Hoy también se festeja a:
- • Arquipo de Colosas, Santo
- • Daniel, Santo
- • Cutberto de Lindisfarne, Santo
- • Hipólito (Ippolito) Galantini, Beato
- • Bautista Spagnoli, Beato
- • Francisco de Jesús María y José Palau y Quer, Beato
¡Estamos en manos de Dios!
Cuaresma y Semana Santa
Juan 7,1-2.10.25-30, Cuaresma. El amor de Dios a nosotros no conoce límites, pase lo que pase y cueste lo que cueste.
Por: Miguel Álvarez | Fuente: Catholic.net

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Pero después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito. Decían algunos de los de Jerusalén: ¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado. Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.Oración introductoria
Señor y Dios mío, muéstrame al Padre. Hazme palpar su amor paternal. Y enséñame a reconocer tu amor y a conocerte cada vez más de forma experiencial, pues una cosa es conocer lo que has hecho y otra muy distinta el conocerte a ti. Yo quiero ahondar en tu conocimiento, Señor. Quiero hacer una experiencia profunda de ti, de tu amor, de tu bondad. Concédeme la gracia de adentrarme cada día más en ella.
Petición
Señor y Dios mío, Buen Pastor que me llamas por mi nombre, guíame por tu senda de amor al servicio de todo aquel que me rodea.
Meditación del Papa Francisco
La memoria es una gracia grande, y cuando un cristiano no tiene memoria -es difícil decir esto, pero es la verdad-, no es cristiano, es un idólatra, porque está frente a un Dios que no tiene un camino, no sabe hacer camino, mientras que nuestro Dios camina con nosotros, se mezcla con nosotros, camina con nosotros. Nos salva. Hace historia con nosotros. Memoria del todo, y la vida se vuelve más fructífera, con esta gracia de la memoria.Les invito a pedir la gracia de la memoria, para ser personas que nunca olviden el camino cumplido, que no olviden las gracias de sus vidas, no se olvidan del perdón de los pecados, no olviden que eran esclavos y que el Señor los salvó. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 13 de mayo de 2013, en Santa Marta).Reflexión apostólica
En Cristo, podemos conocer el amor que el Padre nos tiene y la obediencia que le debemos profesar, porque Él lo conoce. Y no lo conoce de forma superficial, sino de manera perfecta, porque está perfectamente unido a Él.
Por tanto, si queremos conocer al Padre y a Jesús de verdad, debemos unirnos a Ellos, debemos permanecer en su amor (cfr. Jn 15, 9). Y permanecer en su amor significa conocer detalladamente sus deseos sobre mi vida y seguirlos con prontitud y alegría, cumpliendo lo que decía Jesucristo: «Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Jn 15, 10); significa dejar que Él sea quien tome las decisiones sobre mi vida, sabiendo que quien decide es mi Padre y que Él sólo busca lo mejor para mí.
Es increíble la sencillez de Jesús. Primero viene al mundo en un establo. Luego pasa 30 años de su vida en la «sombra», en un pueblo de Galilea. Por lo visto nadie de su pueblo se da cuenta de que el hijo del carpintero era alguien importante. Porque más tarde nos cuenta el evangelista que quieren tirarle por un acantilado por creerse un profeta.
Todos dicen: «…pero, ¿éste, no es el hijo de José? … ¿de dónde le viene pues todo eso? …es un blasfemo».
Muchos se asombran en Israel de las palabras y obras de Cristo. Y es que su aspecto es normal: es un hombre. Pero su autoridad es divina. Les cuesta creer que él es el Hijo de Dios. Claro, Cristo no se las da de grande como Herodes, Pilatos o un faraón. Tampoco quiere que los discípulos, ni los enfermos curados, cuenten que ha sido él o que revelen quién es. Y es lógico, porque no necesita el aplauso de la gente. A pesar de todo, al final realmente ¡qué pocas personas le son fieles hasta su muerte! Pero no le importa. Él ha cumplido la misión que el Padre le había encomendado. Ha salvado a los hombres; ha dado a conocer el infinito amor de Dios a la humanidad. Algo parecido pasa cuando una madre ama a su hijo: tampoco le importa que el hijo le corresponda. Su instinto materno le hace amarle pase lo que pase y cueste lo que cueste. El amor de Dios no conoce límites.
Cómo es nuestra fe en Jesucristo. ¿Creemos que Él es Dios? ¿Tiene esto alguna consecuencia para nuestra vida? ¿Buscamos acercamos a él con fe? ¿Ponemos por obra su mensaje de amor? ¿Somos sus apóstoles? San Maximiliano Kolbe se entregó a los guardias nazis y murió, en el campo de concentración, en lugar de un señor que decía tener mujer y niños. Imagínese que alegría y que gratitud la de este señor y de su familia al recordarle cuando estaban juntos otra vez.
¡Cuánta alegría, gratitud y amor podemos tener hacia Jesucristo por todo lo que nos ha amado y ama!
Propósito
Ofrecer mis actividades del día por todos aquellos que no le conocen.
Diálogo con Cristo
Señor, dame la gracia de vivir plenamente la voluntad del Padre, a imitación tuya. Quiero cumplir su voluntad en mi vida para demostrarle mi amor, para mostrarle que acepto alegremente lo que Él quiera para mí. Concédeme, Señor, hacer la experiencia del Padre, para ser tu instrumento y guía de manera eficaz, de manera que muchos puedan llegar a conocer tu amistad y alcancen tu amor infinito.
«El único camino que conduce a esa hoguera divina (el amor) es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre» (Santa Teresa de Lisieux)
Lo siento, no soy creyente
— ¿Es usted creyente?
A uno ya nadie le pregunta estas cosas. Claro que, siendo sacerdote y vistiendo como tal, la fe se te nota enseguida. Los curas, como los taxistas, necesitamos atrapar clientes al vuelo, y es útil que nos reconozcan desde lejos. No sé cómo no lo comprenden algunos colegas, ilustres y piadosos por otra parte. Si no fuese demasiado pintoresco, yo me colocaría en la cresta una lucecita verde.
El caso es que, como iba diciendo, ya nadie me interroga sobre mis convicciones religiosas. Es una pena, porque, si un día me preguntaran por la calle ¿es usted creyente?, con toda sinceridad y con ánimo de escandalizar sólo un poquito, respondería:
— Por supuesto que no.
Sería una forma, como otra cualquiera, de decir que uno es católico, ya que, en esta sociedad moderadamente pagana y laicista, los cristianos nos distinguimos de los que no lo son, no tanto por lo que creemos, como por aquellas cosas en las que no nos da la gana creer.
El paganismo sí que ha sido y es creyente; incluso crédulo, supersticioso, idólatra, devotamente asustadizo ante las fuerzas ocultas que imagina sepultadas en lo hondo de las alcantarillas. El paganismo prescinde del Dios que da racionalidad y sentido a cada una de las criaturas, olvidando que al principio no existía el caos, sino el Verbo, la inteligencia divina que todo lo abarca y penetra. Sin ella el universo se torna opaco, irracional, esclavo de extravagantes poderes que nadie controla. De ahí que el pagano recurra a dioses de bisutería, a conjuros, amuletos, horóscopos y demás ansiolíticos en oferta para aplacar sus inevitables ataques de pánico. Lo decía Joseph Ratzinger años antes de ser elegido Papa: el mundo sin su Creador se convierte en un lugar muy peligroso.
— Pero el laicismo es otra cosa… ¿O no?
— No, mi querido Kloster. El laicismo, al menos en teoría, expulsa de la sociedad a todos los dioses. Los tolera como se toleran las enfermedades infecciosas, pero toma medidas: procura ponerlos en cuarentena para evitar contagios. El laicismo da por supuesto que la fe se sitúa en el ámbito de lo irracional, de lo que nunca debe inficionar el mundo del pensamiento, de la cultura o de la ciencia.
Lo que ocurre es que, a la postre, también el laicismo necesita sus propias creencias. Y este laicismo, versión siglo XXI, ha creado un elenco interminable de dogmas políticamente correctos que se presentan a sí mismos como artículos de fe civil, se proclaman por todos los medios y cristalizan en frases-tópico que todo buen demócrata debe repetir de vez en cuando y aceptarlas religiosamente si no quiere ser anatemizado por los inquisidores y enviado a las tinieblas de la reacción y el fundamentalismo.
Por eso digo que no soy «creyente» ni estoy dispuesto a serlo. No puedo creer en las majaderías del paganismo, y me revientan aún más las pedanterías dogmáticas del relativismo militante. Quizá en un próximo artículo me anime a explicar con más detalle por qué la tengo tomada con la palabra «creyente». Baste decir este mes que sólo pretendo ser una persona juiciosa: creer con toda el alma en Dios y en muy pocas cosas más, porque eso es lo sensato; ser consciente de que la fe es un don recibido, desde luego, pero un don razonable al decir de San Pablo, que enriquece la inteligencia y ayuda a pensar por libre.
En todo caso no un sentimiento, ni una neurosis. Al laicismo le encanta hablar del respeto a los «sentimientos religiosos». Ya se ve que el laicismo es sensiblón y compasivo. Pero a las 6 de la mañana uno anda escaso de ese tipo de sentimientos y no por eso deja de ser cristiano.
Ahora llegaría el momento de decir en qué cosas no creo…; pero me falta el valor. Temo que mis lectores se rasguen las vestiduras, y no está el tiempo para andar muy ventilados.
