Memoria Litúrgica, 24 de abril…
Hoy también se festeja a:
- • Alejandro de Lyon, Santo
- • Antimo de Nicomedia y compañeros, Santos
- • Melito de Canterbury, Santo
- • Egberto de Iona, Santo
- • Gregorio de Elvira, Santo
Te entrego mis cinco panes y mis dos peces
Por: H. Juan Pablo García Hincapié, LC | Fuente: www.somosrc.mx
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor aquí estoy delante de ti. Quiero venir a ponerme en tu presencia con lo que soy. Te doy gracias por cada uno de los beneficios y bendiciones que has derramado hoy sobre mi vida, y dame las gracias de corresponder con amor a las obras magníficas que quieras hacer a través de mí. Te ofrezco mis cinco panes y mis dos peces para que, con mi oración, pueda seguir intercediendo por las necesidades de los demás.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”. Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.
Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.
Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hemos contemplado durante estos días pascuales a Cristo Resucitado que ha vencido a la muerte. El Evangelio de hoy nos sigue ayudando a profundizar en el misterio de la resurrección por medio del pasaje de la multiplicación de los panes. Cristo Resucitado continúa portando sus llagas que nos hacen recordar que Jesús, incluso con su cuerpo glorioso, continúa aún con las heridas que le causaron la crucifixión. Siempre me ha llamado la atención este detalle tan importante del misterio pascual. Cristo resucita con sus llagas, ya que El entiende en plenitud el dolor, el sufrimiento y la necesidad de nuestra humanidad.
Cuando Jesús, en este pasaje del Evangelio, se ve rodeado de una muchedumbre de gente lo primero que piensa es en la necesidad de cada uno de los que le rodeaban. Él sabe bien acerca del hambre que las personas sienten porque la ha experimentado. Es la oportunidad de Jesús de salir al encuentro de una necesidad tan básica como alimentar a la multitud. Lo extraordinario es que el Maestro no se dedica a hacer todo el trabajo, sino que encarga a sus discípulos que ellos mismos den de comer. En la tarea tan importante que el Señor nos ha puesto; tenemos la seguridad de que nos pide de nuestra generosidad para salir a pedir y buscar nuestra pobre solución para una necesidad tan grande. Buscar entre la gente y encontrar lo que ofrece un muchacho, cinco panes y dos peces. Cristo toma esos panes y cinco peces, toma la pequeñez y lo insuficiente y los hace multiplicar en tal cantidad que se multiplican los panes en abundancia.
Pidámosle al Señor Resucitado que, con nuestras necesidades, sufrimientos y problemas, seamos capaces de seguir imitando al muchacho generoso que da lo que tiene, cinco panes y dos peces.
«La escena de Jesús enseña muchas cosas a la gente y a los discípulos. Mientras el Señor enseña con amor y compasión, quizás comienzan a hablar entre ellos. “Pero es tarde…el lugar está desierto y ya es tarde; despídelos, de modo que, yéndose por los campos y las aldeas de los alrededores, puedan comprar de comer”. Prácticamente dicen que se arreglen y que compren ellos el pan. Pero nosotros estamos seguros de que ellos sabían que tenían pan para sí mismos, y querían custodiarlo. Es la indiferencia. A los discípulos no les interesaba la gente: le interesaba a Jesús, porque la gente lo quería. No eran malos, eran indiferentes. No sabían qué cosa era amar. No sabían qué cosa era la compasión. Lo opuesto más cotidiano del amor de Dios, de la compasión de Dios, es la indiferencia. “Yo estoy satisfecho, no me falta nada. Tengo todo, he asegurado esta vida, y también la eterna, porque voy a Misa todos los domingos, soy un buen cristiano”. “Pero, al salir del restaurante, mira para otro lado”. Pensemos en este Dios que da el primer paso, que tiene compasión, que tiene misericordia y tantas veces nosotros, nuestra actitud es la indiferencia. Oremos al Señor para que cure a la humanidad, comenzando por nosotros: que mi corazón se cure de esta enfermedad que es la cultura de la indiferencia».
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de enero de 2019, en santa Marta).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Dialogar con Cristo acerca de que le puedo ofrecer hoy para ayudar la necesidad de alguien cercano.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ayudar o hacer algún favor con caridad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
¿Por qué bautizar a los niños pequeños?
Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
Todos queremos, como humanos, amar y ser amados. Y ser cristiano, no significa otra cosa que practicar el mandamiento del amor: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. El amor auténtico nunca ha sido un mal para nadie.
Que un niño goce del amor de sus padres ya desde la concepción, no es ningún condicionamiento negativo sobre la libertad y voluntad del niño. Más aún, es lo más hermoso que un niño puede poseer: el amor y afecto de sus padres.
Qué triste es ver a niños maltratados y rechazados por sus propios padres. ¿Por qué, pues, será el amor de Dios un mal para el nuevo bautizado? Gozar del amor de Dios es lo máximo que se puede pedir, y nosotros no tenemos el derecho de privar a nadie del don de ser amado.
El bautismo es la puerta del encuentro con Cristo, el fundamento de toda la vida cristiana y la incorporación al pueblo de Dios, la Iglesia. Contiene en germen toda la acción santificadora de la gracia de Dios, que se irá desarrollando a lo largo de toda su vida. El hombre que hoy se bautiza como niño, llegará con la ayuda de la Iglesia, a responder conscientemente a la gracia que ha recibido. Necesitará de sus padres y de la misma Iglesia, pues son quienes han proclamado la fe en nombre el niño y se han hecho garantía de la educación y del desarrollo de su fe.
«Quien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Juan 3,5)
Las objeciones contra el Bautismo de los niños proceden de una triple ignorancia: Ignorancia de los bienes del Bautismo, de la Palabra de Dios y de la práctica de la Iglesia.
El Bautismo es una gracia Inestimable
El Bautismo nos hace hijos de Dios. Gálatas 4, 5-7
El Bautismo es la fuente de la vida nueva en Cristo. Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) 1253
El Bautismo nos lava el pecado. Hechos 2, 38
El Bautismo nos incorpora a Cristo, Romanos 8, 29. CIC 1272 y a la comunidad de salvación. CIC1273
El Bautismo nos imprime el «sello del Señor» con que el Espíritu Santo nos ha marcado para el día de la redención. Efesios 4, 30
Los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo.
¿Qué Dice La Biblia?
Jesucristo lo dijo claramente a Nicodemo: «Quien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» Juan 3, 5. Jesucristo no excluye a nadie, todos necesitan del Bautismo. «Lo nacido de la carne, es carne, lo nacido del Espíritu, es espíritu». Si un niño no está bautizado no es nacido del Espíritu.
Lo que Enseña el Antiguo Testamento
Los niños en la Antigua Alianza no esperaban a ser adultos para incorporarse al pueblo de Dios, sino que eran circuncidados al octavo día. Lee: Hechos 7, 8. El Bautismo sustituye a la circuncisión, por eso los primeros cristianos bautizaban a los niños.
La Práctica de la Iglesia
En un inicio, la mayoría de los bautizados eran adultos. No era posible de otra manera porque era una Iglesia de convertidos. Pero ya desde entonces era costumbre bautizar «casas» enteras: 1 Corintios 1, 16; Hechos 16, 15. 33. Los miembros de la casa incluían a las mujeres, a los niños y a los esclavos aunque no se mencione.
El Bautismo era comparado con el Arca de Noé, donde se salvaba la familia entera: Padres e hijos. 1Pedro 3, 20-21. La salvación era para toda la familia.
San Policarpo que murió en 155 d.C. en el momento de su martirio, cuando se le pide abjurar de su fe en Cristo, atestigua: «Hace ochenta seis años que le sirvo», difícilmente podría haber dicho eso si no hubiese sido bautizado desde niño.
Lo Que Enseña La Iglesia
La advertencia de Cristo en el Evangelio: «Quien no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos» (Juan 3,5), debe entenderse como la invitación de un amor universal e infinito; un llamado a sus hijos deseando para ellos el mayor bien. Este llamamiento irrevocable y urgente no puede dejar al hombre en una actitud indiferente o neutral, ya que su aceptación es para él la condición del cumplimiento de su destino. (Instrucción soble el Bautismo de los niños #10)
La fe, no es sólo un acto personal, sino también una virtud sobrenatural. Los niños no son capaces de un acto personal de fe, pero sí pueden tener la fe como virtud sobrenatural. De la misma manera que «el amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espírtu Santo que nos ha sido dado», es decir, por gracia y no por nuestro propio esfuerzo asi también el Espíritu Santo da la fe a los que reciben el Bautismo. (La Doctrina de la Fe, Franco Amerio p.445)
Objeciones
1ª. Objeción. La fe es necesaria para el Bautismo, los niños no pueden hacer un acto de fe, por tanto no pueden ser bautizados.
La Iglesia está de acuerdo: «El Bautismo es el sacramento de la fe». (CIC 1253). «El que creyere y se bautizare se salvará» (Marcos 16, 16) Por eso «..el Bautismo jamás se ha administrado sin fe: para los niños se trata de la fe de la Iglesia». (Instrucción sobre el Bautismo de los Niños No. 18).
Entrar al cine sin boleto es un fraude, pero si otro paga mi boleto, tengo tanto derecho a entrar como si yo lo hubiera pagado.
Cristo siempre exigió la fe para sanar a los enfermos, pero en el caso de los niños bastaba la fe de su padre o su madre, como es el caso de la hija de Jairo, Marcos 5, 36 y de la hija de la sirofenicia, Mateo 15, 28.
Nadie se puede dar la fe a sí mismo. El niño recibe la vida de sus padres, y la fe de la Iglesia. Es una fe inicial, en semilla, que después debe crecer y volverse adulta, sin embargo basta para recibir el Bautismo. De esta forma los niños reciben la fe y con ella la vida eterna como un don gratuito de Dios a través de la iglesia. Lee: CIC n. 169.
El Bautismo de los niños pone de manifiesto la gratuidad de la salvación.
«Dejad que los niños vengan a mí»
La Sra. Edith era una convencida Bautista, pero sucedió que uno de sus hijos nació con Síndrome de Down. El pastor se negó a bautizarlo porque el niño «no podía hacer un acto de fe». Para la Sra. Edith las palabras de Cristo eran claras: «Quien no nace del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». ¿Por qué su hijo iba a estar excluido del Reino de Dios? Decidió llevar a su hijo a una iglesia donde lo bautizaran y así se convirtió el niño en hijo de Dios y ella a la fe católica.
2ª. Objeción. Los niños no necesitan Bautismo porque ellos son inocentes y no tienen pecado.
El que no distingue, confunde. Los niños no tienen pecados personales, pero sí tienen el pecado original.
San Pablo opone a la universalidad del pecado, la universalidad de la salvación en Cristo: «Por un sólo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, pues todos pecaron…» Romanos 5, 12 Si todos sufren la derrota del pecado, entonces, todos necesitan el baño que nos lava del pecado: el bautizo.
TODOS SOMOS PECADORES
El Rey David dice en el salmo 50: «Míra, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre…» Si el bebé, desde el seno de su madre, nace con culpa y es un pecador, quiere decir que también necesita el «Bautismo para el perdón de los pecados». Lee: Hechos 2, 37. Estudia detenidamente: CIC n.1250 y 405.
TODOS SOMOS CIEGOS
La historia del ciego de nacimiento (Juan 9) es muy aleccionadora. El ciego representa al cristiano, porque todos nacemos ciegos a la fe y, por tanto, todos necesitamos lavarnos en la Piscina del Enviado = el Bautismo de Cristo. Si los gatitos a los ocho días abren los ojos ¿porqué los niños deben esperar a ser adultos para abrirlos?
3ª. Objeción. No es bueno imponer a los niños una fe que ellos no han escogido.
La fe ni es «escogida», ni es «impuesta» sino que es don y gracia de Dios. Si el Bautismo confiere a los hijos el bien sublime de la gracia divina, sólo unos padres ignorantes o incrédulos podran negar a sus hijos este don. Pero además, ¿quién eres tú para negar a Jesucristo el derecho legítimo sobre aquel por quien Él murió y resucitó?
4ª. Objeción. Jesucristo se bautizó de grande y se bautizó en el río.
Esta objeción revela una gran ignorancia de la palabra de Dios. Porque Cristo recibió el Bautismo de Juan, que era un bautismo de penitencia, nosotros en cambio, recibimos el Bautismo de Cristo, en fuego y Espíritu. Por eso somos «cristianos» y no «bautistas». Y por eso los católicos bautizamos no como el Bautista lo hacía, sino como Cristo manda: «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Lee: Mateo 28, 19.
5ª. Objeción. ¿Y qué hay de los niños que mueren sin Bautismo?
«La Iglesia los confía a la misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven» (1Timoteo 2, 4) y a la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: «Dejad que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidáis» (Marcos 10, 14). Esto nos permite confiar en que hay un camino de salvación para los niños que mueren sin el Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños vengan a Cristo por el don del Bautismo. (CIC n. 1261).
