Frente al peligro de la tibieza, hace falta reaccionar. Si mi tiempo ha quedado atrapado por mil frivolidades que me apartan del amor y me impiden salir hacia los demás, urge romper el cerco.
¿Cómo? Desde una mirada a Cristo y un “no” al primer impulso que me encierra en mis gustos y caprichos. Con una oración y un “sí” para llamar al familiar enfermo, para pedir perdón a quien ofendimos, para limpiar la habitación, para devolver aquel libro prestado.
Son cosas pequeñas, pero que sirven para sacudir una tibieza que anestesia. Entonces descubriré que el tiempo está ahora en mis manos, que puedo usarlo para el bien verdadero, que mi corazón late por ideales altos y buenos.
Quizá no tendré minutos para responder a cien mensajes electrónicos intranscendentes o para ver las últimas fotos de los amigos, pero sí los tendré para amar a Dios, mi Padre, y para ayudar y servir a familiares, amigos y pobres necesitados de cariño y de gestos solidarios.