
103 mártires de Corea, Santos
Memoria Litúrgica, 20 de septiembre …
Hoy también se festeja a:
- • Lorenzo Han I-hyong, Santo
- • Adelpreto de Trento, Beato
- • Juan Carlos Cornay, Santo
- • Teresa Cejudo Redondo, Beata
- • María Teresa de San José, Beata
Acompañemos a Cristo
Santo Evangelio según San Lucas 8, 1-3. Viernes XXIV del tiempo ordinario.
Por: Adrián Olvera, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Señor dame la gracia de hacer la experiencia de tu amor.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.
Palabra del Señor
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Me doy cuenta que la lista de aquellos que acompañan al Señor, es una lista que se podría extender como años han pasado. Habría todo tipo de nombres y personas; hombres y mujeres de distintos tiempos y lugares. Cada quien con su historia, cada quien con su vida, pero con algo en común: fueron curados… fueron sanados por Cristo.
Acompañar a Cristo es consecuencia de haber hecho la experiencia de su amor. Acompañar a Cristo es consecuencia de haber experimentado su consuelo, su misericordia; de haber experimentado su mirada ante aquello que yo mismo no soy capaz de ver y aceptar en mí.
Acompañar a Cristo no es cuestión de un momento de fervor o un compromiso que tiene un día establecido en mi semana. Acompañar a Cristo es una decisión que se da cuando se ha experimentado verdaderamente su amor.
Yo sé que mi nombre se encuentra en esa lista; yo he sido curado y sanado por Él…, ¿lo quiero acompañar?
«Seguir a Jesús significa tomar la propia cruz -todos la tenemos…- para acompañarlo en su camino, un camino incómodo que no es el del éxito, de la gloria pasajera, sino el que conduce a la verdadera libertad, que nos libera del egoísmo y del pecado. Se trata de realizar un neto rechazo de esa mentalidad mundana que pone el propio «yo» y los propios intereses en el centro de la existencia: ¡eso no es lo que Jesús quiere de nosotros! Por el contrario, Jesús nos invita a perder la propia vida por Él, por el Evangelio, para recibirla renovada, realizada, y auténtica».
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de septiembre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Vivir este día en acción de gracias por todo lo que he recibido del Señor.
Despedida
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Benedicto XVI: ante el silencio de Dios, Jesús se abandona en sus manos
El papa centró meditación en la oración de Cristo en la cruz
Por: benedicto XVI | Fuente: zenit.org

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 febrero 2012 (ZENIT.org).- La audiencia general de este miércoles tuvo lugar a las 10,30 de la mañana, en el Aula Pablo VI, en la que Benedicto XVI se encontró con grupos de fieles y peregrinos provenientes de Italia y del mundo. En su discurso, el papa siguió con el ciclo de catequesis sobre la oración y centró su meditación en la oración de Jesús ante la muerte (cfr Mc e Mt). Ofrecemos el texto de su discurso.
En la audiencia general de este miércoles, Benedicto XVI centró su discurso en la oración de Jesús en la cruz, ante la inminencia de la muerte.
El hecho de que las palabras transmitidas por los evangelistas sean una mezcla de hebrero ya arameo indica, dijo el papa, implica que“han transmitido no sólo el contenido sino incluso el sonido que esta oración ha tenido en los labios de Jesús: escuchamos realmente las palabras de Jesús tal como fueron”.
Según el papa, las seis horas que Jesús permaneció en la cruz se dividen en dospartes equivalentes cronológicamente.
En las primeras tres horas, desde las nueve hasta las doce, vienen las burlas de los diferentes grupos de personas que muestran su escepticismo, que dicen no creer. En las siguientes tres horas, desde el mediodía «hasta las tres de la tarde», el evangelista habla sólo de la oscuridad que descendió sobre toda la tierra.
“En la escena de la crucifixión de Jesús las tinieblas envuelven la tierra y son tinieblas de muerte en las que el Hijo de Dios se sumerge para dar vida, con su acto de amor”, dijo el papa.
Benedicto XVI se preguntó por el significado del grito que Jesús lanza al Padre: «Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado».
No se trata, explicó de dudas sobre su misión o sobre la presencia del Padre: “ Jesús ora en el momento del último rechazo de los hombres, en el momento del abandono; ora, sin embargo, con el Salmo, conciente de la presencia de Dios Padre aún en esta hora, en la que se siente el drama humano de la muerte”.
En realidad Jesús sufre por todos los hombres que sufren la separación de Dios. Y citó el
Catecismo de la Iglesia Católica: «En el amor redentor que le unía siempre al Padre, nos asumió en nuestra separación de Dios a causa del pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: ‘¿Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’».
“El suyo es un sufrimiento en comunión con nosotros y por nosotros, que viene del amor y lleva en sí la redención, la victoria del amor”, explicó el papa.
Se puede leer el discurso completo en: aquí .
Al finalizar sus palabras, Benedicto XVI se dirigió en su idioma a cada uno de los grupos lingüísticos, haciéndoles un breve resumen de sus palabras.
A los peregrinos que hablan español, les dijo: “Nuestra reflexión de hoy se centra sobre la oración de Jesús en el momento de su muerte, según la narración de san Marcos y san Mateo. Las seis horas de Jesús sobre la cruz, con los insultos de diversos grupos y la oscuridad que cubrió toda la tierra, culminan con el grito de su oración: ´Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?´». Jesús reza usando las palabras del comienzo del salmo veintidós, en las que el salmista manifiesta no sólo el sentimiento de abandono por parte de Dios, sino también la seguridad de su presencia en medio de su pueblo. De esta manera, en el momento del sufrimiento y el abandono, manifiesta su confianza en la cercanía del Padre. Además, haciendo suyo este salmo del pueblo de Israel que sufre, Jesús carga sobre sí la pena de todos los hombres oprimidos por el mal, y los lleva hasta el corazón de Dios con la certeza de que su grito será escuchado en la resurrección.
Así, en el momento extremo, cuando parece que Dios está ausente y en silencio, Jesús reza abandonándose en sus manos”.
Después saludó a los peregrinos de lengua española, y “en particular a los sacerdotes del Colegio Sacerdotal Argentino en Roma, a los participantes en el curso promovido por el Centro Internacional de Animación Misionera, a los grupos venidos de España, México, Nicaragua y otros países latinoamericanos”.
Y concluyó sus palabras en español: “Que la oración de Jesús sobre la cruz nos enseñe a dirigirnos a Dios con la certeza de que él está siempre presente y nos escucha, y a rezar de modo especial por aquellos hermanos nuestros que sufren o pasan necesidad, para que también ellos sientan el amor de Dios que nunca los abandona”.