Bernardino de Siena, Santo
Presbítero, 20 de mayo …
Hoy también se festeja a:
- • Lidia de Tiatira, Santa
- • Lucífero de Cagliari, Santo
- • María Crescencia (María Angélica) Pérez, Beata
- • Luis Talamoni, Beato
- • Josefa Stenmanns, Beata
Lo que Dios unió, no lo separe el hombre
Tiempo Ordinario
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 1-12
En aquel tiempo Jesús se marchó a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?» Él les respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?» Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla» Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre» Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio»
Oración introductoria
Gracias, Señor, por el don de mi fe, por ella creo, espero y te amo. Pero hoy necesito dar un segundo paso, ya no sólo creer, confiar y quererte, sino que esta oración me ayude a transformar este querer en una auténtica pasión, de modo que derrita mi dureza de corazón y así pueda dejarte salir para que otros experimenten tu cercanía a través de mi testimonio.
Petición
Dios mío, dame tu gracia para saber trasmitir y defender la verdadera doctrina sobre el matrimonio y la familia.
Meditación del Papa Francisco
Esta Exhortación adquiere un sentido especial en el contexto de este Año Jubilar de la Misericordia. En primer lugar, porque la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, porque procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo. (S.S. Francisco, La alegría de amor, exhortación apostólica post sinodal, n. 5).
Reflexión
Dios hizo el matrimonio para que los hombres encontraran la felicidad en este mundo, pero la triste realidad es que muchos, por no decir demasiados matrimonios no sólo no encuentran la felicidad en él, sino la desesperación, la amargura y el fracaso. ¡Cuántos divorcios, infidelidades, quiebras por ahí, cuánta infelicidad!
En el matrimonio, si de algún modo se descubren las causas de los problemas, se podría poner la solución y, ciertamente, hay causas pequeñas que ayudan al fracaso, pero la causa grave, el verdadero verdugo del matrimonio, se llama “egoísmo”.
Una gran parte de los hombres y mujeres se casan por amor, pero luego viven el matrimonio con egoísmo. A las órdenes de ese monstruo que devora tanta felicidad en el hombre.
Salta a la vista el contraste entre el noviazgo y lo que sigue después: los novios se quieren, se buscan, se adoran, son capaces de grandes sacrificios por el ser querido, no se aburren, no se cansan y si alguna vez se pelean, con un perdón sincero y lágrimas, restauran el cariño y siguen adelante. Es decir, el amor supera todos los obstáculos.
Hay amor y por eso hay soluciones. Pero luego en el matrimonio dan la impresión de que ya no son capaces de perdonar, aceptarse y de seguir adelante a pesar de todas las dificultades del mundo.
Se aburren, se cansan, se hartan y se creen muy justificados echándose la culpa el uno y el otro.
Se casaron por amor, pero ahora viven de egoísmo. El vino bueno del primer amor se ha ido convirtiendo en vinagre.
El amor que no se cultiva, que no se estrena cada día, tiende a desaparecer. Alguien dijo: “No me da coraje el haber perdido el amor, sino que se haya ido poco a poco”.
Hay que pagar un precio. Se paga el teléfono y si no te lo cortan, pagas el gas o un día no enciende la estufa, cargas el tanque de gasolina, si no quieres quedarte tirado. Pero, ¿cuánto pagas por recargar tu matrimonio?
Impresiona ver los esfuerzos y sacrificios que realizan algunos por llevar un trabajo floreciente, y qué poco o casi nada de empeño ponen por llevar un matrimonio, no digo floreciente, sino un matrimonio con vida.
Me atrevo a suponer que su matrimonio y su familia les interesa mucho más que su trabajo.
¿Qué inversión haces cada día para aumentar el capital de felicidad dentro de tu hogar? ¿Estrenas cada día el matrimonio? ¿Desde cuándo no tienes un detalle con tu esposo o esposa? ¿El matrimonio es una fecha relevante para los dos? ¿Te preocupas por dar a tu pareja una agradable sorpresa? Por ejemplo: en la comida. Cuando están juntos, ¿disfrutan como viejos enamorados o procuran estar lo menos posible en compañía?
La pregunta clave para saber si quieres a tu pareja es: ¿Lo que más te importa es hacerlo feliz?
En cuestiones de amor sucede lo que con el dinero: “Cuánto más dinero pongas a producir en el banco, más intereses obtienes. Cuánto más inviertes en detalles, delicadezas, comprensión y en todo lo que se llama amor verdadero, más intereses de felicidad para los dos. Pero si de tu cuenta de ahorros sacas más de lo que inviertes, un día te quedarás en ceros”.
Honradamente, ¿cuánto invertiste ayer en la cuenta el amor?
El matrimonio se estrena cada día. El amor de hoy debe tener la frescura, la fuerza, la delicadeza del primer día. El matrimonio debe tener la fuerza del primer amor.
Diálogo con Cristo
Jesús, dame la coherencia de vida para manifestar mi fe con las obras, porque como católico, miembro de la Iglesia, mi testimonio de vida personal, familiar, social y profesional influye, para bien o para mal, en otras personas. Debo reflejar mi fe las veinticuatro horas del día, en todas partes y en cualquier situación. Te pido la gracia de una vida auténtica.
Propósito
El amor que se estrena es maravilloso, es el primer amor. Si tu quieres puedes estrenar cada día tu amor y convertirlo en un día de maravilla.
Estoy aquí, Señor, entre el tráfico y las prisas
Reflexiones Eucaristía
Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Estoy aquí , Señor, vengo envuelto entre el tráfico, arrastrada en el vendaval del agitado mundo, de sus prisas, de sus noticias, que muchas veces dan escalofrío,… de música que no tiene armonía y melodía sino que ruidos estridentes y discordantes… de caras crispadas por gran impaciencia…
Las personas en medio de este mundo caótico se sienten solas y esa soledad abraza su espíritu con un abrazo de ahogo y tristeza infinita.
Así me sentía yo… y hoy vengo ante ti, mi amado Jesús, y el recuerdo, aunque lejano de un tiempo pasado, de una tarde como esta ante tu Presencia en el Sacramento de la Eucaristía, buscando lo que solo Tu podías entender, mis dolores, mis agobios… voy recordando:
La puerta de la pequeña Iglesia, de un pueblecito más pequeño aún, perdido en la serranía, dio un lastimero crujido cuando la empujé… la nave, humilde y sencilla, silenciosa y vacía…Tenía una luz que se filtraba atravesando unos ventanales en forma de arcos que le daban claridad a la semipenumbra del recinto, pero… ahí estabas Tu, al frente, ahí donde brillaba una lucecita roja que parpadeaba como si fuese la señal del latir de tu Corazón.
Despacio llegué hasta Ti…me puse de rodillas y suavemente fue brotando este pequeño verso ante aquel Sagrario, que ya nunca olvidaré…
Jesús : Ya no me importa la soledad,
ni el sufrimiento ya me acobarda…
Tu me enseñaste que es estar solo….
¡que es entregarse con toda el alma!
¿Cómo podré correr ansiosamente tras el lujo, la vida loca y vana,
si aprendí la mejor lección del mundo, en esta Iglesia, tan pequeña y olvidada?
¡Tu Rey de reyes, Tu que todo lo hiciste de la nada!
¡Encerrado en un Sagrario de madera
sin pulir, sin pintar….!
y sobre el altar, cuatro flores empolvadas!
¡Tu que Todo lo eres, te perdiste en la Nada…!.
¡Qué infinita humildad!.
Prisionero tras la puerta de madera, me parece que oigo latir tu corazón
y adivino el mirar de tus ojos en la espera …
Han de ser tan dulces, tan sinceros….
han de ser tus ojos, Jesús mío,
la apoteosis de la luz y la belleza.
De tal modo se hirió mi corazón,
ante tanta grandeza y humildad,
que ahora vivo prisionera del recuerdo,
y ese recuerdo Divino es como un faro bendito, que alumbra mi oscuridad….
Este mi pequeño verso es mi mejor reflexión para adorarte y bendecirte, mi amado Jesús Sacramentado.
