
Apolinar de Rávena, Santo
Memoria Litúrgica, 20 de julio …
Hoy también se festeja a:
- • Francisca del Corazón de Jesús Aldea Araujo, Beata
- • Rita Dolores del Corazón de Jesús Pujalte y Sánchez, Beata
- • Margarita de Antioquía, Santa
- • Aurelio, Santo
- • Luis Novarese, Beato
Misericordia quiero
Por: H. Rubén Tornero, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, una vez más vengo ante Ti. Te suplico que aumentes mi fe. Creo en Ti, pero no permitas que las dificultades ni los problemas me hagan apartarme de tu lado. Confío en Ti. Ayúdame a jamás dudar de tu poder y de tu amor cariñoso, tierno y providente. Te amo. Haz que experimente de tal manera tu amor, que no pueda ni quiera separarme de él, y así, me vuelva un apóstol del testimonio, capaz de acercar a los demás a Ti, para así extender tu Reino en el corazón de mis hermanos. Amén.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 12, 1-8
Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado».
Él les contestó: «¿No han leído ustedes que lo hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?
¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso comenten pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.
Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado».
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
Hoy, Jesús, me invitas en el Evangelio a entender tus palabras: «misericordia quiero y no sacrificios».Muchas veces he intentado justificar muchas de mis mezquindades y fallos por esta frase, pero en todas, ha surgido en mi interior una inquietud que, como si fuera un «GPS», me indica que no es por allí el camino. Misericordia quiero y no sacrificios.
Tú sabes muy bien la estrecha relación que existe entre ambas cosas. Sabes lo peligroso que son los sacrificios hechos sin el corazón, ya que a la larga terminan por frustrar y herir aquello que fue creado para sanar.
Pero igualmente peligroso es una supuesta misericordia «de escritorio», una misericordia que no toca al otro, propia de quien, para evitar caer en el ritualismo formalista de los primeros, deja las obras concretas, y se vuelve tan «espiritual», que termina por encerrarse en la torre de su orgullo. Sé muy bien lo que eso significa, pues miles de veces he querido llamar misericordia a lo que en realidad es desinterés; tolerancia, a lo que no es más que indiferencia. Perdóname, Señor, y ayúdame a entender realmente, que la misericordia es el sacrificio hecho por el bien de mi hermano, y que el verdadero sacrifico es un corazón contrito, el cual, Tú jamás lo desprecias.
Cada uno sabe cuál es su pecado, su debilidad más fuerte. En primer lugar debemos reconocer esto: ninguno de nosotros, todos los que estamos aquí, puede decir: «Yo no soy un pecador». Los fariseos lo decían y Jesús los condena. Eran soberbios, altivos, se creían superiores a los demás. En cambio, todos somos pecadores. Es nuestro título y es también la posibilidad de atraer a Jesús a nosotros. Jesús viene a nosotros, viene a mí porque soy un pecador.
Por eso vino Jesús, por los pecadores, no por los justos.
(Homilía de S.S. Francisco, 7 de julio de 2017).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy buscaré vivir la verdadera misericordia haciendo un acto de caridad.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Divino Niño Jesús
Por: n/a | Fuente: EWTN.com
En el año 1935 llegó el Padre Salesiano Juan del Rizzo al barrio «20 de julio», al sur de Bogotá, una región muy solitaria y abandonada en aquellos tiempos. Le habían prohibido emplear la Imagen del Niño de Praga porque una asociación muy antigua reclamaba para ella el derecho exclusivo de propagar esa imagen. El Padre del Rizzo estaba convencido de que a Dios le agrada mucho que honremos la infancia de Jesús, pues así lo ha demostrado con innumerables y numerosos milagros. ¿Si otros niños son tan inocentes y tan dignos de ser amados, cuánto más lo será el niño Jesús? Además recordaba muy bien la promesa hecha por Nuestro Señor a una santa: » Todo lo que quieres pedir pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado si te conviene conseguirlo«. Así que no desistió de propagar la devoción al Divino Niño pero dispuso adquirir una nueva imagen.
Se fue a un almacén de arte religioso llamado «Vaticano» propiedad de un artista italiano, y le encargó una imagen bien hermosa del Divino Niño. Le prestaron una imagen bellísima, el padre la llevó para sus solitarios, desérticos y abandonados campos del «20 de julio». Ahora empezaría una nueva era de milagros en esta región.
Esta es un de las imágenes más hermosas y agradables que han hecho de nuestro Señor. Con los brazos abiertos como queriendo recibir a todos. Con una sonrisa imborrable de eterna amistad. Atrae la atención y el cariño desde la primera vez que uno le contempla. Allí a su alrededor se han obrado y se siguen obrando maravillosos favores, para quien no conozca los prodigios que obtiene la fe parecerían fábulas o cuentos inventados por la imaginación, pero que son muy ciertos para quienes recuerdan la promesa de Jesús «Según sea tu fe así serán las cosas que te sucederán«.
El Padre Juan comenzó a narrar a las gentes los milagros que hace el Divino Niño Jesús a quienes le rezan con fe y a quienes ayudan a los pobres, y empezaron a presenciarse prodigios admirables: enfermos que obtenían la salud, gentes que conseguían buenos empleos o estudio para los niños, o casa o éxito en los negocios. Familias que recobraban la paz. Pecadores que se convertían. Y cada persona que obtenía un favor del Divino Niño Jesús se encargaba de propagar su devoción entre amigos y conocidos.
Las Cuatro Condiciones
Las cuatro condiciones que recomendaba el Padre Juan, para obtener favores del Divino Niño Jesús.
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Ofrecerle la Santa Misa Durante Nueve Domingos y confesarse y comulgar al menos en uno de ellos.
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Dar una libra de chocolate (o equivalente en dinero o en comida) a los pobres.
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Si la persona es pudiente dar un mercado para familias pobres (o su equivalente en dinero). No repartir en la calle porque se forma desorden.
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Propagar la devoción al Divino Niño narrando a otros los milagros que Él hace a sus devotos y repartiendo novenas estampas, almanaques, etc. e invitando a otras personas a que hagan el ensayo de visitar al Niño Jesús y de pedirle lo que necesitan.
El Padre Juan recomendaba también:
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No dejar ningún domingo sin asistir a Misa. El que abandona a Dios, lo abandona Dios. El que no deja domingos sin asistir a Misa recibe favores que jamás había imaginado.
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No vivir en pecado mortal. Si se vive en unión libre, o en matrimonio civil o robando o emborrachándose, u odiando, y si se admiten en casa parejas no casadas por lo católico, con todo eso se atraen maldiciones y castigos de Dios sobre el hogar. El Padre Juan repetía mucho esa frase de San Pablo: «los que viven en impureza, los borrachos los ladrones, no entrarán en el Reino de los cielos».
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Que la limosna que se da sea costosa. Si solamente se da a los pobres y a Dios lo que sobra, lo que no vale nada, eso no le gusta a nuestro Señor. La sagrada Biblia dice que para Dios y para los pobres hay que dar la décima parte de lo que se gana (el Diezmo) y que Dios le devolverá a cada uno cien veces más de lo que haya dado, y le concederá después la vida eterna. ¿Qué regala usted? ¿Regala sólo para el cuerpo? (comidas, bebidas, ropas, joyas) Regale para el alma. Regale lo mejor, regale libros religiosos. Gánese premios para el cielo regalando buenos libros en la tierra.
Yo reinaré