Mateo Apóstol, Santo
Apóstol y Evangelista, 21 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • José Vila Barri, Beato
- • Maura de Troyes, Santa
- • Lorenzo Imbert y compañeros, Santos
- • Mateo Apóstol, Santo
Mi Evangelio
Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor, concédeme poder ver tu amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús los oyó y les dijo: «No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
Palabra de Dios.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Muchas veces, durante mi vida, he contado mi historia vocacional. Algunos quedan impresionados de cómo Dios actuó, otros simplemente preguntan cosas superficiales, otros simplemente piensan que es otra historia más, pero hay algunas personas que creen que es la mejor historia, y esos somos Dios y yo porque es nuestra historia, juntos.
En el Evangelio de hoy leemos el famoso sígueme de Jesús a san Mateo narrado por el mismo evangelista. Puede ser que para nosotros es una parte más de Evangelio, importante sí, como todo el Evangelio, pero una parte más; para otros puede ser un recordatorio de su propia vocación y para otros, simplemente,el Evangelio que toca el día de hoy.Pero estoy seguro que para san Mateo éste no era solamente una parte, sino era todo su Evangelio, era su historia, en unas simples letras,de cómo encontró a su Señor.
Muchos de nosotros podemos, hoy, intentar escribir nuestro Evangelio. Ese lugar, ese momento específico donde escuchamos el sígueme de Jesús que nos hizo levantarnos de nuestro puesto cómodo y dejar todo por Él; y podemos escribir el Evangelio de nuestra vida a partir de este encuentro con el Señor.
Pero lo importante de nuestro Evangelio es que no debe ser escrito solamente en una hoja de papel, sino que debe ser plasmado con mucha intensidad en nuestro corazón, para que cada vez que leamos nuestro propio sígueme y se levantó y lo siguió,recibamos el combustible necesario para seguir caminando junto a Él, para seguir amándolo, basado todo en este encuentro personal con Cristo.
Jesús no echa largos discursos, no entrega un programa al que adherirse, no hace proselitismo, ni da respuestas prefabricadas. Cuando se dirige a Mateo dice sencillamente: «¡Sígueme!». De esta manera, despierta en él la fascinación de descubrir un nuevo objetivo, la apertura de su vida a un «lugar» que va más allá de la mesita donde está sentado. El deseo de Jesús es poner a la gente en camino, sacudirlas de un sedentarismo letal, romper la ilusión de que podemos vivir felizmente siguiendo cómodamente sentados entre nuestras seguridades. Este deseo de búsqueda, que a menudo habita en los más jóvenes es el tesoro que el Señor pone en nuestras manos y que tenemos que cuidar, cultivar y hacer brotar.
(Palabras de S.S. Francisco, el 21 de octubre de 2016, al recibir a unos participantes de una pastoral).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Escribir cómo fue mi sígueme y reflexionarlo con fe.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Hoy Dios te ha llamado
Por: Claudio De Castro | Fuente: Catholic.net
Tal vez no te diste cuenta.
No lo escuchaste porque estabas en el computador distraído, mirabas el televisor o estabas concentrado en tu trabajo.
Hoy Dios te ha llamado.
Te pide que lo dejes todo por Él, que le des tu vida, que la gastes en algo grande, más grande de lo que puedas imaginar.
Quiere que seas Su enviado, su mensajero y le muestres al mundo Su amor de Padre. Lo Misericordioso que es con nosotros.
Desea que te conviertas en un faro que guíe a los demás, e ilumines la oscuridad del mundo.
Desde que naciste crece en tu interior una semilla que Él sembró en ti. El amor Divino que te irá inundando el corazón hasta que no haya espacio más que para Dios.
Te llenarás de Dios para llevarlo a los demás.
Podrás abrazar al enfermo, al débil, al necesitado, al que está solo. Te acercarás mostrándoles el rostro del Padre. Una sola palabra bastará para llenar sus esperanzas: “Dios”.
Sencillamente les dirás: “Dios te ama” y cambiarás sus vidas con la certeza de saberse amados.
Dios quiere que seas diferente, y te atrevas a vivir el Evangelio.
“¿A quién enviaré?” te preguntó hace un momento. “¿Quién irá en mi nombre?”
Muchos han respondido: “Aquí estoy. Envíame a mí”. Y son nuestros religiosos, sacerdotes, religiosas. También están los que decidieron seguirlo y formar un matrimonio y tener hijos. O los que descubrieron que los llamaba a un apostolado.
Su llamado es para todos. Pero hoy, te ha llamado a ti.
Dios te ha llamado al amor, para que perdones y lleves Su palabra.
No permitas que te quiten esa ilusión, la de la vez primera, cuando lo sentiste en tu interior con una fuerza impresionante y el mundo fue diferente. Lo viste nuevo, hermoso, increíblemente bello. Y todo te recordaba a Dios.
Cuando te llenaste de “algo” que no comprendiste. Como un súbito sentimiento de gozo, que te movía al amor. Un fuego que te quemaba por dentro y brotaba en tu interior la necesidad de estar a solas con Dios.
Cuando fuiste feliz a contracorriente.
Cuando te atreviste a denunciar y anunciar.
Cuando la caridad surgió como un manantial dentro de ti.
Cuando te fue fácil orar, porque era estar en Su presencia.
Hoy Dios te ha llamado. ¿Qué le responderás?
